sábado, 29 de marzo de 2014

El alquimista

El alquimista

Afanado por su ímpetu de rebeldía tentaba a la naturaleza con feroces propuestas, y ninguna de ellas jamás llegaba a tener éxito, hasta su llegada a las postrimerías del reino de Valentia. No tenía rostro, o al menos nunca nadie pudo contemplarlo. Ocultaba su identidad bajo una máscara metalizada de color pizarra, con rubricas y relieves geométricos. Sus manos quedaban protegidas por sendos guantes de piel oscura delicadamente tejidos a mano. Sobre su cuerpo colgaba un hábito, similar al de cualquier congregación eclesiástica pero decorado con un majestuoso tapiz purpura con bordes dorados, y realizado con suave lino. Su oculta figura llegó a granjear leyendas desfiguradas y enajenadas ante la imaginación de gentes sencillas que poco o nada comprendían de lo que les era ajeno.

  Su reputación fue labrada de aldea en aldea. Allí gentes de todo tipo y condición acudían ante sus actos milagrosos, pues se decía que albergaba el cáliz de Dios. Forma vulgar de denominar a la piedra filosofal. Su labor consistente en aliviar el dolor de enfermos y producir oro a partir de cualquier tipo de materia, su carácter reservado pues apenas mediaba palabra, y su figura desconocida pronto hicieron que fuese acusado de supercherías, e injurias. Se le llegó a denominar como el emisario de Satanás. Si bien aquello le resultaba indiferente pues su único destino era postrar sus servicios a su majestad, debía de andarse con ojo ante un posible asalto. Al igual que apareció, desapareció. No se supo del alquimista en meses, hasta que las noticias del emisario bendecido llegaron por todo el reino. Al parecer el monarca acogió de buen grado y sumo placer al alquimista, le otorgó honores, y llegó a ser válido de su consejo.

Disponiendo de un lugar dónde experimentar, poco a poco fue haciendo valer sus dotes. Logró hacer florecer jardines sobre tierra marchita, y proyectiles capaces de perforar cualquier materia. Sus éxitos fueron álgidos y al poco efímeros. Las sospechas sobre su identidad volvían a levantarse, y el alquimista poco o nada murmuraba. El rey corrompido por sus válidos mandó a apresar al alquimista, pues temía volver a reproducir un altercado como el homicidio que ejerció contra su hermano gemelo. Tres flechas en el corazón bastaron para hacerlo caer. Su cuerpo cayó inerte sin sangrar. Sobre sus manos sostenía una especie de piedra de color magenta, y al obtener la máscara comprobaron con horror el rostro del rey yacente. La guardia escandalizada acudió a la cámara del consejo, comprobando con horror como el rey no estaba. Dado que nadie supo de la identidad del alquimista mandaron cerrar toda entrada a la fortaleza, levantaron el puente y cercaron la torre.


Un ambiente de terror asoló aquel espacio y todo lo que antes había florecido se tornó marchito. El alquimista consumó su venganza, y pronto todos perecieron en el lugar. Desde ese entonces la piedra filosofal se convirtió en el mito de un reino olvidado.


lunes, 17 de marzo de 2014

Gosick

Gosick

Novela ligera creada por Kazuki Sakuraba y Hinata Takeda, y adaptada al anime por Hitoshi Nanba para el estudio Bones emitida por 2011. Shonnen cuya sinopsis  se centra en el país ficticio de Saubure en el año 1924, y la llegada a la Academia Santa Margarita de Kazuya Kujo un estudiante de intercambio japonés que conocerá a Victorique, con la que irá resolviendo las distintas intrigas o misterios que se irán desarrollando en los distintos arcos argumentales durante 24 episodios.


Esta historia dispone de un trasfondo interesante con personajes que lastran la narrativa en clichés. Entre ellos destacamos a Grevil de Blois un detective patético incapaz de resolver un caso, una protagonista egocéntrica y con una inteligencia fuera de lo normal que da luz a las fallas de guión, y un personaje principal plano y recurrentemente sugestionable. En la trama destaca algunos puntos increíblemente sorprendentes como ‘el alquimista’ dónde el espectador si analiza con atención puede llegar a la misma conclusión que Victorique, y otras meramente de relleno. Sin embargo el argumento esencial de la serie pretende abarca demasiadas pesquisas para un desenlace patoso y poco inspirado.

