miércoles, 25 de noviembre de 2015

Parte IV. El ritual del cáliz

Parte IV. El ritual del cáliz

[14 años antes]

El crepúsculo bañaba el distrito de la catedral de una atmósfera ocre y añil. La majestuosa catedral permanecía impasible ante el elevado cántico que de su interior la hermandad del renacer emitía.

-         Hana, ¿comprendes lo importante qué es restituir la pesadilla?
-         Sí, padre. Yo Hana, bautizada ahora como hermana Bloody-Hana prometo solemnemente encauzar a un falso pastor por el redil de la redención y purgar la inmundicia impura. Juro comprometerme en todo lo que se me disponga con el fin de terminar con el falso reinado de Annalise.
-         Muy bien, hija mía quítate la capucha y muestra tu rostro. –El rostro de Hana era el de una niña con cabellos cenicientos y mirada perturbadora. Demasiado delicado para reflejar su determinación, y salvajemente bello para cautivar la atención de la hermandad.
-         Concluimos, hermanos, el bautismo de la elegida. Ahora, querida, deberás acudir con el padre Micolash quién te hará olvidar toda tu relación con la hermandad y te conducirá a tu nueva vida como estudiante de la clínica de Iosefka. Para lograr tu compromiso por nuestra causa debes estar en un estado de perpetua inocencia –la mostró en actitud paternalista.-
-         Hermanos, ¡bienvenidos a la pesadilla! –Declaró Micolash.- Ahora Hana beberá de este cáliz, y tomará la sangre de Ebrietas quién dispondrá de su enviada como el pastor que nos conducirá a la vida eterna. Observad con atención pues un gran sacrificio se producirá esta noche.

Hana tomó el cáliz con firmeza y bebió de él hasta saciarse con lo embriagador de su contenido hasta caer inconsciente. En ese momento las tinieblas envolvieron la gran sala y una tormenta invisible comenzó a recolectar la vida de todos los presentes. Eran las brujas de Hemwich cuyo pasto con Micolash les había concedido poderes inimaginables. La rápida muerte de los miembros de la hermandad permitió invocar a una malicia superior personificada en la figura de la Nodriza.

-         Micolash, necesito que recolectes más sangre. MI HIJO DEPENDE DE ELLO.- Tras alzar la voz adoptó una actitud serena.- Sin duda Ebrietas estará complacido, ¿qué gano yo con la pesadilla?
-         Más ecos de sangre mi señora –dijo Micolash complaciente.-
-         Tú, maldito seas tú y todos los de tu estirpe viperina. Tú me convenciste para tener el hijo del mesías, y ahora… Ahora esto. ¿Cuánto sufrimiento deberé aguantar? ¿O es que pretendas que el nuevo cazador acabe con todos? Traer la pesadilla de nuevo a Yharnam supone traer al cazador. Un ciclo de muerte que poco me aporta. Me prometiste inmortalidad, pero jamás hablaste del tormento que debía de sufrir.
-         Mi querida Elizabeth, viniste a mí implorando venganza y te concedí poder. Cuando probaste la sangre viniste a mí clamando inmortalidad y te concedí la capacidad de ser la nodriza de Ebrietas. Llegó la hora de que asumas tu compromiso y responsabilidad, ahora tú deberás ocuparte de que tu vástago salga vivo de este mundo. Para ello cosecharé tantas almas como necesites. Esta chica –depositó su dedo en la dirección del lugar dónde Hana aparecía tumbada- será la que conduzca al falso pastor hacia nosotros, y el cazador alimentará nuestras demandas.
-         Explícate bien.
-         El cazador iniciará el ciclo de muerte y el ciclo de los acontecimientos podremos manejarlo a nuestro antojo.

Como un estruendo la vicaría acudió corriendo a la catedral junto al padre Gascoigne. A su llegada contempló con estupor la estela de muerte y desolación.

-         ¡Micolash, maldito! Otra vez, tú. Probarás el acero de una vez por todas.- sentención el padre Gascoigne.
-         Elizabeth, ¿qué es todo esto? –preguntó la Vicaria.
-         Hola hermana, o mejor dicho Vicaria Amelia.
-         ¿Cómo te atreves a llamarme hermana? Mataste a nuestros padres y bebiste de su sangre para alimentar la abominación que llevas en el vientre.
-         Tú, sabes el porqué. Ellos nos separaron, me enviaron a servir a la corte de ese fanfarrón de Rey quién abusó de mí, mientras toda su corte y su querida hija Annalise permanecían indiferentes. Solo en Micolash encontré el cariño que me negaron. Y ahora, ahora soy la madre del mesías.
-         Micolash es un maldito bastardo, lo mataré.- Insistió el padre Gascoigne.
-         ¿T-te has convertido en un monstruo? Elizabeth, por favor, se racional.
-         ¿Qué sea racional? ¿Eso es lo que fuiste tú mientras yo estaba en la corte?
-         Por favor, compréndelo…
-         ¡¿qué debo comprender?! – gritó. ¿Qué me abandonaste?
-         Yo nunca te abandoné –dijo Amelia mientras de sus ojos brotaban lágrimas.-Yo siempre te extrañé, pero tenía responsabilidades.
-         ¿Responsabilidad? No me hables de responsabilidades. Tú, criada por los ritos catedralicios como sacerdotisa y con una vida nada exenta de placeres.
-         Sacrifiqué mi infancia para llegar a ser Vicaria y dedicarme al estudio de la pesadilla y como erradicarla. Nuestros padres estaban infectados, y ese Micolash a quién consideras un santo no es más que un juguete de los celestiales para sumirnos en la pesadilla eterna.
-         Sí es así, que así sea. Ahora preparados a sucumbir en las tinieblas.
-         ¡Por favor Elizabeth!

Elizabeth rompió la jaula de la Fe que Micolash tenía sobre su cabeza y la usó de recipiente para tomar el poder que se había ido acumulando y esparcirlo por la habitación. Amelia comenzó a ver como dolorosamente su cuerpo iba mutando y adquiriendo una monstruosa deformidad que la iba apartando de la razón y obligándole impulsivamente a adoptar una inaudita agresividad. El padre Gascoigne corrió a socorrerla pero ya era demasiado tarde su transformación se había completado y tan solo recibió un enorme zarpazo en el vientre que le insufló parte de su malicia. Acorralado se transformó en una especie de bestia antropomórfica y huyó hacia el cementerio situado a los pies de la catedral donde el aura purificadora le permitió volver a adoptar su forma humana.

Micolash puso sobre los hombros de Elizabeth a Hana y se transportaron hacia la academia de Iosefka dónde dejaron a Hana a cargo de Gilbert. Gilbert tomó a Hana bajo su cuidado y se dispuso a hospedarla en su humilde vivienda de Yharnam Central.

-         A partir de ahora te llevaré por el camino de la iglesia de la salvación pequeña, ¿cuál es tu nombre?
-         Me llamo Hana.
-         ¿Qué más puedes contarme de ti?
-         No recuerdo nada más.
-         Comprendo. Muy bien, mañana acudirás nuevamente a Iosefka a comenzar tu formación en medicina. Descansa.
-         Gracias. Hasta mañana.

Hana se levantó y se vistió con un atuendo que le habían preparado con la simbología de la iglesia de la salvación. Intentaba permanecer placida pero su mente no hacía más que recordarle el cáliz con el que soñaba cada noche.

[…]

-         Hola, me llamo Hawke. ¿Cuál es tu nombre?

-         Yo soy Hanna.


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