domingo, 26 de mayo de 2013

Destino

Destino

Siempre una rosa marchita sobre el pedestal.
En ella deposito la virtud de un tiempo pasado,
Siempre fue pasado, nunca deja de actuar,
Nunca cesa en su actitud de lacayo.
Ojos verdes, fieros, intensos, lúgubres.
Labios tétricos, suaves, virtuosos.
Espíritu sereno, remanso de poesía en cauces,
Secreto sutil cuya dulzura corono.
¿Cómo hablar de los hilos de pandora?
Si en tu rostro se dibujan rosas.
¿Cómo expresar una sonrisa con amor?
Si tus lágrimas generan tempestad en la mar.
El presente es ya el porvenir y olvido,
Nada nos impide adelantarnos al futuro.
La elección que siempre fingimos.
El destino que con palabras trunco.







sábado, 25 de mayo de 2013

Recuerdos de papel II

Recuerdos de papel II

¿Por qué me torturo de tal forma? Según Napoleón lo imposible es el fantasma de los tímidos, y el refugio de los cobardes. Pero siempre que pasa delante de mí, no puedo evitar sonrojarme. Fue tan especial. Yo no soy nada del otro mundo, sólo una chica en un mundo de hombres, y a veces no comprendo cómo funciona bien este estúpido mecanismo al que llamáis mundo. Soy más bien bajita, pelo castaño pero suelo llevarlo tintado de rojo así que muchos me comparan con un cerezo. Mis ojos son oscuros y según dicen parecen albergar incertidumbre. Aunque soy algo reservada, suelo ser un libro abierto a cualquier expositor que se precie, y me encanta manipular todo tipo de papeles. Mi nombre es…. más conocida como la intérprete o la madre de las golondrinas de papel.

Si vuelvo mi mirada hacia el pasado empiezo, recuerdo como lucía aquel vestido de seda que me cubría hasta los tobillos y una especie de máscara. Representaba una especie de cisne fantasma que sobre la tarima atormentaba al estúpido Hamlet por hacer que sus celos me llevaran a un mundo de ultratumba. Cuando salgo al escenario me impulso por inercia, dejo que mi cuerpo se balancee ante la música de fondo y con genuino espasmo comienzo a emitir vocablos que brotan de mi boca, brota de mí la pasión que es capaz de hacerme evadir. Ese día fue diferente, vi como me miraba. Sus profundos ojos entre castaños y dorados no dejaban de perfilarme la figura, parecía una cámara que pretendía captar cada uno de mis movimientos y a la vez la pócima que lograría tenerme enteramente para él. No sólo eran sus ojos, tenía un cabello negro azabache y salvaje, una expresión inocente, e iba ataviado con un elegante chaleco verde adornado con una corbata carmesí.

Al finalizar la obra casi me desmayo, estaba exhausta. Mientras sobreactuaba no podía evitar que mis ojos se fueran a aquella enigmática figura. Me sentía atraída, pero ya sabéis como somos las chicas, me hice la fuerte pensando en que no intercambiaríamos palabras, más bien podría haber sido como un vago recuerdo pasajero. Solo un observador, mono, sí, pero no más que eso.  Me equivoqué. Una vez me cambié de ropa y posé con un vestido de estampillaciones florales bastante largo y unas sandalias, allí estaba en la puerta. No entendía muy bien lo que me decía, solo asentía mientras me acompañaba a la puerta del apartamento. Comenzaba a anochecer, estaba sola, le invité a pasar. La bodega estaba vacía, así que le pedí que se acomodara entre los tresillos. En la cocina quedaba una vieja botella de whisky de cuando mi padre se pasaba largas noches en vela escribiendo… Pasé al salón y le ofrecí una copa. Larga y tendida, parecía hacerse las horas eternas… Le hablaba de mis inquietudes, mis desventuras, pero lo único que deseaba era probar sus labios. No hubo que insistir con otra historia, cuando me puso dos dedos sobre los labios, me acarició la cabellera, y frente a mí comenzó a besarme. Todas mis creaciones de papel parecían volar en mi imaginación, sabía cómo besar y estaba empezando a sentir como el corazón iba como una locomotora de carbón ilimitado.

Fue una sensación frenética, desesperada… Me aferré a su pecho, mientras sus manos deshacían el escote en cuestión de segundos. Una fría sensación me recorría la espalda mientras nuestros sentimientos afloraban y se sumergían en un crepúsculo de fuego y placer. Mientras besaba mi cuello comencé a sentir como menguaba, me rodeó con sus brazos y pasé a ser la verdugo que sentenciaría su suerte hasta invocar a los mismos dioses el placer que clamaba. Cuando quedó exhausto, lo rendí en el sofá con un beso lento, meticuloso y apasionado que pugnaba contra el mismo tiempo y parecía hacerse eterno, mis brazos sobre su cuello, la entrega estaba siendo total. Al finalizar me sonrío y se quedó dormido.

No podía dormir, tras aquello. Tenía una sensación muy placentera que difícilmente me conciliaría el sueño. Me puse un camisón, y me recosté sobre su regazo, mientras con un papel empecé a realizar encajes, no sabía bien que forma estaba logrando. Cuando desperté tenía sobre mis manos un cisne de papel y sobre mis labios un beso de despedida. Desde entonces siempre que nos encontramos nuestras miradas son efusivas, y una amplia sonrisa se nos dibuja en el rostro.



miércoles, 22 de mayo de 2013

Un ladrón de guante negro


Un ladrón de guante negro

Todo parece despejado. La gente ignora lo que ocurre alrededor, se obsesionan con los aparatos electrónicos hasta el punto de vivir una realidad cuasi virtual. Mientras observo a la chica del vestido violeta y labios carmesí, que casualmente está leyendo la gaceta del revés, me fijo en la perturberante mansión. Desde el metro no logro alcanzar la cúspide de aquel portento. ¿Debería ser mi objetivo? Pero, esa chica sería un problema, no para de mirarme. Seguramente me seguirá. Me agacho para atarme los cordones y dar un respiro a su intransigencia. Mientras se gira, el metro ha llegado a la estación de folk, momento que aprovecho para bajarme y perderla de vista. ¡Ya estoy en tierra! Bueno, más bien parecen piedras apiladas sobre un conjunto de argamasa, ¡qué diablos! He acabado en un maldito camino de cabras. Pero voy a conseguirlo. Si mal no recuerdo la mansión estaba un poco más abajo de estas manzanas, cerca de la comisaría y al lado de una panadería.