Destacando la predecibilidad en la resolución de algunos casos, la historia dispone de un planteamiento demasiado largo y en consecuente muy lento.

El dibujo presenta una profusión por el detallismo con elementos de steampunk de corte diosochesco o victoriano. La imagen es nítida, con edificios imponentes de clara influencia europea; y en general una ambientación adecuada para el tipo de trama que se intenta escenificar.

En cuanto a opening y ending:




En síntesis, estamos ante una propuesta shonnen de suspense con una escenificación aceptable pero de trama imperfecta. Lo mejor sin duda es el diseño de los personajes, y la posibilidad de participar inconscientemente en la resolución de los acertijos que se irán planteando. Vamos que te hará pensar unos instantes si así te lo propones, ¿serás capaz de adelantarte a la pequeña Sherlock de 15 años? Calificación: 7/10


El Joker del siglo XXI

El Joker del siglo XXI

Se ha hecho numerosas retrospectivas sobre este personaje del universo de DC Comic. En Batman constituye la antítesis del héroe, la personificación del caos. Sin embargo no existe una tipología única para caracterizar este personaje. En su origen representó un bufón con interés por resultar problemático pero dominado por una especie de patetismo innato tal y como lo retratan en la serie de Adam West o en la película de Tim Burton, Batman 1989.

 Con posteridad se labró una figura más profunda del villano de alto coeficiente intelectual capaz de esquivar al mejor detective del mundo, pero con un dilema filosófico sobre su existencia. Se le suele dibujar como un esquizofrénico afanado por la destrucción, y con una relación de amor-odio con Batman. Así es como lo retrata Christopher Nolan en el caballero oscuro, aparece en la serie de videojuegos Arkham de Rockteady o Alan Moore en la broma asesina.

Aquí entroncamos con la figura del difunto Heather, un personaje psicótico convertido en un asesino sin escrúpulos que considera a Batman como un elemento que lo complemente dentro de la afinidad de la persistente lucha entre el orden y el caos, esto lo manifiesta en el momento que declara que la máscara dota a Batman de su verdadera personalidad. Su carácter: la risa. Una sonrisa a la hora de no arrastrar ningún pasado, en contraposición al oscurantismo del recuerdo del pasado de Batman.

Sin embargo todo tiene un origen. Este Joker proviene de los 90’s momento en el que Bob Kane y Frank Miller crean un personaje grotesco y perverso, con una vestimenta desgastada, y una sonrisa formada por cicatrices. Período en el que priman los conflictos psicológicos en detrimento de las virtudes modernistas propias de la década de los 40, y periodo de consolidación de un oscurantismo más realista en la realización de los comic. Esta evolución del patetismo al realismo psicológico deviene en la popularidad del villano en cuestión, sin embargo, ¿cuál sería el perfil psicológico del Joker?

El tema de la locura es recurrente en el modo de percepción del sujeto, sin embargo a veces cuesta dilucidar entre actuaciones realistas y pensamientos demenciales. Tanto su vestimenta como su expresión desencajan de un mundo profundamente canonizado y estructurado, por lo que su actuación se dirime en la diferencia de lo éticamente correcto. Sin embargo es capaz de razonar y no alinearse en base a propósitos, simplemente causa la discordia independientemente del resultado haciendo que la carencia de sentido a su raciocinio lo haga ser un demente incitado persistentemente a ejercer actos de criminalidad.


