domingo, 4 de octubre de 2015

Parte II. La pesadilla del cazador.

Parte II. La pesadilla del cazador

El desánimo y la muerte aún estaban presentes en el reguero de lápidas que representaban cada uno de los sueños y esperanzas de aquellos cazadores que soñaban hacer frente a la pesadilla pero no pudieron hacer nada. Sus cuerpos habían sido corrompidos y transformados en criaturas obscenas mientras que sus almas habían sido abandonadas por la iglesia de la salvación. Gherman paseaba con añoranza por cada una de sus lápidas y sentía un profundo embargo al pensar el destino que le depararía al nuevo cazador que se atreviera a devolver el sosiego a los corrompidos. Su hoja afilada segaría hasta el último ser de la cacería con objeto de mantener a los estelares tranquilizados. Cedió la hoja bajo la mirada de los condenados y cerró la cancela, con pasos cautelosos entró en su taller y tomó lucidez para realizar una muñeca con apariencia humana, la dotaría de las almas necesarias para mantenerla con vida hasta hallar un nuevo cazador y la sumiría en un profundo despertar hasta hallar al próximo cazador y así reiniciar el ciclo de condenación sobre Yharnam. Tomó una pluma y mojándola suavemente en tinta le escribió en la mano izquierda: “Hana”.

Hawke se sentía más poderoso y a su vez más temeroso de la pesadilla. Las patrullas habían intensificado su actividad y algunas hacían uso de la piromancia para cercar a sus víctimas. Con apenas lucidez tendría que ser cauteloso así que tomó el camino hacia el gran puente con objeto de llegar a unas plataformas que dieran acceso a la parte más lúgubre de Yharnam central, las alcantarillas. Los hombres bestia se comunicaban aullando bajo el auspicio de la luna sangrienta mientras los cuervos acechaban desde las techumbres, tomó su hacha y fue barriendo con grandes golpes la corrupción hasta plantarse frente a una deformidad que empuñaba como lanza una especie de mástil de hueso que agitaba violenta y convulsamente contra el suelo, una estocada tras otra y cada vez más veloz hizo que optara por rodar y caer al agua de las alcantarillas. El hedor no era lo único insoportable sino unos ojos rojos y tan intensos que acompañaban un cuerpo pútrido que reptada sigilosamente hacia su espalda. Un paso en falso y un centenar de ratas se congregaron en busca de carroña, así que hizo rechinar las piedras y encendió una antorcha con la que alumbró el sendero mientras alejaba una muerte que por momentos se creía certera.

Las escaleras dieron acceso a un enorme terraplén revestido de un armazón de cemento y ladrillos que daban paso al distrito de la catedral. Allí encontró una especie de cementerio que daba acceso al distrito de la catedral, y en cuyo interior se encontraba esperando el padre Gascoigne. No destacaba precisamente por su consideración, quizá en sus tiempos de Juventud, pues ahora sus mechones plateados, sus afilados rasgos convertidos con premura en señales de equitativa vejez y su ceguera autoimpuesta para no contemplar el mal lo volvió un ser más cercano a una bestia que a un humano.

-          Eres… NO. Te volverás uno de ellos. Todos se corrompen, todos sucumben a la pesadilla.
-          Padre solo deseo llegar al distrito de la catedral sea con la bendición de la iglesia de la salvación o no.
-          Tú y tantos otros. Solo hay una salida y no es otra que tu muerte.
-          No es lo que deseo, pero tampoco veo que me dejes otra alternativa.
-          Muere monstruo.

El padre agarró dos afiladas hojas y guiándose por sus sentidos bailó ejerciendo una danza de ataques punzantes, fieros y nada equilibrados que costosamente le costó esquivar. Hawke se veía en un debate moral sobre su humanidad hasta que agarró con fuerza el hacha y la cargó embistiendo con ataques viscerales hasta conseguir dejar su impronta en el pecho del padre Gascoigne. Este se transformó en una bestia que arremetió violentamente hasta conseguir desgarrar parte de la carne de su espalda y tomarla como alimento. Temeroso de su fuerza sacó el trabuco y partió una de sus garras con balas de plata hasta que lanzó varios cócteles y le prendió fuego. El fuego los deshizo en alaridos hasta que finalmente se consumió quedando su alma en reposo.

Al llegar un embriagador recuerdo le transmitió un sentimiento de paz y sosiego. Una de esas cosas corruptas emergió al lado de la lámpara de armonía.