Llego a la plaza de armas de una pieza, pues las calles parecen estercoleros. Supongo que habrá una especie de huelga de basuras, me niego a creer que el hedor proveniente de esas calles albergue vida en su interior. Vaya, ¿qué es eso? Es un chico que está llorando. No es mi problema, pero no puedo evitarlo. Le pregunto y me habla de un gato sobre un árbol. Toca trepar. Al bajar como recompensa me llevo un arañazo. ¡Qué chico tan problemático! Le sonrío, es hora de seguir mi camino. Noto algo, como si estuviera vibrándome las tripas. No llevo el móvil encima. Ahora no son las tripas, huelo algo. Huele maravilloso. Ay, Dios, ¡qué hambre tengo! Ahora vuelo… Esos panecillos están riquísimos… Decidido, voy a entrar en la panadería. Además, ya casi he llegado a la mansión, puedo tomarme un respiro. La puerta está entreabierta, tras una especie de caverna que parece conducir a un búnker al fin llego a una hilera de cortinas. La mujer que ostenta el local me produce escalofríos. Mueve las muñecas como si fuese a atraer una escoba, no me extrañaría que saliera volando con una escoba, vaya antro. Vista la primera impresión suelto unos cuantos peniques y me transformo en una ansiosa bestia que en segundos ha saciado el hambre. Ahora sin impedimentos, todo recto, hacia la mansión.

¿Qué habrá dentro de la mansión? Quizás espíritus, porque lo que es la cancela parece que le hubiesen dado sepultura. Seguramente sería el circo de las ánimas malditas, pero la nota indicaba que esa era la mansión, cosa que ya había tenido el honor de comprobar en el metro. Pero es como toda buena pintura, a cierta distancia se manifiesta el arte, pero en su proximidad solo aprecias manchones de tinta en direcciones muy dispares. El siguiente paso es adentrarme en sus dominios, sorteo fácilmente las estatuas en forma de payaso, parece como si no tuviesen ojos o si sus ojos reclamaran mi alma. No es una buena sensación, a lo lejos veo una estilizada y enroscada escalera de mármol. La decoración es exquisita, sin duda. La puerta principal se encuentra brindada, así que poso mis guantes sobre un cristal que se desploma al más leve contacto. Parece no haber moros en la costa, así que, ¡adentro!

A juzgar por su interior, aquí no reside nadie. Creo que realizo un chasquido con los dedos, y a-a-aaachís… ¡Cuánto polvo, mamma mía! Miro mi nota, en el reverso pone que tengo que llegar hasta una especie de salón. ¿Será una mansión fantasma? Creo que empiezo a temer por lo que puede depararme, me meto en estos líos yo solito. Paso por un pasillo repleto de cuadros y bustos de gente que desconozco, y que se desploman a cada paso. Al final un amplio cuadro en el que aparece lo que podría ser una baronesa me mira fijamente, creo que no le caigo bien a la señora del cuadro. Las lámparas empiezan a bailar, me encantaría entonar un vals, pero tengo un trabajo que cumplir. Las ignoro completamente y llego a una especie de habitación centrada en la práctica de esgrima. Dos peleles con una espada, uno empieza a moverse. Ante nosotros, tenemos al Zorro. Empiezo a vitorearlo, momento en el que sale huyendo en dirección hacia la última habitación. Al fin el salón. Al entrar todas las luces estaban apagadas, no se veía nada. Alguien entre sabanas empieza a intentar ahuyentarme. La primera reacción fue lanzarme hacia aquellas sabanas.

En el suelo, tendida estaba aquella chica de labios carmesí. Ahora no llevaba un vestido violeta, sino un elegante vestido de gasa moldeada y amplios tirantes color ocre. Me arrebató la nota de las manos, e incidió en que ella era el remitente. Sólo había ido en busca de las perlas que Davy Jones robó tiempo atrás, pero ahora había una nueva perla que raptar. O eso creía. En un segundo me puso una fría navaja en el cuello, mientras con saña y extremado cuidado le arrebaté sus perlas. La situación era complicada, de espaldas a la pared y con las manos atadas, nada bueno podría ocurrir. Ni una mirada amenazante podría evitar que dejara el botín a dónde pertenecía. Con las manos maniatadas, me pongo de pie y planto cara al destino. De un salto que doy tomo trinchera y quedo postrado ante la mesa. La cubertería salió disparada como si de la metralla de un cañón se tratara. Giro, ruedo, y doy un porrazo contra el suelo, al primer sablazo levanto las manos y quedo liberado. Uno a uno, cara a cara, al fin. Es una situación tan absurda como violenta. Con las manos sobre la cabeza grito clemencia, mientras tiendo las perlas sobre la mesa. Parece tranquilizarse, pero de repente empieza a llorar.

Esta chica es bipolar, Houston, ¿hemos llegado a la Luna? Saco un pañuelo y seco sus lágrimas. Menuda infamia, estaba a punto de cometer una locura. Supongo que me pudo el instinto humano. Ahora sus mejillas están más sonrojadas que antes, y me fijo en sus ojos color caoba. Son fascinantes, y algo ocultan. En su bolso sale a la luz un papel que deja entrever que pertenece al gremio de ladrones. Increíble, me ha arrebatado el botín y reclama atención. ¿Será algún tipo de estratagema? Hago como si mi cuerpo estuviese resentido y dejo aflorar sus instintos maternales. Ella no se ha dado cuenta que he descubierto qué es, puedo sacar tajada de esta situación. Se echa sobre mí, y aprovecho para subir como un escalofrío por su espalda hasta dar con la cremallera. Deja sus cabellos caer, y tienta su suerte besándome. Mientras doy fe del camino que recorren sus labios, mis hábiles manos la despojan de las perlas, y para que no sienta la presión como una sombra persistente apreté los descosidos pantalones y sobre su abertura coloqué las perlas. Con un inmaculado rostro de complicidad cesé sus ansias de descubrir, me puse el jersey y la felicité por haber sido capaz de descubrirme. Con un beso en el aire, me marché…

Volviendo al tren saqué las perlas. Eran falsas, esa chica me hizo creer que las tenía puestas. En cada una de ellas había una palabra… ¿Sería una despedida? 


