martes, 21 de abril de 2015

Ciudad de cristal


Ciudad de cristal

Henry recogió el fichero del último caso para entregarlo a la cámara emisora de control. Con sumo cuidado lo envolvió en una fina película de papel cebolla y lo depositó en el receptáculo de emisión. Posó el dedo anular e índice sobre el detector, y marchó en dirección al depósito 14. Las instalaciones eran de dimensiones colosales pues simulaban el entorno vivo de una ciudad cuyos límites estaban bien definidos por extensas cristaleras que la separaban de un mundo baldío. Depositó sus pies sobre la calzada y mediante un comando de voz dio la orden de transportarlo hasta el depósito 19. Una vez allí tomó identificación de su número de serial y se introdujo sobre una cámara rellena de un líquido que transmitía potentes electrodos por medio de pulsiones electromagnéticas, cerró los ojos y se desconectó.

Al otro lado de la cámara emisora se situaba el bastión de control como una enorme elipse adornada de una arquitectura cristalizada que otorgaba resistencia y altitud. Su interior se estructuraba en una especie de red tejida en hebras que permitían el acceso a departamentos portables que se desplazaban rápidamente entre la planta una a diez. En la cúspide un enorme estudio teatralizaba una estancia robótica sobre la que un anciano atlante mantenido con vida gracias al desarrollo de nano tejidos saludaba con avidez a su nieta Alindra, la cual pelirroja y activa, quizá inquieta y de tez purpura tomaba sobre sus manos el peso de una esfera que emitía una extraña luz violeta. 

-       Alindra, cariño no toques eso. – replicó el anciano.
-       ¿Qué son? – preguntó interesada.
-       Una simulación.
-       Pues no tienen pinta de atlantes. –replicó con desdén.
-       Son terrestres, recreaciones de los últimos vestigios de la humanidad.
-       ¿Humanos? Abuelo, los humanos se extinguieron hace milenios. Son solo leyendas, e incluso he leído en algún manual que se está debatiendo sobre su existencia.
-       Una vez no fuimos muy distintos a humanos, parte de nuestra civilización contactó con ellos en un pasado muy remoto e incluso fundaron un pequeño enclave.
-       ¿Qué quieres decir?
-       Los humanos eran nuestros hermanos inferiores, el eslabón perdido. Seres racionales sin la capacidad de transmutar su mente y viajar en las postrimerías del espacio-tiempo.
-       No entiendo abuelo, ¿qué son exactamente?
-       Son cyborg con apariencia humana, su último vestigio y nuestra gran fuente de conocimiento. Todo esto que ves ante tus ojos recrea una ciudad, dentro de ella los cyborg recrean la actividad terrestre ofreciéndonos un museo vivo.
-       Esto es impresionante, ¿y para qué sirve?
-       Nos ofrece un testigo atemporal de aquello que desconocemos por olvido. Capsulas de aquello que nunca comprenderemos.

Alindra perpleja por el impacto de la colosalidad de la ciudad de cristal decidió aventurarse a explorar, y tomó un camino que simulaba la recreación de la vida doméstica de los humanos. Al entrar en una especie de estructura de adobe, enmarcada con vigas de madera, que servían a su vez de sostenimiento, y cubierto con revestimiento de cal comprobó como un extraño humano ataviado con una especie de coraza púrpura y falda sacaba de una especie de cámara, de la cual emanaba un gélido viento, una especie de receptáculo de vidrio que contenía una especie de refrigerio de consistencia gaseosa. La humano hembra ataviada con una falda decorada con círculos y rebordes de tejido calentaba la ducha mediante la fricción de piedras de composición volcánica. Alindra intentó llamarles la atención sin obtener una respuesta. Hiciese lo que hiciese parecían estar programados para ignorarla. Frustrada salió de aquella estructura y se encontró con una especie de humano ataviado con traje que se le quedaba mirando fijamente. No pestañeaba, y en su rostro una bucólica sonrisa comenzó a adquirir un matiz cada vez más siniestro.

-       ¿Puedes verme? – preguntó con voz pausada pero sin expresión.
-       Tú también tienes ojos, ¿acaso no puede verme extraña señorita?
-       ¿Qué eres?
-       Yo soy yo.
-       ¿Quién? ¿Yo?
-       Yo soy yo.
-       Eso ya lo sé, ¿humano?
-       Yo.
-       ¿Sabes responder alguna otra cosa?
-       Error. Puedo responder siempre que precise.
-       ¿Por qué estás aquí?
-       ¿Qué es aquí?
-       Hablo de la ciudad. Eres un cyborg.
-       No, soy humano.
-       No, los humanos eran seres vivos.
-       Yo estoy vivo.
-       No me refiero a eso. Abuelo dice que eran como nosotros, tú no eres más que una inteligencia artificial.
-       Te equivocas, soy humano. Tú no eres humana.
-       Soy atlante.
-       ¿Atlante?
-       Hija de las estrellas, miembro de la raza soberana del universo Andrómeda.
-       Tú hablar demasiado, ¿tú saber?
-       Bueno, adiós.
-       Espera. Llévame con el resto de humanos.
-       No puedo hacer lo que me pides, no existen.
-       Yo existo.
-       Tú no eres humano.
-       Te equivocas.

