martes, 23 de diciembre de 2014

No game, no life

No game, no life

El estudio Madhouse bajo la dirección de Ishizuka realizó la adaptación al anime en una primera temporada de 12 episodios de las novelas ligeras de Furukawa conformando un nuevo seinen con tendencias echi que muestra al espectador una abrumadora gama de tópicos generados por la animación del siglo XXI. El anime se ha encasillado en un género adolescente, desenfadado, y que arrastra una serie de perjuicios que no lastran su diversión dentro de una perspectiva de mero entretenimiento.



Atrás quedaron Ghost in the Shell o Evangelion, las adaptaciones de las novelas de KEY o incluso incorporaciones remasterizadas más recientes. El anime se transformado en el género de explosión hormonal que tan llamativo resulta a día de hoy, conductas psicológicas cuyos esquemas se repiten de forma constante, y una estilización ajena a lo que un adulto cabría esperar. El guión resulta vergonzoso.

Su trama es de blockbuster, sí. Pero alejándonos de una mala adaptación de la novela hallamos un transfondo bastante interesante. Dos hikikomoris, que resultan ser hermanos con ciertas parafilias, son unos genios en la red y adoptan un patrón de juego compenetrado y en cierto sentido afín a las reglas maquiavélicas. Dada su increíble adaptación al mundo virtual se plantean un sentido cartesiano de pertenencia, y ahí es cuando surge un Dios loli que los traslada a un mundo con 10 increíbles reglas:

o    Uno -> En este mundo, todo asesinato, robo o guerra está prohibido.
o    Dos ->Todos los conflictos se resolverán mediante juegos.
o    Tres ->En esos juegos, los jugadores apostaran algo que consideren tiene el mismo valor.
o    Cuatro -> Mientras no rompa la tercera regla, se pude apostar y jugar cualquier cosa.
o    Cinco -> La persona desafiada tendrá el derecho a decidir cómo se jugará el juego.
o    Seis ->Toda apuesta realizada de acuerdo con estos mandamientos debe ser respetada.
o    Siete -> Los conflictos con cualquier grupo se arreglarán mediante un representante que tendrá autoridad absoluta.
o    Ocho -> Si te descubren haciendo trampas, serás descalificado y perderás.
o    Nueve -> En nombre de dios, las anteriores reglas nunca cambiarán.
o    Diez -> Vamos a divertirnos juntos.

Ahora entra en juego el Risk. Un mundo dividido por regiones controladas por los Esxceed (las 16 razas inteligentes), y nuestros protagonistas deberán apostar fuerte.

La animación es mala, personajes estilizados, lolis a mansalva… Nada innovador en ese aspecto con respecto a las tendencias actuales. Por lo general, un horror vacuo manifestado en una gama cálida y abrumadora de colores, y una serie de filtros que evitan apreciar la imagen de fondo.

La banda sonora no destaca.

En síntesis, es un anime que suple la lógica de la aleatoriedad para resolver los acertijos que plantea. Anima al espectador a prever trampas con las que resolver los conflictos que se derivan, aunque como con Yugi Oh, el protagonista siempre tiene el don absurdo para solventar cada situación y salir airoso.

Calificación: 4/10. O me estoy haciendo viejo, o no me recomiendan un anime bueno.
+ Gustará a la gente con una edad comprendida de 12-16 años.
+ Lolis, fan service…
-Aleatoriedad en la resolución de los planteamientos.
-Mal guión.

-Filtros puestos por un becario.


sábado, 15 de noviembre de 2014

La mecánica de la vida

La mecánica de la vida

La esperanza tomó el alba,
Y en su puerta asomó.
Una luz blanquecina,
Que el resplandecer mostró.

Jak vistió su galantería,
Y sobre la ventana observó,
La pasión y gentileza,
Que el tiempo acechó.

Un arrebato de felicidad,
Veloz y estrellado,
Que en torpe caída,
El engranaje halló.

Un mundo paralizado,
Y en virtud embebido,
Bailaba con agrado,
Sobre sueños fluidos.

El cruce de dos vidas,
Que revolucionaban las agujas.
Un peligro prendido,

En un mecanismo pujado.


Posible final, Ciudad Fantasía: la melodía del sueño

Posible final para Ciudad Fantasía: La melodía del sueño

El holgado ambiente del teatro Van Gogh se disponía presto a la densidad del pensamiento metafórico. Los más selectos clubes de poetas, músicos y filósofos descubrían sus cartas a la pretensión bajo un disfraz de gala que dejaba abierta la veda al pensamiento superfluo. El rococó de luces y juegos ornamentísticos jugaban a absorber al individuo a un estado de inconsciencia, dejadez y sentido de pertenencia al todo.

