lunes, 18 de diciembre de 2017

Cowboy Bebop



Cowboy Bebop

Llegó la prueba de fuego, llevaba tiempo sin ver un anime que lograra divertirme y llegar al alma, y puede que en este sentido a día de hoy Cowboy Bebop sea mi anime favorito. Empecé a ver este género con entusiasmo desde 2012, más o menos cuando empecé este blog, y no ha sido hasta que me animé a ver Cowboy Bebop cuando he dejado de lado otros pasatiempos –  Nintendo Switch y lectura - para quedarme admirando esta obra de arte. 

Cowboy Bebop (カウボーイビバップ) es un anime, seinen, producido por el estudio de animación Sunrise bajo la dirección de Shinichiro Watanabe, que con una temática de ciencia ficción mezcla la comedia y el drama con maestría a lo largo de 26 episodios. Lo que hace especial a este anime es el mimo por el detalle gracias a la construcción de sus protagonistas y a una banda sonora pensada exclusivamente para transmitir tensión, alegría, etc. Por supuesto, no se libra de ciertos clichés del género pero siendo objetivos son escasos los animes de nicho en la actualidad por lo que como el buen vino hay que tirar de grandes joyas como este anime a las que el tiempo le siente de fábula.

La trama se vislumbra en el año 2071 a través de unos cowboys espaciales que se ganan la vida cazando todo tipo de forajidos, y que por circunstancias del azar lograran crear un grupo bastante diverso y dinámico que cuadra bien a la hora de transmitir una sensación de cercanía y cooperación. Sin embargo, no todo va rodado en la nave BEBOP y es que el protagonista, Spike Spiegel, se encuentra bajo la ignominia de un pasado en el que por un amor arrebatado y perdido se enfrenta a ciertas reticencias y conflictos de su pasado. Lo que comienza siendo un inicio algo perdido y difuso se transforma en unos acontecimientos que conducen a un final apoteósico.



La animación se mantiene bastante bien a día de hoy, con modelados propios de la década de los 90, cuando fue emitido este anime (1998), y un estilo decorativo estilizado y acentuado. Los momentos de acción se notan naturales, bien planteados y adecuados a una banda sonora que permite grabar recuerdos agradables en nuestras retinas. En esta marabunta artística, que a veces resulta incluso minimalista y otras insertas en la moda pop, encontramos un estilo que tiende hacia el realismo y el futurismo. Considero que resulta un elemento bastante destacable para ser un anime anterior a la era de la digitalización donde se perdió cierta belleza del dibujo “casero”.


En el apartado sonoro solo mencionar que Yoko Kanno se encargó del proyecto, siendo reconocido como una de las principales compositoras y directoras orquestales en Japón. En su banda sonora mezcla momentos de jazz, blues e incluso metal para adecuarlo a cada situación, con especial énfasis en las escenas de acción. Por otra parte, muchos de los sucesos del anime disponen de referencias musicales.



Este anime es una referencia de que más allá de las lolitas o waifus de la mayoría de animes actuales, una vez existieron grandes obras que podrían ser considerado arte en movimiento y por las que la famosa cita de Miyazaki, quizá mal atribuida a su persona: “el anime fue un error” quedaría en saco roto. Con animes así se vislumbra esperanza, la luz de que quizá alguien coja el testimonio de estos clásicos y logre devolver a este género de animación la gloria que una vez dispensó.


Calificación: *****

EPÍSTOLA IV: UNA NOCHE DE INFAMIAS



EPÍSTOLA IV: UNA NOCHE DE INFAMIAS
Mi Estimada ayudante, Sophie,

Esta es mi última carta, y constituye el único misterio que no logré resolver aunque si está leyendo esto supongo que pronto estaré cerca de su resolución. Cuando el tiempo se tiñe de pardo y las horas aceleran sus engranajes encuentro un sentido de vitalidad nocturna que da significado al nuevo ciclo del día. Un sentido para olvidarse del enajenado día y desenvolverse entre las brumas de los recuerdos, de las intenciones y de las máscaras. Siento que todo cuanto acontece lo hace para suplir un fin, y contemplo como espectador aquello que de actor carezco. Mi abrigo esconde el abandono del frío paladar, mi rostro se vuelve una oda a la indiferencia y mis guantes encierran aquello que una vez supo admirar la belleza de la infamia; y, pese a todo, nunca podré olvidar lo sucedido aquella noche. El viento era como un leve suspiro que permitía deja escapar un vaho acompasado con el tenor de la respiración, mis latidos iban al compás y mis labios clamaban por una fría pinta de inspirada cerveza. Detesto las calles y avenidas guiadas por enormes tumultos por lo que suelo dejarme caer por estrechos ramales, perpendiculares u oblicuos, que me dejan por parajes cada vez más conocidos. Mi insatisfacción por acceder a lo común y mis ganas de caminar me llevaron por calles cada vez más alejadas de mi centro de tranquilidad, y finalmente llegué a una especie de antro ricamente ornamentado y situado a la ribera de un río. Su fachada exterior de ladrillo poco me decía sobre lo que en su interior albergaba y observar aquel extraño edificio era como ojear la portada de un antiguo libro cuyo aroma te embelesa pese a sus raídas cubiertas. 

