lunes, 29 de septiembre de 2014

La orfandad. Capítulo primero

Capítulo 1.  Alas de color ocre

La llegada al encinar se hacía como de costumbre cansada para el pobre John. Cada mañana tenía que ponerse la toga y caminar durante dos horas para recoger bellotas, volver a la mansión del patrono para dar de comer a los marranos, y de ahí volver hacia una especie de estancia común dónde residía en la noche con el restos de criados de la familia. Esa mañana encontró una especie de piedra gigantesca y metalizada. Cómo no sabía qué podría ser pensó que valdría el dinero suficiente para comprar su libertad. Ató un par de cuerdas a varios troncos y la llevó arrastrando hasta el cobertizo dónde residía en la noche. Allí enterró aquel aparato, y fue hacia la ciudad en busca de un tasador fiable que pudiese hacer realidad sus intenciones.

La ciudad era inmensa, al menos para John. Los edificios realizados de aluminio cristalizado poco tenían que ver con el lugar donde residía. Las calles eran largas, bellas y bulliciosas. Si alzaba la mirada hacia el cielo veía como enormes vehículos electromagnéticos circulaban sobre una especie de raíles que se bifurcaban en los distintos distritos de la ciudad. Mientras caminaba por suelos pavimentados en pizarro de distintos colores observaba hologramas que anunciaban una gran variedad y gama de productos. Escondió su medalla de esclavo entre sus andrajosos ropajes y se acercó al suburbio de Ohio. Fuera de aquella visión fantástica aquel lugar resultaba deplorable. Las calles parecían cloacas en cuyos cimientos emergía la efigie del esplendor de la antigua ciudad. Ahora aquello se había convertido en un burdel, un lugar de trata de esclavos y dónde se reunían los más variopintos comerciantes de nanotecnología y órganos sintéticos. De entre todos aquellos altaneros John se arrimó a un viejo tasador de antigüedades.

-          ¿Qué te trae por aquí, viejo e inútil John?
-          He encontrado algo, quizá pueda interesarte.
-          Viejo zorro, ¿lo sabe tu amo?
-          Quisiera comprar la libertad.
-          Ya entiendo, ¿y qué me traes? ¿Una televisión? ¿Una nintendo?
-          Un huevo.
-          ¿Me estás tomando el pelo? Fuera de aquí, sino quieres que te mande a las autoridades.
-          Es un huevo de metal, lo traigo en esta caja.
-          ¿De dónde lo has sacado?
-          Cayó del cielo.
-          ¿De dónde?
-          Del encinar viejo.
-          ¿Qué cojones hacías ahí?
-          Trabajar, ¿y bien me lo vas a tasar?
-          Deja que le eche un vistazo.

Grissom puso su mano sobre aquel extraño huevo hasta que comenzó a entumecerse. De su mano brotaron toda una serie de protuberancias que lo hicieron enloquecer. Fuera de control arrastró su cuerpo hasta John y jadeando entre un inmenso dolor yació en el suelo. John quiso correr pero algo lo retuvo. Su mente le estaba hablando. Al principio sintió temor, pero poco a poco consiguió vencer sus impulsos y se acercó al huevo. Al tocarlo experimentó un intenso dolor que recorrió todo su sistema nervioso hasta caer inconsciente.

John despertó al cabo de unos minutos. El huevo se había abierto, y tan solo quedaba una cobertura mocosa. Aquello le recordaba a aquellas películas de Alíen que el patrón le mostraba cuando era joven. Pensando que todo aquello era una locura, se marchó y volvió a su cobertizo.

Aquella noche John experimentó una serie de sueños convulsos que le hacían delirar. Veía fragmentos de destrucción y una sombra que se acercaba lentamente hacia el planeta. Alejado de todo dolor la noche transcurrió con convulsiones, y ante el toque de corneta de la mañana John se dio cuenta de que algo había cambiado en él. Ahora poseía dos inmensas alas, era de mayor estatura, y su fuerza parecía haberse multiplicado. En ese momento se acordó de su padre. Su padre era Jason Batle un corredor de finanzas que tras el crack de las sucursales de 2054 había quedado arruinado y decidió suicidarse. Las entidades benefactoras ante la deuda contraída por su padre decidieron tomarlo a él, quién fue vendido al patrono de una villa rural. Desde los siete años no había conocido más que el trabajo sin ninguna muestra de gratitud o complacencia. Aquellas circunstancias provocaron que decidiera tomar la senda de la venganza.