 El estilismo cromático de los participantes dejaba entrever la jerarquía de sus conocimientos. Un sombreado plateado difuminado por escarlas doradas dejaba un único centro con el púrpura del dignatario. Consumido por una vejez prematura tendió sus palmas a los comensales y el silencio recubrió todo el teatro. Su mirada, a espasmos pérdida por el horizonte empírico del saber, penetró hasta la última mirada. Una vez el silencio se hizo patente en cada manifestación alegórica del ser, comenzó a hablar:

-       “A sus ilustrísimas, caballeros de medias tintas, señoritas del saber y estimados miembros de la decadencia. Es para mí un honor presidir por última vez esta reunión. La vejez no perdona en ninguna de sus vertientes, y los estragos del saber son lanzas pesadas que al lanzarlas al horizonte dejan de clavarse en la tierra baldía de la necedad. Mi pensamiento pues, va con ustedes ante un ritmo que no cabría en la mesura.

Bebamos y disfrutemos del ritmo pareado, de la virtud de vuestras membrecías, y del nombramiento del nuevo dignatario. Un nuevo juego de roles se cierne en el dominio de los hilos invisibles que tejen nuestro mundo, y el devenir del futuro.”

Un maremoto de aplausos inundó la acústica, y la orquesta comenzó a proyectar una suavizada oda a la melodía. Era relajada, pausada y enternecedora. Llegando al corazón de cada individuo, penetrando en la inmensidad de la nada, y proyectando recuerdos a la inconsciencia de un mundo que parecía fantástico e imposible. La nada absorbió para sí todo el silencio. Un acorde volvió a irrumpir procedente del alto dignatario con un ritmo acelerado y fugaz. Al terminar, su corazón paró y cayó al suelo. Había llegado su hora.

La comuna plateada tomó su prematuro cuerpo y lo expuso sobre un ataúd ricamente ornamentado con madera de encino y retoques plateados. El velatorio se convirtió en un acto de solemnidad dónde paso a paso presentaban su respeto común. August tomó el último legado y ante el púlpito del teatro extendió sus brazos elevando lo que para muchos fue el culmen de su inmortalidad. El fruto de toda una comunidad decadente, y el nacimiento de un imaginario dónde la ficción crearía una segunda realidad que arrastraría para sí a todos aquellos que por creer en su propia relatividad se habían visto obligados a ceder grandes parcelas, el sacrificio de toda una vida. En letras oscuras y marcadas se podía leer “Ciudad Fantasía.”


Se admiten críticas. No he colgado mucho estos días para continuar con la novela, la cual opté por finalizar para comenzar algo más de mi estilo, ficción filosófica.

domingo, 19 de octubre de 2014

Máscara

Máscara

Teatro de sentidos, y percepciones,
Mascado en aguas de conspiración.
Un mundo de altas aflicciones,
En el escenario del anfitrión.
Toma la máscara sin dilación,
Ocultando su cercenada sonrisa.
Sus ojos aguileños cual briñón,
Clavan pensamientos en frisa.
Un carnaval de bohemia fachada,
Perceptor del mismo rol.
La oculta disposición calada,
Y plasmada con tornasol.
Silenciada y altanera función,
Que en humanidad rige,
Ocultada en un guión,
Y enmascarada se erige.



domingo, 12 de octubre de 2014

Mesura

Mesura

Cercenado cinismo de impetuoso ímpetu,
Aquel que en tiempo atesorado,
Prevé grandilocuencia por ventura,
Y locuaz sentido minado.
La intriga del desliz bucólico,
Que en una sonrisa pasajera,
Gesticula sin odio,
La afasia que contextúa.
La armonía medida a escala,
Cortés, y firmemente contenida,
Que clama en triunfal marcha,
Y en apariencias cedía.
La mesura de la sublimidad,
Que en gallardía se siente amparada,
Sin trabas, ni revés que librar,

De modalidades zafias.


En el ojo de la tormenta

En el ojo de la tormenta

La situación de alerta estaba alarmando a los bajos fondos. Cenceti no cesaba de mostrar el rostro fruncido frente a una camarilla de políticos que le exigían beneficios que no les pertenecían. Desde que empezó en el crimen organizado había tenido una pauta bien sencilla, la prudencia. Tomó la pluma del Don, pero en esta ocasión empleó el tintero rojo. Con minuciosa tranquilidad comenzó a escribir sus nombres e hizo un chasquido de dedos. Sus hombres acribillaron a los políticos en cuestión de segundos.

    La imprudencia no tardó tiempo en aparecer en el diario local, y los distintos clanes comenzaron a movilizarse en busca de su cabeza. Pese a su vejez Cenceti era ávido y promovió un fondo de reservas para el senador del distrito federal a cambio de inmunidad jurídica. La guerra estaba a punto de estallar en una ciudad sin esperanza.

El comisario convocó a las operaciones especiales al mando de Frank Spencer del FBI. Distribuidos por el puerto lograron el libre tránsito de la Donna china y arrebataron el control a los pandilleros del barrio de la triada. Un bucle con mirada felina se cernía sobre la sombra del Don. Cenceti no temía a la muerte, sino al caos. Criado en la crudeza de las calles siempre quiso convertir aquello en un lugar dónde el honor y el respeto evitaran situaciones viles. Había optado por su carrera en los bajos fondos hasta alcanzar la posición de Don, y desde entonces cualquier asunto recaía sobre sus manos.