En síntesis la nueva era ha traído una remodelación del cómic con una profusión en el entramado psicológico. El Joker se ha convertido en un ente atractivo para el lector al ser constituido como una antítesis del orden, un agente del caos. Eso unido a su gran inteligencia, y su peculiar sentido filosófico de la estructura del mundo aderezado con toques de humor negro generan una personalidad única capaz de atraer un trasfondo de demencia irreal en sus adaptaciones fílmicas. La cuestión resulta de la muerte de Heather Ledger, ¿serán capaces las futuras adaptaciones fílmicas de aderezar el patetismo de Tim Burton y continuar la estela marcada por Christopher Nolan? De ser o no ser así, lo que sí es seguro es que el Caballero oscuro constituirá una atemporal obra maestra del siglo XXI. 


lunes, 10 de marzo de 2014

As de Picas III

As de Picas III

Seguido a la calle Folk se hallaba la plaza de la concordia, un pequeño recinto vallado que disponía de múltiples espacios para el ocio, y por lo general solía representar un espacio de reunión para la mancomunidad de vecinos del barrio oriental de Ockwill. Entre la aglomeración de vecinos alterados se encontraba Rick, un cansado padre de familia que le exasperaba la situación de intranquilidad después del homicidio del comisario Rayan. Arrastraba con una chaqueta de cuero raída tras la cual escondía un revolver dispuesto, y un sombrero de cowboy. Manifestando su ira cargó el revólver, y le arrebató el megáfono al concejal que presidía aquella reunión.

-       Hemos llegado a una situación límite, o nosotros o ellos. No podemos sostener esta situación insólita por más tiempo. Entran en juego no solo nuestra calidad de vida, sino la impredecibilidad de poder proteger a nuestros hijos. Los empresarios no toman partida, y los criminales han provocado la inoperancia de la vía cívica de la jefatura de policía. ¿Estamos dispuestos a aguantar esta situación por más tiempo? –declaró Rick.
-       Tiene razón… ¿Dónde está Washington cuando se le necesita? Nos han dejado solos. – Dijo Tom, dueño de una pequeña hospedería que presentaba una situación delicada debido al aislamiento que Ockwill vivía debido a la criminalidad exarcebada de las últimas semanas.
-       Debemos tomarnos la justicia por nuestras manos. Organizaré una patrulla expedicionaria contra todos los ex convictos escapados de prisión. Elegid, ¿nosotros o ellos?
-       ¿De qué serviría rebajar nuestros actos a su nivel? ¿De qué valdría arrebatar vidas sin llegar a ser juzgadas? – preguntó el párroco Sam en un intento de hacer un llamamiento a la consciencia civilizada. – Debemos de mantener el orden cívico, y Dios y Washington proveerán.
-       Desde luego, padre, usted no ve la realidad en la que nos hemos visto sometidos. Han realizado un boicot en la comisaría, han matado al comisario Rayan, y nos encontramos expuestos como corderos que esperan a un carnicero inesperado.
-       Tampoco podemos tomar la justicia por nuestra mano, estaríamos accediendo a las demandas del psicópata. ¿De verdad es necesaria una batalla campal? ¿En qué nos beneficiaría? – preguntó Bryan Morris, concejal encargado de satisfacer las necesidades del barrio oriental.
-       ¿Y qué propone? ¿Dejarnos matar? ¿No poder dormir debido a la preocupación por tener a nuestras familias expuestas a una muerte imprevista? Esto no es vida Bryan –espetó Rick.- Estaré atento al milagro que usted propone.
-       Una situación eficaz en estos casos sería una evacuación.
-       ¿Y quién nos acogerá? ¿Washington? Aún no ha respondido a nuestra demanda.
-       El protocolo 9º de Ockwill plantea un traslado masivo de la población a las lindes de Washington, hasta que esta situación se solvente. A falta de que se apruebe con el resto de barrios, será la opción por la que optaremos. Toda la comunidad de vecinos deberá acogerse a la decisión tomada bajo pena de sanción y delito pertinente.
-       Vamos, nos echan de nuestras casas porque un psicópata alteró el orden público. ¿No cree que el problema se solucionaría plantando cara al cabecilla?
-       ¿Tú conciencia quedaría tranquila matando impunemente y cediendo a sus propósitos? Sí es lo que pretendes lograr, quédese con todos los convictos pero recuerde que será juzgado por delito y sanción.
-       ¿Cómo se hará el traslado? – preguntó la señora Houston, profesora de la escuela elemental.
-       Seguirán con sus vidas, hasta mañana momento en el que prepararemos varios camiones y autobuses, y nos dispondremos a abandonar la ciudad. Se les indicará el momento y el lugar, y por supuesto son libres de actuar bajo la pena ya establecida.