Recuerdos de papel


Recuerdos del papel

Recuerdo aquella sonrisa oculta entre las más deformes y extravagantes figuras de papel. La papiroflexia era algo que siempre se le había dado bien, era el arte manual de crear vida con sus manos. Manipulaba cada materia con el propósito de obviar el tiempo. Nadie la podía molestar. Sus ojos color lavanda, sus cabellos de un castaño dorado y sus mejillas sonrosadas se ocultaban entre una marabunta de papeles cada vez que pasaba. Siempre que la saludaba miraba aquel cisne pensando en que me arrebataría la vida. Mi corazón no cesaba en palpitar, mientras sus ojos desprendían lagrimas. Ambos recordábamos, y ninguno éramos capaces de dar el paso.

Nunca he sido muy detallista, incluso no escatimo muchas palabras si es necesario. Sólo recuerdo una y otra vez como la conocí. Fue tan rápido e inusual. Tengo una especie de agenda dónde anoto las cosas ingeniosas que escucho durante el día, no sé para qué. Supongo que fue a partir de que me regalaron aquella dichosa agenda. ¿Qué iría a escribir? Entonces sólo anotaba cosas sin sentido, palabras que de un momento a otro se podrían convertir en hechos. A veces podemos poner en práctica lo que nuestro personaje hace pues no es más que nuestra adaptación en un mundo ficticio. Así fue como la conocí.

Camino al teatro con sombrero, un chaleco verde y una pomposa corbata carmesí estaba decidido a ampliar mis miras al mundo de la representación escenográfica. Esa tarde representaban “el cisne de Hamlet” una extraña comedia bailada a modo de salón dónde el amor y los celos se darían cita. El teatro era un poco viejo, y las gradas no podían ostentar más que una austera parafernalia escénica, aún así la calidad de los actores era excelente. La obra finalizó con la caída del cisne, una bella bailarina totalmente cubierta de seda que tan solo dejaba entrever unos preciosos ojos color lavanda. Me quedé sentado a la espera de poder intercambiar palabras con la actriz que había dado vida a tal prodigio.

Cuando el taquillero instó en mi salida allí estaba ella, despampanante. Un cabello castaño dorado, una tez blanquecina y sonrojada, y sus ojos. Mis palabras de halago comenzaron a brotar de unos labios impactados por lo que la visión les transmitía. Transmitían fuego, pasión, un flechazo que ni el mismo Cupido podría evitar. La tomé de la mano, y la acompañé hasta la calle Holmes, dónde tenía un apartamento bastante pomposo. La decoración de escayola modernista y la tonalidad lila y blanco de su techumbre hacía pensar que era una mansión de cuento. Estaba sola, así que me invitó a pasar. No podía rechazar aquella oferta, me sentía inducido a acompañarla, a besarla, y no dejar que aquellos labios color piel de oliva desaparecieran de mi mente, difuminaran algo deformado. Sentado en el salón sobre un tresillo de piel contemplé como mil criaturas poblaban su habitación. Todas ellas hechas de papel, pero conformando un mundo mágico que a cada segundo parecía tomar vida. Cuando se acercó a ofrecerme un trago de whisky todo aquello desapareció de mi mente, y volví a centrarme en ella, en su esbelta figura que cada vez estaba más cercana a mí. Nunca había probado algo tan fuerte como aquella copa, y comprendí que debía sentirse frustrada. Había invitado a un desconocido en su hogar, y el hedor del whisky contrarrestaba el chanel que lucía en aquella ocasión.

Me hablaba de su vida, sus desventuras, y sus pasiones. Era una gran bailarina y actriz sin duda. Pero ante todo anhelaba crear un cisne de papel fruto de la pasión. Sus palabras conforme iban pasando los minutos se volvían cada vez más pesadas… No sabía cómo escapar de aquella situación, así que opté por la vía más rápida, la besé. Sus labios eran dulces, y estaba empezando a excitarme. No pudimos cesar. El juego había comenzado, y el resultado estaba por llegar. Aquella sensación fue frenética, desesperada y tan cálida que acabemos perdiendo la noción entre la fricción de nuestros cuerpos. Posando la mirada sobre la curva superior de su escote, la deshice y besé su cuello. Compartimos miradas entre sorpresa y admiración en una extraña mezcla de sentimientos desconocidos movidos entre sañas de flujos y muy probablemente por las hormonas. No hubo recoveco de su cuerpo que no pudiera explorar esa noche, pues el escondite había finalizado y ahora le tocaba a ella buscar. Cogió mi dedo y lo apretó en un intento de encontrar en mí desconocidos instintos paternos… Un frío comenzó a recorrer mi espalda con sus caricias, poco a poco sentí como mis sentidos menguaban. La rodeé con mis brazos y noté como el corazón se hundía en su pecho. Tras la última exhalación entré en sus dominios, y pasé de verdugo a simplemente humano. Perdí las riendas, el control del dominio. Ambos extenuados hasta nuestras últimas consecuencias quedemos rendidos sobre aquel tresillo de piel que ahora albergaba una historia.

A la mañana siguiente sus delicadas manos parecían un pincel que esgrimía contra el papel. Logró la inspiración para crear un cisne, símbolo de nuestros recuerdos de papel. Ambos sabíamos que aquello jamás volvería a ocurrir. Sin embargo, nuestros corazones siempre quedaron unidos, y cada vez que nos vemos no podemos evitar sentir cierta parálisis y dibujar una amplia sonrisa.


domingo, 19 de mayo de 2013

¿Por qué escribimos?


