viernes, 13 de septiembre de 2013

Recuérdame II: El desenlace

Recuérdame II: El desenlace 

Abro los ojos y allí sigue Sofía. Ha perdido las alas, y sus ojos color cían siguen clavados a mí. Escucho las voces de mis compañeros dando muestras de mi resistencia, pero aunque pretendo ponerme en pié y hacer como que nada hubiese pasado, no puedo. Mi cuerpo es un lastre, mi alma quedó atrapada en el inframundo, y si no vuelvo a mi mundo, sino vuelvo a Velusia quedaré convertido en un demonio. Cuando Claire dijo que solo podrían volver con la muerte de uno de nosotros… Ahora sé lo que quiso decir. Si no solucionamos rápido la situación en ese mundo de paranoia no podré volver, y lo que es peor, alguien volverá a quedar atrapado y ser preso de las sombras.

- Sofía. No sé qué es lo que sucedió exactamente. Es como si fuese una pesadilla lo que vivimos hace un mes. Pero no dejo de soñar por las noches con aquel mundo, y sé que está atrapado allí. – Giuliano parecía inquieto, pero decidido a acabar con aquello. Sus ojos reflejaban esperanza.
- Estoy con Giuliano, debemos volver fue culpa mía –aceleró a decir Claire. Parecía realmente preocupada.
- No sabemos si te volverán a poseer. – Dijo Romeo.
- No poseen dos veces a una misma persona. – Respondió Sofía.- Tenéis razón, debemos salvarlo, pero será peligroso. Estáis seguros.
- Sea lo que sea saldremos airosos – sonríe Giuliano- ¿Julieta, Marcello vendréis?
- Todas a una – chocaron todos juntos.

Sofía desplegó sus enormes alas, y levantando su cuerpo a ras del suelo abrió un portal dónde todos fueron transportados. Nada era como lo recordaban, pues parecían paisajes sacados de un cuento de hadas, ¿sería aquello una ilusión? Cayeron sobre un suave pavimento de algodón nuboso y a su alrededor todo era claro. Imponente abedules y encinas por todos lados formaban una espesura, y en el cielo una resplandeciente estrella emitía una luz rojiza semejante a un crepúsculo terrestre. Realmente era un mundo de ensueño.

- Se diría que hemos caído entre algodones. Este no es el mundo de paranoia de la última vez, Sofía. – dijo Giuliano.
- Es el mismo mundo, pero la distorsión que en él hay muestra las paradojas. – respondió Sofía.
- Tú no eres muy clara, verdad. Vaya, vaya… Será mejor que lo busquemos. Mm… ¿Por dónde podríamos empezar? – dijo Giuliano.
- Todos los caminos llevan a Roma, sigamos por este sendero- dijo Romeo. Estaba asustado, ya que no pretendía que Julieta hubiese venido aquí. Era muy protector, y la amaba demasiado.
El sendero parecía eterno, y cuándo al fin parecía que habían llegado a algún sitio se encontraron al final de la nada. Estaban exhaustos.
- Seguid sin mí –dijo Marcello. Sus ojos estaban eclipsados y habían adquirido un tinte rojizo.
- Estarás de broma, ¿deseas quedarte atrapado en este mundo? –dijo Giuliano.

Pero fue estúpido. Ya no era Marcello quién estaba presente, sino Astaroth. Astaroth era el nombre en lengua hebrea de Houdini, el legendario demonio de la ilusión que había adquirido facetas humanas a lo largo de los siglos para mostrar sus prodigios a la humanidad, aunque casi siempre habían desencadenado en desenlaces trágicos.

- No hallaréis lo que buscáis, sin antes encontraros a vosotros mismos. Todo podría ser más sencillo, dadme a Sofía y volveréis a Velusia. – tenía apariencia humana y un tono razonable. Cada palabra que emitía era cada vez más convincente, pues hasta en las palabras existe cierto tipo de ilusión.

Romeo blandió una espada de la nada y la arremetió contra el demonio. Su figura se desvaneció, y en su lugar apareció Julieta. Era tan inmenso el dolor que sentía al ver que había acabado con su amada, que la abrazó fuertemente y ambos desaparecieron de aquel mundo.

- Maldito. Eras tú desde el principio. ¿Qué le hiciste?
- Vuestro amigo sigue con vida. No ha muerto. Mi ilusión trasciende al mundo de los vivos y creé una ilusión para vuestro mundo. Esto solo es un juego, y si queréis recuperarlo solo tendréis que jugar.
- No me vengas con esas, ¿y Marcello?
- Marcello ya está de vuelta a vuestro mundo. De hecho nunca vino, nunca supisteis que era yo. Aunque, seguro que Sofía tendría una ligera idea.
Sofía volvió a batir sus alas y se alzó al cielo resplandeciendo una brillante luz dorada. En ella consiguió rescatarlo, y Giuliano desapareció.
- Parece que todos tus amiguitos volvieron a Velusia, ¿qué harás tú elegida?
- No creo que importe.
- Tan perspicaz como de costumbre. Sientes afecto por esos humanos.


En ese momento abrí los ojos, todos a mí alrededor estaban festejando mi regreso. Sofía sonreía, y el pueblo de Velusia libre de toda ilusión comenzó a prosperar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario