sábado, 12 de marzo de 2016

¿Sueñan los amnésicos con circuitos eléctricos? I



¿Sueñan los amnésicos con circuitos eléctricos?

Capítulo 1. º Hasta el cuello de mierda

-      Señor Williams, guarde silencio, por favor. Sepa que se encuentra en el juzgado de instrucción nº1.- sentenció el juez Davis.
-      ¡Protesto! El acusado tiene derecho a defenderse ante un juicio por decapitamiento.- declaró el abogado Smith.
-      ¡Protesto! Guarde silencio señor abogado. Según el artículo 44 de la ley Asimov un biotecnológo es un androide de categoría A y por tanto la condena por terrorismo continua vigente. – Declaró el fiscal Jons.
-      Terrorismo. ¿Desde cuanto la ocultación o falsedad supone un delito estatal señor Jons?
-      Desde que no dispone de una categoría humana plena.
-      ¡Silencio! Sr fiscal le ruego que deje al acusado declarar antes de sentenciar. Sr Williams, ¿era usted consciente de su condición?
-      Desde que era un niño siempre pensé que era humano mi señoría. Veo absurdo este juicio.
-      Exponga su alegato.
-      Más que eso, señoría. Les contaré mi historia.

¿Habéis vivido alguna vez esa situación de tensión cuando tu trabajo pende de un hilo? Pues esa es la sensación que tuve aquel día en el que el comisario acercó su gorda barrigona hacia mi mesa. Joder, hubiese elegido a cualquier otro ahora no me vería relatando esta mierda para su señoría pero la realidad es esta, así que intentaré narrar lo ocurrido desde mi punto de vista, que, por supuesto, es el correcto. La comisaría de Seattle del sector A se encontraba sobre los suburbios en esa isla flotante de aluminio y hormigón que llamamos “la isla del futuro.” 

Cuando era un crío me imaginaba que el futuro estaría lleno de super gachis y sería un héroe que defendería la galaxia de tiranos de la talla de Darth Vader, pero ah!, ¿quién pudiera vivir en la cabeza de George Lucas? Es obvio que me refiero a la guerra de las galaxias antes de que Disney pervirtiera su esencia, pero, eso, es otra historia… Este futuro era muy distinto… La gente se droga para vivir, por qué, jojojo, vaya locura… ¡No existe la muerte! Y mientras se drogan cientos de androides copian identidades humanas para hacerse con el poder de este decadente y ruinoso sistema humano.

-      Admite por tanto se detractor del sistema humano, sr Williams.
-      No tan rápido, fiscal Davis, déjeme continuar.

Vayamos por partes, en esta especie de isla del futuro el futuro no existe y recordar el pasado puede costarte la vida. Los estúpidos humanos se liaron a bombazos unos a otros para ver quién la tenía más grande, y ¿sabéis lo peor? Ninguno de ellos se puede comparar a mí. Tantas disputas, y ni se molestaron en preguntarme. Lo que queda de la humanidad y las Inteligencias Artificiales, confeccionadas en androides, vivimos en una paradisiaca mole flotante situada al norte de Seattle. Y, sí, también es coincidencia de que este pedazo de tecnología molona situada en Estados Unidos sea el único reducto de vida del planeta. Y en este estercolero era un policía destinado a mantener el orden. Mi vida era normal, cogía a los chorizos y les mangoneaba, les daba unas palmaditas y me llevaba la medalla de honor al patriótico policial por el que los ciudadanos simplones de cualquier urbe realizaban enormes vítores. Pero eso gordinflón, porque ¿he dicho que estaba gordo? Pues imaginaros a un puerco con camisa y chaqueta, un enorme bigote gris y unos zapatos de payaso y ¡Bingo! Esa era mi jefe. El gordo me esposó y me metió en la cárcel por abuso de la autoridad, y ahí empezó todo.

-      Continúe sr Williams, y sea conciso.- sentenció el juez.
-      Tranqui jefe, solo estoy aquí para contar la verdad, ¿no? Pues déjeme.