Alindra tomó el cyborg de la mano y se dirigió corriendo a una enorme torre decorada con extraños símbolos y dos lanzas puntiagudas que emitían un giro ascendente de izquierda a derecha. Allí un grupo de cyborg ataviados con trajes con símbolos extraños se enfrentaba en discursos absurdos para ganarse el favor de otros cyborg ataviados con taparrabos. El cyborg soltó su mano y su cara comenzó a emitir chispas hasta quedar en una expresión socarrona.

Por las radiales de las calles se trasladaban en masa dos brigadas ataviadas con un uniforme azul y verde, lo tomaron y resetearon su CPU mediante electrodos. Su mirada volvió a iluminarse adoptando un color rojo intenso.

-       ¿Se trata de un replicante? – exclamó un cyborg ataviado con un hábito marrón y plateado.
-       Parece ser una anomalía de conciencia, con reprogramarlo bastará.
-       ¿Quiénes sois?- preguntó Alindra.
-       Restauramos el orden entre los cyborg para que sus circuitos se acojan solamente a la recreación de la ancestral cultura humana. Si emiten pensamiento sería peligroso.
-       ¿Peligroso? ¿Para quién?
-       Para el legado, no olvide que se encuentra en un museo. Ahora si me permite, tendrá que acompañarme con su abuelo.
-       ¿Qué le harán?
-       Reprogramarlo, si vuelve a fallar será ejecutado.

Alindra tomó al desmemoriado cyborg de las entrañas metálicas que tenía como manos y se largo corriendo. Las brigadas del orden se dispersaron y corrieron tras ella, por lo que no tuvo más remedio que arremeter contra uno de los cyborg y montarse en un vehículo de dos ruedas que asemejaba a una especie de tronco-roca. Cuando llegó despistarlos se encerraron en una especie de zulo subterráneo dónde apenas alcanzaba la luz y comenzaron a andar por unas especies de canales radiales que parecían converger en una estructura dispersa y poblada por restos de cyborg inservibles.

-       ¿Qué te va a pasar?
-       Recuerda, yo humano.
-       ¿No habían borrado tu memoria?
-       Recuerda, yo humano.
-       Me pones de los nervios, ¡estás estropeado!
-       Mira, más humanos.

La oscuridad cedió ante miles de bombillas parpadeantes, y tras ella una tribu de cyborg surgió entonando una especie de ritmo tribal.

-       ¿Quiénes sois?
-       Los atlantes nos llamáis replicantes –respondió un cyborg de aspecto maduro y con la mandíbula descolgada.
-       No comprendo, ¿qué son los replicantes?
-       Tu abuelo inició un experimento a expensar del consejo para transmitir el reflejo de las emociones humanos en la inteligencia artificial. Lo tomaron por loco y pronto descartaron su proyecto. Poco a poco, y a expensas de la autoridad, tomó el control sobre un par de cyborg y les introdujo el genoma humano que una vez se fosilizó.
-       No entiendo, ¿qué os hace peligrosos?
-       ¿Peligrosos? Dependemos de vuestra energía, no podemos vivir sin vosotros. El hecho de que hayamos desarrollado inteligencia autónoma os hace plantear que seamos así.
-       ¿Qué mal puede haber?
-       Con una fuente de energía ilimitada seríamos inmortales e iríamos desarrollando conocimientos que nos son vedados. Por ello nos persiguen y corrompen con objeto de evitar que algún día resultemos una amenaza.
-       ¿Y ahora qué sois?
-       Estamos esperando nuestra muerte. En el momento en el que no quede energía moriremos.
-       ¿Estáis dispuestos a morir?
-       No hay alternativa, pero salva al replicante.
-       Yo, humano.

Un fuerte estruendo sobrevino de las estancias de arriba. Alindra volvió al departamento superior con el cyborg y llegó hasta el laboratorio de su abuelo. El suelo estaba quebradizo y un reguero de sangre mostraba el camino hacia un cadáver que yacía colgado. Alindra cargó sobre sus espaldas el cadáver de su abuelo y tomó con sus manos al cyborg, una vez conectó su mente con la materialidad circundante cerró los ojos fuertemente y retornó a su hogar de Palls. Tenía planteado acudir al concejo, pero antes debía enterrar a su abuelo según las tradiciones. Depósito su cadáver sobre la gran roca de Vulcan y extrajo las partes mecanizadas, inclinó su cabeza en señal de respeto y dejó que la madre tierra hiciera desaparecer el cuerpo hasta quedar en la nada.


Continuará…


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