miércoles, 30 de septiembre de 2015

El último cazador. Parte I.

El último cazador
(Una historia-fan basada en Bloodborne)

Parte I. El amanecer del crepúsculo.

El claroscuro de la ventana dotaba a la portada del libro de una extraña tonalidad ocre en cuyo torso Hawke vislumbraba letras artificiosas que discurrían hasta apreciarse: “Bienvenido a la pesadilla”. Con la yema de los dedos palpó el entramado de páginas, abriendo muy despacio el primer capítulo y observando con atención las páginas en blanco. La luz cesó y tomó el candil dejándolo sobre el montón de libros que había bajo la litera. Recordó que había quedado con Hana para asistir juntos a Iosefka dónde divagarían acerca de los principios químicos de la sangre y terminarían su proyecto. Se desvistió y se puso un uniforme de colores apagados y desgastados, colocó una fina capa de lino sobre sus hombros y lentamente tomó sus lentes de contacto mientras ofrecía una mirada obstinada al espejo.

Hana tenía el pelo blanco como la cal, una expresión vivaz y alargada que se abstraía continuamente ante las resonancias de sus pensamientos, y una sonrisa melancólica. Vestía con  una camisa blanca bien ceñida a sus finos y delicados brazos, un vestido cortesano de colores oscuros, y una capucha ornamentada con símbolos que representaban la Fe de la gran catedral y que iba a juego con un par de muñequeras de cuero. Sobre su cabeza reposaba un pequeño sombrero que evitaba que la luz desconfigurase un rostro que parecía ajeno a toda presencia. Nadie sabía quién era Hana, ni el porqué de su existencia, simplemente estaba allí desde que Hawke tenía memoria y siempre le profesó un cariño especial. Era inteligente y le ayudaba con sus proyectos para la mayor gloria de la iglesia de la salvación. Hawke le ofreció té y pastas, la tomó de la mano y se dirigieron a la clínica de Iosefka.

El imponente edificio realizado en ladrillo de altos hornos era uno más de los muchos ejemplos de la era industrial. Materiales de calidad y producción permitían grandes conglomeraciones en las que los acólitos de la iglesia de la salvación proyectaban sus deseos más profundos frente a las vulgaridades de todo aquello que representó una vez el antiguo Yharnam. El edificio era alto, austero e invisible ante el entorno monumental y de piedra que conformaba la ciudad. La ausencia aquel día de manifestante ante las cancelas solo podía augurar que la cacería había vuelto y todos aquellos que no estuviesen a resguardo transformarían su ser en una monstruosa abominación. Hawke y Hana pasaron pon la cancela y abrieron de forma estridente las puertas de madera de roble. En su interior todo estaba impregnado de una atmósfera de desolación, marcas de hachas y puntas de flecha clavadas en la rica ornamentación de la madera y una serie de sombras fugaces se transportaban de un lado a otro del edificio. Hana tomó su agenda y acudió lentamente a la habitación del paciente X. Hawke preocupado porque sus anotaciones desaparecieran la siguió y contempló como un hombre consumido por la locura le atravesaba el pecho con una espada oxidada. Hawke tomó su bastón y le atravesó la cabeza mientras sostenía a Hana sobre sus brazos. Bebió de la sangre que de su pecho brotó para evitar que su alma quedara contaminada y se desvaneció en un sueño etéreo.

Al abrir los ojos, Hawk, se hallaba confuso sobre la cama del paciente X, el cual había desaparecido y no parecía haber indicios de muerte más allá de sus recuerdos. Estaba desnudo y en medio de una temible oscuridad pero no sentía terror. Avanzó ligeramente hasta el salón principal dónde observó como una bestia humana con mandíbulas de lobo se abalanzaba para intentar clavar sus fauces mientras daba dentelladas al vacío. Corrió hasta llegar a la biblioteca dónde activo una manivela y tomó la puerta que daba acceso a Yharnam central. El cielo presentaba una bella estampa lumínica con un crepúsculo que otorgaba a la luna un aura rojiza y desafiante que parecía ser testigo del festival de sangre que recorría las calles de la ciudad. Los humanos que aún no eran bestias se escondían mientras quienes habían probado el sabor de la sangre corrupta patrullaban las calles en busca de sacrificios que ofrecer. Todas las miradas se centraron en Hawke quién se quedó paralizado hasta deshacerse en alaridos mientras el fuego de la antorcha consumía su carne y lo dejaba en un estado de putrefacción.