¿Por qué escribimos?

Es algo que siempre me he preguntado. Claro, a simple vista pudiera parecer una cuestión idiota. En cierto modo lo es. Leer es una práctica asentada en nuestro diario para todo tipo de actividades. Lo realizamos de forma continuada, pero en el sentido mecanicista de la monotonía, de nuestras actividades diarias.

Nada más levantarme veo letras que me indican el tiempo y la hora, impresiones que me indican los contenidos de un determinado producto o la marca sui generis de las verdaderas estructuras contemporáneas de poder. Al salir el subconsciente se activa a modo de una locomotora de letras que empiezan a concebir como los sentidos configuran al mundo, en este punto existen varias claves:

a. La vista. ¿Cómo miramos a quienes nos rodean? ¿Cómo apreciamos la belleza del paisaje, de la atmósfera cotidiana? Hay distintos modos de ver, y todos ellos dependen de nuestro estado anímico. Los ojos son el espejo del alma, sea cual sea tu problema puedes disimular el sufrimiento que tus ojos no son capaces de ocultar. Por así decirlo, es el aspecto más sincero de nosotros. Son el libro que te permite conocer a quienes te rodean.

b. El oído. ¿Escuchamos u oímos? Pueden parecer cosas diferentes, pero todo está relacionado con una mecánica. Oír lo hacemos continuamente, incluso en el más absoluto de los silencios existen sonidos que pasamos desapercibidos. Escuchar implica atención, interés, un fin concreto… Podemos desapercibir el canto de un pájaro por la mañana pues lo oímos y nuestra capacidad motora al ser algo cotidiano lo suprime, y podemos escuchar el canto rodado de una moneda al caer al suelo, es algo por lo cual tendemos a mostrar un fin. Si escuchamos con el oído llegan a nosotros palabras que requieren de ser plasmadas en el libro imaginario que la vista nos proporciona.

c. El gusto. Siempre estará la eterna división entre el bien y el mal, las personas con buen gusto y las que a nuestra percepción carecen de ello. Las modas, los estilos, las aficiones y la comida dependen del gusto. El gusto es el estilo, nuestra ideología mediante la cual adaptamos un patrón propio de comprender la vida y actuar en consecuencia. El gusto sería el estilo que marcaría el libro en una tendencia u otra.

d. El tacto. Los gestos nos delatan. Expresiones de aburrimiento, frustración, felicidad, sentimientos como el amor… Los saludos, las pautas de comportamiento. ¿Sólo actuamos? La diferencia entre un aprendo de manos equipara relaciones de poder entre jerarquías de mismo o distinto rango. No es lo mismo poner la mano encima del hombro indicando superioridad, que ponerla sobre el hombre mostrando un plano de igualdad. El tacto es aquello que nos transmite sensaciones, que crea los personajes de una historia aún por escribir en el libro que planteamos.

e. El olfato. Los olores son siempre un aliciente, cada uno con su impronta personal. Son la esencia que nos acompaña, y confunde al resto de nuestros sentidos al dibujarnos lo desvirtuado mediante el matiz de la perfección. Sería como la intriga, los sentimientos de estos protagonistas que conforman una historia, nuestra realidad, las máscaras del prodigio.

¿Por qué escribimos? Supongo que existe algo más allá de nuestra realidad. No todo es lo que apreciamos con los cinco sentidos. Actuamos en consecuencia de lo que queremos transmitir, somos egoístas y creemos que el mundo debe estar adaptado a nuestros caprichos particulares. El mundo es como es y no se puede alterar, pero sí que puedes crear tu propio mundo. ¿Cómo? Escribiendo. 

Alegoría de los sentidos. Rubens.

sábado, 18 de mayo de 2013

Da Vinci's Demons


Da Vinci's Demons

La fuente de la memoria, aquello que la humanidad inventó y resguardo en el libro de las hojas. El ahorcado será el inicio para adquirir una vida nueva, una vida que tan solo un genio como Da Vinci descubrirá como nexo de unión entre los antiguos sabios de mitra. Reflejos, audacia y progreso son las claves del misterio que entrama Florencia, dónde la pugna del papado por controlar el territorio italiano y proyectar sus intereses se hará patente.


Da Vincis Demons es una serie estadounidense emitida en este 2013 producida por la BBC y con un reparto bastante sugerente destacando figuras como Tom Riley o Elliot Levey. Intenta plasmar desde el primer compás un ambiente cortesano de magia, intriga e ingenio en la que lidian los confines de la propia realidad y tiempo del Renacimiento, estipulando en el erotismo y la violencia.

Su primer episodio ha sido notable aunque de planteamiento arriesgado debido a la voracidad con la que se está manipulando la figura, y el impacto que puede resultar a un público menos abierto de concebir la violencia y los actos ilícitos que la historia tiende a tergiversar a interés de la mesura o moderación. Las intrigas de poder, la pasión, el despotismo y el ingenio se darán cita a partir del asesinato del duque de Milán.

Tráiler:


“Tienes un don Leo. Por ese motivo la gente tratará de destruirte.”

+ Ambientación renacentista.
+ Intriga política.
+ Atmosfera envolvente dentro del universo de un genio.
+ Actores con carisma.


domingo, 12 de mayo de 2013

Ruth I


Ruth I

En la fría madrugada del sábado Alex se disponía a preparar sus enceres como cualquier otro día. Ese día tenía una motivación especial, pues podría ver con sus propios ojos una exposición del rey Arturo y la mítica Camelot. Aquella espada si bien ha sido interpretada por numerosas leyendas, no es más que un vestigio de la mitología celta que pasaba de rey a rey. Siempre se dice que Inglaterra la conformaban tribus dispares, pero su unificación fue gracia de Camelot, pero claro, no adelantemos detalles. El caso es que Alex tenía otra pretensión, desde hace tiempo su novia Ruth estaba indecisa, y este día le manifestaría su amor ante todos... Forjaría un nuevo rumbo...

