miércoles, 11 de noviembre de 2015

Un ensayo sobre la doctrina del Shock

Un ensayo sobre la doctrina del Shock

Título original
The Shock Doctrine
Autora
Naomi Klein
Editorial
Ediciones Paidós Ibérica, S.A.
ISBN
978-84-493-2014-5
Traducción
Isabel Fuentes García, Albino Santos, Remedios Diéguez
Número de páginas
708

Algunas mañanas suelo acudir a la facultad de políticas, en parte por su cercanía y en parte porque suelen tener libros interesantes como es ‘La doctrina del Shock’ del que trataré a continuación. Acudo para realizar tareas o simplemente por encontrar un lugar tranquilo dónde poder leer las novelas, de vez en cuando acudo a su amplia hemeroteca visual o a obtener material audiovisual; raras veces busco lecturas poco habituales para mi rutina y es así cuando doy con obras de la talla de ‘la Rebelión de Atlas’, la reinterpretación política de Juego de Tronos realizada por el politólogo Iglesias o incluso por leer pasajes de historia moderna o contemporánea donde mi curiosidad y a la vez admiración se centra en la sociedad estadounidense. Poco comprendo de esa sociedad, pero posee un imán liberal que cada vez hace que sus propuestas sociales me resulten atrayentes e incluso conciba la política de mi país como una pantomima en comparación a Estados Unidos. Si bien todo es criticable, reprochable, mejorable y admirable yo no me cierno para nada ninguna rama política concreta aunque mi corazón siempre quede del lado de la clase media y a favor de políticas de progresión social, lo cual me impulsa a ser autodidacta y no valerme de la opinión de ideologías de masas o del resto de personas. Me gusta leer sobre sociedades liberales, me gusta leer sobre el capitalismo en todas sus facetas, y por supuesto me apasiona comprender el matiz globalizante que nos sumerge haciendo que nuestra rutina varíe tan poco de la rutina diaria de un neoyorquino o cualquier familia de Tokio.

Pensamos cuando observamos la sociedad como el individuo ejerce una progresión caprichosa, egoísta y poco solidaria, y tendemos a mimetizarnos con el entorno, cerrar los ojos y olvidar esos pequeños hiatos sociales que perturban la tranquilidad de nuestra realidad. Luchamos constantemente contra impulsos primarios para poder regirnos por las normativas sociales, y así mismo nos morcamos metas que nos sumergen en futuros recientes y constantes que nos permiten; y siempre se suele tender a limitar la capacidad de nuestro proceder y razón a aquellos fundamentos normalmente expansivos de opinión pública con objeto de satisfacer y agradar a determinados sectores de la sociedad. Es precisamente en nuestra sociedad actual saturada de productos, con limitaciones horarias y restricciones laborales cuando más faltan hacen esas voces pequeñas que a veces escuchamos por parte de nuestra subconsciente y nos impulsan a disponer de una opinión propia sobre asuntos cotidianos o de interés general que a veces suelen resultar absurdos, pero sin duda, en la mayoría de las ocasiones, nos permite dilucidar sobre aquellos engranajes que hacen poner en funcionamiento la sociedad y nos permite poco a poco permitirnos que Juan, Manolo o María dispongan de ideas, conceptos e hipótesis, y en definitiva, propuestas que permitan hacer de este mundo un lugar mejor.

