domingo, 27 de julio de 2014

El espejo de ébano

El espejo de ébano

En la penumbra muchos incautos dicen que solo se alberga oscuridad. Hablan de seres maléficos que irrumpen en su mundo como si no tuviesen otra cosa mejor que hacer. ¿Ni que eso fuera a ocurrir? ¿Verdad? Puedo comprender que tengáis muy claro que existe una dualidad entre lo bueno y lo malo, pero todos nuestros actos son consecuencia de nuestras decisiones y las circunstancias que nos obligan a tomarlas. No quiero influirles en vuestras creencias con esta historia, así que por favor aguardad y escuchar la historia de la penumbra. Tiene mucho que contar, aunque vosotros así no lo creáis.

Cómo iba contando… Ah sí, ya lo recuerdo. La oscuridad nunca existió como tal. Hubo un tiempo de luz en el que la dicha inundaba los corazones de nuestros ancestros. Existía concordia y armonía. El conocimiento estaba al alcance de todo el mundo, pero existía una prohibición. El espejo de ébano. Aquel artificio encerraba aquello que tan solo albergaba el poder de destruir.

En ese mundo María era una niña con el pelo color cobrizo y unos ojos tan grandes y grises como la luna que se sentía apartada. No ansiaba conocimiento, ni tampoco la dicha. Su palidez resplandecía en la noche de luna menguante, y su sonrisa solía estar apagada. Era diferente. Siempre se veía sola. Saltaba senderos plateados, y se adentraba en la espesura buscando jugar con su imaginación. Bajo la penumbra su rostro adquiría vitalidad. Era como si se fusionará con la oscuridad. Anhelaba aquel otro mundo, su propio mundo.

Sus padres asustados de que su pequeña tomara la senda de la desdicha, la recluyeron en una torre de mármol verdoso y pilastras de granito rosa. Tan solo disponía de acceso a una habitación donde debía rendir culto como sacerdotisa al dios de la dicha, y otra para su humilde almuerzo. Una noche mientras las estrellas brillaban con mayor fuerza frente a la fachada, la niña salió al balcón y reclamó a la dicha poder volver a pasear por los senderos plateados, acceder a la frondosidad, entremezclarse con la oscuridad. Como si una respuesta fuera, un haz de luz oscuro la hechizó. Tendida sobre el frío mármol soñó con un espejo.

-       ¿Quién eres?
-       Eso no importa pequeña. Dispongo de lo que ansías, pero habrás de entregarme tu corazón.
-       ¿Libertad?
-       Sí ese es tu deseo.
-       No deseo acatar órdenes más que de mí misma.
-       La noche es oscura pero mansa. Tú serás el cambio.
-       ¿Qué quieres decir?
-       Con la penumbra fundirás tu ser, y en el espejo de ébano observarás tu desdicha.
-       ¿Seré desdichada?
-       Sólo para quiénes te rodean, pero ellos no te comprenden María.
-       Creo que no te entiendo… Pero en verdad ansío la libertad. La soledad.
-       María muchos años me han ocultado por esconder aquello a lo que la humanidad teme. Pero sin mí, sin ti, no podremos lograr que la prosperidad consuma el mundo.
-       ¿Qué significa eso?
-       No hay progreso sin ambición, no hay cambio sin codicia, no hay verdadero amor sin sufrimiento. El ser humano vive una edad dorada a consta de dioses infames.
-       ¿Cuál es mi papel?
-       ¿Aún no lo comprendes?
-      
-       Tu papel será inundar la oscuridad del mundo de los humanos. Crearás la noche, y sobre tu yugo nacerán seres sobrenaturales. Crearás la envidia, la codicia… Pero tras ello siempre se sobrepondrá la esperanza, pues es la esperanza el don que otorgas a la humanidad.
-       ¿La esperanza? ¿Lo decís en serio?
-       Así fue una vez, y volverá a serlo. Al crear un mundo solo de luz, el ser humano ha perdido su libertad.
-       ¿No es libre? Pero si comen como cerdos, disponen de conocimientos avanzados, y viven en armonía.
-       Viven como un rebaño por los dioses de la luz. Tú les otorgarás la libertad de tomar sus propias decisiones… Gracias a ti conocerán lo que es la verdadera libertad, y sus consecuencias.
-       Por favor, rogaría que os mostraseis.
-       Me verás a través del espejo. Una vez me observes te otorgaré tu nuevo nombre, y a partir de ese momento deberéis guardarlo con recelo. Los humanos no verán con buenos ojos la esperanza que les brindas. Sé cauta.
-       Así lo haré.
-       Ahora caerás en un letargo de hedor y muerte. Te darán sepultura, pero no hallarás la muerte. Tomarás al tercer día la sangre de tus congéneres, e irás en mi busca.