Se arrancó la cadena que le oprimía y batió las alas con fuerza. En el cielo tuvo la efigie de un ángel lo que hizo que muchos criados le imploraran la salvación. Este bajó y los liberó de sus cadenas. Todos ellos se unieron en armas, y se adentraron en la mansión del patrono. Destruyéndolo todo a su paso dejaron las tierras quemadas. A las puertas de las domus hizo que los criados aguardaran su regreso y penetró en su interior.

Las estancias cubiertas por mosaicos, tapices y columnas acampanadas con relieves resultaban demasiado suntuosas. John no albergaba deseos de destruir aquella belleza, pero sí de asesinar a quiénes eran participes de su opresión. La familia al completo se hallaba sentada inmóvil ante su llegada. Al mostrar las alas creyeron ver una aparición divina y se arrodillaron. Levantó los brazos y con un giro de muñecas asfixio a todos los presentes con excepción del patrono. A este le colocó una mordaza y lo sacó al patíbulo de entrada dónde se hallaban los criados. Una estocada con la hoz de uno de ellos provocó que sus alas se tiznaran de un color ocre. Tras la matanza toda aquella comuna se había alzado con la libertad a un precio a considerar. Sus ojos se volvieron rojos y perdieron toda capacidad de empatía y afecto.
John el alado o el rojo como sería conocido en ese momento creó una orfandad dónde tan solo serían acogidos aquellos quienes prestaran su vida para luchar contra la distopía. La orfandad de los rojos adoptó una serie de rituales y normas entre la que destacó una indumentaria oscura con una máscara blanca e inexpresiva que cubría sus rostros.

Zankyou no terror

Zankyou no terror

Zankyou no terror es un seinen recién salido de la hornada y puesta en producción en el mundo del anime. Su traducción sería algo así como el ‘eco del terror’, algo que cobra especialmente relevancia gracias a la magistral puesta en escena de Watanabe y a la excelente banda sonora de Yoko Kanno.



Hacía tiempo que el aspecto sonoro de un anime no se hacía sonar tan trascendental, y es que las melodías alegres y con cierto aire de melancolía abundan en escenas claves. Melodías dulces que se sienten placenteras e incluso saben ponerte en tensión. En este aspecto el anime gana enteros, y se hace memorable por momentos.


Debido a mí nueva política de intentar no revelar la trama, les plantearé el contexto dónde se desarrolla la acción. Japón. Una palabra tajante, y es que hacía tiempo que el gigante de la animación no creaba algo que fuese realmente interesante. Un Japón normal y corriente dónde incurren una serie de atentados terroristas que pondrán la cerilla para el desarrollo de un thriller psicológico. Temas como la amistad, el valor, la tensión, el sentido de la guerra se darán cita asemejando en estilo y desarrollo a Death Note. Sus similitudes son apreciables en los primeros compases de la historia, con un desarrollo que te mantiene en vilo y un final digno.



Su duración se antoja escasa para el calibre de su producción. Once episodios a una media de 18’ limpios de trama con una acción marcada en compases que le dan un tono curioso. Una vez comienzas a adentrarte en su trama el subconsciente libera estímulos que generan tensión por el conocimiento hasta que finalmente has terminado la serie en cuestión de pocas horas.

La calidad de animación es propia de las grandes producciones a las que nos tiene acostumbrado la era digital. Diseños de personajes acertados sin dejarse llevar por excentricidades en exceso, colores suaves y un detalle preciso para las escenas que lo requieren.


En síntesis, estamos ante una propuesta interesante que va mucho más allá de las similitudes que le podamos apreciar. Acabado correcto, ost extraordinaria y una trama que trata temas interesantes. 10/10.


domingo, 28 de septiembre de 2014

Teatro

Teatro

Un telón para un mundo sin fin,
Dónde el fruto es comienzo,
Dónde la vida obvia el fin,
Dónde hay lienzos con remiendo.

Existe un lugar de escenas coreografiadas,
De rituales extenuadamente improvisados.
Sin reproches en tinieblas acechadas,
Sin pensamientos abortados.

