sábado, 23 de mayo de 2015

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

Philip K. Dick puede considerarse ya un clásico de la inteligencia artificial, que junto a grandes autores como Asimov, nos han ofrecido horas y horas de entretenimiento literario. Desde los albores de la humanidad el hombre se ha enfrascado en una epopeya por concebir todos aquellos fenómenos explicables a partir de unas explicaciones que generarían mitos deístas, pero siempre le ha quedado el resquicio de considerarse con un dominio soberano sobre la madre naturaleza hasta el punto de concebir un milagro tecnológico capaz de dejar testigo sobre su propia presencia. Si aúnas el deseo de inmortalidad con el de una inteligencia capaz de emular a la humana tenemos ante nosotros a la mayor creación y a la vez el mayor enemigo de la humanidad. Los androides, concebidos como un estadio superior de evolución humana y fuera de esta han motivado grandes dilemas moralistas que aún a día de hoy –dada su inexistencia, pero segura realidad futura- han sido trasladados a la gran pantalla en un adelanto concienciador del hijo pródigo que el ser humano es capaz de crear ya sea en películas de culto como ‘Yo, robot’, en animes como ‘Ghost in the shell’ (fantasmas en la red en castellano) o libros de culto como el que pretendo reseñar de inmediato, que ha tenido una adaptación al cine ‘Blade runner’ bastante más notable y con mayor acierto que la propia novela.


Dentro de un mundo distópico y postapocaliptico, con esencia de cyber punk y cierto aroma a literatura añeja e introspectiva se sitúa nuestro protagonista Rick Deckard, un cazarrecompensas movido por continuos debate existencialistas y de empatía artificial que debe exterminar a los nexus 6, androides con inteligencia artificial superdesarrollada que pretende vivir libremente haciéndose pasar por seres humanos. La trama se embala en dos más que curiosos apartados. Por una parte se establece un debate sobre la vida orgánica, la necesidad de preservar el ya destruido medio ambiente llegando a rendir culto a todas aquellas especies animales que quedan vivas, y por otra parte se produce la marginación de todo aquello promovido por el hombre y que es considerado una amenaza para su futuro, un presente en el que los androides son perseguidos y no se les otorga la oportunidad de acoplarse a las estructuras sociales humanas llegando a ser considerados en determinados momentos como objetos a los que abatir.

Philip K. Dick se muestra poco sutil a la hora de ofrecer la clave en el enfrentamiento del hombre con su vástago artificial, puesto que no radica en que el primero sea cada vez menos humano y el segundo menos autómata, sino que desde la aplicación del test Voight-Kampff, que determina la esencia del sujeto evaluando sus reacciones a estímulos y preguntas tipo, a los órganos de Ánimos Penfield, que programan sensaciones y estados de ánimo con simples códigos númericos, en un culto a la tecnología propio de un mundo cada vez menos futurista que tiende a salvaguardar la realidad de una naturaleza que se degenera cada vez más y que dado un punto todo evocará a la destrucción, constituyendo más bien un aviso al exacerbado control que la sociedad actual aflige a la naturaleza y la aparición de unas consecuencias que no serán reversibles.

Otros aspectos a destacar es la perfilación de en una sociedad del futuro alienada por la tecnología, la única oposición al poder consiste en un bufón televisivo, y un estatus social que varía en función de los animales vivos que los ciudadanos pueden mantener. Además de la importancia de recreación de un mundo desde la perspectiva única del protagonista que en ocasiones comparte reflexiones con un paria social que se ve avocado a representar la degeneración más absoluta.


Al final de todo solo quedan cabos sueltos, ¿es Rick un autómata? ¿Los androides representan una amenaza real? ¿Se puede considerar justicia en la alienación? Todo ello libre a interpretar por el propio lector, quién descubrirá un universo moralista con un cierto regusto agridulce.


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