lunes, 3 de marzo de 2014

La pared invisible

La pared invisible

Alzando un palmo sobre la vertiginosa nada, y con ademán inexpresivo la caricaturesca sonrisa terciaba en su interior. Constreñido por una bufanda que el vendaval retenía, su nariz colorada comenzaba a secarse. Media melena oscura, ondeante, y caída sobre siniestros ojos que palpitaban cada segundo imperecedero ante la letanía tardía de la miel que brotaba de los ojos de aquella joven reflejada.

No habría más de dos metros de distancia, nítida y lejana. Entre ellos solo un reflejo, ladrillos de cristal, de majestuoso vacío. Posando la mano sobre hilos invisibles, la otra mano mecía el marco de un rostro que comenzaba a difuminarse. El tambaleo de la brisa declinó el control, bruñendo los dedos de espantoso plomo desgarrado. La furia del viento incrementaba su poderío mientras las doctas manos luchaban por aferrarse al reflejo perdido.


Dos pasos hacia atrás, un impulso coercitivo y buenas intenciones que tercian ante el terror al vacío. El viento envalentona sus cabellos, mientras sus brazos viraban su cuerpo en dirección opuesta. Clavos ardientes martilleando su tesón mientras sus pies pesados sucumben en el asfalto. Allí se encontraba, forzando a su imaginación, creando barreras dónde nos la hay mientras sus ojos cerciorados observan con espasmo como aquellos rizos dorados sobre tesitura pálida y ojos de miel posaban una moneda en su delicado manto.


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