Esa misma tarde John Trush rendía honores al comisario Rayan, como nuevo comisario de la sede central de Ockwill. El alcalde había dado la aprobación para la declaración de un Estado policial de excepción, lo que suponía que sobre sus hombros recaía un enorme poder. Por su parte la sociedad civil sería traslada por barrios a las inmediaciones de Washington, salvo algunos grupos de vecinos que habían pactados con el Estado policial para aportar todos los efectivos necesarios a la hora de acordonar los distintos distritos, y a la espera de la intervención del equipo de swat estatal.

  John había llegado a la jefatura de inspección con tan solo 28 años, mostrando unas dotes innocuas para la investigación, aunque sus intenciones eran esclarecer la vinculación del cordón empresarial de Ockwill con el desarrollo de un entramado negro de blanqueo de capitales. De pequeño veía como su padre William Trush gestionaba uno de los principales bancos de Ockwill, el Preston Bank, de forma lícita y legal. Sin embargo la muerte fortuita de Roland Preston hizo que las acciones y el capital del banco se desplomaran siendo absorbido por el emergente Rellington Bank. Esto supuso un recorte en plantilla de aquellos sujetos considerados nocivos para la nueva empresa, lo que implicó el despido de su padre quién acusado de falsa malversación de fondos fue juzgado y encarcelado en la prisión estatal. John creció bajo la protección de su madre y abuelos, leyendo el diario dónde frecuentemente se acusaban detecciones y homicidios procedentes de los bajos fondos. Con el transcurso de los años se fue interesando por los asuntos civiles ejerciendo su formación en derecho institucional y con posteridad en criminología. Se le consideraba un genio en materia de personificación del criminal por lo que se puede declarar que la decisión del alcalde fue todo un acierto.

Como primera instancia ordenó la división de Ockwill en dos distritos importantes. El distrito norte, y el distrito sur. En el distrito norte se hallaba la comisaria y se hallaría brindada permanentemente con material de asalto y explosivos. Se crearía un perímetro de protección aérea, y serviría como bastión contra el crimen, y defensa del cordón empresarial que continuaría ejerciendo sus funciones habituales con objeto de no resentir la economía. Por el contrario el distrito sur se hallaba sumido en el caos, se trataban de los bajos fondos y el sector proletario. En este sector se realizarían incursiones encubierta con objeto de dar con el payaso de picas –como a John le gustaba nombrarlo-, y se priorizaría la obtención y detención de los convictos, pero con capacidad de ejercer línea de fuego si la situación así lo requería. Tras organizar la dispersa de efectivos policiales, y de vecinos, se echó sobre la butaca repasando el expediente policial del antiguo fiscal de la ciudad  Scott Philip, había algo de aquella situación que le traía intranquilo, por lo cual no dejaba de arrastrar con sus pálidas manos el flequillo color azabache en un intento de sacar algo de su cabeza.

Rellington Bank había prosperado desde sus inicios como una pequeña sucursal de préstamos. Ahora se disponía en mitad de la calle Folk un esbelto edificio con una fachada de madera metalizada, y fuentes manando de sus puertas cuyas aguas nutrían a un pequeño jardín de acceso. Su interior estaba formado por todo un conglomerado de oficinas organizadas jerárquicamente en cuanto a estatus. En la planta superior se hallaba Bill Rellington, presidente de la compañía. Se encontraba con un traje color rojo, y una camisa amarilla fruto de sus excentricidades, y junto una persona de unos aparentes treinta años ataviada con un traje verde y un rostro maquillado con el As de corazones.