Una escena inmensamente satirizada,
Asentada sobre mundanal cotidianidad.
Versada, y en palabras plasmada,
Como alegoría en adversidad.

Un sentido eco retumbando,
En sentimiento de emoción.
Un porte alumbrado,
Con aplausos en adicción.

El gran poema distante,
Que en afinada orquesta,
El actor ata,
Y la actriz interpreta.

La representación de un mundo sin fin,
Una realidad dirimida en armonía,
Que a nosotros es afín,
Y hasta nuestro corazón ablandaría.




Infundiendo límites

Infundiendo límites

El tren había llegado a la última parada de la jornada. Entre el bullicio ante el toque de queda Lucy ocultó su rostro bajo la capucha de la sudadera y salió corriendo. Al llegar a la estación sur tomó el camino de las alcantarillas y accedió a los suburbios. En el umbral de acceso colocó su muñeca para que el lector verificase el chip que tenía bajo la piel y continuó avanzando. Evitaba mirar a su alrededor repleto de despojos desactualizados y surcando un tiempo que se hacía póstumo.

  Al cabo de unos minutos se plantó en la puerta de la antigua sede de industrias Genoma. Tocó dos veces y esperó a obtener respuesta. Un harapiento despojo mitad humano, mitad cyborg le abrió la puerta. Los de arriba a las personas como él lo denominaban mutantes, un estadio inferior al homo sapiens robotic. Los mutantes se diferenciaban de los nuevos humanos en que estos continuaban siendo mortales y se veían lastrados por los sentimientos. Pese a que Lucy no podía sentir nada por aquel a quien consideraba inferior siempre había tenido el don de la curiosidad. El mutante le acompañó hasta una especie de sala grande y quizá en otro tiempo sofisticado. Todo el instrumental realizado en acero era tan solo una reliquia que acumulaba montañas de polvo y suciedad. En el centro se encontraba Isaac Genoma, el último homo sapiens con vida. A ojos de Lucy representaba un amasijo de carne y hueso carcomido por la edad, tembloroso y sin atisbo de vello facial. Isaac le hizo una seña con la mano y Lucy se sentó junto a él.

-       Cuanto me alegra verte una vez más, pequeña Lucy. Ya no me queda mucho, pronto me reuniré con mis ancestros.
-       ¿Por qué no quieres evolucionar?
-       ¡Oh, Lucy! Querida mía, no deseo otra cosa más que la muerte. No puedes comprenderlo, te instruyeron para eso.
-       No. No lo comprendo. Se ha demostrado la falsedad de las creencias tras la muerte. La muerte solo es para los inadaptados, y aquellos que atentan contra el sistema.
-       Escucha Lucy, necesitas empezar a sentir la vida. Deja que fluya, experimenta, siente, olvida, perdona, ama… Vive plenamente, y después marcha.
-       ¿Cómo puedes ser tan hipócrita abuelo? Tú hiciste que evolucionemos, eres el científico más grande de la historia de la humanidad. Y sin embargo… Aquí estás. Rodeado de asquerosos mutantes, muriéndote… ¡Deseando desaparecer!
-       No puedo cargar sobre mis hombros aquello que creé. Era ambicioso y quise eliminar las pandemias. Jamás pensé que hallaría la piedra filosofal. Dime Lucy, ¿sabes lo que es la felicidad?
-       Una construcción humana que se aleja del saber.
-       Eso es lo que te hicieron creer. La felicidad es experimentar múltiples formas de alcanzar lo que en un inicio es lo imposible.
-       ¿Qué valor tiene?
-       El valor es aquello que le otorgas. Nada material. Nada tangible…
-       Eres incomprensible.
-       Antes de que te marches coge la caja que hay sobre la mesa. Es un regalo de despedida. Úsalo solamente si estás preparada para asumir la mortalidad.
-       ¿Qué es abuelo?
-       Un fruto del Edén.
-       Qué nombre tan místico…
-       Pronto lo comprenderás.
-       Bueno, ya, está bien. Gracias, supongo.
-       Daré recuerdos a tus padres.
-       Prefiero que te mantengas vivo. Cuídate.

