martes, 3 de septiembre de 2013

Noventa y uno [RE]

Noventa y uno [RE]
Capítulo I- El epitafio del terror

Los destellos resultaban opacos, y las escarpas derruidas daban pie a un vestíbulo revestido de lozanía y concurridos ríos de plata carmesí perfumados por bálsamos manchados de un hedor a sangre y vísceras. Los muros ofrecían la desazón de la impiedad,  adornados de signos rúnicos producto de una maldición que pretendía aferrarse y hacerse eterna. La techumbre carcomida y habitada por todo tipo de seres desprendía una soga de la que colgaba la asfixia de un ánima cuyo descanso era perturbado. Las maderas chirriaban,  y el graznido de un cuervo ofrecía una melodía que pretendía hacerse olvidar.

- Al fin, el gran prodigio. – Su voz resplandecía cierto orgullo y eco, matizado por la seguridad que le aportaba el báculo. Aunque la elevada altura y espesa barba de Derill imponía respeto, sus ojos grises se hundían en una esperanza que parecía atronadora y un porte consumido por la edad, pero no mermado en pericia. Es cierto que el ambiente era tétrico, pero eso no le impedía alcanzar a comprender la grandeza que el castillo de Rockville tuviese en otro tiempo. El gran mago Fondini descansaba en su lecho, y su despertar volvería a traer la imaginación a un mundo gris.

- ¿No me dirás qué aún crees que la resurrección es posible? – Por el contrario Rick era más joven e ingenuo, aquel lugar sólo podría ser producto de la imaginación de un perturbado, ¿a saber qué clase de psicópata habría estado allí? Tenía bastante miedo, aunque a su favor jugaban grandes dotes deductivas, y un alargado sombrero de copa que escondía mucho más que un conejo o un ramillete de flores, era locuaz su capacidad de dar explicación a cualquier sin sentido, por lo que para él la magia no era más que el arte de lo previsible, la forma más sencilla de mostrar el funcionamiento de la realidad como si de un mecanismo de poleas se tratase.

- El vademécum desveló la posición de las antiguas runas de la verdad. Pueden ser solo leyendas, pero estoy decidido a creer en la armonía de la inmortalidad. ¿No te emociona estar tan cerca de la verdad? Hace siglos que nuestra sociedad avanzó hacia la ilustración de la agonía, la inmensidad de las fuentes de conocimiento solo están a disposición de reinterpretar la realidad a fin de intereses diversos, pero hubo un tiempo dónde los sucesos no requerían de complicidad, la magia dominaba la antigua Rockville, y he aquí su frontera. Según las fuentes este castillo esconde un portal para la llegada a un mundo que abarca algo más allá de nuestra comprensión.

- […] Y para llegar a ese castillo necesitamos al gran Fondini. Observe detenidamente este lugar, es una ruina. Sospecho que lleva abandonado algo más de tiempo de lo que imaginemos, y sin embargo algo trágico tuvo que suceder recientemente. Las marcas de sangre en el suelo son recientes. Vamos Derill, algo ha estado aquí, y sospecho que aún lo está. Salgamos de aquí, y olvidemos todo esto. Es una locura.

- No digas tonterías, y demuestra que de esa vieja chistera tuya puede salir algo más que una maraña de pañuelos. Saca la sal, y comienza a grabar los signos rúnicos según lo acordado. – Empezó a entonar una especie de conjuro - Lumen de tenebris ad tenebras a mortuis, hábitat (la luz de la oscuridad a la oscuridad entre los muertos mora).

Una sacudida de tierra comenzó a asolar aquel lugar, fue seca y rápida. Una especie de plataforma circular que disponía de los símbolos rúnicos ascendió, emitiendo destellos cegadores, y tras una cortina de humo apareció, Fondini. Su aspecto no parecía humano, más bien no era quienes Derill y Rick recordaban. Sus ojos carecían de luz, su semblante era pálido, sin color y cubierto por una larga melena negra. Su figura estilizada sostenía sobre su mano un As de picas que al elevarlo hizo que todo aquel decrépito lugar luciera como antaño. El vestíbulo estaba adornado de increíbles pinturas murales, enormes tapices y tresillos de piel dispuestos en hileras frente a una enorme plataforma coronada con una mesa de cristal, en la cual él presidía. 

