domingo, 19 de mayo de 2013

¿Por qué escribimos?


¿Por qué escribimos?

Es algo que siempre me he preguntado. Claro, a simple vista pudiera parecer una cuestión idiota. En cierto modo lo es. Leer es una práctica asentada en nuestro diario para todo tipo de actividades. Lo realizamos de forma continuada, pero en el sentido mecanicista de la monotonía, de nuestras actividades diarias.

Nada más levantarme veo letras que me indican el tiempo y la hora, impresiones que me indican los contenidos de un determinado producto o la marca sui generis de las verdaderas estructuras contemporáneas de poder. Al salir el subconsciente se activa a modo de una locomotora de letras que empiezan a concebir como los sentidos configuran al mundo, en este punto existen varias claves:

a. La vista. ¿Cómo miramos a quienes nos rodean? ¿Cómo apreciamos la belleza del paisaje, de la atmósfera cotidiana? Hay distintos modos de ver, y todos ellos dependen de nuestro estado anímico. Los ojos son el espejo del alma, sea cual sea tu problema puedes disimular el sufrimiento que tus ojos no son capaces de ocultar. Por así decirlo, es el aspecto más sincero de nosotros. Son el libro que te permite conocer a quienes te rodean.

b. El oído. ¿Escuchamos u oímos? Pueden parecer cosas diferentes, pero todo está relacionado con una mecánica. Oír lo hacemos continuamente, incluso en el más absoluto de los silencios existen sonidos que pasamos desapercibidos. Escuchar implica atención, interés, un fin concreto… Podemos desapercibir el canto de un pájaro por la mañana pues lo oímos y nuestra capacidad motora al ser algo cotidiano lo suprime, y podemos escuchar el canto rodado de una moneda al caer al suelo, es algo por lo cual tendemos a mostrar un fin. Si escuchamos con el oído llegan a nosotros palabras que requieren de ser plasmadas en el libro imaginario que la vista nos proporciona.

c. El gusto. Siempre estará la eterna división entre el bien y el mal, las personas con buen gusto y las que a nuestra percepción carecen de ello. Las modas, los estilos, las aficiones y la comida dependen del gusto. El gusto es el estilo, nuestra ideología mediante la cual adaptamos un patrón propio de comprender la vida y actuar en consecuencia. El gusto sería el estilo que marcaría el libro en una tendencia u otra.

d. El tacto. Los gestos nos delatan. Expresiones de aburrimiento, frustración, felicidad, sentimientos como el amor… Los saludos, las pautas de comportamiento. ¿Sólo actuamos? La diferencia entre un aprendo de manos equipara relaciones de poder entre jerarquías de mismo o distinto rango. No es lo mismo poner la mano encima del hombro indicando superioridad, que ponerla sobre el hombre mostrando un plano de igualdad. El tacto es aquello que nos transmite sensaciones, que crea los personajes de una historia aún por escribir en el libro que planteamos.

e. El olfato. Los olores son siempre un aliciente, cada uno con su impronta personal. Son la esencia que nos acompaña, y confunde al resto de nuestros sentidos al dibujarnos lo desvirtuado mediante el matiz de la perfección. Sería como la intriga, los sentimientos de estos protagonistas que conforman una historia, nuestra realidad, las máscaras del prodigio.

¿Por qué escribimos? Supongo que existe algo más allá de nuestra realidad. No todo es lo que apreciamos con los cinco sentidos. Actuamos en consecuencia de lo que queremos transmitir, somos egoístas y creemos que el mundo debe estar adaptado a nuestros caprichos particulares. El mundo es como es y no se puede alterar, pero sí que puedes crear tu propio mundo. ¿Cómo? Escribiendo. 

Alegoría de los sentidos. Rubens.

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