La niña durmió durante largos años. Cuando cumplió quince años sus padres notaron el pulso frío, y carente de vida. Sus lágrimas cayeron sobre el bello matiz de su rostro, y le fue dada sepultura. Al cabo de tres días la vida volvió en ella, y su cuerpo comenzó a difuminarse en la penumbra. Todo aquello a lo que alcanzaba su vista se volvía oscuro, halla dónde caminara un enorme manto de oscuridad la recubría.

Lloró a sus padres, lloró todo el tiempo perdido en aquella prisión. Ahora era libre, pero no era maldad lo que su corazón albergaba. Era curiosidad, impaciencia, inquietud, emoción, y esperanza. Al llegar al pueblo todos sintieron miedo, y cada mirada de desprecio hacía que de ella emanara sentimientos negativos. Su rostro se volvió pálido, y sus labios adquirieron un matiz turquesa. Consumida por la ira comenzó a sentir aquello que nunca hubo de sentir, y desató el primer sacrificio del espejo de ébano: la sangre. Hizo sucumbir a los terrores de la noche a todos aquellos que la apartaban de su camino.

Una vez llegado al espejo su corazón se convirtió en una esfera de un amarillo muy brillante y se introdujo dentro de él.

-       Tiempo he ansiado este momento. Dadme lo que me pertenece.
-       La esperanza se os ha sido concedida.
-       ¿Me habéis robado el corazón?
-       Esa es la consecuencia del primero de vuestros actos. Ahora no debes tener corazón. La humanidad te temerá, y te detectará. Pero tened en cuenta que le habéis brindado esperanza, y en el momento en que seas aceptada en sus corazones, tu corazón volverá a ti.
-       ¿Qué quieres decir? ¿Me has sacrificado?
-       Solo has sacrificado tu nombre.
-       ¿Cuál era mi nombre?
-       Era María, pero a partir de ahora todos te conocerán como Maléfica.
-       ¿Maléfica?
-       Como dije en su momento guardadlo con recelo, pues alberga un gran poder.
-       ¿Qué debo hacer?
-       Comienza aceptando tu oscuridad. Volveremos a vernos. No un miércoles, pero en un futuro cuando la humanidad sepa todo aquello que puedes ofrecer.

Maléfica desapareció y en la oscuridad se sumió. Había desatado sobre la humanidad guerras, epidemias, envidias… Y con el paso de los años su figura pasó a conformar historias. Las historias mitos. Los mitos leyendas.

Maléfica pese a no disponer de corazón solo sentía diversión por la oscuridad. No deseaba ningún mal, y muchas veces intervenía para deshacer los estropicios que sus propias criaturas le causaban. Pero aquí les vengo a contar la historia del espejo de ébano, por lo que deberé irme al siglo XIX momento en el cuál lo que una vez comenzó hubo de terminar.

Maléfica pese a sus siglos dando penumbra a la humanidad, sintió aquello que jamás pensó que hallaría. El amor, ya que en el fondo la esperanza de la humanidad emanaba de sus ansias de albedrío. Con una apariencia de una mujer cuarentona, adoptó la efigie de una joven de veinticuatros años, rubia y de ojos azules como zafiros.