Mientras iba preparando sus enseres, iba nombrado mentalmente el listado de objetos para no olvidarse de nada, dada su naturaleza olvidadiza. Sonrió secretamente al pensar en que, entre muchas otras cosas, esa era uno de los motivos por los cuales agradecía tener a Ruth consigo. Ella era tan responsable...Se conocían desde antes de que él pudiera recordar. Eran amigos desde primaria, que fue cuando Ruth se había incorporado al colegio, puesto que ella procedía de un pueblo de Inglaterra, Bath.

Sólo quería mostrarle el interés que sentía hacia ella, y su fascinación por la mitología céltica. Sabía del artilugio de la luz, una pequeña piedra que había descubierto a las afueras de Ghresenheller. Toda la larga espera al fin tendría sentido... Mientras aguardaba el momento, los coches se disipaban entre la niebla y las sonrisas burlonas de sus compañeros se difuminaban en sus sentidos, quedando tan solo una, la de Ruth. Aquella sonrisa que cada mañana el alba dibujaba, y sus labios en fricción convertían en miel.

Entraron juntos en el instituto. Aquel año estaba siendo tedioso puesto que, al estar preparando las pruebas de selectividad, no le quedaba mucho tiempo libre para dedicar a sus aficiones. Sin embargo, lo que por un lado era un engorro, lo mejoraba el hecho de que estaba con Ruth en cada una de las clases. Ambos se habían matriculado juntos, como llevaban haciendo desde que tenían la suficiente autonomía como para decidir tales cosas y continuando así la costumbre de sus padres. Ambos formaban un buen equipo, puesto que, en muchas cosas, eran polos opuestos y eso hacía que se complementaran a las mil maravillas. El profesor de la optativa de literatura inglesa dio el discurso de rigor antes de que todos recogieran sus respectivas mochilas y emprendieran el camino hacia el museo.

De camino, él, como hacía cada día, pues estaba en su naturaleza ser atento, le preguntó cómo había dormido Ruth esa noche, puesto que, de un tiempo a esta parte, ella andaba teniendo extrañas pesadillas que no tenían ningún sentido y la dejaban en un estado de confusión y nerviosismo que cada vez se hacía más acusado.

Siempre las mismas pesadillas, el tormento de una vida tan cruel que el destino pretendía repetir a cada paso. Ruth no tuvo una infancia como la de cualquier joven de nuestra edad. No, ella había tenido que hacerse cargo de su hermano cuando su padre habido del delirio de una botella de ron escoses se suicidó, dejando tras el espectro una mujer enferma y dos niñas que apenas estaban siendo adolescentes. Ruth recordaba como la ceguera del túnel no era real, y al cerrarse una puerta se abría una ventana. Su pesadilla era siempre la misma, soñaba con el momento en que conoció a Alex. Alex estaba allí frente a ella brindándole un paño para limpiar su rostro mientras Samantha y Robin se burlaban de ella. Siempre había sido muy torpe, pero Alex era distinto. Desde el primer momento que lo veía miraba en sus ojos al ángel que la salvaría. Se tendía sobre sus brazos, pero al leve contacto este se transformaba en un demonio. Ruth tenía convulsiones cada noche, cómo si el trauma de su pasado le persiguiera y le impidiera ser feliz. Pero todo ello cambiaba al ver su sonrisa cada mañana, al ayudarle a ser más preocupada consigo mismo, y en esos pequeños detalles que tiene el amor. Le tendió la mano mostrando que todo iba bien, y ambos subieron al autobús. El destino estaría por escribirse, y aquella tarde algo especial sucedería.

Mientras estaban sentados en el autobús, ella empezó a contarle a Alex la última pesadilla:

- Ya sabes cómo son mis pesadillas siempre, sabes que tu me salvas, pero, esta vez llevabas algo contigo, un objeto, no recuerdo cual. Y...el sitio, no lo conozco. He pensado que puede ser un recuerdo sobre mi infancia en Bath puesto que me ha parecido identificar el escenario como la campiña inglesa...pero no sé, Alex, igual es porque me he dejado influenciar por la excitación de la excursión de hoy. El caso es que yo me sentía cómoda en ese lugar, contigo.
- No te preocupes -dijo él- ahora ya está. Las pesadillas no son más que eso, pesadillas. No le des más vueltas. Seguro que el cambio ha sido debido a que en tu subconsciente no podías dejar de pensar en mitología y en la excursión. Tranquila, yo estoy contigo. Recuerdas. Tú y yo, contra el mundo.
Le sonrió afablemente y le apretó la mano. Un gesto que aparentemente puede parecer vacío pero que, para ella, era tan reconfortante como estar en casa. Porque con Alex ella se sentía en casa.
- Gracias por estar siempre a mi lado. ¿Te has acordado de preparar los enseres? Siempre llenas la mochila de libros, así que me tomé la libertad de preparar unos sándwiches, y unos brownies para la merienda.
- Tengo una sorpresa para ti... Pero tendrás que cerrar los ojos, y no ahora, sino en el momento adecuado. No te preocupes por los enseres, si estás tú, todo saldrá bien. Además, no me imagino a bandidos por el monte Rowston. En el condado de Licolnshire contamos con los mejores agentes, y nuestro querido profesor Rawlinson sabe guiarnos con exactitud. Olvida tus pesadillas, hoy serás la dueña y señora de tu realidad, haré lo posible porque sea un sueño para el recuerdo.

Justo entonces, el autobús paró y todos empezaron a bajar del transporte. Alex y Ruth bajaron de los primeros dados el nerviosismo y la excitación que sentían. Estaban encantados con esa exposición que llevaban esperando desde hacía meses. Una vez dentro, dejaron sus objetos personales y se presentó Terence, el guía del museo. Era un hombre rubio aunque, debido al paso del tiempo, se percibían varias canas, tendría unos 50 años y poseía los ojos azules más profundos y sabios que jamás hubieran visto. Si no tuvieran ambos una naturaleza escéptica hubieran jurado que, para su edad, esos ojos expresaban más vivencias y experiencias que las de un hombre común y corriente.

