jueves, 18 de abril de 2013

Una melodía hacia la Atlántida


Una melodía hacia la Atlántida
- ¿Háblanos de tus sueños?
- Mis sueños sois todos vosotros, la percepción de cuanto toco no es más que el preámbulo de las inquietudes del común.
- ¿Lisy ha sido un pilar importante para tu vida?
-  A veces dudo de que fuese real, de todo lo vivido. Quizás nunca debí haber tocado aquello.
- Mira tú presente como si fuese pasado, y transcríbemelo como si fuese una imagen estática en el tiempo, una cápsula estancada pero real.
- Hacía un calor impresionante, tan solo tenía cuatro años cuando escuchaba de mi hermano canciones como ‘Phantom of the Opera’ de Airon Maiden o ‘Nothing else matters’ de Metallica. No entendía sus letras, pero el sonido salvaje de su respiración sonaba constantemente dentro de mí. Empecé a experimentar el gusto por golpear, hacer vibrar mi cuerpo… Nunca he tenido muchas inquietudes en mi vida, pero creo que a partir de ese momento decidí hacía dónde quería dirigirla. No conocía si era inalcanzable, tampoco me importaba. No era algo que me preocupara.
- A partir de ese momento empezaste a sentir la música, pero a lo largo de tu vida has experimentado varios géneros que te han hecho componer una melodía única, la melodía de la muerte la llamas. Quiero que avancemos hacia un futuro más cercano en el tiempo, ¿cómo eras a tus dieciocho años?
- A lo largo de mi vida nunca cambié de parecer. Quizás a mis dieciocho mi vista estuviese más cerrada, y solo me centrara en lo monótono. Me gustaba tocar la flauta dulce en los momentos más alegres, tocar el piano para sentir como el sonido avanzaba hasta conformar un ciclo vicioso que nunca persistía, pues cuanto más tocaba más necesidad tenía de continuar. Entonces lo comprendí, la vida es una sinfonía orquestada desde tiempos remotos para ordenar nuestro pensamiento y regir nuestra existencia. Cada melodía tenía un simbolismo especial vinculado a la naturaleza, pero el piano no lograba dotar aquello del acorde necesario. Necesitaba recuperar la brutalidad de cuando empezó a despertar en mí el gusto por la música, necesitaba tocar una guitarra eléctrica, marcar con una púa el acorde directo hacia la inmortalidad.
- ¿La inmortalidad? ¿Puedes aclararme esa parte?
- La inmortalidad es la conjunción de la armonía perfecta con el acorde necesario capaz de despertar a la naturaleza. Era muy curioso, y atrás en el tiempo había leído como la ancestral civilización de Atlantis para preservar su esencia se hizo inmortal ocultándose en la noche de los tiempos.
- ¿Atlantis? ¿Podrías aclararme esa leyenda? Jamás lo había oído, puesto que parece ser que no es más que mitología.
- Es mucho más que eso, fue real. Existió. Perséfone era una reina muy sabia y amada por sus habitantes. El progreso era un paragón, y pese a coexistir con culturas dónde la idea de democracia natural era más bien una patraña, sabía cómo satisfacer a sus súbditos en opulencia. Las envidias sobre su prosperidad no tardarían en llegar, y distintos reinos de las partes más dispares del mundo mandaron ejércitos dispuestos a hacerse con el tesoro de aquella región. Creían encontrar oro. No fue lo que hallaron. La Atlántida quedó arreciada, y la reina pereció. Una tierra frondosa quedó marchitada, y sus habitantes lloraban a antiguos dioses arcanos la desdicha que sufrían. Quedaban pocos, pues la mayoría habían sido esclavizados, y su dolor no les haría permanecer por mucho tiempo en ese mundo. Juntos proyectaron sus deseos a la naturaleza en forma de armonía, una canción por la eternidad. La melodía obtenida fue magnánima, y con sus vidas lograron que los vestigios de la Atlántida tan solo quedaran ocultos.
- Es una bonita historia, propia de una película de superproducción. ¿En qué grado logró inspirarte para que decidieras hacerte guitarrista?
- Cómo aclaré la guitarra era el único medio que tenía de dotar a cada sonido del pentagrama la entonación adecuada. Pensaba que con ello podría invocar a la naturaleza, revestir el proceso de degradación. Evitar que la corrupción que asola este mundo quedara expuesta. Todas las tardes me ponía a aprender cómo a partir de un leve movimiento de púa podría obtener un sonido distinto, pues pese a que la percepción del oído la diera como igual no lo era. Descubrí como multiplicar cada acorde. Estaba realmente emocionado, quería crear algo único.