Gherman era el guardián encargado de que la cacería salvaje llegase a buen puerto, y así mismo era el cazador más antiguo que poblaba aquella existencia de pesadilla. Perdió las piernas luchando contra la pesadilla pero conservaba una gran tasa de lucidez intacta y una expresión enérgica pese a que los años habían hecho estragos en su cuerpo hasta dejarlo esmirriado y cercano a la muerte. La única motivación que le permitía incrementar su orgullo era el hecho de ser partícipe de fuerzas extrañas orientadas con el cosmos, cuyo conocimiento era atrayente y potencialmente superior al de cualquier terrestre. Tomó un pequeño fragmento de lucidez y dio vida a un nuevo cazador.

Hawke abrió los ojos y frente a él se encontraba un anciano decrépito, en silla de ruedas y que difícilmente podía vocalizar. Se levantó del suelo y tomó de los espíritus un hacha y un atuendo más apropiados. El anciano lo retuvo y se acercó lentamente.

-          Bienvenido a la vigilia cazador.
-          ¿Dónde me encuentro? – preguntó nervioso ante la perspectiva del cementerio.
-          Te hallas en el sueño del cazador dónde muchos comienzan su periplo y pocos logran alcanzar la paz. Un mundo de pesadilla que te sumergirá en un lapsus de alivio y extenuante dolor.
-          Entiendo por ello que ha dado comienzo la cacería y estoy ante el viejo Gherman.
-          El último cazador Gherman sí, pero no ante la cacería. Muchos son los que me desafían y muchos los que dejan que sus cuerpos pacten con la corrupción. No soy yo quién te otorgará la salvación.
-          ¿Qué me obliga participar en este juego? La muerte es más dulce que tu proposición.
-          Eres libre de elegir quedarte sentado ante la corrupción del alma y ser uno más o librarnos de esta pesadilla, purificar según los preceptos de la iglesia de la salvación y concederle la vida a Hana.
-          Hana… ¿Qué ha sido de ella? Murió.
-          Oh, está más cerca de lo que crees. Derrota a la ‘bestia clérigo’ y vuelve a mí, entonces volverás a estar con Hana.
-          ¿Está bien?
-          No sabría decirte.
-          Hasta luego.
-          No olvides purificar tu alma.

Hawke accedió a una especie de altar que había en una de las lápidas del sueño del cazador y fue teletransportado a Yharnam Central. Las calles estaban infectadas de patrulleros y las puertas de las escasas viviendas que seguían en pie cerradas en un falso intento por parte de sus habitantes de evitar ser parte del río de sangre que asolaba la ciudad. Con un mosquete floreado apuntó en dirección al tirador y corrió hasta alcanzar una pequeña plaza infestada de cuervos. Los cuervos se arremolinaban y devoraban con sus picos las entrañas de los cuerpos tendidos sobre asfalto, aprovechó la distracción para arremeter con el hacha de dos manos y terminar por desgarrar sus cabezas. Tomó la gran avenida y esquivó a dos licántropos, estos ágiles y feroces pegaron dentelladas muy cercanas a la capa llegando a desgarrarle parte de la camisa. Uno de los licántropos logró dejarle un zarpazo trasversal en el torso. Empuñando el hacha con fiereza tomó la única esperanza a la que podía aferrarse y lanzó una embestida que terminó por decapitar al primer licántropo y atontar al segundo que cayó tendido sobre el asfalto momento que aprovechó para dar el golpe de gracia.

Al final de la avenida un enorme amasijo de huesos y carne, con unas astas demoniacas y una velocidad demencial se presentó ante Hawke. Se trataba de la bestia clérigo. Rodando sobre la bestia consiguió conceder varios ataques viscerales hasta que esta alcanzó su frenesí y lo masacró a base de embestidas que pulverizaban el pavimento. Poco le faltó pero logró darle el golpe de gracia con ayuda del mosquete que lo paralizó y el hacha que atravesó sus entrañas. La bestia desapareció y una enorme cantidad de sangre le fue transferida. Usó el amasijo de restos y despojos para formar una hoguera y dejó un candelabro como guía, al tocarlo regresó al sueño del cazador.

Gherman ya no estaba y en su lugar se encontraba Hana convertida en una especie de muñeca con mecanismo de madera. Tomó la mano de Hawke y canalizó su sangre, cuando terminó quedó inmóvil, plácida y sin vida.


Continuará -> Capítulo 2: La pesadilla del cazador.



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