En esta ocasión no estaba dispuesto a librar una batalla. Se puso el smoking y bebió su último sorbo de vino. Mientras se deleitaba con el clamor de la ópera se asomó a la ventana y sonrió. Bajó las escaleras y se presentó andando solo hasta las afueras del polígono industrial. Mientras fumaba su último habano una tormenta de metralla silenciosa asomó entre la aglomeración. Fue una fracción de segundo. Apartó su gabardina e hizo estallar todos los explosivos. Un delicioso espectáculo de fuegos artificiales estalló conglomerando ríos de sangre y puentes de pólvora. Después de aquello, se hizo el silencio. La esperanza volvió a emerger.

domingo, 5 de octubre de 2014

Doppelgänger

Microhistorias I: Doppelgänger

En las cercanías del viejo bosque del álamo verde Terry corría con los brazos extendidos en aspa. Le emocionaba sentir el placer de acariciar el viento, el roce de las hojas, el olor de la tierra y el tacto invisible de la naturaleza. Era su lugar en el mundo. Aquel sitio en el que su imaginación alcanzaba aquellas parcelas que los adultos le obligaban a ceder. Al llegar a la mitad del sendero el zócalo de piedra se abría ante un camino de tierra abierta por dos grandes surcos. El verdor daba paso a una exuberante vegetación desnuda y amarilla en su contorno. El silencio mecía cada uno de sus pasos temerosos de avanzar. Uno a uno el contorno de sus sentidos parecía difuminarse hacia un portal irreal. Un ondulado añil dibujaba una atmósfera que parecía soñada. Sentía temor por abrir los ojos y que aquella belleza resultara ser producto de un sueño caduco. 

Decidió no dar un paso más. Plantado en mitad de la nada, miraba hacia atrás y sus recuerdos afloraban como barcos de papel que navegan en el cauce del río hasta ser absorbidos por la corriente y formar parte de ella. Alzó los brazos y entre la abruma tomó el camino hacia los desconocido. La tierra volvía a ser frondosa. Enormes chopos le daban cobijo hasta una especie de cúpula vegetal en cuyo centro se hallaba un espejo. Terry se veía reflejado. Un extraño sentido de percepción le hizo palpitar. Aquél no era él. Al otro lado del espejo había otro mundo. Un mundo movido por constantes que atraen a los polos opuestos. Un mundo en el que la inercia y su magnetismo arrastraban a cada una de sus variables hasta conformar la unión. Terry forzó llegar a través de él hasta verse sumido por la angustia de lo desconocido. Tiró rápidamente, y cayó junto al espejo.

Los restos del espejo quedaron esparcidos. Una mano atravesó uno de ellos. Le realizó señas para que la estrechazara. Terry se incorporó y tomó la mano fantasmal del ente del espejo. Con fuerza se trasladó cerca de Terry. Era como la metamorfosis de una mariposa, un cúmulo de energía cercano a Terry y a la vez tan lejano. Era su Doppelgänger. Tras hiladas de asombro se desvaneció y volvió a quedar presa del mundo del espejo.







Afín

Afín

Equidistantes pasos,
Revestidos del ayer.
Tejemanejen lazos,
En hilado revés.
Apariencias disuasorias,
En realidades perceptivas,
Aforadamente notorias,
En pensamientos furtivos.
Cerciorada y limpia,
Oposición clarividente,
De lejana cima,
Escamosa liendre.
Palabras que dictan,
Concordancias afines,
Y con prudencia, resignan,
Revés que musiten.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Peregrino

Peregrino

Desde la ventana había todo un mundo por descubrir. El sol alargaba sus brazos hasta reflejarse en el cristal e iluminar las entrañas de una habitación perenne. Era una habitación inamovible. Su interior se hallaba cerrado e impermeabilizado. En el suelo, algo convulso y alterado, un hombre se giraba sobre sí mismo. Corrompido por las pesadillas que le atormentarían hasta el final de su vida. No era capaz de hablar, y apenas podía ver más allá del reflejo que la luz proyectaba sobre la mampostería de azulejo. Consiguió erguirse sobre uno de sus pies. No logró mantener el equilibrio y cayó de bruces propinándose un severo golpe en la cabeza.

Una visión espectral asustó al hermano peregrino de la capilla de San Jorge. Con el crucifijo en una mano y el tembloroso temor en la otra, se plantó ante aquella aparición. En sus días como novicio había estudiado sobre la vida de San Antonio y las inspiraciones que la meditación contemplativa le otorgaba. Se preguntaba para sí mismo, ¿será designio del señor? Cogió la cantimplora y le dio un largo sorbo al vino. Una vez se hubo acercado comprobó  que se trataba de un extraño hombre cuyas ropas eran muy diferentes a sus hábitos. Era realmente extraño. Tendido en el suelo fue a levantarlo, y de sus pantalones de tejido grueso y almohadillado escuchó una extraña melodía en un idioma que apenas le era conocido. Considerándose tentado por la curiosidad creyó estar bajo el influjo del ángel caído y soltó al hombre de golpe. Este reaccionó y recuperó la consciencia.

