martes, 15 de septiembre de 2015

Hijos del crepúsculo. Capítulo 1.

Hijos del crepúsculo

Capítulo 1.

La muchedumbre se movía agitada por el vendaval que arreciaba el arenal, la arena discurría de un lado a otro de las calzadas golpeando de forma seca y estruendosa las fachadas de piedra que se imponían en gigantescas alzadas que parecían retar a la eternidad, y en mitad de todo aquel alboroto se alzaba la majestuosa plaza de mármol erigida en tiempos de Hunt Colmillo el primer salvaje libre del crepúsculo. Dos caballeros se afrentaban en una justa que se saldaría con la sangre del primero y la conversión del segundo. El caballero de la coraza roja y la lanza carmesí se llamaba Samwell y pertenecía al clan del arenal del cuál heredó su características cabellera rubia y unos ojos tan amarillos como salvajes. Su contrincante era Sploll del clan de los media luna del cuál había heredado su calvicie, su prominente y espesa barba negra y unos ojos marrones pequeños pero vivaces, se hallaba ataviado con un jubón de cuero y equipaba dos pequeñas dagas realizadas en metal fatuo. La arena discurría en centelladas, la lanza intentaba penetrar el jubón pero Sploll era hábil y consiguió saltar hacia el lado y lanzar una de las dagas que rozó la mandíbula de Samwell creando una hemorragia que no paraba de fluir. Las dentelladas de la lanza de Samwell se hicieron más lentas y Sploll con suma agilidad bailaba a son de la arena clavando su aguijón hasta desmontar la malla de Samwell, este aprovechó el momento para atravesarle el muslo de la pierna con la lanza. Sploll agonizando de dolor tomó la adrenalina que bullía en su interior y atravesó el corazón de Samwell con la daga. Sacándole el corazón lo mostró a la multitud que lo ovacionaba y lo devoró con ansia alcanzando así la plenitud de sus poderes.

El interior del cuerpo de Sploll se agitaba violentamente mientras sus extremidades se retorcían ocasionándole minutos de insufrible dolor. Los músculos se tensaron, contrajeron y expandieron; las mandíbulas perfilaron enormes fauces y de su cuerpo comenzó a brotar oscuro y retorcido bello hasta darle un aspecto similar a una bestia. Una vez completada la transformación se irguió y aulló en señal de victoria. El jefe del clan media luna se acercó, Thron un anciano aunque corpulento hermano, y lo cogió de la mano hasta hacerle erguir la rodilla en el suelo en señal de profundo respeto. Replicó un juramento de fidelidad y Sploll volvió a adquirir apariencia humana.

-      Hijo mío, hoy es un día grande no solo sumamos un leal hermano al clan de la media luna sino que has conseguido mermar la influencia del clan del arenal. El equilibrio de especies ha sido resuelto y es un conmensurable honor poder nombrarte ser y otorgarte el dominio de cabo aguja.
-      Mi señor – dijo en actitud contemplativa-, soy un guerrero y no un señor. Deseo luchar, no dirigir a humanos desde mi castillo. Los humanos son escoria, mueren fugazmente y a pesar de que se les concede la vida no trabajan de forma eficiente.
-      Aceptarás tu cargo de señor y comandaras mi flota. Confío en que meterás a esos humanos en vereda –le inquirió en tono amenazante.-
-      Así sea su voluntad, Thron señor de los media luna, comandante y leal siervo de nuestro señor oscuro.
-      Márchate ser Sploll tu nueva vida te aguarda.

Sploll tomó la armadura con el blasón de la media luna y marchó junto a una pequeña guardia pretoriana de cien hermanos hacia sus nuevos dominios en Cabo Aguja. La vuelta en caballo se hizo llevadera. Suponía el fin del desierto y el comienzo de un nuevo paraje pedregoso cubierto de motas de hierro y salitre, vegetación arbustiva y un fuerte oleaje que golpeaba la descalza y destartalada roca en la costa. Los humanos trabajaban con bestias las tierras circundantes a su castillo mientras los regidores del señor oscuro vigilaban sus funciones. Maldita sea, eran pecadores y purgadores, todos ellos merecían morir incontables veces. Por una extraña razón odiaba a aquellos humanos que moraban en su mundo pues a pesar de que su vida era efímera frente al dolor regresaban nuevamente para volver a purgar de un mundo qué jamás comprendería. Olvido todo aquello y se centró en el imponente puerto realizado en forma de templo. Se trataba de tres hileras de columnas dobles de mármol sujetos por un dintel y una abertura amplia en su interior que conducía a una cala de madera en la que toda una armada era mantenida. Bajó de su caballo y mostró el emblema al inquisidor oscuro que parecía dirigir el lugar.

-      Bienvenido ser Sploll.
-      Déjate de cortesías, ¿qué estáis preparando?
-      ¿Preparando? Já –pareció mostrar una muestra de sarcasmo en su oscuro rostro. Los inquisidores eran espectros ligados en alma al señor oscuro- Ahora sois el comandante de la flota y pronto zarparemos con el resto de media luna y clanes hacia las tierras medias del dominio de la luz.
-      ¿El lugar donde habitan los humanos no muertos?
-      Já –volvió a mostrar sarcasmo- Más vale que estéis preparado o esos humanos os aniquilaran.

Sploll se transformó en licántropo y cogió al inquisidor con las garras, lo maldijo y le arrancó la cabeza volviendo su espíritu a informar al señor oscuro. Se dio la vuelta y se volvió a su guardia.

-      Zarparemos, coged a todos los humanos y que trabajen para hacer zarpar la flota. Esas tierras serán mías y no de ese bastardo del señor oscuro. ¿Estáis conmigo? –entonó en una actitud confiada y voraz-.
-      ¿Y el resto de clanes?
-      Convocadlos.
-      ¿Y Thron?
-      Thron está muerto.

Un aire de consternación pareció recorrer el lugar.

-      ¿Cómo es posible?
-      Cuando presté juramente inyecté veneno en mi garra. Ahora mismo yo soy el clan de la media luna. ¿Estáis conmigo o estáis muertos?

Un fervor se apoderó de aquel instante y todos vitorearon a Sploll quién paso a ser nombrado como el señor de los colmillos, heredero legítimo de los dioses y Hunt.





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