domingo, 28 de septiembre de 2014

Infundiendo límites

Infundiendo límites

El tren había llegado a la última parada de la jornada. Entre el bullicio ante el toque de queda Lucy ocultó su rostro bajo la capucha de la sudadera y salió corriendo. Al llegar a la estación sur tomó el camino de las alcantarillas y accedió a los suburbios. En el umbral de acceso colocó su muñeca para que el lector verificase el chip que tenía bajo la piel y continuó avanzando. Evitaba mirar a su alrededor repleto de despojos desactualizados y surcando un tiempo que se hacía póstumo.

  Al cabo de unos minutos se plantó en la puerta de la antigua sede de industrias Genoma. Tocó dos veces y esperó a obtener respuesta. Un harapiento despojo mitad humano, mitad cyborg le abrió la puerta. Los de arriba a las personas como él lo denominaban mutantes, un estadio inferior al homo sapiens robotic. Los mutantes se diferenciaban de los nuevos humanos en que estos continuaban siendo mortales y se veían lastrados por los sentimientos. Pese a que Lucy no podía sentir nada por aquel a quien consideraba inferior siempre había tenido el don de la curiosidad. El mutante le acompañó hasta una especie de sala grande y quizá en otro tiempo sofisticado. Todo el instrumental realizado en acero era tan solo una reliquia que acumulaba montañas de polvo y suciedad. En el centro se encontraba Isaac Genoma, el último homo sapiens con vida. A ojos de Lucy representaba un amasijo de carne y hueso carcomido por la edad, tembloroso y sin atisbo de vello facial. Isaac le hizo una seña con la mano y Lucy se sentó junto a él.

-       Cuanto me alegra verte una vez más, pequeña Lucy. Ya no me queda mucho, pronto me reuniré con mis ancestros.
-       ¿Por qué no quieres evolucionar?
-       ¡Oh, Lucy! Querida mía, no deseo otra cosa más que la muerte. No puedes comprenderlo, te instruyeron para eso.
-       No. No lo comprendo. Se ha demostrado la falsedad de las creencias tras la muerte. La muerte solo es para los inadaptados, y aquellos que atentan contra el sistema.
-       Escucha Lucy, necesitas empezar a sentir la vida. Deja que fluya, experimenta, siente, olvida, perdona, ama… Vive plenamente, y después marcha.
-       ¿Cómo puedes ser tan hipócrita abuelo? Tú hiciste que evolucionemos, eres el científico más grande de la historia de la humanidad. Y sin embargo… Aquí estás. Rodeado de asquerosos mutantes, muriéndote… ¡Deseando desaparecer!
-       No puedo cargar sobre mis hombros aquello que creé. Era ambicioso y quise eliminar las pandemias. Jamás pensé que hallaría la piedra filosofal. Dime Lucy, ¿sabes lo que es la felicidad?
-       Una construcción humana que se aleja del saber.
-       Eso es lo que te hicieron creer. La felicidad es experimentar múltiples formas de alcanzar lo que en un inicio es lo imposible.
-       ¿Qué valor tiene?
-       El valor es aquello que le otorgas. Nada material. Nada tangible…
-       Eres incomprensible.
-       Antes de que te marches coge la caja que hay sobre la mesa. Es un regalo de despedida. Úsalo solamente si estás preparada para asumir la mortalidad.
-       ¿Qué es abuelo?
-       Un fruto del Edén.
-       Qué nombre tan místico…
-       Pronto lo comprenderás.
-       Bueno, ya, está bien. Gracias, supongo.
-       Daré recuerdos a tus padres.
-       Prefiero que te mantengas vivo. Cuídate.

Lucy se volvió a abrochar la capucha hasta arriba y comenzó a deambular entre los callejones del ala sur para esquivar las cámaras de seguridad. La luz de la muñeca empezaba a parpadear y una patrulla se acercaba rápidamente varias paralelas más atrás. Corriendo para llegar a la entrada de la cloaca se resbaló y cayó en el suelo. Su cabeza comenzó a dar vueltas, la mente se le nubló y…

  Abrió los ojos al fin. Lucy estaba en una especie de cueva similar a una ciénaga. Se encontraba desnuda, y atada de pies y manos a una mesa. En su pecho tenía una fría cicatriz. Frente a ella un mutante partía pescado y carne frente a una mesa. Se giró para observarla. Su cara fraccionada por el genoma y su piel verde y endurecida le causaron pavor. Era increíble, era la primera vez que lo experimentaba. Lentamente se acercó hacia a ella y le pidió que tomara alimento. Los de arriba jamás sentían la necesidad de tomar alimento pero en aquella ocasión Lucy experimentó un ansia voraz. Tragó sin apenas masticar, y le pidió que la soltara. El mutante desinfectó su cicatriz y le cortó las cuerdas.

Al fin en el suelo se vistió rápidamente. Al buscar en su macuto descubrió que la caja de su abuelo había desaparecido. Furiosa y sobresaltada comenzó a destrozarlo todo. El mutante se le acercó y le propinó un puñetazo en su horrible cara. Este comenzó  a sangrar sin mostrar signos de ira u otro tipo de respuesta. Cuando se calmó notó que los circuitos de nano bits se iban deteriorando, poco a poco sus impulsos eléctricos iban transformándose en impulsos vitales.

