domingo, 17 de mayo de 2015

Bravely Fantasy

Bravely Fantasy o la añoranza del JRPG

La posibilidad de salir de una realidad tan amena como delirante tiene su hilo conductor en la imaginación, o quizá sea la estulticia, pero el hecho de lograr hacer tangible las vidas imaginarias y el arte en el que se transfigura se ve plasmado en la literatura y su unión con el arte visual. El rol no es otra cosa que ponernos en una posición subjetiva de observador frente a un personaje que casualmente sufre toda una serie de desatinos y fortunas para lograr salvar su mundo. En el del género del rol japonés (JRPG) el sentido omnisciente se acentúa hasta vincularnos directamente en una novela gráfica dónde la matización del carisma o no del personaje y el trasfondo de la historia nos mantiene inmersos en un universo dónde adquirimos el don de la empatía y por ende participamos de un modo indirecto en la historia.


¿Se puede considerar los videojuegos como un nuevo género novelístico? Es una pregunta tan directa como absurda si nos planteamos la gran gama de géneros, las historias e historias, o incluso lo genérico del asunto. Como criterio impersonal nos involucramos en la controversia del papel por la ficción artístico- digital (diseño artístico). La imagen que da marco a la narrativa descriptiva, y el diálogo tan solo engrandecido si dispone de un marco escrito anterior como referencia. Grandes sagas se pueden considerar dignas o exitosas por su capacidad de narrar independientemente de su jugabilidad: Metal Gear, Bioshock, Assassin Creed, Batman Arkham; otras directamente han pretendido ser novelas visuales interactivas como Heavy Rain o el reciente The Order; y luego están los juegos de rol dónde a partir de parámetros preconfigurados tomas parte de un universo virtual que se desarrolla respecto a determinados parámetros probabilísticos vinculados con la moral: Mass Effect, Dragon Age, The elder of Scroll o el reciente The Witcher 3. Cómo subgénero del rol se encuentra el jrpg que pierde ciertos puntos de estos parámetros para ofrecer una historia novelada A -> B dónde su importancia como ya reseñé reside en los propios personajes más cercanos a algún anime o serie de ficción.

















Partiendo de esta base, el jrpg se compone por una serie de características que han ido evolucionando pero que en esencia se mantienen casi inalterables. Desde el primer Dragon Quest anunciado por Enix para la NES hasta el Bravely Default el cuál es el motivo de mi análisis, el progreso en este tipo de juegos se basa en una puesta en escena sobre universos fantásticos aquejados por binomios que conducen o a la destrucción o la salvación, siendo los personajes que manejamos los arquetipos propios de héroes o antihéroes que van avanzando por una especie de mundo estático y semiabierto estructurado en un conglomerado de pueblos y mazmorras que podremos recorrer con distintos tipos de transportes. Algunos de ellos muy originales.  En cuanto a su narrativa esta presenta una trama principal estructurada en toda una serie de subtramas con objeto de enriquecer el universo y dar sentido a la empatía y motivación de los personajes. Todo ello acompañado de una jugabilidad basada en la libertad de progresión de las características principales de los personajes (niveles, trabajos…) cuya progresión depende de los combates –en esencia aleatorios y por turnos-. El gran representante de este tipo de narrativa y jugabilidad es por antonomasia la saga ‘Final Fantasy’, no porque sea la mejor sino porque es la más conocida en occidente, seguida de otras franquicias como Dragon Quest, Tales of, Ni no Kuni, Pokémon, Skies of Arcadia, etc.



En la actualidad la potencia de las máquinas de Sony y Microsoft, la rezagada Nintendo o el PC Master Racer han posibilitado el enfoque hacia jugabilidad rápida, directa y apostando por el sector competitivo. En una amalgama de increíbles juegos orientados a la acción como la saga Far Cry, han surgido auténticas joyas para el ARPG como Dark Souls, y un intento de revitalización del JRPG más tradicional en el mundo portátil ya sean con port de jrpg de pasadas generaciones o apostando por modernizar sus fórmulas jugables como Bravely Default.


¿Qué hace a Bravely Default novedoso? Su empeño por mantener la estructura clásica del rol japonés. Se podría considerar un Bravely Fantasy pues acuña y acoge muchos puntos en común con Final Fantasy, cosa normal proviniendo de los mismos padres, pero con una copia en su bestiario, magias, roles –e incluso estructura de la historia *cristales*-. La novedad radica en su jugabilidad, el típico sistema de turnos con una graduación de la dificultad desafiante a todos los niveles, la posibilidad de grabar patrones de ataques y facilitar la subida de nivel, miles de trabajos, un mundo por explorar, personajes destacables, y la posibilidad de ejercer bravely y default (dos nuevos patrones que te facilitaran adelantar turnos con objeto de evitar combates interminables para los que asignar miles de comandos). Sin embargo, pese al esfuerzo de Square Enix no todo es perfecto, y se ve claramente una falta de imaginación a partir del último tercio del juego con una secuencia repetitiva que puede aburrir incluso al más persistente.



Pese a no ser el jrpg perfecto cabe destacar una fabulosa banda sonora que poco o nada tiene que envidiar a las de sus hermanos mayores, un diseño artístico de escándalo, y la sensación novelada que deja en cada uno de sus diálogos. Sin duda, aquel que disponga de una Nintendo 3DS debe convertir Bravely Default en un indispensable, el Final Fantasy que muchos esperan, y puestos a esperar, ¿qué mejor que darse un respiro con una propuesta interesante y agridulce?



En síntesis, los videojuegos son una realidad tanto artística como literaria que otorgan distintos matices para quiénes pretende adentrarse a sus especificas controversias. Una novela visual (Walking Dead), un shooter (Dishonored) o un jrpg (Bravely Default) todos ellos ofrecen importantes dosis de entretenimiento como suplemento a un buen libro o novela.




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