- ¿En qué punto de la historia apareció Lisy en tu vida?
- Es un poco complicado de explicar. Estaba en la orilla del parque chirriando las cuerdas de mi vieja guitarra eléctrica cuando empecé a sentir como el susurro del aire se mezclaba con el desgarre de mi guitarra. Era como si estuviese poseído, al acabar entre las hojas caídas allí estaba ella. Expectante. Se acercó, y antes de que pudiera contemplar sus ojos de color gris desapareció. Todas las tardes volvía a la misma escena, una y otra vez repetía mis acordes, y una y otra vez estaba ella allí, expectante, pero siempre, siempre al momento de acabar desaparecía.
- ¿Nunca la llegaste a conocer? Aclárame esta cuestión, porque me encuentro un poco confuso.
- Era la antorcha que velaba mi progreso. Su presencia hacía que me sintiera motivado, e incluso me agradaba. Pero sí, llegué a conocerla. De aquel modo. Pasaron los meses, y el invierno retornó. Pesé al frío y la lluvia salía a tocar, motivado por su presencia. El primer día de lluvia, no desapareció. Allí estaba ella. Con una sonrisa impoluta, y tan blanca como la propia ánima momentos antes de desgajarse del sentido terrenal. No podía creerme que fuese real, siempre la recordaba como un sueño persistente pero efímero. Pero no, era real, allí estaba cediéndome el paraguas, y acompañándome al piso. Al llegar al edificio desapareció de nuevo, pero dentro de mi bolsillo brotó una nota que decía así: <<Me llamo Lisy. Me gustaría que tocaras esto para mí, en el próximo encuentro. >> En el reverso de la nota aparecía un pentagrama con las distintas sinfonías que había ido creando, pero dotadas de una estructura cíclica que parecía tornar a un abismo sin límites.
- ¿Crees que Lisy es real?
- Para mí lo fue. Sé que nadie salvo yo podía verla. Era cierto. Pero no estoy loco, la veía siempre a mi lado. Al día siguiente volví al parque, y toqué la melodía.
- ¿Qué ocurrió cuando la tocaste? ¿Lisy desapareció?
- Mientras tocaba podía sentir en cada nota que la tierra vibraba, que el aire giraba y las plantabas se alzaban al compás. Todo estaba empezando a cobrar vida. Sé que parece increíble, pero empecé a creer que había dado con la clave de la inmortalidad atlántica. En ese momento, me dio las gracias, y desapareció. Esta vez nunca más regresó.
- ¿A qué crees pudo deberse? ¿Te gustaría volver a ver a Lisy?
- Sé que ha marchado al fin a su mundo. Marchó a la Atlántida. Pero me entristece pensar que todo esto puede servir para ser inmortal. He vuelto a tocar la melodía reiteradas veces, quizás en un intento de poder verla otra vez, pero jamás he logrado sentir lo de aquella vez.
- ¿Por qué la considera la melodía de la muerte?
- Por qué la inmortalidad solo es un mito, una fantasía desde que el hombre viene a este mundo, y pretende aferrarse a lo material como si fuese lo único que de verdad prevalece. En realidad es la entropía con la naturaleza nuestro legado, pero jamás lo comprenderemos hasta alcanzar la muerte. Es por eso, que creo que la virtud de una persona no se marca por la materialidad que posee, sino por los recuerdos de aquellos que sienten en estima. Es esto lo que quiero transmitir al público con mi próximo single’s.
- Es un artista muy famoso, gracias por contarnos es anécdota sobre su carrera. ¿Cree que logrará volver a encabezar las listas de los más oídos?
- Esta melodía que he compuesto coreografía y cantada con la aportación de otro de los grandes, que desde aquí le expreso mi gratitud, sólo deseo que llegue para ser sentida, que todo cuanto he relatado sirva para que algún día otro joven se aventure a experimentar, y logré cautivar al mundo, ser recordado, y por tanto alcanzar la inmortalidad.
- Sólo queda agradecer tu visita, tus experiencias y tus motivaciones. Tus palabras sinceras llegaran a nuestros oyentes como energía para arrancar pasiones. Tenga un buen día.
- Gracias a ustedes. Un abrazo.


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