  El extraño hombre sonrío y comenzó a caminar. Saltaba y brincaba. Giraba los brazos de forma enérgica, y levantaba su mirada más allá de la cordillera. El peregrino asustado preguntó sobre su procedencia. El hombre le dijo en un extraño idioma que hacía años había sido condenado a ser preso de la oscuridad. El peregrino no entendió lo que dijo pero vio en su rostro cierto hálito de esperanza. No sabía que pensar para sí mismo. Esa noche compartieron la comida y lograron comunicarse mediante señas.

A la mañana siguiente el hombre tomó una vara de encina y se colgó sobre su espalda un pellejo de agua. No lograba comprender dónde estaba, y ninguno de sus aparatos electrónicos le era de utilidad. Decidió acompañar al peregrino hasta su destino. En el camino respiró y observó parajes que hasta entonces su mente era incapaz de comprender. Por el sendero del viejo molino encendieron una hoguera que atrajo la atención de los moradores de la noche. Un macho alfa había sido destituido en la jauría de lobos y presa del hambre atacó el lugar de acampada. El peregrino tomó una antorcha para ahuyentarlo, pero el lobo se movía por instintos así que se abalanzó sobre su cintura emitiendo dentelladas rápidas que lograron herirle. El hombre caminó lentamente y forcejeó con el lobo para apartarlo del peregrino. Con sus manos tomó una de sus liebres y la introdujo en el lobo hasta que este desapareció.

En la madrugada tomaron el sendero del río nevado. El cauce disponía de un gran caudal y un arranque violento que anegaba las tierras circundantes. Las tierras pantanosas se hallaban sembradas de la muerte de su fauna por causa de las epidemias. El lugar comprendía un hedor destilado e hilarante. El hombre comenzó a experimentar un mareo. Mientras la cabeza le daba vueltas unas imágenes sobre su pasado se proyectaban en su cabeza. En una de ellas se veía así mismo recibiendo una condecoración por sus trabajos de infiltración. En otra contemplaba como era participe de un comando de operaciones dónde acribillaba sin impunidad a los civiles de un estado neutral con el objetivo de liberar unos rehenes que servirían de intercambio. En otra se veía a sí mismo enjaulado por un sistema de comandos especiales para su adiestramiento. Todas aquellas imágenes resultaban difusas e incompletas, había algo que no lograba comprender.

Una vez remontada la corriente llegaron a una ciudad pequeña e inhóspita. Las gentes se hallaban resguardadas en sus viviendas. Caminaron hacia el interior hasta hallar una especie de criba dónde un grupo de campesinos se enfrentaban al sheriff del lugar. El peregrino intentó mediar entre ambos contendientes. El hombre se alejó y tomó un AK47. Se acercó hacia la posición de ambos cabecillas y comenzó a disparar en el cielo. Perplejos, depusieron sus armas. El terror se asomaba por bandera haciéndole recordar aquellos crímenes y excesos de autoridad cuando se adueñó del control militar de un Estado sometido al terror. Volviendo a su realidad bajó el arma y decidió despedirse del peregrino. En ese instante se desplomó en el suelo y perdió la noción.

Al abrir los ojos no veía nada. Estaba siendo arrastrado hacia una especie de patíbulo. En la plena oscuridad y confusión el peregrino se presentó y le dijo antes de desaparecer que su hora había llegado. Sus recuerdos comenzaron a fluir en un baile de diapositivas, y escuchaba como clamaban la muerte de Strider. Un verdugo le quitó el saco de la cabeza, y fue atado en cada una de sus extremidades. Rodeándole una cúpula de soldados armados. No quiso suspirar, y bajo la presión de una bala de metralla directa en el corazón fue como Strider terminó su camino.


lunes, 29 de septiembre de 2014

La orfandad. Capítulo primero

Capítulo 1.  Alas de color ocre

La llegada al encinar se hacía como de costumbre cansada para el pobre John. Cada mañana tenía que ponerse la toga y caminar durante dos horas para recoger bellotas, volver a la mansión del patrono para dar de comer a los marranos, y de ahí volver hacia una especie de estancia común dónde residía en la noche con el restos de criados de la familia. Esa mañana encontró una especie de piedra gigantesca y metalizada. Cómo no sabía qué podría ser pensó que valdría el dinero suficiente para comprar su libertad. Ató un par de cuerdas a varios troncos y la llevó arrastrando hasta el cobertizo dónde residía en la noche. Allí enterró aquel aparato, y fue hacia la ciudad en busca de un tasador fiable que pudiese hacer realidad sus intenciones.