Ambos se cogieron de la mano, empezaron a caminar hasta entrar en la primera sala. Se miraron y miraron a su alrededor, extasiados por la cantidad de urnas y expositores que veían alrededor. Libros, armaduras y objetos de incalculable valor por doquier.

Se pararon todos alrededor, formando una "O", de un libro que tenía un aspecto muy antiguo y, por qué no decirlo, bastante ajado. El guía, se puso al lado, hinchó el pecho con orgullo e inició su discurso:

- Bienvenidos damas y caballeros. Me llamo Terence y, como seguro supondrán, voy a ser su guía en esta exposición. Bien, esta exposición consiste en tres salas: la primera, que es en la que nos encontramos ahora mismo, contiene una serie de objetos personales de algunos nobles supuestamente contemporáneos a nuestro protagonista, el rey Arturo. En la siguiente sala, fragmentos, páginas y libros relacionados con dicha temática y la tercera...bien, eso creo que lo dejaré para que lo descubráis vosotros mismos -dijo mientras guiñaba, pícaro, un ojo a su audiencia- Bien, este libro está aquí, en esta sala porque es algo así como "la joya de la corona". Es el libro más antiguo que conocemos y que habla sobre la historia del Rey Arturo. Es especial por varias razones... El hito de fundación en la que se sustentan nuestros ideales, en cada una de sus miniaturas decoradas con púrpura y añil haréis un recorrido a la fantástica Camelot. Es una copia restaurada de un original que se encuentra en la cámara de la corona, junto a la mayoría de pertenencias nobiliarias que hoy podréis aquí observar. Ahora os insto a que os adentréis por cada una de las salas que conforman esta modesta exposición, y si tenéis alguna duda entre Rawlison y yo os atenderemos. Pueden observar cuando deseen, pero no especulen en demasía o podrían hacer emerger a los recuerdos de su letargo. - Se despidió de la multitud, mientras tendió al profesor Rawlinson la gaceta londinense y una taza de té. Parecía inquieto, y alterado, como si presagiara lo que iría a ocurrir. En cierto modo, así fue, y es por lo que se sitúa ahora en nuestro principal culpable. Volviendo a lo acontecido, Alex cogió de la mano a Ruth y marchó hacia los fragmentos de su ansiada Excalibur. Cada uno disponía de un carácter céltico muy similar al de las runas de aquellos pueblos, y podría jurar que lo vio resplandecer. Al tocarlos algo hizo contacto, y una sombra emergió del suelo. Tenía el pelo muy oscuro, lo que junto a sus ojos oscuros y el antifaz que los adornaba, parecía un condotiero italiano recién salido de un recital de ópera. Sus pasos se dirigían a ellos, y con una estruendosa voz parecida a la de un graznido de cuervo preguntó:

- ¿Quiénes sois? ¿Por qué albergas la piedra de luz en tu bolsillo? Serás insensato, es la lleva que liberará el sello. Las sombras se esparcirán, e Inglaterra volverá a padecer grandes epidemias y tragedias. ¿Recuerdas la peste? Bien, yo sí. Hizo que casi formásemos parte de España, y los Tudor decayeran. Excalibur fue en otro tiempo la espada que forjó esta nación, pero ahora sólo es el sello de un demonio arcano. Supongo que no querrás despertarlo.
- Siempre tengo pesadillas, y estos signos que asemejan a una runa aparecen en ellos, ¿crees que podría tener relación? ¿Cómo se llama?
- Soy Tiago. Algunos me llaman el impostor, pero tan solo pertenezco a la última dinastía de anglos, éramos una tribu invencible antes de los romanos y los sajones y vandalos. Éramos los vigilantes del hemisferio norte. Mi tribu ayudó al joven Arturo cuando tan solo era un romano sin tierra y ni patria a forjar esta gran nación, y nuestra misión ha sido defender la unidad bajo la corona. Hace lustros que permanecía en las sombras, esperando morir en paz y que nada de esto llegara a suceder.

En ese momento unos haces de luz recorrieron todo el edificio. El tiempo parecía pararse a cada espasmo, y tan solo Alex, Ruth y Tiago eran participes de lo que había sucedido. Los fragmentos de Excalibur ensamblados nuevamente habían formado tres ristras de círculos que con lo que parecía una habitáculo de sangre daba la entrada a una serie de sombras que se desperdigaban en todas direcciones, manipulando el entorno, y corriendo sin cesar habidos de almas que controlar. Todos los presentes quedaron poseídos. Ruth se quedó pálidos, sus ojos color caoba tornaron a ennegrecidos, y perdió el control de sí. Alex sacó de su bolsillo la piedra de luz, y entre sus manos se hizo cenizas. Viendo el estado de Ruth cerró los ojos, y deseoso de liberarla de sus tormentos se abalanzó sobre ella. La besó, y le declaró su amor. No se sabe a ciencia cierta si sería el amor entre ellos lo que hizo que las sombras de su corazón quedaran disipadas, pero así fue. Ahora deberían arreglar todo el mal que habían causado entre sus compañeros y profesores, antes de que todo ello ocasionara la perdición.

Continuará…
Trama hilada por Mireia.
Un abrazo.


Imagination



Los libros te sacan de una triste realidad y te ayudan a llegar a un mundo mejor.- Stone.

¿Qué es un sombrero?


¿Qué es un sombrero?