Lucy se volvió a abrochar la capucha hasta arriba y comenzó a deambular entre los callejones del ala sur para esquivar las cámaras de seguridad. La luz de la muñeca empezaba a parpadear y una patrulla se acercaba rápidamente varias paralelas más atrás. Corriendo para llegar a la entrada de la cloaca se resbaló y cayó en el suelo. Su cabeza comenzó a dar vueltas, la mente se le nubló y…

  Abrió los ojos al fin. Lucy estaba en una especie de cueva similar a una ciénaga. Se encontraba desnuda, y atada de pies y manos a una mesa. En su pecho tenía una fría cicatriz. Frente a ella un mutante partía pescado y carne frente a una mesa. Se giró para observarla. Su cara fraccionada por el genoma y su piel verde y endurecida le causaron pavor. Era increíble, era la primera vez que lo experimentaba. Lentamente se acercó hacia a ella y le pidió que tomara alimento. Los de arriba jamás sentían la necesidad de tomar alimento pero en aquella ocasión Lucy experimentó un ansia voraz. Tragó sin apenas masticar, y le pidió que la soltara. El mutante desinfectó su cicatriz y le cortó las cuerdas.

Al fin en el suelo se vistió rápidamente. Al buscar en su macuto descubrió que la caja de su abuelo había desaparecido. Furiosa y sobresaltada comenzó a destrozarlo todo. El mutante se le acercó y le propinó un puñetazo en su horrible cara. Este comenzó  a sangrar sin mostrar signos de ira u otro tipo de respuesta. Cuando se calmó notó que los circuitos de nano bits se iban deteriorando, poco a poco sus impulsos eléctricos iban transformándose en impulsos vitales.

-       ¿Qué me está pasando? ¿Quién eres?
-       Me alegra que estés bien, no pretendía asustarte. Ahora eres humana. Un homo sapiens. El viejo encontró un antídoto para la vida, tú.
-       ¿Humana? Esto es repugnante. Tú eres repugnante.
-       Tus circuitos quedaron dañados, si no tomabas el fruto morirías.
-       ¿Y de qué me sirve vivir siendo humana? Sigo estando muerta, solo que tardaré en alcanzar ese estadio. Como vosotros, horribles mutantes.
-       Te he salvado la vida, ¿qué tal un mínimo de respeto?
-       ¿Te lo pedí acaso? Vuestro diminuto cerebro hace que jamás penséis con lógica. ¿Realmente pensáis?
-       Todo esto no va a llegar a nada.
-       Por supuesto que no, volveré a visitar a mi abuelo.
-       Está muerto. Ven conmigo, te llevaré a un lugar.
-       Puag, no. Podrían pensar que soy una mutante.
-       A ver… Has perdido tu circuito de nano bits. Ahora para ellos eres una mutante, aunque técnicamente no lo seas. Eres humana, como tu abuelo lo fue.
-       Muy bien, ¿a dónde vamos?
-       Ya lo verás, por cierto soy Tom.
-       ¡Vaya, no sabía que tuvieseis nombres! Los lagartos son lagartos y no tienen nombre, y vosotros sí. ¡Qué curioso!

Tom se vistió con una indumentaria negra que le cubría todo el cuerpo y le estilizaba la figura. Tomó dos caretas. Una se la puso, y otra se la ofreció a Lucy. Era el medio por el cual los mutantes se comunicaban con los de arriba. Subieron por una especie de abertura que daba acceso al mundo exterior. Allí tomaron un largo túnel y finalmente salieron a la superficie. Una superficie que rozaba la estratosfera. Debido al nivel de calcinación solar los de arriba construyeron ciudades que rozaban la cúpula celeste y cuestionaban la metafísica. Nada tenía que ver aquello con el mundo anegado de abajo. Calles enormes y bulliciosas conectaban barriadas entre metros supraurbanos, tiendas y tiendas de ropa y enseres, y grandes edificios de dimensiones colosales realizados en mármol.  

  Para la gente como Tom aquel mundo les era vedado, pero no era así cuando adquirían la identidad de los enmascarados. Estos eran contratados como mano de obra barata y servil, otros se conformaban como prestamistas, y otros incluso conformaban las huestes disciplinarias para evitar que sus congéneres mutantes accedieran a aquel suntuoso y civilizado mundo. En ese mundo existía una resistencia encabezada por Brania Grusmav antigua sirvienta de la propia familia imperial quién al ser conocedora de la realidad de sus hermanos de abajo tomó las armas y organizó avanzadillas.

