lunes, 23 de noviembre de 2015

Deconstruyendo la revolución

Deconstruyendo la revolución

Ayer Domingo para paliar el tiempo y trasladar la obra de Collins a la gran pantalla acudí a visionar las dos partes de Sinsajo en una especie de adelanto al estreno oficial dónde te cobraban el precio integro de ambas entradas. Si bien la primera parte estaba orientada al relleno y vaciar los bolsillos de los fans que Jennifer Lawrence y Donald Sutherland habían generado dada su empatía y formidable actuación frente a todo un elenco de actores que si bien cumplen con su trabajo resultan altamente olvidables dejando sus tramas subordinadas a la de estos dos grandes actores para quienes giran todo el transcurso de los acontecimientos; la segunda parte se basó más fielmente en la novela logrando mayor inmersión. La trama dónde giran los libros es algo que ha sido tomado por multitud de novelistas como la saga Divergente de Veronica Roth, y anteriormente a esta autora otros como la saga “Dune” de Frank Herbert o “Un mundo Feliz” de Aldous Huxley por citar unos ejemplos novelísticos excelentes; y no es otra que “el mundo de la infelicidad” o la “distopía del conformismo”. Siempre aparecen los mismos patrones:

-       Estado opresor, coercitivo y paternalista.
-       Población subyugada en clases que satisfacen a una minoría elitista.
-       Barbaridades ejercidas para mantener el control: juegos del hambre, guerras de facciones, alteración genética para lograr subordinados con una categoría de inferioridad humana, alteración genética de animales para que sean subordinados planetarios de humanos, etc.
-       Felicidad relativa ante la realidad que preside.
-       Sociedades altamente consumistas frente a sociedades limitadas a consumir bienes de primera necesidad.
-       Inexistencia de la pluralidad de pensamiento e ideología.
-       Inexistencia de fórmulas democráticas.
-       Belicismo persistente como solución a cualquier conflicto y en el cual, sea de quién sea la victoria, tan solo pierden los civiles quienes pierden a sus familiares y se producen cientos de muertes que no son consideradas por su gobernantes.
-       Sentido de la propiedad para el brazo ejecutor o mandatario con respecto al conjunto de la población civil sea de la élite o del pueblo llano.
-       Sistemas de economía autárquicos que requieren de esta especie de modelo de explotación distópico ante eventualidades de un mundo arrasado por diversas circunstancias.

Por lo general son patrones sociopolíticos con los que los autores juegan para crear sentimientos de complicidad que no admiten bipolaridades éticas, y dónde el factor atrapante lo constituye un lector sumido en una aventura por la supervivencia para afianzar aquellos valores que constituyen su realidad sociopolítica más inmediata. Esta ambientación conduce a la realización de obras de excelente calidad frente a otras que son meramente superficiales en la esfera distopica y cuyo interés se centra en constituir franquicias comerciales. La importancia radica en que tanto las novelas como el cine muchas veces dibujan críticas camufladas hacia aspectos de nuestra realidad que se graban en nuestro subconsciente con resultados muy diversos. Quizá para muchos la franquicia Star War, por poner un ejemplo de referencia mundial, ha supuesto un modelo mixto de aventuras y ciencia ficción dónde el imperio galáctico se presenta como una crítica a las políticas imperialistas y los jedais representan el binomio moralista que existe en nuestra sociedad entre la filantropía y el egoísmo. Más allá de estos planteamientos personales, pues está claro que ofrecen pluralidad en todos y cada uno de sus aspectos, estamos asistiendo a un proceso de impulso crítico –y guiado- de conformismo revolucionario en lo que la preservación del status quo condecora cualquier lastre y pérdida de libertades.


La revolución que es un fenómeno por lo general que supone la ruptura para un modelo de organización sociopolítica a otro modelo que puede ser más justo o totalmente lo contrario se está deconstruyendo y trasladando al terreno de la ficción dónde todo está permitido y resulta de placebo para la realidad más inmediata. En la actualidad la lucha por la conquista de los Derechos Humanos fundamentales e inalienables está sufriendo un retroceso y la categorización de ciudadanos de primera y de segunda atendiendo a su procedencia étnica y regional. Cuando hablo en término de revolución, obvio cualquier fundamento belicista, pues para mí la revolución es promover la crítica del pensamiento. Indiferentemente de la condición cultural, intelectual, profesional o de nivel de estudios la pluralidad de pensamiento debe primar para mantener y preservar aquello que nos hace humanos y que tan solo se puede conseguir con cierto criterio racional –más allá del que los medios de masas pretenden que tengamos-. Volviendo a “los juegos del hambre”, todos, y cada uno de nosotros, somos sinsajos. Es decir, somos símbolos culturales de pensamiento y prodigio críticos humanos ante una realidad en la que cada ciudadano mediante el mecanismo de la democracia puede cambiar siempre y cuando actúe con sensatez a sus propios criterios personales y respetables.


No hay comentarios:

Publicar un comentario