martes, 19 de abril de 2016

Capítulo III




Capítulo 3º. Arianna

La nave de abastecimiento Venusiana o el gran emporio de la arena como lo denominaban los piratas aeroespaciales era un enclave tan pequeño como planificado y bien defendido. Una enorme puerta de acero separa el gran campo de hoyos del recinto defendido por 8 torres a sus alrededores y un destacamento de milicianos de Nhur que deambulaban para retener a la broza de sus alrededores. El guardián de la puerta era Stohl un viejo comerciante que dada su influencia por los sistemas había logrado posicionarse como la mano de Flink el viejo contrabandista que dominaba todos los emporios del sistema Lagash. Pese a su vejez Stohl era tan hábil con las artes arcanas como con la lengua y la mayoría de las ocasiones prefería evitar los conflictos granjeándose una reputación de blando entre sus hombres aunque la realidad era que prefería que no vieran de que era capaz cuando luchaba en serio. Él se denominaba así mismo como un monstruo con piel de cordero.
La visita de cuervo lo había consternado pues eso significaba que una nueva guerra era inminente y esta vez ni los muertos escaparían. Dejó a su destacamento guareciendo la puerta y se dirigió al puesto de enfermería para entrevista a la joven. El calor lo ahogaba por lo que dejó la coraza y se puso el uniforme oficial de Lagash protegiendo su cabeza con un sobrero de rayas azules y horizontales que junto a lo poblado de su bigote le otorgaban un aspecto burlesco.
-          Mery, ¿dónde está la joven que trajo cuervo?
-          S-señor –la enfermera parecía palidecer.- Creo que no le gustará lo que va a ver.
-          Aparta –echó a un lado a la enfermera.-
-          Pero, ¿¡qué cojones!?
Las mampara habían sido destruidas y la joven se encontraban en el suelo temblando y con fuertes convulsiones. Sus ojos se volvieron amarillos y comenzó a hablar en el idioma de los antiguos ayawüa: << Calamidad, muerte y vida. Los ayawüa hemos despertado y recuperaremos lo que el tuerto nos arrebató. >> La joven se alzó en el aire, cerró los ojos y cayó fuertemente propinándose un fuerte golpe en la cabeza.
-          Mery, la quiero recuperada para mañana.
-          Como quiera señor.
-          Señor –interrumpió un miliciano.- Un destacamento de bandidos está apostado en la puerta principal.
-          Estupendo, reúne a mi guardia. –Una loca y un par de gilipollas en la puerta, ¿puede mejorar el día?-
Stohl se puso la coraza de color negro ribeteada con fragmentos de hueso con terminaciones en acero y acudió a la puerta del emporio. Frente a él se podía vislumbrar todo un ejército a caballo tan solo ataviado con taparrabos y braceras de bronce, portando como armas amplias lanzas de acero y la locura de sus relucientes cabezas. El único de ellos que disponía de pelo y una larga barba clavó su lanza en la tierra y se acercó al galope.
-          Mis hombres quieren sangre –gritó mientras el resto de sus hombres lo vitoreaban-, ¿puedes ofrecérmela?
-          Noble ser –intervino Stohl con la intención de paliar la situación fácilmente-, te brindamos comercio y provisiones, quizá medicina, pero nada más.
-          Sangre habrá, somos los mil hijos del tuerto y bañaremos esta tierra con la sangre de los paganos.
El jinete se dio la vuelta y tomó la lanza. Cuando estuvo a punto de lanzarla Stohl movió las manos invocando a la muerte y lanzó al jinete por los aires, su cuerpo se desmembró y de su sangre emergieron criaturas grotescas que comenzaron a montar el caos. Dirigió a sus hombres hacia la masacre. Los jinetes enloquecidos terminaron rápidamente con la vida de aquellos seres y comenzaron a danzar sobre los milicianos de Nhur a una velocidad estrepitosa. Un río de sangre y viseras comenzó a danzar por ambos bandos, por lo que Stohl se fue abriendo camino con su lanza hasta llegar a quién parecía el cabecilla.
Aquel jinete tenía la cabeza rasurada, una enorme cicatriz que le surcaba el ojo izquierdo y una lanza de acero fortalecido por brujería por lo que de nada servía sus artes oscuros. Comenzó a girar su lanza para protegerse de sus embestidas y buscar el momento oportuno por el que acertarle en el pecho, momento que parecía nunca llegar. Cansado tras una lluvia de embestidas que le habían proferido amplias heridas en la espalda y las articulaciones su armadura cayó a merced del desatino y no tuvo más remedio que invertir  sus últimas fuerzas para convertir su cuerpo en un torrente de monstruosos músculos adoptando la forma del demonio que tenía en su interior. El jinete perplejo durante unos segundos se apeó del caballo y le tiró la lanza quedando clavada en la espalda. Stohl había perdido la razón y estaba completamente fuera de sí por lo que se arrancó la lanza y comenzó a inferir fuertes golpes al jinete que se tambaleaba mientras se defendía con una espada de acero mágico. Stohl partió con sus garras la espada del jinete y se dispuso a matarlo cuando un enorme poder le atravesó el corazón dejándolo moribundo.
Tanto los hijos de Nhur supervivientes como los jinetes del tuerto dejaron de combatir y contemplaron a una joven de cabellos cobrizos y blancura divina caminar descalza sobre los cuerpos de los muertos y la sangre de los vivos. Sus ojos amarillos se clavaron sobre el jinete y con las manos lo hizo levantar del suelo sanando sus heridas en el instante. En ese momento todos los supervivientes se postraron de rodillas. La hija del tuerto había renacido.

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