- ¿Qué es todo esto, Derill? Creo que acabo de sucumbir a tu mundo de paranoia. Creo, creo que hemos muerto. Piénsalo, nada de esto tiene una explicación racional. Nuestros cuerpos yacen tendidos sobre ríos de sangre en estas andrajosas ruinas, mientras nuestras ánimas quedan atrapadas en este maravilloso recuerdo de esplendor.

- Abre tu mente, ¿no crees que todo esto es real? A veces te cierras profundamente a contemplar el poder de la magia. La magia es el límite de lo racional, aquella golondrina que nacida en la realidad migra hacia un horizonte más obtuso, hacia la libertad que ofrece el sino del sinsentido.  A veces solo imaginamos lo que ya conocemos, y nos equivocamos. La imaginación va mucho más allá de nuestro propio potencial, hasta crear algo nuevo. Son como las manzanas que nos ofrecen el mundo vertido por la esfera gravitatoria de los deseos y la bombilla que da luz a la esperanza.

- Conmovedor discurso, pero, ¿eso evita que esté muerto? – respondió Rick de forma promiscua.

- Si estuvierais muertos, nada de esto podría ser real – de fondo se escuchaba la voz ronca de Fondini. Su eco se hacía presente por todo el entramado arquitectónico, y silenciaba cualquier duda que pudiese acaecer sobre su existencia- Derill y Rick, ¿así os hacéis llamar? Por favor, sentaros – hizo un gesto con la mano, y sus cuerpos se sintieron como livianos y transportados hacia los tresillos que formaban las gradas- Debo reconocer que de todos los inoportunos, he dado con dos pequeños magos que no saben discernir lo real de una pesadilla. Todo esto es una ilusión.

- Te lo dije, estamos muertos –susurró Rick. Estaba temblando, pero no de terror. Rick era una persona que rápidamente se dejaba llevar y manifestaba su ira. Lo que menos quería en ese momento era formar parte de un macabro mural. Pensaba que estaba muerto, y todo aquello era más que su subconsciente despidiéndose de su existencia.


- Por favor, mantén la compostura – le respondió Derill- ¿Qué es todo esto? – Mostró una pose desafiante. Hacía tiempo que no se veía contrariado, la última vez fue cuando Elisa lo dejó en evidencia. Era un sencillo truco de escapismo, pero algo había salido mal, desapareció del escenario y el apareció dentro de una cubierta de 200 cl de agua, del cual no hubiese podido salir si no fuese por sus habilidades innatas para forzar el acero.

- Hubo una masacre, un truco. Muchos perecieron.

- Parece que todos no – interrumpió Rick. Maldito psicópata, no pienso ser víctima de tu palabrería.  Abre los ojos Derill.

- Estáis viendo el truco final. Una proyección de mi subconsciente que fue grabado en esta pequeña caja momentos antes de la gran catástrofe. Rockville os ha presentado dos escenarios, la matanza, y su esplendoroso salón, pero realmente esto es una ruina. Hace lustros que el truco final fue desvelado, el colofón que acabó con mi existencia. Murieron muchos a manos de un asalto de un reino que ahora no aparece en los Annales. Antes de morir confié mi existencia al ojo de Osiris, y albergué el legado de la vida. Una grabación que permitiría a mi subconsciente seguir aquí. Soy el 7º cuervo de la desdicha, y esta es la caja. No puedo desvelaros el truco, ni el final, pero una vez la tengáis en vuestras manos desapareceré para no volver. No estaréis entonces ante una ilusión, sino ante una ruina. – Depósito la caja en Derill.

- Abramos la caja – susurró Rick.

