jueves, 4 de julio de 2013

Recuérdame I

Recuérdame. Capítulo I

Recuérdame. Fue mi última palabra, momentos antes de morir. Mientras mi vida desaparecía me sentía liviano, no había vida en mí. No es que pretenda escribir un melodrama, de hecho mi vida era de lo más normal, no destacaba casi en nada, hasta que la conocí. Conocí a Sofía, un ángel que me había permitido morir. Juré protegerla, y mírame ahora. Otra vez vuelvo a dar el espectáculo, mientras mis flujos tiznan los azulejos del aula y mis compañeros gritan, ella me tiene sobre sus hombros, y por primera vez me ha brindado la oportunidad de ver que tenía sentimientos. No para de enjuagarme la cara con lágrimas, y darme achuchones. ¿Por qué estoy consciente? Supongo que estoy inmerso en esa sensación que adquieres cuando estás a punto de dejar el mundo, no sé que me deparará después ni si alguien me recordará, lo que sé es…
[1 mes antes]
Todas las mañanas la misma tónica. Es como si me dieran cuerda para realizar exactamente las mismas acciones automatizadas siempre. Levantarme, sacar a cuco a pasear, desayunar, lavarme los dientes, y prepararme para toda una maratón en el instituto. Realmente no hay nada que me ate a todo esto, pero tampoco hay otra alternativa así que no me queda más remedio que optar por lo simple, lo de todos los días. ¡Ah! No me presenté. Soy Louis, y la verdad no esperéis encontrar en mí algo del otro mundo. Para mi madre soy el chico más guapo del barrio, para mis vecinos soy el chico de los recados, y para el resto de desconocidos sólo el chico del chucho. Para que os hagáis una idea, soy moreno, alto, ojos oscuros, y si algo me caracterizara sería mi despreocupación, lo que sumado a mi desorientación son dos factores que me grajean ciertos problemas. Odios los problemas, pero a veces parezco un imán para ellos. Tengo una aficción –si se le puede llamar así-, me gusta escribir todo lo que me ocurre en el día, como si fuese una especie de diario. Bueno, realmente esta es la primera página, pero es una proposición y pretendo acabarlo.
Decía que estaba inmerso en una monotonía deslumbrante, hasta ahí todo cierto. Pero certifico, que hoy lunes 24 de mayo de 1995 todo ha sido distinto. Vivo en Velusia una ciudad de la toscana italiana dónde la vida es un poco más lenta, e incluso en algunas ocasiones pienso que estoy dentro de una especie de cápsula temporal dónde el tiempo es imperecedero, y siento como todo fluye a mí alrededor. Es tranquilo, lo sé.  El hecho de no tener una vida tan acelerado como en las ciudades norteñas hace que prácticamente todos los del barrio nos conozcamos. Por lo general, muy pocas personas deciden venirse a vivir a un sitio así, dónde es como si aún estuviéramos en pleno siglo XIX sin tanto chisme electrónico, e incluso los automóviles que circulan son los primeros, habiendo la presencia de algún carro o caballos. Pero hoy ocurrió al diferente y este es el motivo que decidí escribir este diario. Hoy he conocido a un ángel.
- Louis, otra vez llegas tarde a clase. – Era Claire. Una chica de ojos color cian y pelo gris hecho trenzas. Era la delegada del aula, y verificaba continuamente cualquier retraso, por lo que me conocía bastante bien.
- Lo siento, ha sido un error. No volverá a pasar. – Siempre se me ocurren excusas perfectas en las que conjugar modalidades de tiempo para salir airoso.
- Ven aquí, mira lo que he traído. Con tu permiso, Claire, me lo llevo. – Este era Giuliano. Una especie de don Juan para las mujeres, y un excelente amigo. El problema era que el imán que me llevaba a problemas era siempre él.
- Giuliano, no, ahora no. Cuando llegué la hora del almuerzo. – Claire.
- Buenos días a todos, soy el profesor Giovanni. Os presentaré a una compañera nueva, Sofía. Por favor Sofía, podrías presentarte antes tus compañeros. – Era una chica de estatura media, rubia, ojos verdes y tez pálida. Hermosa, no parecía humana.-
- Buenos días, soy Sofía. Mi familia estacionó por un tiempo en Velusia, y compartiré aula con ustedes. Gracias.
- Bien. Cómo dije soy el profesor Giovanni e impartiré la docencia en el Aula 14-B durante el presente semestre. Claire se encargará de daros el programa que abordaremos durante este período. Mañana comenzaremos las clases, que tengan un buen día.
Cuando cerró la puerta, Claire se presentó ante el pódium del profesorado para hablar sobre las materias que abarcaremos en el semestre, cuando el aula tornó a una especie de tonalidad negativa, y una especie de sombra se proyectó de forma fugaz sobre Claire. Logró dominarla hasta el hecho de poseerla y esgrimiendo una sonrisa simiesca paralizó el tiempo y transportó a los que quedaban en el aula a una especie de dimensión de pesadilla. Lejos de alterarme, estaba flipando. Hice recuento, y estábamos Claire –poseída o no, cuenta-, Giuliano, Romeo, Julieta, Marcello y la nueva, Sofía. Bonito panorama para perderse. Era tétrico, siniestro y decadente. La sombra abandonó el cuerpo de Claire que cayó exhausto, y se figuró en una especie de demonio.
- Al fin, Sofía. Al fin quedaste bajo mis dominios. –Su voz redundaba cierto eco, considerable.
- ¿Dónde estamos, Palantir?
- En el mundo de las pesadillas. Es un juego de supervivencia, sólo quién sobreviva quedará libre del yugo y tendrá la posibilidad de pedir un deseo. Un deseo a consta de la sangre de vuestros compañeros. Sólo podréis salir de este mundo con la muerte de uno de vosotros, y cada día, tras cada clase, volveréis a estar inmensos en el mundo de las pesadillas. Vuestros cuerpos ahora mismo están tendidos en el aula, solo viaja vuestra alma. Pero sí morís aquí, también moriréis en vuestro mundo.
Sofía se transformó en un ente alado, difícil de definir debido al brillo que emitía y disipó aquella cortina de oscuridad, sacando una a una cada alma hasta la realidad. Logró sacarnos ilesos, sin necesidad de ninguna muerte. En ese momento barajemos la situación, y decidimos formar el comando antitinieblas.
Sé que es una locura pero parece que al fin mi vida empieza a palpitar de la emoción.

Continuará…

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