-       ¿Qué me está pasando? ¿Quién eres?
-       Me alegra que estés bien, no pretendía asustarte. Ahora eres humana. Un homo sapiens. El viejo encontró un antídoto para la vida, tú.
-       ¿Humana? Esto es repugnante. Tú eres repugnante.
-       Tus circuitos quedaron dañados, si no tomabas el fruto morirías.
-       ¿Y de qué me sirve vivir siendo humana? Sigo estando muerta, solo que tardaré en alcanzar ese estadio. Como vosotros, horribles mutantes.
-       Te he salvado la vida, ¿qué tal un mínimo de respeto?
-       ¿Te lo pedí acaso? Vuestro diminuto cerebro hace que jamás penséis con lógica. ¿Realmente pensáis?
-       Todo esto no va a llegar a nada.
-       Por supuesto que no, volveré a visitar a mi abuelo.
-       Está muerto. Ven conmigo, te llevaré a un lugar.
-       Puag, no. Podrían pensar que soy una mutante.
-       A ver… Has perdido tu circuito de nano bits. Ahora para ellos eres una mutante, aunque técnicamente no lo seas. Eres humana, como tu abuelo lo fue.
-       Muy bien, ¿a dónde vamos?
-       Ya lo verás, por cierto soy Tom.
-       ¡Vaya, no sabía que tuvieseis nombres! Los lagartos son lagartos y no tienen nombre, y vosotros sí. ¡Qué curioso!

Tom se vistió con una indumentaria negra que le cubría todo el cuerpo y le estilizaba la figura. Tomó dos caretas. Una se la puso, y otra se la ofreció a Lucy. Era el medio por el cual los mutantes se comunicaban con los de arriba. Subieron por una especie de abertura que daba acceso al mundo exterior. Allí tomaron un largo túnel y finalmente salieron a la superficie. Una superficie que rozaba la estratosfera. Debido al nivel de calcinación solar los de arriba construyeron ciudades que rozaban la cúpula celeste y cuestionaban la metafísica. Nada tenía que ver aquello con el mundo anegado de abajo. Calles enormes y bulliciosas conectaban barriadas entre metros supraurbanos, tiendas y tiendas de ropa y enseres, y grandes edificios de dimensiones colosales realizados en mármol.  

  Para la gente como Tom aquel mundo les era vedado, pero no era así cuando adquirían la identidad de los enmascarados. Estos eran contratados como mano de obra barata y servil, otros se conformaban como prestamistas, y otros incluso conformaban las huestes disciplinarias para evitar que sus congéneres mutantes accedieran a aquel suntuoso y civilizado mundo. En ese mundo existía una resistencia encabezada por Brania Grusmav antigua sirvienta de la propia familia imperial quién al ser conocedora de la realidad de sus hermanos de abajo tomó las armas y organizó avanzadillas.

Tom se llevó a Lucy hasta una enorme explanada en cuyo recodo había construido un búnker subterráneo. Dijo unas extrañas palabras que Lucy no alcanzó a entender y accedieron a una cámara. Una comitiva de enmascarados armados les dio paso. Hizo que Lucy permaneciera en una pequeña cámara aislada, y accedió a lugar dónde se hallaba Brania preparando un ataque terrorista contra los de arriba.

-       Tom querido, cuánto tiempo. ¿Qué tal los reportes?
-       El nivel de toxicidad está en incremento… Isaac ha muerto.
-       ¡Maldita sea! ¿Ese es el futuro? Robot sin sentimientos. Los de arriba perdieron esa humanidad que tanto detestan de nosotros.
-       No todo está perdido. Traigo a la chica.
-       Lucy.
-       Sí, ha completado la cura con éxito. Es humano.
-       ¡Oh, vaya Tom eso es fantástico! Quizá eso abra una puerta a nuestra salvación.
-       Volveremos a ser humanos.
-       Bueno Tom, primero debemos experimentar con ella. La respuesta está en sus genes. Sin duda, es un gran avance. Hazla pasar, por favor.

Lucy estaba nerviosa. Todos los enmascarados la miraban como si supiesen que era diferente a ellos. No se sentía confiada en Tom, así que bajo su gabardina apretaba fuertemente dos machetes por si las circunstancias no eran propicias. Cuando Tom llegó a recibirla estalló la guerra. La élite de tropas de asalto se había infiltrado en la base y estaban asesinando discriminadamente a los enmascarados. Dadas las circunstancias corrió tras Tom y llegó a dónde estaba Brania dirigiendo la defensa. Al llegar Brania fue a dejarla inconsciente, pero supo reaccionar y lo esquivó. Empuñó el machete y movida por la ira atravesó tajantemente el corazón de la mutante. Se quitó la máscara y de sus ojos discurrían lágrimas de sangre. Se volvió hacia Tom y lo amenazó. Este se quitó la máscara. Sus intensos ojos verdosos se clavaron los suyos castaños. Por un instante Lucy creyó verle con otros ojos. No había palabras para describirlo. Parecía más joven, e incluso su tez verdosa resultaba hermosa. Este cerró los ojos, y le pidió disculpas. Lucy guardó el machete y le tendió la máscara. Ambos corrieron hacia las cloacas. Aprovecharon las últimas letanías para el toque de queda y se acercaron a la casa del difunto Isaac.

   En la casa de su abuelo Lucy tomó con una jeringa un poco de su sangre y se la inyectó a Tom. Su desfigurado rostro de recompuso hasta el punto de parecer un humano. Su piel continuaba siendo verde, pero ahora su fisionomía era perfecta.

-       Gracias Lucy.
-       Ahora quedas vinculado por un deber mayor. Llevas mi sangre.
-       Existe una nueva esperanza para la humanidad.
-       Tú no eres humano, sigues siendo un mutante. Conservas tus capacidades sobrehumanas de mutante y tienes apariencia humana.
-       ¿Cuál es el plan?
-       ¿Qué esperas? ¿Un tú y yo contra el mundo?
-       Realmente, espero que no.
-       No seas idiota y empieza a razonar como un humano. Somos proscritos, esa es nuestra nueva vida.
-       Pareces emocionada.
-       Quizá.



Continuará… 

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