Mi indecisión se vio mitigada y tomé asiento en una mesa de roble con retoques en vidrio que extrañamente quedaba libre. Dejé mi pesado abrigo sobre un guardarropa que había junto a la barra, y pedí amablemente una pinta de trigo tostado antes de retornar a la mesa. No había hecho más que tomar un sorbo cuando contemplé como dos airados jóvenes se lanzaban los puños y el tabernero resultaba totalmente indiferente ante aquel espectáculo, y, sin embargo, no fue lo único inusual pues a mí izquierda una mujer ricamente ataviada y entrada en edad jugaba al póker con un hombre vestido de frac que coronaba su cabeza con un alto y esbelto sombrero de copa. Saqué mi cuaderno de anotaciones y me dispuse a realizar un pequeño boceto de la taberna, mojé la pluma en el tintero y mi espantosa reacción ante una joven de menor edad que se acercó vociferando hizo que la tinta cayera sobre la falda de la pelirroja que hablaba con entusiasmo en la mesa inmediatamente posterior. Tapé con rapidez el tintero y guardé la pluma, aquella menor de sonrisa afligida me gritaba en un idioma que desconocía como si fuese el fantasma de un amor olvidado. Le ofrecí un lugar en el que sentarse y transmitiendo odio en unos ojos de un color verde apagado salió a grandes zancadas del local dejándome en la obligación de seguir degustando mi pinta. Antes de poder acabármela me acerqué a la pelirroja, que resultó ser una mujer de mediana edad aficionada  a las artes escénicas. Acepto mis disculpas, y la invité cortésmente a una ronda por los agravios por lo que decidió acercarse a la mesa donde estaba para hablarme de los cuantiosos papeles que interpretó. Al finalizar la velada se acercó a mi oído y me dijo con una sonrisa inaudible: << huye, vete de aquí. Eres inocente y la muerte solo acecha al inocente >>.

Me levanté para pedir otra pinta y asimilar aquellas palabras que parecían más fruto de una mente perturbada por la ficción que de algo propiamente real, pero la luz se cortó y con dificultades logré llegar a tientas a la barra. El camarero parecía distinto, como si su cuerpo no fuese más que una ilusión, y con frialdad me sirvió una segunda pinta. Sentí frío por lo que tomé un largo sorbo y dejé que el alcohol me sirviese de falso combustible. Diría que perdí la noción del tiempo, o que quizá el alcohol me subió con espumosa rapidez, pero, no, aquello fue real. Las mesas habían desaparecido y todos comenzaron a bailar un extraño rito que repetía una sola palabra audible en lengua arcana kukjuklu, las ilusiones me envolvieron y contemplé como todos los presentes se mataban unos a otros y las armas los atravesaban como si sus cuerpos fueran etéreos. Pensé en delirios, incluso en la muerte, pero me cuerpo reaccionó. Tomé mi abrigo y salí al exterior de la taberna donde pude contemplar como la luz volvía a su interior, con ella su aparente normalidad. Exhausto y confuso me dejé apoyar sobre la repisa del mirador que había junto al río y noté una sombra que se apareció junto a mí. La sombra se volvió hacia donde estaba y ante mi apareció la imagen de aquella pelirroja de la taberna. Me habló de un lugar maldito, perenne y solo abiertos para quienes en su interior sienten la desdicha de trascender la vida. También me habló de esperanza, y me dijo que algún día volverían a verme en la posada de la infamia. La noche es un lugar peligroso, amenazador e hilarante pues la consciencia se viste de gala y transmite al mundo el lado más inhumano y a su vez el más cercano a la naturaleza. Desde aquella noche he dormido obsesionado con aquel local que jamás pude volver a encontrar, y siento que algo dentro de mí me empuja a seguir buscándolo.

Espero que en mi ausencia sepa preservar el legado de nuestra firma y despacho,
Con Cariño, se despide a sus 85 años,

Att//: Inspector Delameau

martes, 12 de diciembre de 2017

La discordia selectiva



La discordia selectiva

Inventamos diferencias para distanciar,
Y, para olvidar las cadenas que nos atan,
A todo un mundo de responsabilidades,
Que con dinero se financian,
Y vuelven en ocioso al patán,
Que cae en un mundo de salvedades.
Nos enfrentamos por nimiedades,
Que en grupos disputan sus diferencias,
Creando supremacía de identidad,
Y nos olvidamos de las antiguas edades,
Y vicisitudes de una vida,
Que tendemos a olvidar.
Al final llegamos a la discordia selectiva,
Quemando lo que una vez unió,
Destruyendo aquello que era eterno,
Discrepando de cualquier virtud o cualidad,
Creando una barbarie sin guion,
Movida en perpetuo salvajismo.
Las tinieblas esconden sentidos,
Palabras tergiversadas,
Actos efímeros.
Y la esperanza no empuja a seguir,
Hipocresía hilada,
Selectiva.




Poema inspirado en la obra “La manzana de la discordia” de Rafael Pablos.