lunes, 8 de abril de 2013

Una joven promesa de la narrativa, Zion Stone


Una joven promesa de la narrativa, Zion Stone


Bajo el Pseudonimo de Zion Stone encontramos a una joven promesa de la escritura como paradigma de repercusión social. Inconformista, y decidida a mostrar la estructura del mundo desde un caleidoscopio de razonamiento que se distancia de lo comúnmente establecido. En una entrevista que tuve con ella, estas fueron sus palabras:

 “Lo hago porque me sale de dentro. Quería hacer arte si se pudiera decir de alguna manera, y expresar mis sentimientos.

Se acabó el juego, querida

En primer lugar expondré una crónica que relató ante una experiencia personal que no dejará indiferente a nadie, pues transmite lo que todos pensamos, un ensayo eventual sobre el paradigma de desinformación que afecta en pleno siglo XXI. Ilegitima una realidad mediatizada antes los intereses tergiversos de quienes las transmiten. En un mundo dónde la imparcialidad no existe, nosotros debemos ser la fuente de toda información.

“¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar por la verdad, por justicia, por ética, por amistad, por amor, por dinero, por poder?
¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar si tu dinero, tu integridad, tu reputación, tus amigos, tus familiares y tu propia vida dependieran de ello?

Siempre dije que estaría dispuesta a llegar hasta el final, sea por el objetivo que sea. Porque si eres periodista de investigación tienes que tener estas cosas muy claras y dejar el miedo y las dudas a un lado. ¿Pero qué final? ¿El irremediable que se encuentra frente a mis ojos ahora mismo? ¿Este era el final que yo quería? Obviamente que no, yo quería otro, pero me estaría engañando a mi misma si no reconociera que llevo días imaginándome un final del mismo estilo.



A penas faltan unos segundos para que yo y mi querido coche nos salgamos de esta traicionera carretera llena de curvas y nos desprendamos por el acantilado hasta chocar con las afiladas rocas que se encuentran en el fondo del mar.

No sé porque seguí adelante, sabía que no me iba a poder librar. Nadie puede cuestionar a los poderos y salir inmune. Nadie tiene capacidad de exigirles que cumplan sus obligaciones, que hagan su trabajo, que dejen el enriquecimiento personal y la ambición egoísta a un lado, para comprometerse realmente con sus cargos y hacer de este, un país mejor, que avance día tras día. ¿De verdad esperaba que los políticos y esta sociedad hipócrita iban a cambiar por sacarlo a la luz en mi sección del periódico? ¿De verdad fui tan ingenua que pensé que no acabarían callándome la boca de una manera u otra?

Supongo que debí de ser demasiado buena persona por creer que no serían tan inhumanos de manipular los frenos de mi coche para que me matara a la primera de cambio. Debió de ser la opción más sencilla, más de uno ya se había fallecido en esta carretera costera y yo tengo que travesarla casi todos los días para ir a trabajar a la redacción del periódico.

Me quedan unos segundo para despedirme del mundo, de mi novio y prometido, de mis buenos amigos a los que voy a proteger con mi propia vida, de mis familiares y también de mis enemigos y asesinos. Porque aunque quién me debe haber estropeado el coche es un pobre desgraciado al que le habrán pagado miseria o menos y hasta puede que le hayan chantajeado, quienes han hecho esto posible son altos cargos políticos bien conocidos.

Es raro, me siento satisfecha, no hay odio, ni venganza, ni impotencia, ni dolor. No lo entiendo, ¿esto es lo que se siente por haber hecho lo correcto o es solo el pánico de ver que se me acaba la vida y no me deja sentir nada más? No. Estoy satisfecha porque he defendido lo que creo, he defendido mi ética, he defendido la verdad, con el mayor de los argumentos, con toda mi confianza, hasta tal punto que han tenido que quitarme de en medio.

¿Ellos se sentirán satisfechos con mi muerte? ¿Realmente me odiaban o esto es una acción necesaria y fríamente calculada para seguir con su corrupción, sus robos y mentiras, sus putas y sus tráficos? ¿Mis fuentes y contactos estarán a salvo tras mi muerte o saldrán del anonimato para seguir luchando? ¿Luchando por el derecho universal de informar, ese por el que lucha cualquier buen periodista como yo o cambiarán sus motivos a temas más personales? ¿Haremos poco a poco los valientes de este mundo un lugar mejor? ¿Servirá de algo mi muerte?
Demasiadas preguntas que quedarán sin respuesta desgraciadamente para mí.

Ya nos hemos llevado por delante el deficiente quitamiedos que había, ha destrozado la parte delantera del vehículo pero ni si quiera me ha saltado el airbag. ¿También me lo han manipulado?

Trotamos por un metro tierra y por fin dejamos de notar el suelo y empezar a caer.