-       Bill, tantos años sirviendo a tus intereses, ¿me pregunto de qué parte estarás? – esgrimió una sonrisa.
-       Sí Scott quería presentarse, solo tendría que haberse personado. No es necesaria toda esta parafernalia de circo.
-       ¿Scott? Yo no diría ese nombre tan a la ligera, aunque tu vida no vale una mierda.
-       Chicos –Bill tocó el interfono- planta A, AHORA MISMO.
-       No te molestes Bill, el edificio está a mi mando. Solo te protegen por orden directa del payaso. Vamos, Bill, ¿de verdad creías que tenías poder? Sólo eres una marioneta que ha llegado a dónde está porque le hicimos el trabajo sucio con la eliminación de la competencia, y el algunos amañitos en cuestión de capital externo.
-       Y-yo, no pienso tolerar tanta infamia. Fuera de mi oficina.
-       Vamos Bill, te doy una oportunidad. Lanza una moneda.
-       ¿No pretenderás matarme? –puso su mano sobre la gabardina en busca de su pistola semiautomática.
-       Claro que no Bill, ya estás muerto y no hay nada que te pueda salvar. Solo decide tu suerte.
-       Maldito seas –sacó la pistola y disparó, sin atino.
-       Jamás has manejado un arma Bill, deja las cosas de adultos para los adultos. Tira la moneda.
-       No creas que soy tan necio.
-       Me estoy cansado de juegos, ¿quieres vivir? Corre –En el mismo instante que se levantó de su asiento recibió una bala en el tórax cayendo rendido en el suelo.
-       Maldito seas, maldito seáis tú y el maldito payaso.
-       Nos veremos en el infierno Bill- comenzó a reír, cargó con su cuerpo y lo arrojó por la ventana tiñendo las fuentes de un rojo apagado.

Las primeras incursiones de los vecinos sobre el distrito sur se estaban llevando a cabo por los vecinos que habían prestado servicio policial, comandados por Rick. Todos ellos cargados con fusiles de asalto y pistolas de corto alcance pero potencia media llegaron hasta el Rellington Bank ahora convertido en una especie de fortín criminal. Al llegar de sus fuentes manaba sangre, y clavada en una estaca pudieron reconocer la cabeza de Bill Rellington. Algunos pese a las atrocidades macabras que aquello representaba, sonrieron al ver aquel cerdo preso de la agonía. Había abusado de hipotecas a interés sobreelevado, y había sido uno de los financieros clamados como corruptos por lo que el desagrado civil sobre su persona era más que justificado. Rick se encontraba enfurecido, colérico y envalentonado, aquella situación le provocaba impotencia así que se dispuso a prender una línea de fuego sobre todas las ventanas, provocando un gran estruendo al estallar los cristales. Al no oír represalias entraron en el edificio.

  El interior del edificio resultaba exultantemente vacío. No había nadie en recepción, y los ascensores se encontraban inutilizables. Al llegar a la planta segunda observaron unas pequeñas luces rojas palpitantes en los techos, y a través de unos conductos una especie de gas comenzaba a asolar la planta entera. Usando las camisas como mascaras corrieron a la tercera planta con algunas bajas. La tercera planta se encontraba con un aire nítido, pero una especie de personas disfrazadas de payasos con el rostro deforme deliraban sobre asuntos bursátiles, y una especie de sustancia denominada ‘furia verde’. Se hallaban expuestos a una especie de toxina que les provocaba agresividad y enajenación mental. Era una especie de enfermedad que volvía a una persona viva a sus instintos más salvajes, nublándoles la capacidad de raciocinio. Vivían en un segundo mundo de mentes indelebles sometidas al juego de un psicópata. No importaba que estuviesen vivos, habían perdido la humanidad.

