sábado, 16 de abril de 2016

Capítulo 2- maqueta inacabada





Capítulo 2º. Lockwill

Millas y millas de terreno montañoso, por más que el viejo Lockwill alzara la vista solo veía una puta montaña a un lado y otra puta montaña a otro. Encinas, alcornoques y pinos, todo un mar de hojas, bichos, barro, cenizas y desesperación. Tan solo iba ataviado con una vieja túnica raída, de color marrón y con muchos bolsillos por todos lados, y hasta eso le sobraba. Estaba ya viejo de espíritu, cansado y con muy mala leche. No pasaba un segundo sin que maldijera aquel sendero del bosque. Maldecía a los Hood, a los Sotomonte y a toda la retahíla de hidalgos de bragueta que tenían bajo su dominio los pasos costeros obligándole a tomar aquel sendero. Sin embargo, no tenía más remedio. La noche anterior volvió a tener una visión en la que la resistencia se reorganizaba y podría ver al cuervo, así que su objetivo era llegar a aguasverdes y exigirle su puta nave.
Con las piernas embarradas y las manos secas y ásperas se deslizó sobre densos ramajes deshilachados que daban acceso al claro de las milpuertas, llamado así por la densidad de la vegetación ya que tan solo dejaba pasar los rayos de luz por distintas zonas a las que los viejos ayawüa denominaban en su argot elysiano como puertas y el resto se sumía una temible oscuridad. <<Todo el día escupiendo bichos y ahora me toca jugar al escondite, ¿qué clase de ofensa puedo haberle realizado al tuerto para que me joda tanto la vida? Maldita sea. >> Tomó resina, arcilla y madera y añadió pólvora creando de este modo un potente explosivo que salió disparado hacia las copas de los árboles los cuáles iluminaron durante unos minutos el sendero hasta convertirse en luciérnagas que aleteaban brevemente antes de ser consumidas. Lockwill hizo un esfuerzo por alcanzar el extremo más profundo y llegar hasta una especie de lago. Se trataba de un lago cubierto de densos nenúfares que levitaban sobre aguas cristalinas cuyo brillo asemejaba al de un espejo. Se acercó y tomó agua, al reflejarse pudo contemplar como su rostro rejuvenecía al retirar el lodo que lo cubría y dejaba a su perplejidad la mirada de lo que asemejaba ser un hombre de unos treinta años de edad con unos ojos tan negros que ni la propia oscuridad era capaz de ocultarlos. Palpó incesantemente la cicatriz en forma de triángulo que tenía en la parte posterior del cuello y se propuso seguir el sendero cuando sintió como su cuerpo queda inmóvil a merced del desamparo. Cerró los ojos.
El bosque se difuminó rápidamente y de sus recuerdos surgió un enorme pasto. De repente, volvía a ser un joven de unos catorce años que daba espadazos sobre un poste de madera de olmo y contemplaba como la mujer purpura se acercaba. Era hermosa, y su cuerpo tan blanco parecía producto de un hechizo. Sus ojos de color amarillo se fijaban en su porte mientras que sus pies descalzos avanzaban lentamente hacia él.

-          Recuerda, Lockwill. Recuerda quién eres.
-          Soy la espada que temerán, soy la mano que besarán, mi deseos son fuego, mis hechos ley.
-          Muy bien –sonrió la joven.- Toma este frasco y serás por siempre mio.

El recuerdo era demasiado doloroso así que finalmente Lockwill consiguió volver a la realidad. Aún bajo los efectos de la tortura mental logró vislumbrar como un súcubo de belleza endiablada le acariciaba las mejillas, raudo se hizo hacia atrás y desenvainó la daga con la mano derecha mientras con la izquierda tomó un puñal de obsidiana trabajado con sortilegios de magia negra. La hermosa doncella se transformó en un temible demonio cuyas garras se volvieron monstruosas intentando penetrar pujantemente en su carne para beber de su sangre. Lockwill era ágil pero no docto con las armas su estrategia siempre había sido cansar al adversario para volverlo lento y arremeter una fugaz picadura con la que envenenar. De nada le serviría el veneno y los sortilegios ante tal criatura así que se limitó a esquivarlo incesantemente mientras marcaba con la daga y el puñal una señal espectral que le sirviera de escudo. Un tajo hacia la derecha otro hacia abajo y finalmente se hizo un corte en el brazo.
Los matojos de ramas adquirieron vida y comenzaron a danzar como dagas punzantes sobre el súcubo permitiendo a Lockwill obtener la distracción necesaria para echar a correr por patas. Ya se encontraba en el último tramo del bosque y muy cerca del aguasverdes. El sendero comenzaba a ser más transitado y la cabeza no cesaba de provocarle continuas jaquecas que le ponían de un humor quebradizo. 

-          Buenas tardes, ¿se encuentra bien? Soy Ser Tyrosh de la lejana roca marital. –El caballero era joven, de cabellera plateada y de ojos de un celeste tan claro como el cielo.-
-          Tenéis un hermoso caballo. –preguntó pensando en robarlo, aunque antes tenía que alimentarse y aquel idiota sería un dulce manjar.-
-          ¡Oh! Es pura sangre señor. Me alegra que lo digáis si queréis podéis montar en él.
-          No querría abusar de su generosidad ser. –Tranquilo, el caballo ya lleva mi nombre tatuado en el trasero. Aparte de confiado eres estúpido.-
-          ¿Os pasa algo? –preguntó ser Tyrosh aterrorizado.-
-          No, nada. Bueno, ahora que lo decís ser. Estoy hambriento, he consumido demasiada magia para salir de este puto bosque y si no consumo esencia vital desfalleceré en breves. Así que ruego que sepáis perdonar el desatino al que os encontráis. 

Agitado, con espasmos y convulso desenvainó la daga y le clavó el puñal en las pantorrillas del pie del caballero. El caballero delirando por la agonía desenvainó la espada pero apenas pudo sostenerla cuando se le escapó de las manos y Lockwill le clavó los colmillos abriendo dos grandes surcos en su pecho y dejando que el caudal de sangre manara directamente a los labios. Recuperado, le quitó la bolsa de plata que llevaba encima y tomó su caballo. Mientras cabalgaba maldecía a cuervo del cual juraba que se vengaría pronto.




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