jueves, 28 de abril de 2016

Capítulo IV



Capitulo 4º. La Ermitaña

El aguasverdes era una región muy peculiar pues constituía la única parte del planeta Quimera dónde el agua brotaba de forma natural pero está era de un verdor profundo, y se decía que tenía propiedades mágicas aunque lo más probable que fueran alucinaciones dada la cantidad hongos y setas que habitaban el valle. Obviando que allí vivía una vieja ermitaña todo aquello era un idílico cuento de hadas que estaba vedado para quienes no eran puros de corazón. La antigua ermitaña como era conocida por los escasos lugareños que poblaban las regiones fronterizas la describían como una anciana calva y desdentada, y por extraño que parezca esa era la realidad. En otros tiempos los antiguos conocían una historia sobre una joven aventurera y princesa del planeta Fábula que al llegar a Quimera se bañó en las aguas cristalinas ofendiendo con su sacrilegio al tuerto quién la convirtió en esclava protectora del río cuyos sollozos turbaron las aguas cristalinas de un verdor tan espeso con el que nadie desde entonces podría ver su reflejo.
Junto al río y sobre una colina se extendía la ceremoniosa cueva de la ermitaña cuyo exterior dispuesto en túmulo y dintel daba acceso a un complejo entramado de piedra sobre el que se estructuraban todo un complejo habitacional que se articulaba en torno a un gran salón sobre el que en otros tiempos se realizaban las ceremonias entre los mejores guerreros con objeto de nombrar a un conquistador que bajo la protección del tuerto explorara los confines de la galaxia y se batiera en duelo con los caballeros de otros planetas con objeto de subyugarlos. Desde que el Imperio había expandido sus influencias por todas las galaxias el salón había caído en desuso y era empleado por la ermitaña como lugar de habitación.
Sus ojos saltones del color del ámbar y siempre llorosos, su melena gris y raída, y su boca desdentada la hacían el ser más desdichado del universo, y a pesar de todo ello era la guardiana del aguasverdes. Se desconoce si era por su fealdad o quizá su mal aliento pero pocos caballeros tenían las agallas de acudir al aguasverdes y aquellos que acudían nada bueno podían esperar. Su mente hueca y vacía la obligaba a mantenerse en constante vigilia por lo que el graznido del cuervo la perturbó. En la lejanía, no a demasiadas yardas de distancia se encontraba un cumulo de presencias que la hicieron sonrojar. <<Vienen a visitarme- pensó.- Será mejor que les ofrezca una bienvenida grata>>. Corrió hacia la cueva, dentro de lo que la artritis le permitía, y tomó uno de los elixires de la juventud que en cierta ocasión un antiguo maestre le cambió a cambio de bañarse en sus aguas. Su cuerpo se transformó en el de una doncella de melena negra como el carbón, ojos verdes como el río y exuberantes senos que la dotaban de un aire melancólico y exótico.

No hay comentarios:

Publicar un comentario