lunes, 25 de abril de 2016

El gato zarrapastroso I



El gato zarrapastroso I

Los gatos son seres muy peculiares y lo que los distinguen del resto de seres que habitan nuestro planeta son sus ojos que surcan los sentidos y arañan la realidad. La vista de un gato es de 200º por lo que pueden percibir elementos en el espectro de su visión que los seres humanos desconocen. Julián era un gato común, pequeño y zarrapastroso que caminaba torpemente por la avenida en busca de un trozo de tela en el que poder marcar las garras. Sus ojos siempre abiertos contemplaban con torpeza y profusión las auras que se desplazaban a su alrededor, en muchas ocasiones cuando la luz era tenue los colores resplandecían en sus pupilas y un mundo mágico se abría a su alrededor, pero en aquello ocasión la luz del sol le cegaba y perdía el equilibrio constantemente.
Un hombre de mirada huraña y rostro compungido pasó junto a él dejando caer un trozo de tela para poco después desaparecer. Julián lo olfateó instintivamente y lo mordió. Con el trozo de tela en la boca corrió por los adoquines de las calles, sobre las tapaderas de las cloacas y las cornisas de los edificios más largos hasta caer en la cuenta que la noche se había apoderado del entorno. Con cuidado y esmero se desplazó hacia la avenida principal donde con sus ojos percibió una procesión de ánimas que se dirigían hacia lo que parecía una amplia avenida repleta de puestos, comercios, espectáculos y juglares. Entre los puestos Julián observó al señor de la tela y se dirigió corriendo. Al traspasar el puente que daba a la avenida su cuerpo se comenzó a transformar adquiriendo facciones humanas y la capacidad de poder caminar erguido. A lo lejos una señora comenzó a escandalizarle al poco de verlo, y un oficial acudió.
-       Está usted haciendo exhibicionismo, póngase algo por el amor de Dios.
-       ¿Dónde estoy? – Era increíble, se palpó los bigotes con las garras mientras miraba maravillado a aquel guarda con cabeza de perro. Puedo hablar, pensó.-
-       Estás en la avenida de los yonkais. Vístase y tenga modales, aquí no estarás con vulgares humanos.
-       No tengo ropa señor.
-       Así que eres un gato zarrapastroso, ¿cuál es tu nombre?
-       Julián.
-       Muy bien, Julián. Te llevaré ante el mercader de telas, sabrá confeccionarte un traje adecuado.
El guarda lo acompañó hasta el puesto del hombre del trozo de tela. Al mirarlo tenían tan solo en su rostro un frondoso bigote, iba ataviado con un lujoso traje de lino purpura y unos zapatos de charol que escondían unos rechonchos pies.
-       Bienvenido sr zarrapastroso.
-       Mi nombre es Julián.
-       Y mi nombre es Don Telar, ¿vamos a perder el tiempo en jergas inútiles?
-       No, señor.
-       Bien. Has venido a traerme un trozo de tela. Ahora, dámela.
-       Toma.
-       Bien. Lo ves –con sus manos empezó a realizar un conjuro que transformó el trozo de tela en un pequeño traje de lino azul.- Pruébatelo.
-       Gracias, es estupendo.
-       ¿Sabes por qué estás aquí?
-       Supongo que me he perdido.
-       Gato estúpido, todos los que aquí llegamos no estamos vivos.
-       Eso quiere decir…
-       Eso quiere decir, pobre miserable, que has muerte de hambre, atropellado o envenenado; pero nada de eso importa ya porque ahora es cuando comienza tu nueva vida –cogió unos pequeños zapatos de cuero bruñido- toma, póntelos.
-       ¿Qué es este lugar señor? ¿El cielo?
-       ¿El cielo? En el cielo solo hay nubes y aire, y más allá están las estrellas. No, este es lo que los humanos denominan el Limbo. Las energías fluyen y nosotros vagamos entre el mundo de los muertos y los vivos. Somos, como lo diría, mm… Somos fantasmas gato estúpido.
-      
-       Veras, yo una vez fui sastre. Me encantaba tejer, medir y coser, ¿menudo trio, eh? Pero caí presa de la crisis y el vino consumió el poco talento que de mis manos brotaba. Una noche amanecí con una daga en el corazón pero seguía vivo o al menos eso creía. Con el paso de los años olvidé mi apariencia, olvidé quién era, olvidé mi nombre pero jamás olvidé mi profesión y a eso me dedico. Dices que te llamas Julián, pues nunca lo olvides. En el mundo de los muertos el nombre es tu única pertenencia. Ahora, vete a ver a Baba gato estúpido.
-       Gracias señor.
-       Lárgate o me cobraré el traje con tu sangre.
Julián se sentía cómodo, elegante y por primera vez limpio. Agradecido por el trato dispensado por el hombre del telar se despidió con una amplia sonrisa y continuó la procesión hasta el castillo que decían que estaba poseído por una extraña bruja llamada Baba, cuyo poder era tal que con su pluma y un puñado de tinta escribía y jugaba con el destino de cada uno de los yonkais que estaban en sus dominios.

Continuará…

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