sábado, 16 de abril de 2016

Nuevo proyecto



Capítulo 1º: El cuervo

El armazón de nubes que recubría el campo de las estrellas se teñía de rojo cada noche lo que, según contaban los creyentes, era señal de que las grandes batallas de los tiempos heroicos eran conmemoradas en honor al tuerto. El campo de estrellas se bañaba de un señorial aire de color ocre que removía las ramas de los cedros dispuestos en torno a la gran capilla otorgando al entramado arquitectónico un semblante taciturno. La gran capilla era tan alta que todas las gentes desde Arboleda hasta Castril del Cenutrio pensaban que el mismísimo tuerto al alcanzar las estrellas había dejado su efigie para ser esculpida y convertida en la capilla que albergaría su culto. Sobre una cúpula cubierta por una pesada bóveda de mármol y marfil se dispensaba una nave cruzada por tres grandes arcos cuyos contrafuertes eran torres de ladrillo y hierro ornamentadas en cerámica vidriada de diversos colores.

-          Grande sea el tuerto ser.- Imploró Phil rasgándose con impaciencia su desdeñada barba plateada.- ¿Qué os trae hasta el recóndito mar de estrellas? ¿Una donación, quizá? – En su mirada se podía vislumbrar la sutileza del engaño y el temor ante lo inesperado.-
-           Me complacería hablar con el abad –declaró sin mostrar su rostro cubierto por un fino tejido de lino de color magenta. Su porte era esbelto y lucía una estéril armadura de color cian con incrustaciones de zafiros en las partes articulares.- Es importante que sea con la máxima discreción posible.
-          Lamento decirle que no se encuentra dispuesto –se quedó pensativo durante unos segundos-, ¿cómo os llamáis ser?
-          Mi nombre no os complace pero mi tiempo desafortunadamente es escaso. ¿Me llevaréis ante el abad o apreciáis tanto al tuerto que os complacerá perder vuestro ojo izquierdo?
-          Está bien, no hay porque llegar a tal afrenta ser. Por favor, seguidme.

El interior de la capilla realizado en adobe cocido y cubierto de láminas de mármol rosado se perfilaba en estancias irregulares cuyos estrechos pasillos dotaban al complejo de un recorrido sinuoso. La escasa luz del interior se solventaba gracias a los enormes candelabros situados en las puertas de las estancias y el hedor de las ofrendas quedaba disimulado por el incienso. Al llegar al final de la estancia se detuvieron sobre una gran abertura excavada frente al altar. El hermano Phil sacó de su túnica una especie de gema rojiza que se deshizo en un líquido similar a la sangre cubriendo de este modo la abertura al gran salón subterráneo conocido como el trono del tuerto. Su interior simulaba a una cueva con un suelo natural, estalactitas como cubierta y una enorme estatua que representaba al tuerto sosteniendo sobre su espalda el mundo.
El abad se encontraba vertiendo la sangre de un esclavo sobre un recipiente de oro ornamentado con la forma de un lobo mientras recitaba constantemente sus plegarias ininteligibles a oídos mortales. Sin prestar atención a lo que ocurría a su alrededor otros hermanos le acercaron a una esclava joven de constitución menuda y caballera rojiza la cual tomó entre sus brazos y amordazó sobre un pedestal de piedra en cuyo pico tenía grabada la runa del sacrificio. Con sus decrepitas y sudorosas manos palpó los senos de la joven mientras esta emitía fuertes alaridos antes de caer inconsciente. Un breve sonido paró su lascivia y miró al hermano Phil.

-          Ingrato, ¿a quién osas traer a las estancias del rey tuerto? –Sus ojos se volvieron amenazadores y en un ademán de ira arrancó el tejido que cubría las partes sensibles de la esclava y lo lanzó en dirección al desconocido.
-          No era mi intención –declaró el hermano Phil-, me amenazó con dejarme tuerto. Lo siento, mi, mi señor.
-          Hermanos despojad a Phil del hábito y llevarlo a las cámaras del perdón. Allí pasará tres días en ayuno hasta que sea capaz de acatar órdenes.
-          No, por favor, os lo imploro –sollozó mientras los hermanos lo agarraron de las extremidades y se lo llevaron del salón del trono.-
-          Y, bien, forastero. ¿Por qué interrumpes mi culto? El sacrificio de la joven pareja ha de ser completado antes de que el Dios Luna abra la veda al desfile estrellado.
-          No es mi intención importunaros, abad.
-          Entonces, presentaros. ¿Quiénes sois?
-          Abad, soy cuervo.
-          Hijo mío, ¿has regresado a la Fe? ¿Traes alguna ofrenda para el perdón? –Se acercó al hombre cuyo rostro no desveló y sintió una sensación que tiempo atrás le hubiese parecido absurda. Por primera vez sintió terror.-
-          Por supuesto –se quitó el tejido de lino rojo que lo cubría mostrando un rostro de facciones finas y endurecidas, una cicatriz en forma de triángulo le surcaba la mejilla y sus cabellos morenos, largos y ondulados parecían adquirir vida propia.- ¿Me recordáis ahora, padre?
-          ¡No! ¡No puede ser! – El abad no podía olvidar la procedencia de aquella cicatriz. Era su hijo, el bastardo que tuvo que el sacrificio otorgado al tuerto del vigésimo quinto año de la cosecha.- Eres, tú, hijo mío.
-          Sí padre. – De sus gráciles manos brotaron una especie de dagas que con atino acertaron a dar en la garganta del anciano abad dejándolo en el suelo postrado en su propio lodo y ahogándose con su propia sangre.- Ya puedes descansar en paz.

