domingo, 28 de abril de 2013

Retomando historias pasadas: 'Shinigami del azar.'


Esta es una historia que rescataré del baúl de los recuerdos. La escribí hace 3 años. La dejé incompleta:

Shinigami  del Azar
Existe algo que nos domina, que se expande y guía nuestras vidas. Debemos entender que nuestro cuerpo, al que denominaremos kai, presenta una función paliativa a semejanza de una marioneta. Nos sentimos arrastrados por impulsos que nos mueven a realizar acciones que disponen de un fin. Ese fin no es más que un Destino prefijado por el Azar.
Kuroi es un joven que nada tiene de especial. De hecho tampoco es normal, su picara sonrisa y sus mejillas sonrosadas nos permiten captar una imagen pomposa y atrevida, aunque su personalidad extremadamente introvertida lo rodean de un halo de misterio. Es conocido como “el invisible”. No se sabe del porqué del apodo, pero desde pequeño tuvo que hacer lo posible por sobrevivir dentro de un mundo que no era el suyo.
Nuestro joven protagonista quiso cambiar su destino, pero jamás supo lo que el azar le depararía. Harto de las burlas de sus semejantes, y armado con un par de dados y una imaginación desbordante imaginó un mundo mucho más real de lo que él mismo jamás cabría a imaginar.

1.    ¿2+2 = 4?

-       Kuroi, Kuroi (…) Despierta calzonazos - ¿? (coro)
-       *Gruñido* - Kuroi
-       ¿Estás en clase, recuerdas? - ¿?
-       Lo-lo s-siento, Sr. Delamoir – bostezaba mientras entreabría los ojos. De repente lo que parecía una enorme vara se explayó frente a su mano.
-       Jovencito, recoja sus cosas. Nos veremos después de clase. – Sr. Delamoir
Kuroi sale sonrojado de clase, mientras escucha el abucheo de sus compañeros. Era la tercera vez que se dormía a mediados de la segunda quincena de Mayo. […]
-       Sr. Kuroi, ¿acaso no logra conciliar el sueño? Su rendimiento ha bajado a mínimos históricos. Me temo que como no mejore, me veré en la obligación de avisar a sus tutores legales. (…) Y bien, ahora dígame, ¿Qué le ocurre? – Sr. Delamoir
-       (…) (…) (…)
-       ¿Tiene usted oídos o estoy hablando con un señor topo?
-       Señor, l-lo siento. No volverá a ocurrir.
-       Eso espero - *Se despide con el entrecejo fruñido*
(…)
-       KUROI-KUROI-KURROIIIIIIIIIIIIIII….. - ¿?
Se gira lentamente, sobresaltado.
-       Hina, ¿También vienes a reírte de mí?
-       Pero mira que eres tontorrón. Ven, quiero compartir algo contigo.
Derepende Kuba y Meta se abalanzan sobre él, tirando todo los libros de por medio, y llamándolo calzonazos.
-       Hahaha. Tan inútil como de costumbre. ¿A qué huele Meta?
-       MM… ese hedor… parece….
-       Mierda, hahaha… Como tu taquilla, capullo.
Kuba y Meta se acercan, cogen a Kuroi y le dan una palmada en la espalda.
-       Más vale que los aceptes…
-       Eres… un… CALZONAZOS
-       Y ahora lávate un poco, campeón.
-       QUERÉIS DEJADLO EN PAZ… A esto paso en lugar de alumnos de secundaria parece que vais para burrólogos. - Hina
-       CALZONAZOS – gritan Kuba y Meta a coro mientras desaparece antes de que Hina decidiera practicar lucha libre con ellos.
-       ¿Estás bien?
-       (…)
-       Sabes, a veces me gustaría que fueras un poco más extrovertido. ¿Qué harías sin mí?
-       (…)
-       Déjalo. Mañana quiero verte en el parque de Gallostown, tengo algo que enseñarte. ¿Te parece bien que quedemos en el estanque de peces?
-       (…)
-       Allí nos veremos – se despide Hina.

En el camino de regreso a casa, Kuroi observaba las estrellas. Era extraño, su mente vacía de pensamiento parecía sumergirse en un universo de incógnitas cada vez que observaba los astros. Para cualquiera, aquello podría parecer insulso, pero Kuroi se dio cuenta del resplandor que Marte ofrecía aquella noche. Pero, ¿era realmente un resplandor?

Nada era seguro, la noche avanzaba, y las piernas le pesaban. Últimamente se sentía muy pesado. Era como sí su cuerpo estuviera delatando que ya no quisiera sumergirse en este mundo. Ya en la puerta de su casa observó como un perro de mirada hosca lo esperaba. Era como sí le señalará la entrada a un maravilloso mundo.

No se sabe lo que pasó. Kuroi cerró los ojos y apareció en un mundo extraño. Amplios surcos plateados recorrían un sendero cuyo hedor no era mejor que su apariencia. Caminando hacía la luz dorada se encontró con el perro. Pero esta vez lucía de forma diferente, su postura bípeda y sus relucientes colmillos no tenían nada que envidiar a los de un licántropo.