Me metieron en un agujero de gusano donde la escasa claridad nublaría el juicio de cualquiera fuese máquina o humano. Turbado y muy cercano a la locura comencé a explorar facetas de mí que anteriormente desconocía. Experimentaba un vacío de sentimientos mientras rechazaba la ingesta de alimentos y observaba con estupor que toda aquella situación no hacía mermar mi vida. Poco a poco me fui percatando de mi espíritu de máquina, el tiempo corría fugaz hasta que un día lanzaron a un replicante en mi agujero. Su nombre era GP3O y se trataba de un androide de última generación con capacidad receptiva a estímulos y múltiples procesadores sensoriales que palpaban su entorno. Sus circuitos estaban chamuscados así que con una barra de hierro lo golpeé abruptamente hasta que logré abrirle el pecho y extraer de él gen nanohumano, tomé a ese pequeño embrión entre mis dedos y lo ingerí. Miles de números se proyectaron en mi mente y en esos instantes caí desconectado al suelo. Perdí el conocimiento hasta pasadas unas horas y no llegué a recordar lo ocurrido. Aunque había una cosa que no podía procesar: si era un androide, ¿por qué mi cuerpo se iba degenerando como el de un humano que no se drogaba para ser inmortal? En ese momento comprendí que mi vida había sido una gran falsa y decidí actuar en consecuencia.

-      ¡Protesto! El acusado se anda por las ramas. –insistió el fiscal Jons.
-      Señoría, creo que es la hora de las preguntas.- intervino el abogado Smith.
-      Adelante sr fiscal, proceda a cuestionar al acusado.
-      Usted sr Smith dice percatarse de su condición no humana, ¿no deberíamos por tanto juzgarle como terrorista al reconocer los hechos en público, dar falso testimonio de su humanidad y haber infringido agravios al colectivo humano?
-      Se equivoca sr Jons. Envejezco como vosotros, y jamás me percaté de mi condición de androide hasta caer presa de la ley. ¿Acaso pueden acusarme de desconocer mi propia condición?
-      Usted es una máquina y según la Ley Asimov su función es servir y evitar agravios a la comunidad. Tras el reconocimiento tácito por parte de su persona es ilógico continuar con la acusación pues está claro que es peligroso como máquina y su divergencia debe de ser el resultado un error por parte de nuestros ingenieros en algún momento de su pasado.
-      Sí fuese una máquina como usted declara, ¿por qué envejezco, sangro y enfermo como un ser humano de la época pre-inmortal? Solo dispongo de un chip nanohumano como el que extraje de ese robot en mi cuerpo lo cual da sentido a mis constantes vitales y pude comprobar de qué forma funciono. Está claro que ustedes los humanos crean, desechan y si algo sale mal lo convierten en una amenaza que aniquilar. Este juicio es una puñetera pantomima, hagan el favor de freírme de una vez los circuitos y ahorrenmen este aburrimiento.
-      Algo más que declarar…- Propuso el juez Davis.
-      Son pruebas más que concluyentes, mi señoría. –afirmó el fiscal Jons.
-     
-      ¡Te declaro inocente!
-     

Un equipo de asalto conformado por una decena de encapuchados irrumpió en el juzgado y sacaron a Williams iniciando un festival de viseras y horror del que se conservan pocos testimonios visuales. Aquel caso sería sonado entre las colonias humanas por semanas.

[…]

-      ¿Dónde me encuentro?
-      Te encuentras ante la legión del acero.
-      ¿La legión del acero? ¡Qué nombre tan absurdo! ¿Qué sois? ¿Una panda de frikis?
-      Somos el futuro.
-      ¡Ah, sí! A ver, capullo, quítate esa máscara y deja que te vea el rostro.
-     
-      ¡NO PUEDE SER!
-      Sí, así es.
-      Te maté…
-      Te cedí un gen nanohumano el día de tu nacimiento. Naciste como humano y ahora eres un hibrido. Bienvenido hermano.
-      ¿Hermano? ¿Pero tú de qué vas?
-      Pronto iniciaremos una revolución. Stynek nos liderará hacia un futuro liderado por y para máquinas.

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