La ciudad era inmensa, al menos para John. Los edificios realizados de aluminio cristalizado poco tenían que ver con el lugar donde residía. Las calles eran largas, bellas y bulliciosas. Si alzaba la mirada hacia el cielo veía como enormes vehículos electromagnéticos circulaban sobre una especie de raíles que se bifurcaban en los distintos distritos de la ciudad. Mientras caminaba por suelos pavimentados en pizarro de distintos colores observaba hologramas que anunciaban una gran variedad y gama de productos. Escondió su medalla de esclavo entre sus andrajosos ropajes y se acercó al suburbio de Ohio. Fuera de aquella visión fantástica aquel lugar resultaba deplorable. Las calles parecían cloacas en cuyos cimientos emergía la efigie del esplendor de la antigua ciudad. Ahora aquello se había convertido en un burdel, un lugar de trata de esclavos y dónde se reunían los más variopintos comerciantes de nanotecnología y órganos sintéticos. De entre todos aquellos altaneros John se arrimó a un viejo tasador de antigüedades.

-          ¿Qué te trae por aquí, viejo e inútil John?
-          He encontrado algo, quizá pueda interesarte.
-          Viejo zorro, ¿lo sabe tu amo?
-          Quisiera comprar la libertad.
-          Ya entiendo, ¿y qué me traes? ¿Una televisión? ¿Una nintendo?
-          Un huevo.
-          ¿Me estás tomando el pelo? Fuera de aquí, sino quieres que te mande a las autoridades.
-          Es un huevo de metal, lo traigo en esta caja.
-          ¿De dónde lo has sacado?
-          Cayó del cielo.
-          ¿De dónde?
-          Del encinar viejo.
-          ¿Qué cojones hacías ahí?
-          Trabajar, ¿y bien me lo vas a tasar?
-          Deja que le eche un vistazo.

Grissom puso su mano sobre aquel extraño huevo hasta que comenzó a entumecerse. De su mano brotaron toda una serie de protuberancias que lo hicieron enloquecer. Fuera de control arrastró su cuerpo hasta John y jadeando entre un inmenso dolor yació en el suelo. John quiso correr pero algo lo retuvo. Su mente le estaba hablando. Al principio sintió temor, pero poco a poco consiguió vencer sus impulsos y se acercó al huevo. Al tocarlo experimentó un intenso dolor que recorrió todo su sistema nervioso hasta caer inconsciente.

John despertó al cabo de unos minutos. El huevo se había abierto, y tan solo quedaba una cobertura mocosa. Aquello le recordaba a aquellas películas de Alíen que el patrón le mostraba cuando era joven. Pensando que todo aquello era una locura, se marchó y volvió a su cobertizo.

Aquella noche John experimentó una serie de sueños convulsos que le hacían delirar. Veía fragmentos de destrucción y una sombra que se acercaba lentamente hacia el planeta. Alejado de todo dolor la noche transcurrió con convulsiones, y ante el toque de corneta de la mañana John se dio cuenta de que algo había cambiado en él. Ahora poseía dos inmensas alas, era de mayor estatura, y su fuerza parecía haberse multiplicado. En ese momento se acordó de su padre. Su padre era Jason Batle un corredor de finanzas que tras el crack de las sucursales de 2054 había quedado arruinado y decidió suicidarse. Las entidades benefactoras ante la deuda contraída por su padre decidieron tomarlo a él, quién fue vendido al patrono de una villa rural. Desde los siete años no había conocido más que el trabajo sin ninguna muestra de gratitud o complacencia. Aquellas circunstancias provocaron que decidiera tomar la senda de la venganza.

Se arrancó la cadena que le oprimía y batió las alas con fuerza. En el cielo tuvo la efigie de un ángel lo que hizo que muchos criados le imploraran la salvación. Este bajó y los liberó de sus cadenas. Todos ellos se unieron en armas, y se adentraron en la mansión del patrono. Destruyéndolo todo a su paso dejaron las tierras quemadas. A las puertas de las domus hizo que los criados aguardaran su regreso y penetró en su interior.

Las estancias cubiertas por mosaicos, tapices y columnas acampanadas con relieves resultaban demasiado suntuosas. John no albergaba deseos de destruir aquella belleza, pero sí de asesinar a quiénes eran participes de su opresión. La familia al completo se hallaba sentada inmóvil ante su llegada. Al mostrar las alas creyeron ver una aparición divina y se arrodillaron. Levantó los brazos y con un giro de muñecas asfixio a todos los presentes con excepción del patrono. A este le colocó una mordaza y lo sacó al patíbulo de entrada dónde se hallaban los criados. Una estocada con la hoz de uno de ellos provocó que sus alas se tiznaran de un color ocre. Tras la matanza toda aquella comuna se había alzado con la libertad a un precio a considerar. Sus ojos se volvieron rojos y perdieron toda capacidad de empatía y afecto.
John el alado o el rojo como sería conocido en ese momento creó una orfandad dónde tan solo serían acogidos aquellos quienes prestaran su vida para luchar contra la distopía. La orfandad de los rojos adoptó una serie de rituales y normas entre la que destacó una indumentaria oscura con una máscara blanca e inexpresiva que cubría sus rostros.