La ingravidez de una larga caída, menuda sensación, la había experimentado en aquel parque de atracciones que fuimos años atrás, pero esto es diferente.

No puedo evitar que se me dibuje una sonrisa en los labios, disfrutar del momento, me he dicho siempre, hasta en los tiempos más amargos. Aunque tiempos más amargos que estos no habrá, porque directamente no habrá más tiempo para mí.

Si todos dejáramos atrás pasados rencores, muchos problemas actuales nunca hubieran existido, muchas guerras se habrían evitado y muchas vidas se hubieran salvado. Pero a tan ingenua no llego, sé que eso nunca se hará realidad. ¿Somos humanos, verdad? Los humanos somos así.

Ya huelo el agua salada, mi tumba eterna, mi lugar de reposo, ahora vendrá el verdadero dolor, el golpe, estoy preparada, he estado preparada para asumir esto y mucho más.

Soy una periodista de investigación, siempre lo quise ser y lo seré hasta las últimas consecuencias. He hecho cosas buenas por esta sociedad, he sido una buena ciudadana que ha cumplido con la ley, he realizado mi trabajo lo mejor posible para mejorar lo que nos rodea y ampliar el punto de vista de la gente, y eso, por mucho que vayan a divulgar mentiras sobre mí; no me lo quitará nadie.

Muero en paz.

Hoy es el día de mi final, pero también es el principio de otro final. ¿El final de qué o quién? El tiempo lo dirá.”

Por otra parte, debemos destacar su aportación al mundo de la narrativa de misterio y policiaca con un capítulo de su obra “Yo no soy Holmes.” Cómo el propio nombre indica mediante diálogos amenos se crea una atmósfera de detalle, con una trama rápida que deja bastante incógnitas sin resolver.