Rick espantado por la situación dividió el grupo en 2.  Por un lado marcharían él y 3 personas más hacia las plantas superiores, mientras el resto dirigidos por Patrick harían un ejercicio de distracción consistente en disparar a las paredes y a traer todo el foco de atención de esa especie de seres hasta un punto concreto. Rick tomó la iniciativa, y continúo con su grupo subiendo hasta la última planta dónde había una única oficina, y en su interior una especie de maniquí con el As de corazones serigrafiado.  Se acercó al maniquí comprobando que era humano. Parecía muerto. Al agarrarlo por el cuello el payaso abrió los ojos de una tonalidad verde –al igual que las personas infectadas con la furia verde-, cogiendo a Rick por los nudillos, y lanzándolo bruscamente hacia la pared.

-       Parece que tenemos visita – sonrío el payaso de forma malévola.- Sean bienvenidos al Rellington Bank. Perdonen mi hospitalidad –cogió un revolver y disparó a dos del grupo dejando tan solo a Rick inconsciente, y Martin.
-       Estás enfermo, ¿qué cojones se supone que sois? ¿Zombis? ¿Monstruos?
-       Nada de eso, solo somos payasos.
-       ¿Somos?
-       Pronto lo serás también –cogió una jeringa y la lanzo al cuello de Martin.- Ahora me tengo que ir a informar al jefe. Cuando te transformes, cuida de tu amigo por mí.
-       Maldición.
-       Ah! Por cierto, si aprecias tu existencia. Mata a tu amigo, la toxina que te inyecté se alimenta de la sangre del organismo. El único medio de seguir con vida es que te bebas su sangre. No te preocupes, pronto te transformaras, y dejaras de pensar por ti mismo.

Martin se encontraba convulso, su cuerpo se estaba resistiendo a la toxina y un enorme dolor del abdomen lo hizo desmayarse. Postrado ante la pared logró recobrar el sentido y sacar a Rick del edificio. En su salida contempló con estupor como el grupo de Patrick había sido masacrado y aquellos especímenes se alimentaban de su sangre. Cuando ya hubieron regresado al distrito norte cayó desmayado sobre el asfalto de una autovía vacía, quedando ambos inconscientes.



domingo, 9 de marzo de 2014

As de picas II

As de Picas II

Ockwill continuaba tan ajetreada y dispar como cualquier otro día perdido en un tiempo siempre continúo. La prensa se había ensañado con la visión de un payaso que irrumpía en el perfil de esquizofrénico, un individuo cuya aparición era más morbosa que cualquier acontecimiento político o incluso futbolístico del momento. Sin embargo todo aquello parecía difuminarse, el sosiego de lo impredecible. La calle Peterson se disponía en perpendicular con la avenido Helly, y en la intercesión entre ambas había una pequeña plaza adornada con dos grandes estelas con esculturas honorificas, y un pequeño pódium dónde se encontraba el inspector Rayan.

   Cansado por el insomnio que le provocaba tener todo en orden, se encontraba presidiendo un honorable desfile de conmemoración. Toda la guardia local se hallaba posando y haciendo gala del nuevo armamento que el alcalde había proveído para la ciudad. En mitad del acto, dejó al oficial Carrey al cargo para acceder a la plataforma dónde el alcalde le otorgaría toda una parafernalia honorífica al orden. La orquesta comenzó a rechinar, y Rayan fue investido como el defensor de Ockwill. Momentos antes de emitir palabra alguna la orquesta cambió el ritmo y adquirió un tono festivo con melodías de circo. Una fuerte explosión asoló el lugar resultando decenas de agentes muertos, y varios heridos de gravedad. La orquesta había resultado ser un complot, y tras dinamitar los explosivos se marcharon aprovechando la confusión. Rayan convulso hizo trasladar al alcalde, y llegó hasta el lugar de la explosión. A parte de muerte y un enorme agujero no había nada. Un policía raso parecía haber sobrevivido a la masacre, así que lo hizo trasladar de inmediato a su oficina.

  La oficina continuaba desordenada tras las largas horas de insomnio que Rayan había tenido intentando vincular al psicópata del As de picas con el fiscal desaparecido Scott Philip. Sentado, y con un café con hielo sobre la mesa procedió a entrevistar al afortunado.