Zankyou no terror

Zankyou no terror

Zankyou no terror es un seinen recién salido de la hornada y puesta en producción en el mundo del anime. Su traducción sería algo así como el ‘eco del terror’, algo que cobra especialmente relevancia gracias a la magistral puesta en escena de Watanabe y a la excelente banda sonora de Yoko Kanno.



Hacía tiempo que el aspecto sonoro de un anime no se hacía sonar tan trascendental, y es que las melodías alegres y con cierto aire de melancolía abundan en escenas claves. Melodías dulces que se sienten placenteras e incluso saben ponerte en tensión. En este aspecto el anime gana enteros, y se hace memorable por momentos.


Debido a mí nueva política de intentar no revelar la trama, les plantearé el contexto dónde se desarrolla la acción. Japón. Una palabra tajante, y es que hacía tiempo que el gigante de la animación no creaba algo que fuese realmente interesante. Un Japón normal y corriente dónde incurren una serie de atentados terroristas que pondrán la cerilla para el desarrollo de un thriller psicológico. Temas como la amistad, el valor, la tensión, el sentido de la guerra se darán cita asemejando en estilo y desarrollo a Death Note. Sus similitudes son apreciables en los primeros compases de la historia, con un desarrollo que te mantiene en vilo y un final digno.



Su duración se antoja escasa para el calibre de su producción. Once episodios a una media de 18’ limpios de trama con una acción marcada en compases que le dan un tono curioso. Una vez comienzas a adentrarte en su trama el subconsciente libera estímulos que generan tensión por el conocimiento hasta que finalmente has terminado la serie en cuestión de pocas horas.

La calidad de animación es propia de las grandes producciones a las que nos tiene acostumbrado la era digital. Diseños de personajes acertados sin dejarse llevar por excentricidades en exceso, colores suaves y un detalle preciso para las escenas que lo requieren.


En síntesis, estamos ante una propuesta interesante que va mucho más allá de las similitudes que le podamos apreciar. Acabado correcto, ost extraordinaria y una trama que trata temas interesantes. 10/10.


domingo, 28 de septiembre de 2014

Teatro

Teatro

Un telón para un mundo sin fin,
Dónde el fruto es comienzo,
Dónde la vida obvia el fin,
Dónde hay lienzos con remiendo.

Existe un lugar de escenas coreografiadas,
De rituales extenuadamente improvisados.
Sin reproches en tinieblas acechadas,
Sin pensamientos abortados.

Una escena inmensamente satirizada,
Asentada sobre mundanal cotidianidad.
Versada, y en palabras plasmada,
Como alegoría en adversidad.

Un sentido eco retumbando,
En sentimiento de emoción.
Un porte alumbrado,
Con aplausos en adicción.

El gran poema distante,
Que en afinada orquesta,
El actor ata,
Y la actriz interpreta.

La representación de un mundo sin fin,
Una realidad dirimida en armonía,
Que a nosotros es afín,
Y hasta nuestro corazón ablandaría.




Infundiendo límites

Infundiendo límites

El tren había llegado a la última parada de la jornada. Entre el bullicio ante el toque de queda Lucy ocultó su rostro bajo la capucha de la sudadera y salió corriendo. Al llegar a la estación sur tomó el camino de las alcantarillas y accedió a los suburbios. En el umbral de acceso colocó su muñeca para que el lector verificase el chip que tenía bajo la piel y continuó avanzando. Evitaba mirar a su alrededor repleto de despojos desactualizados y surcando un tiempo que se hacía póstumo.

  Al cabo de unos minutos se plantó en la puerta de la antigua sede de industrias Genoma. Tocó dos veces y esperó a obtener respuesta. Un harapiento despojo mitad humano, mitad cyborg le abrió la puerta. Los de arriba a las personas como él lo denominaban mutantes, un estadio inferior al homo sapiens robotic. Los mutantes se diferenciaban de los nuevos humanos en que estos continuaban siendo mortales y se veían lastrados por los sentimientos. Pese a que Lucy no podía sentir nada por aquel a quien consideraba inferior siempre había tenido el don de la curiosidad. El mutante le acompañó hasta una especie de sala grande y quizá en otro tiempo sofisticado. Todo el instrumental realizado en acero era tan solo una reliquia que acumulaba montañas de polvo y suciedad. En el centro se encontraba Isaac Genoma, el último homo sapiens con vida. A ojos de Lucy representaba un amasijo de carne y hueso carcomido por la edad, tembloroso y sin atisbo de vello facial. Isaac le hizo una seña con la mano y Lucy se sentó junto a él.