Tom se llevó a Lucy hasta una enorme explanada en cuyo recodo había construido un búnker subterráneo. Dijo unas extrañas palabras que Lucy no alcanzó a entender y accedieron a una cámara. Una comitiva de enmascarados armados les dio paso. Hizo que Lucy permaneciera en una pequeña cámara aislada, y accedió a lugar dónde se hallaba Brania preparando un ataque terrorista contra los de arriba.

-       Tom querido, cuánto tiempo. ¿Qué tal los reportes?
-       El nivel de toxicidad está en incremento… Isaac ha muerto.
-       ¡Maldita sea! ¿Ese es el futuro? Robot sin sentimientos. Los de arriba perdieron esa humanidad que tanto detestan de nosotros.
-       No todo está perdido. Traigo a la chica.
-       Lucy.
-       Sí, ha completado la cura con éxito. Es humano.
-       ¡Oh, vaya Tom eso es fantástico! Quizá eso abra una puerta a nuestra salvación.
-       Volveremos a ser humanos.
-       Bueno Tom, primero debemos experimentar con ella. La respuesta está en sus genes. Sin duda, es un gran avance. Hazla pasar, por favor.

Lucy estaba nerviosa. Todos los enmascarados la miraban como si supiesen que era diferente a ellos. No se sentía confiada en Tom, así que bajo su gabardina apretaba fuertemente dos machetes por si las circunstancias no eran propicias. Cuando Tom llegó a recibirla estalló la guerra. La élite de tropas de asalto se había infiltrado en la base y estaban asesinando discriminadamente a los enmascarados. Dadas las circunstancias corrió tras Tom y llegó a dónde estaba Brania dirigiendo la defensa. Al llegar Brania fue a dejarla inconsciente, pero supo reaccionar y lo esquivó. Empuñó el machete y movida por la ira atravesó tajantemente el corazón de la mutante. Se quitó la máscara y de sus ojos discurrían lágrimas de sangre. Se volvió hacia Tom y lo amenazó. Este se quitó la máscara. Sus intensos ojos verdosos se clavaron los suyos castaños. Por un instante Lucy creyó verle con otros ojos. No había palabras para describirlo. Parecía más joven, e incluso su tez verdosa resultaba hermosa. Este cerró los ojos, y le pidió disculpas. Lucy guardó el machete y le tendió la máscara. Ambos corrieron hacia las cloacas. Aprovecharon las últimas letanías para el toque de queda y se acercaron a la casa del difunto Isaac.

   En la casa de su abuelo Lucy tomó con una jeringa un poco de su sangre y se la inyectó a Tom. Su desfigurado rostro de recompuso hasta el punto de parecer un humano. Su piel continuaba siendo verde, pero ahora su fisionomía era perfecta.

-       Gracias Lucy.
-       Ahora quedas vinculado por un deber mayor. Llevas mi sangre.
-       Existe una nueva esperanza para la humanidad.
-       Tú no eres humano, sigues siendo un mutante. Conservas tus capacidades sobrehumanas de mutante y tienes apariencia humana.
-       ¿Cuál es el plan?
-       ¿Qué esperas? ¿Un tú y yo contra el mundo?
-       Realmente, espero que no.
-       No seas idiota y empieza a razonar como un humano. Somos proscritos, esa es nuestra nueva vida.
-       Pareces emocionada.
-       Quizá.



Continuará… 

lunes, 22 de septiembre de 2014

La Ofandad [AVANCE]

La Orfandad

El claroscuro de la cúpula celestial se intensificaba conforme el haz de luz púrpura rozaba la superficie terrestre. Los controladores aéreos circundaban el perímetro colindante para eliminar toda impureza posible. Su labor era encomiable. Un solo fallo, y el fin de la civilización estaría cerca.

  Su civilización más avanzada que la humana en la oscuridad del tiempo llegó a estar conectada. Se les había conocido en otras épocas como los hijos de la luz, llegando a ser encumbrados con un carácter divino en las civilizaciones antiguas. No había distinción entre ellos, y la única diferencia con sus hermanos terrícolas residía en su capacidad de adaptarse a la materia cósmica permitiéndoles vivir en el espacio. Se denominaban Él, y pese a sus longevas vidas solo disponían del cometido de proteger a la humanidad de los hambrientos. Los hambrientos eran seres carentes de materia provenientes del claroscuro. Actuaban como formas invasoras y destructoras de cualquier tipo de materia.

