jueves, 9 de mayo de 2013

Cartas desconocidas - 2031


Cartas desconocidas - 2031

- ¿Qué escribiste? – Sus oscuros ojos se clavaban sobre la tez delicada de su esposa. Era bastante mayor, por lo que el equilibrio era inestable y su voz ronca. Era cómo sí de un momento a otro fuese a quedarse afónico, y expirar.
- ¿Recuerdas cómo nos conocimos? Escribíamos constantemente notas para superar los obstáculos que considerábamos como un árbol tedioso en la cruz de la vida, pero hubo algo que nunca me atreví a entregarte, y ahora lo sabes.
- Mis brazos son ramificaciones de lo que fueron antaño. Recuerdo aquella máquina de escribir, una Olivetti 4500. Tenía un mundo por imaginar, y un corazón henchido de oportunidades. Mis manos tecleaban al ritmo del tac, y mis palabras fluían sobre un río purpura. Escribía sin sentido, sólo admiraba el placer de lo creado. Muchas veces eran cosas absurdas, carente de significado. Tú fuiste su perceptora. Cómo el artesano manipula la arcilla hasta crear algo muy próximo al arte, tú manipulabas mis sentidos. Todo comenzó cuando por error diste con uno de mis escritos, y mantuviste mi mundo en vilo.
- La primera impresión que tuve es que eras idiota. Lo suficientemente idiota como para escribir algo así. Las palabras eran sentidos que me hacían sonreír como una niña tonta. Dolía sentirse gris, y ver como el tiempo se aceleraba a cada impulso de tus palabras.
- Fuiste muy inoportuna. Pero confiabas en mí, sabías que podía lograrlo.
- El detalle en el tarro de mermelada, las notas detrás de cada recoveco, las cartas desconocidas… Era todo muy extraño, y tan delirante que pensaba que nada de aquello era real. Eras cómo el fantasma, que nunca está, pero siempre se percibe su presencia.
- El espejo sólo muestra una única realidad, lamentablemente las páginas de nuestra vida no nos corresponde a nosotros escribirlas. Sólo seguimos el guión que los impulsos nos dictan sin tender los brazos a la razón.
- A mi me parecías muy razonador… Eras muy quisquilloso, quizás escrupuloso. Todo lo tenías planeado hasta el mínimo detalle. La bicicleta, el sonido de las gotas de rocío al pasar, las fotos en blanco y negro… Todo me recordaba a ti. Hiciste lo imposible por mantener la llama, a pesar del muro que había entre nosotros. Te declaraste en una obra de ficción, parecías un ángel entre la espesura de la penumbra.
- Nunca se me dio bien expresarme más allá de lo que las posibilidades marcan. Habías triunfado, y sólo quería impresionarte, Nathalie. Sabía que eras el amor de mi vida.
- Recuerdo cómo eras en nuestras noches en aquella cabaña. Recuerdo cómo eras cuando volví a verte tras aquella repentina carta. Mike.
- Esa carta fue tu contestación, la que jamás llegó a mí. Hasta ahora. Después de tantos años, ¿por qué ahora? ¿A qué juegas?
- Pensaba dártela al llegar, pero cuando te vi rompiste mis esquemas. Si te la hubiese dado, jamás hubiésemos estado juntos. Sé que no lo vas a comprender, pero si lo intentarás, todo sería más fácil.

Continuará…

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