-       Cuanto me alegra verte una vez más, pequeña Lucy. Ya no me queda mucho, pronto me reuniré con mis ancestros.
-       ¿Por qué no quieres evolucionar?
-       ¡Oh, Lucy! Querida mía, no deseo otra cosa más que la muerte. No puedes comprenderlo, te instruyeron para eso.
-       No. No lo comprendo. Se ha demostrado la falsedad de las creencias tras la muerte. La muerte solo es para los inadaptados, y aquellos que atentan contra el sistema.
-       Escucha Lucy, necesitas empezar a sentir la vida. Deja que fluya, experimenta, siente, olvida, perdona, ama… Vive plenamente, y después marcha.
-       ¿Cómo puedes ser tan hipócrita abuelo? Tú hiciste que evolucionemos, eres el científico más grande de la historia de la humanidad. Y sin embargo… Aquí estás. Rodeado de asquerosos mutantes, muriéndote… ¡Deseando desaparecer!
-       No puedo cargar sobre mis hombros aquello que creé. Era ambicioso y quise eliminar las pandemias. Jamás pensé que hallaría la piedra filosofal. Dime Lucy, ¿sabes lo que es la felicidad?
-       Una construcción humana que se aleja del saber.
-       Eso es lo que te hicieron creer. La felicidad es experimentar múltiples formas de alcanzar lo que en un inicio es lo imposible.
-       ¿Qué valor tiene?
-       El valor es aquello que le otorgas. Nada material. Nada tangible…
-       Eres incomprensible.
-       Antes de que te marches coge la caja que hay sobre la mesa. Es un regalo de despedida. Úsalo solamente si estás preparada para asumir la mortalidad.
-       ¿Qué es abuelo?
-       Un fruto del Edén.
-       Qué nombre tan místico…
-       Pronto lo comprenderás.
-       Bueno, ya, está bien. Gracias, supongo.
-       Daré recuerdos a tus padres.
-       Prefiero que te mantengas vivo. Cuídate.

Lucy se volvió a abrochar la capucha hasta arriba y comenzó a deambular entre los callejones del ala sur para esquivar las cámaras de seguridad. La luz de la muñeca empezaba a parpadear y una patrulla se acercaba rápidamente varias paralelas más atrás. Corriendo para llegar a la entrada de la cloaca se resbaló y cayó en el suelo. Su cabeza comenzó a dar vueltas, la mente se le nubló y…

  Abrió los ojos al fin. Lucy estaba en una especie de cueva similar a una ciénaga. Se encontraba desnuda, y atada de pies y manos a una mesa. En su pecho tenía una fría cicatriz. Frente a ella un mutante partía pescado y carne frente a una mesa. Se giró para observarla. Su cara fraccionada por el genoma y su piel verde y endurecida le causaron pavor. Era increíble, era la primera vez que lo experimentaba. Lentamente se acercó hacia a ella y le pidió que tomara alimento. Los de arriba jamás sentían la necesidad de tomar alimento pero en aquella ocasión Lucy experimentó un ansia voraz. Tragó sin apenas masticar, y le pidió que la soltara. El mutante desinfectó su cicatriz y le cortó las cuerdas.

Al fin en el suelo se vistió rápidamente. Al buscar en su macuto descubrió que la caja de su abuelo había desaparecido. Furiosa y sobresaltada comenzó a destrozarlo todo. El mutante se le acercó y le propinó un puñetazo en su horrible cara. Este comenzó  a sangrar sin mostrar signos de ira u otro tipo de respuesta. Cuando se calmó notó que los circuitos de nano bits se iban deteriorando, poco a poco sus impulsos eléctricos iban transformándose en impulsos vitales.

-       ¿Qué me está pasando? ¿Quién eres?
-       Me alegra que estés bien, no pretendía asustarte. Ahora eres humana. Un homo sapiens. El viejo encontró un antídoto para la vida, tú.
-       ¿Humana? Esto es repugnante. Tú eres repugnante.
-       Tus circuitos quedaron dañados, si no tomabas el fruto morirías.
-       ¿Y de qué me sirve vivir siendo humana? Sigo estando muerta, solo que tardaré en alcanzar ese estadio. Como vosotros, horribles mutantes.
-       Te he salvado la vida, ¿qué tal un mínimo de respeto?
-       ¿Te lo pedí acaso? Vuestro diminuto cerebro hace que jamás penséis con lógica. ¿Realmente pensáis?
-       Todo esto no va a llegar a nada.
-       Por supuesto que no, volveré a visitar a mi abuelo.
-       Está muerto. Ven conmigo, te llevaré a un lugar.
-       Puag, no. Podrían pensar que soy una mutante.
-       A ver… Has perdido tu circuito de nano bits. Ahora para ellos eres una mutante, aunque técnicamente no lo seas. Eres humana, como tu abuelo lo fue.
-       Muy bien, ¿a dónde vamos?
-       Ya lo verás, por cierto soy Tom.
-       ¡Vaya, no sabía que tuvieseis nombres! Los lagartos son lagartos y no tienen nombre, y vosotros sí. ¡Qué curioso!