Los hermanos desenvainaron las espadas pero de nada sirvieron, sus movimientos eran torpes y apenas conseguían ensartar a cuervo. Cuervo era grácil de piernas y con cada estoque batía en duelo sus propios sentidos. Como si bailara al son de la muerte tomó su mandoble en posición horizontal y presionando el acero hacia el vacío logro dar un severo corte horizontal que acabó con tres de ellos. El último intentó atacarle por la espalda sin demasiado éxito pues esquivó la lanzada con facilidad y arremetió brutalmente sobre su cabeza dejando restos de ella desperdigados por todo el suelo.
Con cuidado accedió al cuerpo difunto del Abad y tomó una especie de grimorio que introdujo en una bolsa de piel que llevaba colgada tras la capa negra. Se acercó a la macabra escena ritual y observó que la joven seguía con vida, en una de sus mejillas tenía una cicatriz en forma de estrella. Al mirarla detenidamente está se percató y comenzó a proferir dentelladas contra su mano.

-          Será mejor que no me muerdas si quieres salir con vida.
-          Tú, los has matado, ¿cómo es posible?
-          ¡Oh, te refieres a estos cuerpos de aquí! No eran dioses para tu información –sonrió-, ¿quieres que te libere o prefieres pudrirte? Esa herida que tienes en el abdomen no tiene buena pinta, quizá con fuego pueda purificarla.
-          La muerte sería más dulce. –Lo miró de forma inquisitorial- ¿Quién eres?
-          Yo soy cuervo y da la casualidad de que me interesa que sigas con vida, así que será mejor que te estés calladita pues no querrás que convierta esto un reguero de cadáveres, ¿verdad?

Cuervo tomó el grimorio y pronunció “liquim soex tahl, furm tahl” y de sus manos brotaron llamas azuladas que se incrustaron en el abdomen de la esclava hasta cicatrizar la podredumbre y cerrar el tejido. Está cayó inconsciente así que la tomó y la cargó sobre su espalda.

Une vez fuera del templo gracias a un hechizo de ocultación Cuervo llamó mediante un potente silbido a patriagris una yegua de crines plateadas y patas más veloces que el viento. Llegar hasta el campo de estrellas había sido relativamente fácil, lo difícil sería retomar el sendero hasta el aguasverdes. Al salir del campo estrellado tomó el camino imperial hasta llegar al mojón que indicaba el acceso al gran campo de hoyos. En mitad de aquel desolado punto se encontraba la nave de abastecimiento venusiana. 

-          ¿A dónde os dirigís ser? – Stohl era un comerciante cauto y no daba acceso a su nave a menos que supiera que resultaría una inversión.-
-          Me dirijo al aguasverdes pero antes me gustaría gozar de vuestra bondad. Cabalgo junto a una dama herida –levantó la manta y mostro los cabellos cobrizos de la joven.-
-          Pasad pues, no seré yo quien la condene.

Los guardas apartaron sus lanzas y las puertas de la nave dieron acceso al destacamento comercial que emulaba una pequeña urbe. Su interior estaba repleto de tiendas y gente comprando espadas, elixires y todo tipo de prodigios. Cuervo se paró sobre la enfermería y dejó a la joven.

-          ¿Qué le ha ocurrido? –Preguntó la doctora con cierta consternación.-
-          Le he cicatrizado con fuego de Armar la herida del abdomen, solo necesita descanso prologando y leche de endrino.
-          Esto le saldrá por un pico, estamos hasta arriba de pacientes.
-          Pagaré. Aquí tienes 3 serpientes de plata –le lanzó la bolsa de monedas.- Y otras tres para cuando despierte. He de irme.
-          Qué tenga buena ventura Ser.
-          Gracias, así será.

Cuervo se cubrió el rostro con una capucha negra y salió del emporio comercial, ensilló su caballo y se marchó cabalgando rápidamente hacia el aguasverdes.

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