¿Es una copa ancha y esbelta?
¿Es un jarro estilizado y delicado?
¿Es una caja de ideas disueltas?
¿Es la imaginación del lacio?
Es una copa sublime,
Con alas flameantes.
Estilizado, y delicado,
Queda como un guante.
Una fábrica de ideas,
Un depósito de magia.
El truco que todo lo crea,
Y nos trae la nostalgia.
¡Es una prenda sublime,
Que cubre nuestra sesera!
¡Es la armadura que pervive,
Y hunde sus raíces en la tierra!
¿Qué es un sombrero?
Es el bello, y delicado interior.
El alma conmocionada.
El apuesto truhán.


sábado, 11 de mayo de 2013

Iron Man 3


Iron Man 3

El invencible iron man, el hombre de acero… Seguramente Stan Lee sabía lo que se hacía al crear al carismático Tony Stark. Un personaje muy similar al Holmes con quién comparte un intelecto de acero –sí, parece ser que el traje no es lo único-, una cuenta de ingresos casi ilimitada gracias a la empresa armamentística que heredó de su padre –Batman, ejem… Ejem-, y de cuya adaptación fílmica vendré a analizar.

El actor que da vida a este héroe, Robert Downey Jr., posee todas las cualidades que nuestro maniquí de acero requiere, además de grandes dotes interpretativas. Teniendo 4 adaptaciones de Iron Man en el cine, 3 de la saga principal y 1 junto a los vengadores. Iron Man tres se sitúa tras los sucesos acaecidos en ‘Los vengadores’ con la invasión alienígena, dónde se sintió impotente a la hora de poder salvar a sus seres queridos, causándole una especie de trauma.

En este film afloraran viejas rencillas del pasado enfocado desde un estilo cómico en el que la nación estadounidense se sentirá acosada por la presencia de un perturbado que pretende vivir de la industria bélica ocasionando una guerra continúa. Todo ello en una crítica dónde el mal queda caricaturarizado en una especie de pelele que poco tendrá que ver con el genio que mueve los hilos. Toda esta trama acompañada de efectos especiales, y una acción que brinda un compás de entretenimiento asegurado.

Esta tercera parte comparte virtudes y defectos a partes iguales. Lo más destacable es que pese a la simpleza del argumento dispone de giros continuos que hace que erremos a la hora de virar por un sendero u otro. Sin embargo su gran defecto es el modo de llevar a cabo la saga ‘extremis’ dejándonos una escena final muy dubitativa. Siempre quedará la cuestión del ¿qué pasará? En lo referente al virus.

En síntesis, es una historia densa que no ha sabido amoldarse bien a la crítica debido a la simplicidad de su duración y sus variantes respecto al cómic. Sin embargo, es entretenida y dispone de acción y risas a partes iguales. Te reirás y la disfrutarás. Merece la pena pagar por verla, quedando deseoso de ver ‘Thor. El mundo oscuro’ cuya trama parece mucho más elaborada y que quedará en nuestros cines a partir del 31 de Octubre.



Un cuervo en la noche


Un cuervo en la noche

Me suda todo el cuerpo, y mis manos se sienten tensas. Me siento pesado. He perdido el control de la situación. Injurio al tiempo que me dé un respiro. Por dios, me va a matar. Para. Para, por favor. Si sigues así acabaré esquizofrénico.
- ¿Cuervo te llaman, verdad?
- Me llamaban, sí. En la hermandad de la luna.
- Habilidoso a la hora de mezclar los tiempos, para ser un vulgar asesino.
- No persigo la gloria, ni la riqueza. Sólo la justicia, algo que un simple pagado jamás comprenderá.
- ¿Justicia? No estás en condiciones de reclamarla. Te encuentras preso sobre una astilla, quizás en un momento de tu último respiro, sí es que mi espada no decide atravesar tu costado antes.
- ¿Impedirías el vuelo del cuervo? Es de noche, y las ánimas malditas hemos de sucumbir. Rece a los dioses arcanos continuar tu odisea, y deje que descanse.
- ¿Estás despierto, Paul? ¿Sigues con nosotros?
Todo pasa muy deprisa. Sólo veo imágenes estáticas. Por un momento creí estar muerto, pero ese no era yo. ¿Qué está pasando? ¿A que estáis jugando? No puedo hablar, pero empiezo a notar que unas manos frías empiezan a sacudir mi cuerpo. Mis ojos están abiertos, y no puedo ver. Me siento impotente, pero tampoco siento un dolor. De hecho esto es muy placentero, jamás había experimentado algo así. Es como si quisiera quedarme, pero no quiero preocupar al doctor. Sí, será mejor que vuelva.
- Sí, doctor. ¿Qué le ocurre?
- Habías muerto.
- No me irá a decir que cree que soy un zombie. Mire doctor, sólo he venido aquí porque me lo ha pedido. No sé qué narices veo, ni que me pasa. Pero sé una cosa. Estoy vivo.
- Tus constantes así lo indican, Paul. Pero, te noto distinto. Es como si una esencia, no sé llámala intuición, te recorriera el cuerpo, envolviera aquello a lo que los humanos llaman alma.
- ¿Los humanos? Sólo viven en mi recuerdo. ¿Crees que puedo ser humano?
- Creo que eres el último humano. Y no un humano cualquiera. Estudiando tu respuesta sensitiva y neuronal he podido contemplar como tu cabeza es una inmensa enciclopedia. En ti queda el legado de aquella civilización.
- Doctor los humanos no tienen alas, yo parezco un hibrido entre murciélago y humano. Dudo que sea humano.
- Hace lustros los humanos creían en la existencia de seres idénticos y supremos a ellos. Inmortales en naturaleza, pero con cierto dominio de los saberes y alas que permitían manipular sus constantes. La sedición y la perversión acabaron con ellos, y tan solo quedaban reductos entre la humanidad. Creo que tú eres uno de esos reductos. Pero tu esencia humana es palpable. Sin duda, todo un sujeto de estudio.
- El mundo apesta por todos lados, por dónde vaya siempre encontraré residuos radiactivos, edificios derruidos, y fauna agresiva. Somos seres que antiguamente tan solo existían en las leyendas, y sin embargo hemos adoptado los modos de vida de la antigua civilización humana. Somos los parásitos que legitimaron su destrucción, pues su ambición les impedía ver lo que engendrarían.
- Ahora vivimos en libertad, y nuestro legado es reconstruir la historia humana. ¿Qué viste en tu visión?
- Sólo desesperación. Un cuervo iba a ser enjaulado por el mandoble del acero. Era de noche, apenas podía soportar el dolor, sentí la muerte. No era como decían, ni como creían que era. Estaba consciente, como si mi consciencia se elevara sobre la inmensidad. Era una sensación gratificante, hasta que oí tu llamada. Aullabas muy fuerte.