-       ¿Cuál es tu nombre?
-       Ridley Turner, señor.
-       Debes de sentirte afortunado, ¿has perdido a alguien importante joven?
-       Tres de mis compañeros se desintegraron.
-       ¿Cómo qué tuvo la suerte de no acabar como ellos?
-       Verá, me encontraba llamando a mi mujer. Pronto seré padre.
-       ¿Puedo verificarlo?
-       Claro, aquí tiene el móvil.
-       Parece que su imprudencia le salvó el pellejo, ¿pudo ver algo?
-       La orquesta cambió de ritmo, un sonido casi imperceptible muy potente.
-       Puede que los explosivos estuviesen ahí de antes, no sería descabellado pensar que una onda de choque pudo ser el epicentro de la desgracia. Necesito hombres para acabar con el payaso, ¿quiere formar parte de ello?
-       Por supuesto, señor.
-       Muy bien, cuando salgas de la oficina no hagas declaraciones que puedan contraer morbo del psicópata. Si admite un consejo, no abra si quiera la boca. No articule expresión alguna.
-       Gracias inspector.

A la marcha de Ridley revisó los expedientes policiales en busca de información sobre el afortunado. Uno a uno de forma exhaustiva fue organizándolos sin éxito. Cuando ya había desistido la fiscal Sara Stone solicitó un requerimiento. Había recibido en su buzón una carta de un As de picas con un corazón pintado con un aglutinante que parecía ser sangre. Compungida por el terror que le ocasionaba aquello, se lo mostró a Rayan.

-       Como usted comprenderá no puedo estar tranquila sin un psicópata me corteja por antojo.- Un mechón de su ondulado cabello castaño caía sobre su tez pálida tan solo cromada por unos ojos grises y unos labios turquesas.
-       Esta carta es tan impredecible como usted, parece que le ha salido un novio celoso a Ockwill.
-       No bromee inspector, es algo serio.
-       Vamos, solo quería verla sonreír. Puede estar tranquila, hoy yo mismo seré su propio custodio.
-       ¿No será una proposición indecente? –preguntó lentamente para ruborizarlo.
-       Eres el anzuelo para cazar ese maldito loco que lleva revolucionada media ciudad. ¿Recuerda al antiguo fiscal, Scott Philip?
-       Fue el paladín blanco de la justicia. Gracias a él quise ser lo que soy hoy día, me enseñó el ideal de la justicia.
-       Puede que sea nuestro hombre. Se hacía llamar el bastión de picas de la justicia, ¿no ve la analogía?
-       Inspector, creo que un difunto no puede nublarle la vista. Acabará tan enajenado como el psicópata, recapacite. Está muerto.
-       ¿Lo está?
-       Se tiró de un puente a la muerte de su mujer. Volvamos a la realidad, ¿cuál es su plan?
-       Me acomodaré en su salón a la espera de lo inesperado.
-       ¿Me ayudará también con la factura del alquiler o piensa ser un ocupa? No todas tenemos sueldazos como el suyo.
-       Parece que no se lo toma muy enserio –esgrimió expresión de enojo.
-       Parece que usted no es tan cortés como me hicieron creer. Está bien, accedo. Pero llévese su propio almuerzo y cena. Lo único que me faltaba era un trabajo de madre.

El salón era espacioso y grande, quizás lo más llamativo de un piso de apenas 200 m2. Dos tresillos y un armario de madera de roble decoraban la estancia revestida de paredes amarillas, y cuadros con analogías abstractas. Rayan se encontraba acomodado en el sillón mientras repasaba los últimos acontecimientos en el diario de Ockwill. La noche caía sobre la ciudad y la paz que sentía le hizo poder al fin cerrar los ojos, y entrar en un profundo sueño.

  Al despertar se encontraba mareado, y contusionado. Desnudo, y con ambas extremidades atadas veía con espanto al payaso. Se encontraba en una especie de habitación oscura cuyo olor a desengrasante, y el hedor de las cloacas le hizo cavilar y comprender que se trataría de alguna especie de almacén clandestino. No, no tenía tiempo de pensar. Aquello era una puta pesadilla. Sin comprender bien la situación, sentía golpes sobre su cuerpo, mientras era arrastrado a una especie de sala. Allí lo hicieron sentar sobre una mesa, encendieron las luces y ante él se encontraba Ridley Turner.