Naomi Klein, es una de las voces de la consciencia que en este caso ha adquirido una expresión literaria y de análisis político. Debo ser sincero y aclarar que para mí la política es un hecho imprescindible e inherente a la formación del individuo, independientemente de la ideología a la que pretenda acogerse, y considero pues que el derecho al voto debería ir aunado a un conocimiento sobre las formas que tenemos de organizarnos y gobernarnos. Una instrucción política es necesaria para que tengamos un conocimiento certero de a qué clase de crisis nos enfrentamos y como poder solventar todos los ciudadanos unidos una coyuntura de tal magnitud y que se manifiesta en una especie de microdramas y elevada tasa de desempleo. Por otra parte debo aclarar que no concibo el mundo fuera de una sociedad capitalista, si bien tampoco concibo el capitalismo tal cual actualmente se concibe. El capitalismo, digámoslo así, es un mal necesario. El capitalismo impulso el dinamismo social, es un factor decisivo ante la globalización y su auge proporciona un avance del saber, el ocio y la tecnología sin precedentes. Aun así, el capitalismo constituye un sistema imperfecto que no logra paliar las brechas de desigualdad, y no porque su teoría falle sino porque quienes la aplican buscan unos objetivos que casi nunca suelen ser plurales o unitarios. A la mentalidad ciudadana siempre se le suele atribuir una consciencia de pertenencia en lugar de plantear que todos seamos de donde seamos somos “terrícolas” y por tanto si en utopía todo funcionara como un enorme engranaje empresarial que uniera a la humanidad y en la cual todo elemento social fuese necesario no habría el problema que tenemos para regiones como África o Asia. ¿A dónde quiero llegar? El capitalismo no es el problema, pero si su modalidad tan bien explicita en esta, digámoslo así, novela, y que se denomina como el “capitalismo del desastre”.

El libro se estructura en una serie de contenidos o partes en las cuales voy a diversificar mis comentarios:

i)          La nada es bella. Naomi Klein nos presenta situaciones, reales, en las que se han deshumanizado a sujetos para lograr determinados bienes, mediante artimañas, que permitieron a determinados empresarios locales rentar beneficios.

En este aspecto dibuja un liberalismo donde el beneficio prima con respecto a políticas como el sistema de educación pública de Nueva Orleans. Se tiende a concebir lo público, y cualquier propuesta social, como socialismo, de este modo mediante la consciencia de las masas se logra que estas acepten esta nueva realidad y se costeen derechos humanos tan básicos como la educación.

Para esto la autora concibe estados de crisis o shock social para convertir determinados bienes estatales en productos devorados por especuladores locales con objeto de asumir dichas competencias y constituir una entidad privada mientras el ciudadano medio se repone del trauma y asume como auténtica la nueva realidad implantada.

Otro ejemplo de contingencia de shock lo podemos observar en la actualidad, de lo cual hablo con propiedad en calidad de observador, dónde el incremento de mano de obra sobre cualificada y la liberalización de ciertos mercados comerciales en materias de energía o comunicaciones ha ocasionado un boom de los comerciales que se dedican a ir buscando a jóvenes con ganas de trabajar y sin empleo para ofrecerles contratos mercantiles orientados a promover el cambio de comercializadoras de energía de puerta a puerta, generando en ocasiones malestar, y en otras ocasiones cierta de responsabilidad de fraude.

Otro aspecto que analiza en este bloque de contenidos se compone la tendencia cada vez más vinculante de políticos y gobiernos de considerar que el dinero público no está ahí para ser destinado a satisfacer las demandas ciudadanas. Se acogen a representantes, tales, como Margaret Thatcher o Reagan, como los líderes que liberalizaron por completo el mercado laboral que se aprovecharon de la destrucción del imperio del mal (URSS) y la reconversión de China como potencia capitalista.

ii)         Los dos ingenieros del Shock. Naomi Klein establece una manipulación de la consciencia del individuo para coercitarlo a aceptar el nuevo modelo de realidad acorde a quienes pretenden lograr la sumisión plena de pensamiento.

La metamorfosis del individuo va unida a la búsqueda de la pureza. Pero, ¿qué podemos entender por pureza? Digamos, aunque nos suene extremista, que versamos nuestros pensamientos sobre una ciencia del miedo. Existe una ligera conmoción que varía según la persona y la impulsa a que esta sea proclive a concebir la realidad conforme a un molde preestablecido.

Otro aspecto en lo que versa su crítica es como se ha concebido la sacralización de la economía como motor del sistema, es decir, la economía constituye una fuerza de la naturaleza tanto fija como inmutable.

