viernes, 20 de diciembre de 2013

Sucker Punch

Sucker Punch

¿Estamos dispuestos a afrontar la crudeza? La vida nos plantea una serie de incógnitas a la cuales solemos optar por planteamientos genéricos dispuestos a manifestarse de acuerdo a un consenso social. Hay quienes luchan y quiénes se esconden. Una sola propuesta para mantener la ilusión y miles de ellas opacas y efímeras que se oponen. La clave de todo ello está en el surrealismo. Zan Snyder nos ofrece en este film una buena dosis de propuesta con una banda sonora de lujo y un estilo steam punk bastante bien logrado, pero una interpretación tan amplia que mentiría si dijese que lo que digo en esta crítica es algo más allá de mi interpretación personal.

Estamos ante un trasfondo de control mental dónde a la paciente en cuestión se le somete a una operación de limpieza o mente en blanco para reprimir toda emoción. En este caso se juega con un trauma que adquiere tintes de inocencia que le hace generar todo un mundo surrealista. Un medio por el cuál todo es posible, incluso la libertad. Esto abre toda una serie de incógnitas que cada espectador se podrá plantear sobre cuáles son los mecanismos sociales lícitos para que adquiera un determinado tipo de pensamiento, y desde luego hacia dónde entra el campo de la ética –y si está se puede ver manipulada en cierto sentido-.

La protagonista se llama Baby Doll lo que quiere decir muñeca, indicación manifiesta de que es un pelele, un objeto sin voluntad o la realidad machista que también aparece criticada en este film. Sin duda todo un beneplácito de pensamientos que los más atentos podrán apreciar en el transcurso de las escenas.

En cuanto a la banda sonora destacar temas como el inicial “Sweet Dreams” de Eurythmics, en cuya letra hay ciertas alusiones interesantes:


Los dulces sueños están hechos de eso
¿Quién soy yo para no estar de acuerdo?
He viajado por el mundo y los siete mares
Todos buscan algo
Algunos de ellos quieren abusar de ti
Algunos de ellos quieren ser abusados
Algunos de ellos quieren usarte
Algunos de ellos quieren ser usados por ti

Dulces sueños...

Algunos de ellos quieren herirte
Algunos de ellos quieren que tu los hieras

Los dulces sueños están hechos de eso
¿Quién soy yo para no estar de acuerdo?
He viajado por el mundo y los siete mares
Todos buscan algo

En cuanto a la calidad de imagen e interpretación, en ocasiones se nota a la protagonista un tanto ausente pero siempre actuando de acuerdo a lo que se pretende mostrar. Un vestuario muy logrado, y una ambientación ingeniosamente entretenida pese a toda la parafernalia que pudiese llegar a generar.



Su trama gira en torno a Baby Doll, una chica de veinte años, institucionalizada en el Hospital Lennox para enfermos mentales después de un trágico suceso en el que se verá involucrada. Al llegar uno de los enfermeros del asilo es sobornado para que sea lobotomizada para que sea incapaz de informar a las autoridades de las verdaderas razonas del psicótico y abusivo padrastro. Para soportar aquella situación imagina un mundo fantástico dónde es una bailarina que llega a un burdel que pertenece al enfermero a quién imagina como un mafioso ingeniándoselas para dotar de una pequeña esperanza a quienes están en esa situación.

En cuanto a repercusión ha generado todo un dilema entre admiradores y detractores, cada uno de los cuáles amparándose en su propia interpretación. En mi caso coincido con Betsy Sharkey de Los Angeles Times: “una maravillosamente salvaje provocación […] un inclemente y completamente absorbente revolcón con la identidad”.


En líneas generales y a modo de síntesis citar la presencia de simbolismos puntuales y obvios, con un esquema de desarrollo predecible, pero con una ambientación fabulosa y muchas ganas de plantearte una realidad proveniente del subconsciente e irreal pero más satisfactoria que la realidad física. 

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