Los Él o controladores aéreos se organizaban en dos clanes. El más importante de todos ellos era el clan de investigación  dónde residían aquellos seleccionados genéticamente para poder desentrañar los conocimientos de la galaxia. Eran conocidos como Gen. Habían conseguido obtener el manejo de todas las aleaciones existentes, y se comunicaban entre ellos mediante un código de honor regido por el código fuente de su inteligencia artificial. El otro clan eran los alados. Los alados disponían de unas facultades físicas sobrehumanas al estar dotados de alas. Se encargaban de eliminar las impurezas del claroscuro, y bajaban a la tierra para evitar que la civilización humana adquiriera los conocimientos sobre su existencia. La misión de los alados era sencilla, infundir con su poder milagros a ojos de los humanos para originar los mitos y de ahí suprimir todo indicio de curiosidad en la mente humana.

La extinción de la luz conmovió a los Gen quienes dieron luz verde a todas las inteligencias artificiales. Enormes amasijos de sílex movidos por helio e impulsos eléctricos comenzaron a despertar y desplegarse en un frente. Todos ellos enviaban cargas de estabilización al torrente de oscuridad. El claroscuro fue disminuyendo su extensión hasta generar una potente explosión que destruyó las instalaciones de los Gen y transformó a las inteligencias artificiales en subsidiarias oscuras de los hambrientos.


 Los alados acudieron a socorrer a los Gen cayendo presas de su propia destrucción. Fue cuestión de minutos destruir lo que tantos siglos los Él habían logrado albergar. El conocimiento del cosmos desapareció, y una nueva civilización surgió. Los hambrientos recrearon las inteligencias artificiales e hicieron del mundo de los Él su morada. Aquella incursión les hizo perder gran parte de su fuerza. Conforme se alejaban del claroscuro esta se veía mermada por lo que de momento no disponían de la necesidad de realizar una incursión en el mundo terrestre. Las capsulas de los alados fueron dispersas por la galaxia, y aquellos quienes hubieron sobrevivido al terror fueron sometidos a la tiniebla del claroscuro transformando sus cuerpos en horribles mutaciones que tan solo conservaban el instinto primario de supervivencia, la muerte.

Tokyo Ghouls

Tokyo Ghouls
Tokyo Ghouls (东京 - トーキョー グール-) ha sido una de las últimas sensaciones del género seinen en este 2015, género que a título personal es el que más diversión me ofrece en cuanto a temática e imaginario con una libertad que va más allá de otros género del anime. Es un anime trabajado que no incluye una innovación abismal pero si una magistral puesta en escena  que deja por minorizado algunos clichés que en otras circunstancias lo hubieran lastrado.

Este anime dispone de una tendencia gore dentro de un transfondo que cambia el estadio del ser humano de depredador supremo a presa. En un mundo dónde el ser humano actualmente ha doblegado a la naturaleza para su provecho en este universo existen los ghouls seres en apariencia humana pero los cuáles solo pueden subsistir mediante la carne humana. En este aspecto trasvasa el tabú del canibalismo para colocar al ser humano en una posición bastante desfavorable frente a sus adversarios ghouls.
En este planteamiento su autor Sui Ishida plantea situaciones cotidianas, un elaborado transfondo de los personajes, y una tremenda psicosis traslada a la mente de un protagonista enclenque que en la mayoría de ocasiones no rinde al nivel de la serie. Al final de la temporada adquiere un matiz más maduro y acorde con su naturaleza, por lo que es una espina que espero que continúen mejorando en próximas temporadas. Todo a esto a expensas de no haber leído aún el manga, y ciñéndome completamente en lo visto en el anime.
Con una trama para esta primera temporada algo suave para lo que puede ofrecer este imaginario, no entraré en spoiler. Se tratan de 12 episodios los cuáles la intensidad varía a un intervalo de dos.

La animación sin ser un portento cumple adecuadamente para lo que ofrece, y el diseño artístico dentro de los clichés del género se siente inspirado. Una ost acorde pero sin destacar, y un detalle bastante conseguido.


En síntesis, Tokyo Ghouls es una alternativa para los amantes del seinen que ofrecerá una pausada diversión y complejidad. 8/10.