domingo, 12 de octubre de 2014

En el ojo de la tormenta

En el ojo de la tormenta

La situación de alerta estaba alarmando a los bajos fondos. Cenceti no cesaba de mostrar el rostro fruncido frente a una camarilla de políticos que le exigían beneficios que no les pertenecían. Desde que empezó en el crimen organizado había tenido una pauta bien sencilla, la prudencia. Tomó la pluma del Don, pero en esta ocasión empleó el tintero rojo. Con minuciosa tranquilidad comenzó a escribir sus nombres e hizo un chasquido de dedos. Sus hombres acribillaron a los políticos en cuestión de segundos.

    La imprudencia no tardó tiempo en aparecer en el diario local, y los distintos clanes comenzaron a movilizarse en busca de su cabeza. Pese a su vejez Cenceti era ávido y promovió un fondo de reservas para el senador del distrito federal a cambio de inmunidad jurídica. La guerra estaba a punto de estallar en una ciudad sin esperanza.

El comisario convocó a las operaciones especiales al mando de Frank Spencer del FBI. Distribuidos por el puerto lograron el libre tránsito de la Donna china y arrebataron el control a los pandilleros del barrio de la triada. Un bucle con mirada felina se cernía sobre la sombra del Don. Cenceti no temía a la muerte, sino al caos. Criado en la crudeza de las calles siempre quiso convertir aquello en un lugar dónde el honor y el respeto evitaran situaciones viles. Había optado por su carrera en los bajos fondos hasta alcanzar la posición de Don, y desde entonces cualquier asunto recaía sobre sus manos.


En esta ocasión no estaba dispuesto a librar una batalla. Se puso el smoking y bebió su último sorbo de vino. Mientras se deleitaba con el clamor de la ópera se asomó a la ventana y sonrió. Bajó las escaleras y se presentó andando solo hasta las afueras del polígono industrial. Mientras fumaba su último habano una tormenta de metralla silenciosa asomó entre la aglomeración. Fue una fracción de segundo. Apartó su gabardina e hizo estallar todos los explosivos. Un delicioso espectáculo de fuegos artificiales estalló conglomerando ríos de sangre y puentes de pólvora. Después de aquello, se hizo el silencio. La esperanza volvió a emerger.

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