jueves, 9 de mayo de 2013

Fantasía de color


Fantasía de color

Otra vez es igual. El silencio reina en el ímpetu de una ciudad que clama su despertar, pero se duerme en la letanía de la noche. Si se pudiera congelar el viento, aquello sería el averno impetuoso de la decadencia. Como de costumbre las piedras rechinan sonidos inquietantes, rebeldes, que desfiguran el sentido prioritario del quisquilloso. Con un sombrero de pico plateado y decorado con la esbelta medalla de la gallardía acudía el viejo guardia a la ristra de amotinados. Uno a uno, iban pasando, en silencio, sin despertar a la noche. Grises, todos eran grises. Sólo los blancos controlaban lo que los negros manipulaban.

Un morado despertó, y un rojo asomó. Un verde observó lo que un amarillo disimuló. Los colores estaban prohibidos, todos debían asumir la conciencia gris que los negros promovían, y los blancos deseaban. El morado llamó al rojo para revelar su identidad, pretendían ser grises que desvelaran al verde y al amarillo. En teoría convergieron, más en apariencia discreparon. Uno a uno denigraban al opositor, volviéndose grises a cada palabra que arremetían. El amarillo y el verde oprimidos se unieron contra la gran masa gris, poco a poco decidieron participar de ella para lograr sus propósitos. Poco a poco perdieron su apariencia.

Otra vez es igual, los sólidos gigantes duermen en letargo, puesto que rojo, morado, amarillo y verde, todos acabaron volviéndose grises. 


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