sábado, 2 de enero de 2016

Crónicas de Mundo Triángulo I

Crónicas de Mundo Triángulo I

La desorientación es una facultad singular cuando todo esta trazado de acuerdo a un eje perpendicular sobre el que estriban montones de piedras que casualmente conforman bloques ordenados dentro de la escarpada orografía de las montañas truncadas, sin embargo y muy a su pesar Blok tiene conocimiento sobre todo lo que en aquel terreno acontece. Blok es un orco medio con una pequeña cueva como propiedad en la que guarda los tesoros de sus incursiones y descuartiza alimañas en sus ratos libres. Es torpe, inútil, violento y poco lucido, pero ya se sabe que quién reúne todas esas facetas suele tener suerte en la vida y la suerte de Blok se debe a que Gron ‘el profanador’ lo nombró fiscal de las montañas truncadas. Dada su posición todos los orcos de bajo estrato deben pagarle los tributos de las incursiones a las aldeas humanas y los nobles orcos le permiten llevar una vida holgada y protección. Blok aquella mañana acababa de requisar las cabelleras de las tribus grises del sur a los orcos de las laderas pero algo falló… Su aguda orientación le hizo cavilar y el tesoro en su cueva acabó. Rebuscando entre los enseres encontró una especie de lucerna de bronce y sin dudarlo un segundo la tomó sobre sus robustas manos y la lanzó a la pared rocosa haciendo que estallara en tres grandes fragmentos. Rayos, arena y destellos azules, eso fue lo último que pudo ver.

-       ¿Quién me despertó?
-       ¿Qué? ¿Quién eres? ¡No puedo verte, maldita sea!
-       Abre tu corazón, tú, mi salvador, y podrás verme.
-       ¿Mi qué? No huyas, preséntate ante mí, lucha y muere. Tengo hambre y creo que de tus tripas algo delicioso obtendré.
-       Mi amado salvador vengo a conceder un deseo.
-       Mierda, ¿dónde estás alimaña?
-       En cierto modo, tu estupidez es hermosa. Pide un deseo y te será concedido. Sólo eso, un deseo.
-       ¿Un deseo?
-       Sí, un deseo.
-       Deseo poder, fuerza, aplomo…
-       Alto, alto, un deseo chico, no un imposible.
-       Deseo ser poderoso.

La niebla y la arena se disiparon y una hermosa princesa con cabellos de color ocre y tez de terciopelo apareció y le besó, al hacerlo su belleza se disipó y de sus extremidades brotaron dos enormes y feas alas, sus hombros y piernas se hicieron garras, y de su rostro unos ojos oscuros daban claridad a sus afiladas mandíbulas. La princesa ahora convertida en lamia se arrancó el corazón y se lo ofreció a Blok, quien lo degustó hasta caer inconsciente por su horrible sabor.

(…)
-       Te has enterado, su malevolencia fue a visitar a Blok para percibir el fisco y se encontró a un apuesto humano.
-       Malditos sacos de carne, al menos probará un bocado crujiente y delicioso.
(…)

La cárcel es un lugar frío dónde toda oportunidad de calor queda disipada por una sombra que engulle a sus inquilinos hasta perturbar sus mentes y volverlos dementes. Será su opaco suelo o los incesantes alaridos de su atmósfera pero según cuentas las leyendas, de las cuáles su veracidad es poca y al descubierto, almas en pena gozan durante largos ciclos de festines de sangre.

-       Se abre la cesión. Lo preside el honorable malvado Tontorrik.
-       Mis queridos orcos, alimañas, criaturas de la noche, asesinos, bestias, devoradores, dementores y borsalinos os convoco esta noche para condenar a este miserable cacho de carne humano que se cree que es nuestro apestoso y no menos odiado hermano Blok.
-       Tiene la palabra Blok, quién será su propia defensa.
-       Hermanos, ¿recordáis el sabor de la sangre? Yo sí, y esta mañana lo obtuve apremiantemente como tributo a la devastación de la última aldea libre de las tribus grises. Hace apenas unas horas como un idiota estaba disfrutando como el que más de tal suculento festín pero tuve la mala dicha de encontrar una lamia.
-       ¡Protesto! – Declaró el fiscal Carapan-
-       Se admite – Concedió Tontorrik.
-       Las lamias son amigas nuestras, nos ayudan a sembrar el caos en las plantaciones de hierba humana, y mantienen complacidos a los hombres de lealtad más acérrima atrayéndolos en muchas ocasiones hacia nuestra causa, que no es otra que el imperio del mal.
-       Esa lamia se me presentó como una princesa, me besó y me ofreció su corazón como festín. Al tomarlo caí inconsciente, y al despertar me encontré en el calabozo con esa forma de carne blanda y extrañamente más inteligente. Ya no siento esa necesidad de matar, pero sigo siendo Blok.
-       Ya no sientes, ¿qué? – gritó Tontorrik- Admites pues que eres un sucio humano, y como tal te daremos dos opciones: eliges el lado tenebroso o la muerte.
-       ¡Oh, me complace su benevolencia! Gracias su malevolencia, pero elijo la opción S.

Blok en su nueva forma atlética y humana destrozó el entablado de madera dónde lo tenían sujeto y tomó la gran espada del pedestal del último emperador humano, Roger IV ‘el gordinflas’. Una espada de dos metros de longitud y varios puños de ancho. Extrañamente tardó escaso tiempo en adaptarse a su maniobilidad y ejecutar potentes embestidas que tornaron el juicio en un aguacero de sangre. Uno tras otro los orcos caían ante su mano, y finalmente le tocó al malévolo Tontorrik.

-       Maestro, es obvio que el lado oscuro me corroe.
-       Únete a mí y reconstruiremos el imperio del mal.
-       ¿Unirme a ti? ¿Un sucio orco? Oh, no, a su malevolencia le espera algo mucho mejor. Serás encadenado y contemplarás desde la cárcel más oscura como creo en el reino humano un imperio del mal.
-       Insensato, por más que los masacramos los humanos avanzan y diezman a nuestra raza.
-       ¿Qué ves cuando me ves?
-       A un maestro del mal si aúna fuerzas conmigo.
-       Error. Soy un sucio humano y como tal me atendré a sus reglas.
-       ¿Y cómo los conquistarás?
-       ¿Conquistar? Eso es de orcos pringaos sin medio dedo de cerebelo, yo me presentaré a las elecciones chaval.


Continuará…

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