Así mismo la autora relaciona la globalizante expansión de la sociedad de libre mercado con episodios oscuros de la historia mundial como puede ser la dictadura de Pinochet en Chile como respuesta a la nacionalización de los recursos de su territorio acometida por el gobierno de Allende y que jugaba una fuerte baza en contra de los beneficios de numerosas filiales estadounidenses.

iii)        Democracia superviviente. Naomi Klein centra su crítica en la premisa de que toda nación que se declara como democrática tiene la responsabilidad de disponer de un Estado fuerte capaz de ejercer de mediador social a la hora de realizar una redistribución de los bienes públicos –mal llamado riqueza-. Algo que, a mi parecer, debe ir aunado con una política de libre mercado autosostenible y que no entre en conflicto con dichas políticas, sino actuar de forma complementaria.

Uno de los aspectos más controvertidos de este bloque versa sobre el éxito de las crisis, y es algo que me planteo constantemente, ¿por qué dura tanta esta crisis? ¿Acaso no se beneficiarán de ella? Una crisis que ha llevado a la perdida de los derechos laborales, a un encarecimiento de la vida, a salarios cada vez más bajos, a contratos temporales, a contratos basura, al engaño de las comerciales o incluso a abrir la brecha salarial entre la clase media y las élites ocasionando que surjan tantos nuevos ricos en la sociedad que al final la crisis acaba resultando de una entelequia que la sufre tan solo aquellas familias presionadas por los riesgos financieros que en su día los bancos tan amablemente les dejaron embarcarse, y no ven mayor salida que un pozo de desesperación, impotencia e infortunio.

La democracia debe ejercerse siempre mirando a quién la sostiene, la sociedad, tal y como hicieron Rooselvelt o Wilson, y tantos grandes gobernantes de la historia que aunaban sus propuestas sociales, con el mercado liberal y un humanismo pragmático en cada una de sus políticas.

iv)         Tiempos de Shock. Naomi Klein concibe como fundamental y radical cortafuegos a cualquier discrepancia de las nuevas políticas neoliberales la exaltación de la patria. Poco que objetar en lo referente a esto, se puede apreciar con la campaña electoral de nuestro gobierno en funciones.

Ahora bien, ¿qué significa servir a la patria? No me cabe en la cabeza como personas que defienden a la patria legislan para favorecer a otras patrias o para expoliar los recursos nacionales, como si de un país bananero se tratase, y enviar ese dinero en B a la caja fuerte de sus, parece que, auténticas patrias, como serían, de hecho, Suiza y sus banqueros, Andorra o las islas caimán, entre muchos otros paraísos fiscales para PYMES. Desde mi proceder, un auténtico patriota, nacionalista, gobernante, o como quieran llamarlo, debe gobernar por y para sus ciudadanos y cada beneficio rentado invertido en su nación. En mi caso, no puedo sentirme más orgulloso de mi país y a la vez repudiar a mis gobernantes pues a mis ojos no hacen nada para que potencia su prosperidad, sino todo lo contrario. Todo se podrían resumir en, siento, tengo confianza por el conjunto de ciudadanos que componen mi país pero no por aquellos que lo gestionan y a su vez tampoco de quienes perpetúan dicha corrupción.

v)          La zona de seguridad móvil. Naomi Klein vierte su crítica a la división parcelaria de un mundo ya globalizado en el que más allá de los problemas del primer mundo se deja desprotegidas aquellas naciones incapaces de disponer una economía potente o capaz de prosperar, y por tanto sumidas ante la precariedad de todo signo, como pudieran ser los desastres naturales.


A grandes rasgos, la obra de Naomi Klein, si bien es imperfecta y en ocasiones sensacionalista, trata aspectos de vigente actualidad con datos objetivos lo que no indica que estén bien ordenados. Las vivencias narradas son impactantes, y su narración incita a la autorreflexión y la capacidad de crítica. Para mí, desde ya, es una lectura recomendada. Así mismo estoy abierto a cualquier corrección, malentendido o crítica que pueda generar mi opinión en el presente ensayo. 


1 comentario:

  1. Anónimo12:22

    Parece un libro interesantísimo. Personalmente, me gustaría disponer de estados que corrijan de verdad los fallos de mercado propios del capitalismo. Si esto se consiguiese, veríamos disminuido la desigualdad de rentas dada una mejor resignación de recursos. El problema, desde mi punto de vista, es que se emplea dinero público para hacer frente a pagos de deuda que tienen los estados en detrimento de tener fuertes Economías del Bienestar.

    ResponderEliminar