viernes, 18 de abril de 2014

Silencio I (As de picas)

Silencio I (As de picas)

El departamento de policía de Wrightwolfe estaba como todos los días, bullicioso e inseguro. Al entrar a formar parte del departamento jamás imaginé cual era el verdadero sentido de la justicia, solo tenía que sobrevivir para percibir un salario dónde el mayor problema sería decidir en qué gastármelo. Me había vuelto codicioso, jugando entre bandos y actuando de cara al público. Aprendí que la ambición es gozosa de límites, pero lo aprendí tarde. Nunca debí establecer contacto con Frank Puccino, presidente de industrias Frank. Aquel idiota codiciaba información confidencial, limpieza de archivos y movimientos a cambio de una jugosa e ingente cantidad en metálico. Siempre limpio y al contado.

Todo iba como la seda: rápido, fácil y jugoso; hasta el día del gran golpe. Los rateros de Frank tenían en su mira a la senadora Sara Reagan. ¿Su objetivo? Evitar la conversión del barrio marginal de los hatta en un mar de inversión bursátil y buenos propósitos. Coincidiendo con el aniversario de Wrightwolfe la senadora acudía a ofrecer labia a una multitud de enfervorecidos coléricos. Frank tenía una misión especial para mí. Debía pasar por alto el control norte desde dónde un mercenario, un tal BlackStrock, ejecutaría el acto de gracia. Supongo que opté equívocamente por plantearme la moralidad de aquello. Me había criado en el barrio y consideré oportuno su rehabilitación en cuanto a la mejora de la calidad de vida. Mediante un chivatazo anónimo, intervine dando al traste con los planes de Frank. A partir de aquello las represalias aumentaron, los homicidios precedieron al caos.

Tenía ante mí al tipo más viejo del departamento. Jimmy Ford, comisario al mando y hombre sensato. Su expresión taimada y sus grandes ojos verdes imponían autoridad, y al mismo tiempo transmitían tranquilidad. Con él al mando cualquier operación era un éxito, incluida la más importante hasta ese momento –al menos para mí-. Como represalia los hombres de Frank raptaron a mi mujer, apareciendo al amanecer yacente sobre el lecho del río Hunty con la carta de un As de picas sobre la mano.

-       Tom, lamento lo de tu mujer. Deberías tomarte unos días libres.
-       Me temo que en asuntos internos no me dejan respirar, necesito hombres Jim.
-       ¿Qué ocurre?
-       Un homicidio en Preston Wall.
-       ¿Cuántos van esta semana?
-       Al menos cuarenta en circunstancias similares.
-       Coge algunos hombres, y tráeme cualquier indicio forense. Necesito indicios.
-       Con su permiso.
-       Cuando termine, lo quiero fuera del caso. Dispone de vacaciones, no cometa imprudencias.

¿Imprudencias? Lo imprudente sería no cometerlas. Los ojos se me revuelven de la ira al pensar la clase de psicópata que anda suelto. Venganza, lo que reclamaba era venganza. Con un pequeño grupo de swat nos precipitamos sobre la antigua sucursal bancaria del barrio de los hatta. Un chivatazo de un tal ‘acertijo’, y la agilidad del operativo nos habían permitido estar cara a cara con el autor de los hechos.
Aquello parecía un circo, matones maquillados de ases obedecían a una especie de payaso ataviado con un traje esmeralda y una máscara con el símbolo del As de picas. El operativo fue rápido. Asaltando el edificio por las ventanas cuyos cristales cedieron con rapidez, e iniciando una refriega balística. Nunca he sido muy amante de la acción pues mi vida siempre constituirá un bien preciado pero me sentía impulsado por la ira y el remordimiento. Lancé varias bombas de gas, y segundos después sentí un golpe fuerte sobre el costado que me hizo caer y perder el conocimiento.

Al despertar me sentía entumecido, atado de pies y manos, y rezando para que aquello acabara pronto.

-       ¿Quién entra en mis dominios?
-       Pero… ¿Qué hacéis fuera de Ockwill?
-       Un listillo. Aquí las preguntas las hago yo. Tengo una bala que no dudaré en tirar, aunque no sé en qué dirección irá.
-       ¿Te ha contratado Frank?
-       ¿Acaso me ves pinta de sicario? Recapitulemos. Tom Rayson, policía corrupto redimido ante la muerte de su esposa, ahora en busca de Frank. Tengo una propuesta para ti.
-       ¿Una propuesta?
-       Te cortaré la lengua, tu silencio será mi aviso para Wrightwolfe.
-       Maldito.
-       ¡Oh, vamos! Si no sabes usarla, ¿nunca te dijeron que eres un mal tertuliano? Mi propuesta es tu vida a cambio de tu eterno silencio. Podría matarte, pero ya me he saciado con tu operativo de swat.
-       Teníamos un chivatazo de…
-       ¿De acertijo? ¡Oh, vamos! Yo soy el nuevo acertijo de Wrightwolfe. No somos tan diferentes, yo también perdí a mi esposa por creer en las competencias de la justicia. Aquello fue un duro golpe, o quizá una llamada del caos, ¿quién sabe?
-       Eres un puto demente.
-       Y esas, caballero, fueron tus últimas palabras.


Desde entonces me hallo solo en mis pensamientos, perdí la capacidad de hablar, y me dieron por muerto en servicio. No tengo una gran fortuna, ni una gran capacidad física, pero he aprendido a ser tan sigiloso como la muerte. Así fue como me convertí en Silencio. Camino como cualquier otro, como un viandante que siempre pasa desapercibido. Un día soy el amable hombre con el que tropiezas, y otro el sicario de las injusticias. Esta es mi historia… Continuará...


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