Tom se vistió con una indumentaria negra que le cubría todo el cuerpo y le estilizaba la figura. Tomó dos caretas. Una se la puso, y otra se la ofreció a Lucy. Era el medio por el cual los mutantes se comunicaban con los de arriba. Subieron por una especie de abertura que daba acceso al mundo exterior. Allí tomaron un largo túnel y finalmente salieron a la superficie. Una superficie que rozaba la estratosfera. Debido al nivel de calcinación solar los de arriba construyeron ciudades que rozaban la cúpula celeste y cuestionaban la metafísica. Nada tenía que ver aquello con el mundo anegado de abajo. Calles enormes y bulliciosas conectaban barriadas entre metros supraurbanos, tiendas y tiendas de ropa y enseres, y grandes edificios de dimensiones colosales realizados en mármol.  

  Para la gente como Tom aquel mundo les era vedado, pero no era así cuando adquirían la identidad de los enmascarados. Estos eran contratados como mano de obra barata y servil, otros se conformaban como prestamistas, y otros incluso conformaban las huestes disciplinarias para evitar que sus congéneres mutantes accedieran a aquel suntuoso y civilizado mundo. En ese mundo existía una resistencia encabezada por Brania Grusmav antigua sirvienta de la propia familia imperial quién al ser conocedora de la realidad de sus hermanos de abajo tomó las armas y organizó avanzadillas.

Tom se llevó a Lucy hasta una enorme explanada en cuyo recodo había construido un búnker subterráneo. Dijo unas extrañas palabras que Lucy no alcanzó a entender y accedieron a una cámara. Una comitiva de enmascarados armados les dio paso. Hizo que Lucy permaneciera en una pequeña cámara aislada, y accedió a lugar dónde se hallaba Brania preparando un ataque terrorista contra los de arriba.

-       Tom querido, cuánto tiempo. ¿Qué tal los reportes?
-       El nivel de toxicidad está en incremento… Isaac ha muerto.
-       ¡Maldita sea! ¿Ese es el futuro? Robot sin sentimientos. Los de arriba perdieron esa humanidad que tanto detestan de nosotros.
-       No todo está perdido. Traigo a la chica.
-       Lucy.
-       Sí, ha completado la cura con éxito. Es humano.
-       ¡Oh, vaya Tom eso es fantástico! Quizá eso abra una puerta a nuestra salvación.
-       Volveremos a ser humanos.
-       Bueno Tom, primero debemos experimentar con ella. La respuesta está en sus genes. Sin duda, es un gran avance. Hazla pasar, por favor.

Lucy estaba nerviosa. Todos los enmascarados la miraban como si supiesen que era diferente a ellos. No se sentía confiada en Tom, así que bajo su gabardina apretaba fuertemente dos machetes por si las circunstancias no eran propicias. Cuando Tom llegó a recibirla estalló la guerra. La élite de tropas de asalto se había infiltrado en la base y estaban asesinando discriminadamente a los enmascarados. Dadas las circunstancias corrió tras Tom y llegó a dónde estaba Brania dirigiendo la defensa. Al llegar Brania fue a dejarla inconsciente, pero supo reaccionar y lo esquivó. Empuñó el machete y movida por la ira atravesó tajantemente el corazón de la mutante. Se quitó la máscara y de sus ojos discurrían lágrimas de sangre. Se volvió hacia Tom y lo amenazó. Este se quitó la máscara. Sus intensos ojos verdosos se clavaron los suyos castaños. Por un instante Lucy creyó verle con otros ojos. No había palabras para describirlo. Parecía más joven, e incluso su tez verdosa resultaba hermosa. Este cerró los ojos, y le pidió disculpas. Lucy guardó el machete y le tendió la máscara. Ambos corrieron hacia las cloacas. Aprovecharon las últimas letanías para el toque de queda y se acercaron a la casa del difunto Isaac.

   En la casa de su abuelo Lucy tomó con una jeringa un poco de su sangre y se la inyectó a Tom. Su desfigurado rostro de recompuso hasta el punto de parecer un humano. Su piel continuaba siendo verde, pero ahora su fisionomía era perfecta.

-       Gracias Lucy.
-       Ahora quedas vinculado por un deber mayor. Llevas mi sangre.
-       Existe una nueva esperanza para la humanidad.
-       Tú no eres humano, sigues siendo un mutante. Conservas tus capacidades sobrehumanas de mutante y tienes apariencia humana.
-       ¿Cuál es el plan?
-       ¿Qué esperas? ¿Un tú y yo contra el mundo?
-       Realmente, espero que no.
-       No seas idiota y empieza a razonar como un humano. Somos proscritos, esa es nuestra nueva vida.
-       Pareces emocionada.
-       Quizá.



Continuará…