-          Bienvenido cazador.
-          ¿Tú… Eres uno de ellos?
-          ¿Lo soy? O sí, comprendo… Lo parezco.
-          ¿Estás vivo?
-          Me resisto a corromperme pero me entristece como la pesadilla me envuelve cada vez más. Aquí no tienes por qué temerme, el incienso me vuelve dócil y me permite recordar… O sí, lo recuerdo… ¿Podría pedirte un favor?
-          ¿Acabar con tu existencia?
-          ¡Oh, no! Yo… Solo quiero ayudar. Por favor, si encuentras a gente escondida bajo sus techumbres háblales de mí, diles que en el distrito de la catedral tendrán un techo en el que cobijarse.
-          ¿Cómo me puedo fiar de tu palabra?
-          Estoy a merced de tu misericordia. No puedo corromperme, ni morir a menos que ejerzas tal vileza. Hagas lo que hagas recuerda que solo quiero ayudar.

Hawke tomó la palabra de aquel extraño ser y abandonó el distrito por la parte oriental con objeto de abrir la gran cancela con el emblema de gran cazador que tanto esfuerzo le había costado reunir. Por el camino de regreso varios acólitos corrompidos de la iglesia de la salvación le persiguieron portando grandes varas que le otorgaban un poder capaz de lanzar rayos con los que absorber esencia vital. Rodando y atacando por la espalda consiguió recomponer sus ecos de sangre y llegar hasta un enorme edificio conocido como la vicaría de la catedral. Era un edificio imponente y espacioso cuya fachada austera se veía contrarrestada por un interior ricamente ornamentado con esculturas de los acólitos que una vez poblaron la Fe de la salvación. Dio un paso lentamente hasta que encontró a una mujer postrada de rodillas en aptitud oradora, se dirigió hacia ella de forma silenciosa para no interrumpirla hasta que vorazmente lo miró y se transformó en una especie de lobo envuelto en tejidos ensangrentados y de cuyo cuerpo salían hasta seis extremidades que unido a las astas de su cabeza le conferían un aspecto siniestro y bastante amenazador.

El ataque visceral no servía de nada contra este adversario pues su capacidad de regeneración era asombrosa. Al ser tan enorme sus golpes eran casi mortíferos pero la agilidad de sus movimientos mermaba por lo que se mantuvo pegado a su costado y arremetió ataques rápidos y frenéticos que le permitieran evadir y no cesar en su empeño de evitar que se recuperara. Finalmente logró acabar con ella, y un espíritu emergió para darle la mano.

-          Gracias cazador me has librado de mi castigo, soy Amelia la vicaria.
-          ¿Castigo?
-          Yo mantuve la Fe en esta catedral hasta que la pesadilla llegó y nos mostró que todo lo logrado no era más que los juegos de seres celestiales para quiénes no somos más que una fuente de divertimento. Me condenaron a corromperme y servirles, gracias a ti podré descansar en paz. Tu viaje será largo cazador pero recuerda si llegas al final enfréntate a Gherman no es lo que aparenta, y tampoco es la pretensión de lo que crees pensar.


El alma de Amelia se desvaneció. Hawke tomó el camino de retorno y accionó una palanca que le permitía acceso al viejo Yharnam el lugar dónde la cacería comenzó y los antiguos cazadores corrompidos aún patrullan en busca de sangre. En las puertas se encontró con un extraño encapuchado de cabellos rubios y tez pálida y joven que vestía con ropajes blancos e impolutos.

-          Bienvenido cazador, amigo o enemigo siempre es un placer conocer a quién lucha contra la corrupción. Mi nombre es Alfred.
-          ¿Qué eres?
-          Un soberano, o quizá otro cazador. Busco a Annalise, y también la redención. ¿Tienes algo que preguntarme?
-          ¿Qué es la iglesia de la salvación?
-          Existe desde antes de que iniciara la cacería… La Fe es una disciplina que requiere de perseverancia y artes arcanas, pero si la dominas crecerá tu poder.
-          Debo proseguir.
-          Fue un placer. Nos volveremos a ver, estoy seguro de ello.

Hawke prosiguió y se encontró ante la lámpara que daba acceso al antiguo Yharnam, finalmente debería reunir el valor necesario para conocer el origen de la cacería y así poder desvelar cada uno de los enrevesados enigmas que se le habían ido planteando a lo largo de su periplo.




Continuará-> Capítulo III. El origen de la cacería.

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