sábado, 15 de noviembre de 2014

La mecánica de la vida

La mecánica de la vida

La esperanza tomó el alba,
Y en su puerta asomó.
Una luz blanquecina,
Que el resplandecer mostró.

Jak vistió su galantería,
Y sobre la ventana observó,
La pasión y gentileza,
Que el tiempo acechó.

Un arrebato de felicidad,
Veloz y estrellado,
Que en torpe caída,
El engranaje halló.

Un mundo paralizado,
Y en virtud embebido,
Bailaba con agrado,
Sobre sueños fluidos.

El cruce de dos vidas,
Que revolucionaban las agujas.
Un peligro prendido,

En un mecanismo pujado.


Posible final, Ciudad Fantasía: la melodía del sueño

Posible final para Ciudad Fantasía: La melodía del sueño

El holgado ambiente del teatro Van Gogh se disponía presto a la densidad del pensamiento metafórico. Los más selectos clubes de poetas, músicos y filósofos descubrían sus cartas a la pretensión bajo un disfraz de gala que dejaba abierta la veda al pensamiento superfluo. El rococó de luces y juegos ornamentísticos jugaban a absorber al individuo a un estado de inconsciencia, dejadez y sentido de pertenencia al todo.

 El estilismo cromático de los participantes dejaba entrever la jerarquía de sus conocimientos. Un sombreado plateado difuminado por escarlas doradas dejaba un único centro con el púrpura del dignatario. Consumido por una vejez prematura tendió sus palmas a los comensales y el silencio recubrió todo el teatro. Su mirada, a espasmos pérdida por el horizonte empírico del saber, penetró hasta la última mirada. Una vez el silencio se hizo patente en cada manifestación alegórica del ser, comenzó a hablar:

-       “A sus ilustrísimas, caballeros de medias tintas, señoritas del saber y estimados miembros de la decadencia. Es para mí un honor presidir por última vez esta reunión. La vejez no perdona en ninguna de sus vertientes, y los estragos del saber son lanzas pesadas que al lanzarlas al horizonte dejan de clavarse en la tierra baldía de la necedad. Mi pensamiento pues, va con ustedes ante un ritmo que no cabría en la mesura.

Bebamos y disfrutemos del ritmo pareado, de la virtud de vuestras membrecías, y del nombramiento del nuevo dignatario. Un nuevo juego de roles se cierne en el dominio de los hilos invisibles que tejen nuestro mundo, y el devenir del futuro.”

Un maremoto de aplausos inundó la acústica, y la orquesta comenzó a proyectar una suavizada oda a la melodía. Era relajada, pausada y enternecedora. Llegando al corazón de cada individuo, penetrando en la inmensidad de la nada, y proyectando recuerdos a la inconsciencia de un mundo que parecía fantástico e imposible. La nada absorbió para sí todo el silencio. Un acorde volvió a irrumpir procedente del alto dignatario con un ritmo acelerado y fugaz. Al terminar, su corazón paró y cayó al suelo. Había llegado su hora.

La comuna plateada tomó su prematuro cuerpo y lo expuso sobre un ataúd ricamente ornamentado con madera de encino y retoques plateados. El velatorio se convirtió en un acto de solemnidad dónde paso a paso presentaban su respeto común. August tomó el último legado y ante el púlpito del teatro extendió sus brazos elevando lo que para muchos fue el culmen de su inmortalidad. El fruto de toda una comunidad decadente, y el nacimiento de un imaginario dónde la ficción crearía una segunda realidad que arrastraría para sí a todos aquellos que por creer en su propia relatividad se habían visto obligados a ceder grandes parcelas, el sacrificio de toda una vida. En letras oscuras y marcadas se podía leer “Ciudad Fantasía.”


Se admiten críticas. No he colgado mucho estos días para continuar con la novela, la cual opté por finalizar para comenzar algo más de mi estilo, ficción filosófica.