domingo, 11 de agosto de 2013

Noventa y uno - Parte I

Noventa y uno
Desde que amanece en nuestra vida, hasta la puesta de sol ocurren cientos de cosas que no tienen explicación. Simplemente, eso. Nos lo dan todo por entendido, sin dar lugar a creer que lo que imaginamos pudiera ser real. Pues bien, así no empieza esta historia. Esta historia comienza con magia, pues el camino de la magia es y será siempre el camino del misterio. La mente humana es un prodigio, con simples gestos podemos abrir las páginas de un enorme libro de experiencias y virtudes.
Carolina es una chica algo retraída y cerrada, pero de buen corazón y muy sencilla. Sus grandes ojos castaños heredados de su madre, la cual falleció en el parto parecen esconder un prodigio. Ciertamente, en la villa de Cascabel todo está muy tranquilo, a pesar de ser bulliciosa, lo que hace que se sienta constreñida a una pequeña torre de marfil a la que llama casa. Sus vecinos la conocen como la chica del pelo lavanda, es inusual su color, incluso hay quienes piensan que posee cierto matiz foráneo, como sí no fuese de este mundo. Pronto descubrirá algo más allá de la realidad, la magia.
- ¿En qué estás pensando? – preguntó Carol. Así es como le gustaba que la llamasen, siempre curiosa y con una sonrisa al frente.
- El periódico esconde noticias que no salen a luz, pequeña. Si lo miro al trasluz, pensé que quizás podría ver algo. Pero parece que no, ¡oh! Espera, pequeña, ¿qué tienes bajo esa sonrisa? Mm… Déjame ver, mira. ¿No es una piruleta? A los niños os apasionan están cosas. Quédatela, te lo has ganado. – Respondió Francisco, un hombre con una larga barba, ojos negros y un sombrero de copa que abultaba sobre sus cabellos desenmarañados. Se dice que en otro tiempo fue un gran ilusionista, pero había caído en descrédito, y tan solo se dedicaba a marear con acertijos a aquellos quienes les acompañaban con una buena copa de vino.
- ¿Cómo has hecho eso? D-digo, ¿qué hace alguien como tú aquí? ¿Cómo te ganas la vida? – Preguntó sorprendida.
- ¿No crees que eres muy pequeña para preguntarme cosas así? Sólo soy un viejo borracho, pequeña. Tú algún día serás una gran emprendedora, quién sabe, algún día saldrás a York. Veo en tus ojos que tienes ambiciones, pero ya no me quedan más piruletas, pequeña. ¿Por qué no te pasas mañana por aquí?
- Eres muy divertido –sonríe- Volveré mañana, pero si me permite un pequeño detalle. No sé a quién esperas, pero no va a llegar. Se te nota la expresión de frustración, diría que tan solo intentas intimidarme mirándome de ese modo, pero es la forma en la que tienes que hacer tus trucos. El ángulo de visión no es perfecto, si tenemos en cuenta que tu mirada se queda sobre mis ojos, mientras dejas el periódico sobre la mesa sacas de él una piruleta. ¡Ah! Y no me llames pequeña, tengo diecisiete años –sonríe y se despide.
- Jájajaja – sonríe en voz ronca, mientras Carol se aleja de su campo de visión.

[…]
En ese instante la taberna de Folk se vio irrumpida por cuatro enmascarados ataviados con ropajes propios de un carnaval veneciano, su rostro cubierto, y una expectante actuación. Actuaban como ilusionistas, pero, ¿qué eran realmente?
- Francisco, Francisco… Te estábamos buscando, ¿lo sabías? Venga, no te hagas el sorprendido. Con nosotros, no. ¿Dónde está la runa del caos?
- Vamos, vamos, ¿de verdad creéis en historias? La magia no existe, todo lo que hice fue un truco, un engaño por así decirlo. ¿Qué creéis que es la magia? La magia tan solo es la incertidumbre de conocer el engaño. No actúo muy diferente a los políticos, eso hombres de traje y corbata que roban con trucos demagógicos y al final logran expectación.
- El Houdini de Nueva York, el Merlín de Londres, el Dynamo de Berlín. Tiene tantos apodos, has interpretado a tantos actores a lo largo de tu vida, ¿qué piensas qué tus palabras valen de algo? Somos los 4 cuervos del apocalipsis, y solo buscamos lo que nos pertenece por derecho, la runa del caos. Vamos, vamos, retírate del juego.
- Estaba leyendo vuestros prodigios en el periódico, cuando de repente me pregunté. Una nueva generación de prodigios ha comenzado, ¿estarán a la altura? Lo dudé por un instante, lo dudé bastante. Hasta que la conocí, y le marqué con la runa. Si pretendéis organizar un gran truco final hacedlo, pero lo que queda de magia en este mundo ahora tiene portadora, y sin duda, será una persona que asombrará el mundo. El gran truco final será desvelado, y vosotros estáis lejos de alcanzarlo, patanes.
- ¿Con qué una joven prodigio? No tardará en hacerse descubrir, y cuando lo haga. Ahí estaremos. Lamentablemente, hemos venido aquí a ofrecer una actuación. Caballeros, señoritas y pequeños, admiren el prodigio del cascabel. Cuándo haga sonar este pequeño cascabel que el caballero barbudo del sombrero de copa tiene en la muñeca, desaparecerá. Miren con expectación el chasquido de muñecas, y que comience el espectáculo.
Dentro del local una atmósfera de humo envolvió el ambiente, mientras hebras de papel plateado cubrían el techo. Parecía magia, pero tan solo se trato de un homicidio. Todos ellos desaparecieron, y tan solo quedó la cabeza de aquel hombre tendida sobre un charco de sangre. ¿Era su cabeza? Cuando el inspector Julián llegó a la escena del crimen, no encontró nada de valor, papel maché escarlata, y decenas de personas desorientadas imaginando que habían estado ante la escena de un sangriento crimen. Maldiciendo su estampa, regresó a la comisaría del distrito a solicitar abrir un expediente.
- Algo de esto no me cuadra, teniente. Solicito abrir un expediente.
- Relájese, cuénteme que ha visto – Respondió Juanjo- Creo que debemos estudiar los hechos, antes de derivar en conclusiones.


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