-       Disculpad, ¿necesitáis ayuda?
-       He perdido el medallón de mi padre.
-       ¿Es importante para ti?
-       Es el último recuerdo de mis padres.
-       ¿Por qué lo necesitas?
-       Me da esperanza.
-       ¿Esperanza?
-       Sí, esperanza. Es el mejor don que tenemos para aceptar nuestros actos.
-       ¿Qué quieres decir?
-       No creo en la oscuridad, solo en las decisiones que tomamos y las circunstancias que nos obligan a ello.
-       Tómalo entonces, y no vuelvas a perderlo.
-       Gracias. Me gustaría agradecértelo, ¿podríais mostrarme vuestro rostro?
-       Venid conmigo, y os protegeré en el espejo.
-       ¿Por qué he de hacerlo?
-       No debéis, si así lo queréis.
-       Es un espejo de ébano.
-       ¿Has oído hablar de él?
-       Nunca, pero es hermoso.
-       ¿Qué veis en él?
-       Ahora que lo preguntáis es extraño. Por más que me empeño no logro ver mi rostro. Veo a una niña que desea volver.
-       Esa niña soy yo.
-       ¿Qué queréis decir?
-       Es una parte de mí, ¿qué piensas de la oscuridad?
-       Es un alivio para el cuerpo, y un portal a un mundo imaginado por medio de Morfeo y su mundo de sueños.
-       La oscuridad es maldad. La oscuridad soy yo.
-       Sois maléfica.
-       ¿Y ahora qué opinas incauto? Podría matarte.
-       Pero si no sois malvada. Las leyendas hablan de ti, pero en ninguna de ellas apareces más que como mera observadora.
-       La oscuridad campa a mi merced, soy la responsable.
-       Habéis hecho algo que os honra.
-       ¿No tienes miedo?
-       Las personas también albergamos oscuridad, pero si la aceptamos podemos sobreponernos a ella.
-       Tenéis esperanza.
-       Así es, gracias a ella día a día creamos un mundo mejor en el que vivir.

En ese momento Maléfica comenzó a convulsionarse. Su corazón retornó a su cuerpo. Perdió toda la penumbra que la envolvía y la dejó libre.

-       Demasiado tiempo he estado sollozando por mi imprudencia.
-       ¿Qué queréis decir?
-       Merezco la muerte.
-       No comprendo vuestros actos, ni vuestro pesar. Estoy seguro que no la merecéis.
-       Te equivocas. Ahora la oscuridad no tiene dueña, y si la dejo vagar será el comienzo de los sin corazones. Perderéis vuestra humanidad.
-       ¿Qué pretendes?
-       No puedo amarte. Debo volver a ser maléfica. Soy la sombra tras la luz.
-       ¿Q-Qué estás haciendo? NO LO HAGAS, POR FAVOR.
-       Perdóname. Gracias a ti pude amar, pero debo perderlo.

Maléfica atravesó con sus manos el corazón de su amado, y lo ofreció al espejo. Al obtener un corazón puro este se fragmentó, y Maléfica conservó su corazón. Pero este corazón era distinto. Estaba henchido de malicia. Ahora que el espejo de ébano había desaparecido, tenía la libertad de desatar su enorme poder.

Desde entonces no se la ha vuelto a ver. Se dice que tras cada corazón que pierde la esperanza una persona sucumbe, y su alma queda atrapada por siempre bajo el manto de Maléfica.

Comprendo que es una historia trágica. Para muchos solo es un mito. Pero ruego que conservéis la esperanza, y os aferréis a ella con todo vuestro poder. Solo así conseguiréis irradiar a quiénes os rodean, y hacer comprender a Maléfica que pese a sus intenciones de redención la humanidad aún no está lista para sucumbir, mientras de ella emane la esperanza.

Una dedicatoria para cierta conocida.
No es terror psicológico, pero seguro que te resultará interesante.

Saludos.


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