-       Hola comisario Rayan, o prefiere que le dignifique con inspector. Da igual, ¿me recuerda?
-       ¿Dónde me tienen, Ridley?
-       Vaya veo que me recuerda. Usted investigó los registros fraudulentos de mi padre, y lo hizo encarcelar. Después de dar de comer a esta ciudad, nos vimos avocados a la ruina. Ahora, solo soy un ratero más de esta inmunda ciudad. Pero eso pronto dará igual, Ockwill será borrada del mapa.
-       ¿Qué quieres decir?
-       Oh!, veo que no lo comprende. Es usted un imbécil –cogió un bate de béisbol y le dio un fuerte golpe en el abdomen.- Entumecido pensará mejor, ¿verdad señorita Stone?
-       Eh, capullo, no me metas en tus movidas. ¿Dónde está mi parte?
-       Aquí tienes –le entregó un maletín sellado- El payaso puede necesitarte, seguimos en contacto.
-       La justicia siempre prevalecerá, aunque quizás aumente mis tarifas. No quiero testigos. Lo siento comisario, usted no se ofreció a pagar mis deudas.
-       Vaya, vaya… Me espanta el romance. Comisario Rayan, ¿se encuentra bien?
-       Maldito payaso.
-       No gratifiques mi nombre, porque hoy usted será el protagonista de mi gran obra.
-       ¿Estás loco?
-       El caos no es producto de la locura, sino de la condición humana. Ridley, Stone dejadnos a solas, AHORA. Contaré dos segundos, y me pondré a disparar. 1 y 2 –cogió el arma y disparó a la fiscal en el corazón.- Lo siento querida, no quiero topos. Ridley lleva el cadáver dónde ya sabes.
-       ¿No tienes consciencia?
-       Ya lo creo que sí comisario, sino, no podrías estar aquí. No, no puede morir por un disparo de bala. Sería tan poco tétrico y original. Compartimos los mismos ideales, aunque por motivos aparentes no los aplicamos de la misma forma.
-       Maldita sea, no me hables de ideales. No alguien que mata por placer.
-       Las personas solo se rigen por lo que otras personas sin ética les dictan, son como ratas de laboratorio. ¿No matan a los experimentos fallidos? ¿No es mi ética la misma que la de aquellas personas que condenan a la mayoría a una vida tan miserable? Comisario, la vida perdió su valor en el momento en que gente como tú resultó de utilidad. Si la codicia no existiese, el mundo no necesitaría fiscales. Ese es mi ideal, un mundo dónde las personas sean conscientes de lo que son por su necesidad de cooperar, y no por el consumismo.
-       Solo un patán diría tantas necedades. Scott, la muerte de tu esposa te hizo perder la cabeza; pero tener al hijo de su verdugo como compinche solo muestra la clase de persona que eres, un auténtico gilipollas.
-       Esas palabras son mayores, ¿Scott? Puede que fuese mi nombre, o puede que solo le esté tomando el pelo –levanta un mechón de pelo del comisario y lo arranca de un tirón.- Tiene razón comisario, quizás sea un demente, y puede que usted también lo sea.
-       Sin duda, intentar dialogar con un loco es como intentar que un pescado eche a volar.
-       Ha sido divertido tratar con usted comisario, nos veremos muy pronto. Debo preparar su espectáculo. –cogió una astilla de madera y la partió sobre el cuello del comisario dejándolo inconsciente en el acto-.

La jefatura de la comisaria estaba abriendo sus puertas cuando Ted el viejo conserje de mantenimiento observó con espasmo una escena rocambolesca. Sobre la alfombra se hallaba el cuerpo del comisario Rayan, inerte y con el símbolo de un As de picas dibujado con sangre en el rostro. Serigrafiado en sus ropas con sangre un mensaje: “la guerra ha comenzado. En 7 días la justicia prevalecerá.”

Continuará…