Al abrirla una neblina empezó a rodearlo todo. Sintieron como sus cuerpos se hacían pesados, y sus ojos se veían presos de un inusitado descanso.

[…]

- ¿Dónde estamos? ¡Maldita sea! Sacadme de aquí. – Rick parecía nervioso, estaba entumecido y con un vendaje en los ojos. Su voz apenas se oía. Su cuerpo estaba dormido y no sentía más que el suave balanceo. Estaba siendo transportado, lo que lo enojaba más. A lo lejos podía escuchar una conversación.

- Esos pardillos se lo han creído todo.

- Sí el viejo truco de Fondini nunca falla.

- ¿Tenían algo de valor?

- A uno lo pasemos a cuchillo a noche, tenemos al otro para que cante.

- ¿Y ella? ¿Está bien?

- Está atada, junto al mago de pacotilla.

- No la perdáis de vista. Es la hija del último cuervo, puede resultar útil.

- Sabremos al fin dónde escondió el viejo buitre el botín.

- La quieren viva. John pagará una buena suma por la prisionera, y a nuestros clientes debemos tenerlos contentos.

No podía seguir escuchando. Habían pasado a Derill bajo cuchillo, y él sería el próximo. Realizó un sobreesfuerzo para poder ponerse rodar e intentar quitarse la venda de los ojos. Al hacerlo se vio magullado, entorpecido y con un rostro deplorable. Siempre había presumido de galantería y odiaba ir desaliñado, así que se consideraba inmerso en algo que trascendía sus pesadillas.

- ¿Quién eres? – pregunto una joven mullida. Estaba junto a él atada de pies y manos y con un saco en la cabeza.

- … - Rick estaba compungido.

- Me has despertado. Tengo hambre. Por favor, liberadme.

- ¿Esos hombres hablaban de ti? ¿Cómo te llamas?

- Tengo un cuchillo detrás de mis piernas,  libérate y quítame esto de la cabeza. Por favor.

- Jovencita es de mala educación no presentarse como es debido. – Con la boca logró alcanzar el cuchillo y desatarse, tras hacerlo liberó su rostro. A pesar de tener marcas de sangre en mejillas y pómulos, sus ojos grises y sus labios carnosos reflejaban viveza.

- Gracias, me llamo Carol. Mi padre era Nathan,  el último cuervo del apocalipsis. ¿Quién eres tú? –sus ojos se clavaron sobre su rostro velando a su salvador en silencio.

- Mi nombre es Rick. Derill y yo investigábamos misterios relacionados con la magia y artes arcanas. En uno de ellos fuimos presa de una estafa. Al despertar me encontraba aquí, atado y escuchando como Derill había muerto. Era un gran mago, aunque no muy docto en el análisis, quizás por eso acabó degollado. Siempre se lo decía, no confíes ni en tu propia sombra pues hasta ella tergiversa la realidad.

- Siento lo de Derill.

- ¿Por qué te tienen aquí retenida?

- Mi padre fue asesinado al poco de que yo naciera. Pertenecía a la orden de los cuervos del apocalipsis. Eran magos, ilusionistas, artistas… Personas cuyas vidas estaban destinadas a desvelar los misterios arcanos. Muchos hablan de la Atlántida, ellos eran conscientes de su existencia.

- ¿Me estás hablando de un mundo dónde la magia existe?

- De mucho más que todo eso. Te hablo del otro mundo. Pero yo no sé nada de eso, y me tienen retenida esperando respuestas de las que carezco. Si me liberas, puedo ayudarte a vengar a Derill.

Haciendo uso de su propio cuerpo, apastó los grilletes que la retenían.

- Tengo amigos en Roctown, Stirly y en Awer. Nos ayudarán a acceder al otro mundo.

-Salgamos de aquí. Le rodeó con sus brazos, y saltaron por la ventana, cayendo a un descampado. Fue una embestida rápida por la calzada que le valió una profunda herida en la pierna. Tendido en el suelo Rick no hizo más que implorar por su vida. Finalmente, cerraría los ojos.




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