“ Capítulo 1

-          En serio, ríndete ya. ¿Cuánto llevas practicando? ¿Dos, tres semanas? ¿Porque eres tan cabezota? ¿No querías saber cómo lo hizo? Ya lo sabes. Al principio era divertido pero vas a acabar rompiéndomelas y eso si que no me va a hacer gracia, ninguna.
-          ¡Jamás! ¡Por encima de mi cadáver, amiga! Con saberlo no me basta, tengo que verlo con mis propios ojos, tengo que ser capaz de hacerlo. ¿Dónde quedó tu profesionalidad, tu espíritu de superación? Además, algún día me puede servir, nunca se sabe. Hay que estar preparado para todo.
-          Ya, pues no te las pienso dejar más. La próxima vez lo haces con alguna de las tuyas, que tienes dos cajas llenas en casa.
-          No es lo mismo. Tienen que ser estas, él lo consiguió con estas. Cada pareja de esposas tiene una cerradura diferente, aunque fueran de la misma marca y modelo no serían iguales. El uso y el paso del tiempo las hacen variar ligeramente. Tenemos que ser fieles a los detalles.
-          Dirás “tienes”. Porque Roger Marks no duró ni medio día en la calle hasta que lo volvimos a atrapar. Yo creo que más bien te sienta mal que un tipo como él fuera capaz de liberarse en un coche policial y tu no. Además, ahora que recuerdo mira por dónde. ¿Sabes qué? Él lo consiguió en plena noche y todavía no se ha puesto el sol. En realidad los detalles te dan igual.
-          Primero tendré que practicar con luz natural ¿no te parece?
-          Seguro. – la inspectora hizo una pequeña pausa y suspiró - Menos mal que Kuro no ha acabado viniendo con nosotros. Hubiera alucinado.
La verdad es que la escena era un poco patética. Dos policías como ellos, con sus reputaciones y sus increíbles historiales discutiendo como niños. Aunque uno de ellos no era del todo policía. Sherlock Raizon era asesor del departamento de homicidios y detective privado en sus ratos libres. Él era quien iba sentado detrás, él que intentaba abrir las esposas forzándolas con un trozo de alambre. Se había obsesionado con conseguirlo, era un experto con ellas pero nunca había visto a nadie liberarse como lo había hecho aquel yonki llamado Roger. El hombre se había tumbado en los asientos traseros, había pasado las manos por detrás de la espalda hasta delante y con un alambre, que llevaba guardado en las zapatillas, había forzado la cerradura. Todo esto en menos de un minuto, mientras ellos no miraban. Luego había vuelto a su posición habitual para disimular y en cuanto abrieron la puerta del vehiculo policial salió corriendo más rápido que Usain Bolt.
Las esposas eran de Laurel Lestrade, la detective que conducía. Era la jefa de la brigada, una mujer relativamente joven para el puesto que ocupaba pero brillante en su trabajo. Siempre con su característico pelo negro recogido en una cola de caballo. Era de las pocas agentes del departamento que era capaz de aguantar más de una semana trabajando con Raizon, sus excentricidades lo hacían insoportable y se volvía todavía más insufrible si le caías mal. Eso sí, no había caso que no pudiera resolver, por eso todavía no lo habían despedido.
-          El agente Kuro se ríe por dentro, es obvio. Solo te tienes que fijar. Siendo tan buena inspectora y él amigo tuyo, pensaba que ya lo sabrías. Cuando ocurre algo como esto, contiene la respiración, presiona el abdomen, tensa la parte inferior de la cara y le salen unas pequeñas arrugas en la frente, sobre esas pedazo cejas. No digo que le queden mal pero no es usual que una persona asiática tenga esa cantidad de pelo. Me juego lo que quieras que su padre es occidental, con un porcentaje por encima de la media de ADN neardental.
-          Raizon, que es nuestro compañero, deja de analizar a todo el mundo. En serio, apaga ese megaprocesador que tienes por cerebro y cierra la boca de una vez. Que llegamos en breve.
Los policías se dirigían hacia la zona sudeste de la ciudad, el también apodado barrio de las barracas. Tirando para las últimas manzanas, casi tocando con el polígono industrial, había una especie de almacén medio abandonado donde, según uno de los testigos, se escondía Yomiel Eriksen, un traficante de droga que había matado a sangre fría a uno de sus camellos por haberle robado parte de la mercancía. El caso en sí había sido fácil de resolver, las balas coincidían con el tipo de pistola que acostumbraba a llevar Eriksen y hasta había un testigo del asesinato. El problema era que aquella rata de cloaca era excelente a la hora de esconderse. Conocía muy bien el barrio y tenía contactos que le habían ayudado a despistar a la policía pero finalmente, casi una semana después tras su pista, habían conseguido un soplo. Raizon y Lestrade contaban con el soporte de los otros dos policías de la brigada, Matt Kuro y Alexander Flanagan, que habían cogido otro coche y esperaban ordenes frente al edificio. También una unidad de refuerzo se dirigía hacía allí, por si las cosas se complicaban más de lo normal.
Cuando ya estaban llegando a la destinación, la inspectora encendió la radio y se comunicó con sus compañeros:
-          Estamos en la calle. Vosotros entrad ya, yo cubro la salida trasera. ¡Adelante!
A continuación, paró el coche sobre la acera del edificio mientras Raizon mascullaba:
-          ¿Cómo que “yo os cubro”? ¿Me vas a dejar aquí atado?
Lestrade salió dando un portazo y se detuvo un segundo delante de la ventanilla. Le sonrió con aquella pizca de astucia que tanto le fastidiaba a él y se dio la vuelta para señalar con un dedo su cinturón. Se había traído unas esposas de repuesto. Raizon soltó algunas quejas pero se dio cuenta de que era inútil, la inspectora ya entraba en el edificio tirando abajo la puerta de una patada. Pensaba dejarle ahí realmente.
Estas pequeñas cosas le cabreaban por dentro pero sabía que era justo. Era la manera que tenía ella de devolverle las impertinencias y lo aceptaba. Además lo interpretaba como un acto de rebeldía y astucia, ningún otro inspector tenía las agallas para hacerle lo mismo, quizás consideraran infantil tales actos pero era un juego al que no le importaba jugar. Más bien, le gustaba. Le mantenía atento y preparado.
Ahora su siguiente objetivo era liberarse antes de que volvieran con el detenido. Porque a tal situación no se pensaba rebajar. Laurel era capaz de meterlo el mismo coche con él o como mínimo que le viera salir esposado solo para avergonzarlo.
El sol ya se había puesto y la farola más próxima estaba demasiado lejos para iluminar el interior del coche correctamente. El asesor se concentró en la tarea que había dejado descuidada por la conversación. Justo cuando parecía que estaba a punto de lograrlo, se escuchó el sonido de unos cristales al romperse provinente del edificio. Levantó la vista como un acto reflejo y vio como Eriksen saltaba hacía el exterior por ella dispuesto a volverse a escapar. Fue entonces cuando sin saber muy bien como, las esposas de Raizon hicieron “clic” y quedó libre. No lo dudó ni un segundo y con una sonrisa de oreja a oreja susurró para sus adentros:
-          Fiel a los detalles, como a mi me gusta.
No le faltó tiempo para abrir la puerta y salir tras el fugitivo, corriendo más veloz de lo que habían visto a Roger Marks huir. “

“Era más bien expresarle a los demás, un sentimiento en forma de historia.”



2 comentarios:

  1. :-O Impressive!


    ¡Y viva Ramón por hacérnoslo llegar!

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  2. :-O Impressive!

    ¡Y viva Ramón por hacérnoslo llegar!

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