lunes, 27 de enero de 2014

Sonámbulo

Sonámbulo

Una sola habitación permanecía aislada del exterior mediante un muro abovedado que la protegía, y mediante un arco de madera que daba acceso al interior. En esta habitación el doctor Hawkes ultimaba sus preparativos antes de probar en él mismo su último experimento. Mediante modificaciones del curso genético del sueño pretendía trasladar las experiencias soñadas a una nueva realidad, una dimensión paralela al mundo capaz de quedar almacenada en el subconsciente. Tumbado sobre la cama, tomó el suero y en cuestión de minutos quedó plácidamente dormido.

El suero no había funcionado. Se levanta de la cama algo mareado, y empieza a consultar en su diario alguna posible laguna que le permita comprender. Tenía los ojos resecos, así que se enjuaga la cara contemplando su rostro carcomido por la edad. A la cabeza le viene la idea del futuro nobel de química avanzada, pero en ese instante recuerda las palabras de Freud: “la interpretación del sueño es la vía regia hacia el conocimiento de lo inconsciente.” Se viste e intenta salir de la habitación. No puede, no hay salida. Se siente confuso, por lo que comienza a recorrer la estancia andando en círculos. Por cada paso pronuncia palabras que carecen de sentido hasta el momento en el que comienza a hilarlas.

Aquellas palabras comenzaron a inmortalizar un escenario. Se veía a él mismo vestido con rocambolescos tejidos de hebras de algodón, y una especie de máscara de porcelana. Delante de él la escena auguraba el duelo entre dos esgrimistas hasta el momento en que gira bruscamente la cabeza para contemplar a una bailarina que posaba sus pasos al ritmo de las espadas. El giro hizo que la máscara quebrase ocasionando tal estruendo que la función se dio por concluida. El entorno volvía a cambiar, y un nuevo escenario de la nada brotó. Esta vez estaba en el escenario de un crimen, dos mimos intentaban describir lo sucedido mientras el cadáver movía la cabeza y guiñaba un ojo. No puede verse así que observa sus manos y al intentar acercarse a la escena se topa con una especie de muro invisible. Agita las manos violentamente hasta que miles de pedazos de invisible cristal difuminan el escenario. Se quita los guantes y nota sus manos enrojecidas por la presión que había ejercido.


Exhausto, decide acostarse. Mientras intenta dormir observa como ciertas personas cuyas vidas desconoce le observan como si fuese el objeto de una inmensa función. Tenso ante la ovación que percibe logra cerrar los ojos, sintiendo como se desplaza en un lento tren de travesía incierta. Al fin alcanza a soñar. Al despertar volvía a estar en aquella habitación, consciente de la crudeza de sus sueños, de la proyección de su subconsciente. Satisfecho por su trabajo esgrimió una amplia sonrisa dando por concluido su experimento. Antes de abandonar aquella sala tomó su báculo y contempló sus manos enrojecidas. Había actuado como un sonámbulo en una especie de espectáculo que tan solo era deleite de su propio subconsciente. 


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