[…]

jueves, 9 de mayo de 2013

Mi vecino Totoro


Mi vecino Totoro

Las películas de estudio Ghibli son siempre un polo de emergente imaginación dentro de mundos fantásticos que entroncan con críticas vinculadas a la postmodernidad. Desde la princesa mononoke dónde la crítica a la manifiesta destrucción de la naturaleza por la ambición humana a la tumba de las luciérnagas que expone un relato bastante rudo de la sociedad japonesa durante la 2ª Guerra Mundial, y dónde dos hermanos que lo han perdido deberá sobrevivir hasta caer en la tragedia por el despropósito humano. Incluso la más reciente de ‘Arrietty y el mundo de los diminutos’ dónde mezclan la fantasía con los problemas derivados de un joven enfermizo que debía ser sometido a una operación de corazón, y que su pequeña aventura le dará los motivos necesarios para continuar viviendo, sonriendo a la vida.

Lo cierto es que son películas entrañables, y de un tiempo para atrás estaba deseoso de ver ‘Mi vecino Totoro’, aunque nunca encontraba el momento adecuado para hacerlo, o simplemente se me iban las horas haciendo cualquier otra tontería. Lo cierto, es que me sorprendió gratamente pues está película está enfocada en la amistad y la superación. La trama se centra en dos hermanas que se mudan junto a su padre a una villa dónde comenzaran una nueva vida más tranquila y conocerán al espíritu del bosque, Totoro, quién les brindará un nuevo camino mientras se cuidan y velan por la recuperación de su madre, quién está enferma.



De los modelados poco tendría que hablar, puesto que son muy particulares, detalles y con cierta esencia en la que prima la exaltación de la naturaleza y su interacción con el entorno humano. Es como volver a revivir a través de sus dibujos el misterio de la infancia, pero con temáticas centrada para adultos.



Lo más importante quizás sea en que refleja con exactitud la inocencia de nuestra juventud dentro de un plano netamente imaginativo. Sin embargo, esta niñez no está exenta de oscuridad que será vencida con la ilusión en lo referente a la mejoría de su madre, reflejando la esperanza albergada en la ‘tumba de las luciérnagas’ pero esta vez desde un trasfondo menos dramático, y más en sentido Disney de felicidad.

En síntesis, 9/10.

+ Excelente modelado.
+ Trama crítica.
+ La Magia de Ghibli.

Cartas desconocidas - 2031


Cartas desconocidas - 2031

- ¿Qué escribiste? – Sus oscuros ojos se clavaban sobre la tez delicada de su esposa. Era bastante mayor, por lo que el equilibrio era inestable y su voz ronca. Era cómo sí de un momento a otro fuese a quedarse afónico, y expirar.
- ¿Recuerdas cómo nos conocimos? Escribíamos constantemente notas para superar los obstáculos que considerábamos como un árbol tedioso en la cruz de la vida, pero hubo algo que nunca me atreví a entregarte, y ahora lo sabes.
- Mis brazos son ramificaciones de lo que fueron antaño. Recuerdo aquella máquina de escribir, una Olivetti 4500. Tenía un mundo por imaginar, y un corazón henchido de oportunidades. Mis manos tecleaban al ritmo del tac, y mis palabras fluían sobre un río purpura. Escribía sin sentido, sólo admiraba el placer de lo creado. Muchas veces eran cosas absurdas, carente de significado. Tú fuiste su perceptora. Cómo el artesano manipula la arcilla hasta crear algo muy próximo al arte, tú manipulabas mis sentidos. Todo comenzó cuando por error diste con uno de mis escritos, y mantuviste mi mundo en vilo.
- La primera impresión que tuve es que eras idiota. Lo suficientemente idiota como para escribir algo así. Las palabras eran sentidos que me hacían sonreír como una niña tonta. Dolía sentirse gris, y ver como el tiempo se aceleraba a cada impulso de tus palabras.
- Fuiste muy inoportuna. Pero confiabas en mí, sabías que podía lograrlo.
- El detalle en el tarro de mermelada, las notas detrás de cada recoveco, las cartas desconocidas… Era todo muy extraño, y tan delirante que pensaba que nada de aquello era real. Eras cómo el fantasma, que nunca está, pero siempre se percibe su presencia.
- El espejo sólo muestra una única realidad, lamentablemente las páginas de nuestra vida no nos corresponde a nosotros escribirlas. Sólo seguimos el guión que los impulsos nos dictan sin tender los brazos a la razón.
- A mi me parecías muy razonador… Eras muy quisquilloso, quizás escrupuloso. Todo lo tenías planeado hasta el mínimo detalle. La bicicleta, el sonido de las gotas de rocío al pasar, las fotos en blanco y negro… Todo me recordaba a ti. Hiciste lo imposible por mantener la llama, a pesar del muro que había entre nosotros. Te declaraste en una obra de ficción, parecías un ángel entre la espesura de la penumbra.
- Nunca se me dio bien expresarme más allá de lo que las posibilidades marcan. Habías triunfado, y sólo quería impresionarte, Nathalie. Sabía que eras el amor de mi vida.
- Recuerdo cómo eras en nuestras noches en aquella cabaña. Recuerdo cómo eras cuando volví a verte tras aquella repentina carta. Mike.
- Esa carta fue tu contestación, la que jamás llegó a mí. Hasta ahora. Después de tantos años, ¿por qué ahora? ¿A qué juegas?
- Pensaba dártela al llegar, pero cuando te vi rompiste mis esquemas. Si te la hubiese dado, jamás hubiésemos estado juntos. Sé que no lo vas a comprender, pero si lo intentarás, todo sería más fácil.

Continuará…