-       Por favor, siéntate.
De la nada, surgieron amplias butacas, y los más deliciosos manjares que pudieran imaginar.
-       ¿Quién eres?
-       Waw. Me asombra que sepas hablar. Soy producto de tu imaginación, una simple burla de tu subconsciente ante una realidad de la que no eres participe.
-       ¿Esto no es real?
-       Solo sí así lo deseas. Aquí dentro eres una persona introvertida, inteligente (…) todo lo que anhelas en el exterior. Pero a pesar de formar parte de tu imaginación, debes tener cuidado con los moradores.
-       ¿Moradores?
-       Sí. Otros shinigamis (dioses de la muerte) que pueden hacer acopio del azar, el destino, el hado… como desees llamarlo… para destruirte.
-       ¿Qué quieres decir con otros shinigamis? ¿azar? ¿destruirme, por qué?
-       Las preguntas de una en una, tenemos todo el tiempo del mundo ¿Nunca te preguntaste por qué eres huérfano y una familia decidió acogerte?
-       Mis padres murieron.
-       Tus padres no murieron. Tú no tienes padres.
-       ¿No tengo padres?
-       Fuiste un shinigami enviado al mundo de los vivos para restablecer el azar humano. Pero últimamente te sientes arrastrado más a este, tú mundo que a la realidad, de ahí tus necesidades por dormir. Cada vez que sientas ganas de desaparecer, piensa quién eres.
-       ¿Por qué me habla con acertijos?
-       El azar es tu moneda, mira en los bolsillos, ¿Qué posees?
-       Tengo dos dados, ¿a dónde quieres llegar, perro sarnoso?
-       Tira los dados.
Kuroi lanzó los dados. En ese instante la habitación torno a un color rojizo, y las dos caras mostraron un 2.
-       El número que ha salido muestra…
-       Suman 4, ¿avanzo cuatro casillas? Bromeas, ¿jugamos al parchís?
-       Mira atentamente. El resultado obtenido te muestra una visión de futuro. Es como sí esos dados mediante el azar te mostraran las páginas ocultas de un diario que aún está por escribirse.  El futuro que muestra está relacionado con un ser cercano. De ti depende la interpretación, qué decidas cambiar el futuro o no.
El trasluz rojizo de la habitación se fue haciendo cada vez más nítido. Parecía que la cabeza le fuera a estallar. Su mente proyectaba imágenes sin nexo. Tuvo posibilidad de ver un parque repleto de setos, una pistola de calibre 46 y un busto de una persona de mediana edad, rostro mellado y con fuertes principios de calvicie.
-       KUROI, KUROI CARIÑO DESPIERTA -¿?
-       Mamá, Papá (…)
-       Menos mal, pensé que te habíamos perdido. Desde que te conocimos eres todo nuestro mundo, no vuelvas a hacernos esto.
Para Kuroi aquella situación era como despertarse al fin de una pesadilla, o eso al menos pensaba.
[…] A la mañana siguiente […]
Las autoridades de Grinstown ponen en alerta la fuga de un peligroso criminal. Por favor, avisen a los nacionales en caso de avistarlo. –
-       Esta ciudad está perdiendo su buen nombre. Deberían acabar con los malditos criminales – Hatoshi
-       (…)
-       Tan callado como siempre, ¡eh hijo! – Hatoshi
-       (…)
-       Hasta luego. Volveré tarde.
-       Ten un buen día.
¿Qué era todo aquel sueño? ¿El parque repleto de setos? (…) Demasiadas incógnitas perturbaban la mente de nuestro joven protagonista. Cómo era sábado, se acordó de la cita que había tenido el día anterior con Hina, y marchó apresuradamente hacía el parque de Gallostown.
-       KUROIIIIIIIIIIIII – no esperaba encontrarte tan temprano
-       (…)
-       No digas nada. Mira esto. Son preciosos, ¿Verdad?
-       (…)
-       Hace dos semanas unos gamberros habían abandonado estos dos gatitos. Por favor, quédate con la hembra. Cada uno, uno. Será nuestro secreto.
-       (…)
-       ¿Eso es un sí?
El ambiente tornó a enrarecido. La gente corría despavorida hacía ninguna dirección todo era un caos. En medio de la confusión Kuroi cogió la mano de Hina y marchó corriendo. El bullicio era incontrolable y mientras buscaban la causa de tal catástrofe, Hina desapareció.
Sus pasos se hacían pesados, era como caminar hacia ningún lugar. El camino tornaba hacia la perdición. En la lejanía resonaban tiros. Entonces, recordó. Parque con setos, pistola, aquél busto. Todo empezaba a cobrar sentido.
Su mente se empezó a nublar y esta vez fue capaz de sacar su propio yo interno. Su propio poder estaba comenzando a despertar. Era todo lo que podía imaginar, era un shinigami. Kuroi apresuró a esconderse bajo los setos y observar horrorizado como el criminal mencionado en la madrugada por las autoridades había creado una especie de campo de concentración. Tenía a más de 40 personas como rehenes en lo que parecía el recinto.
“He estado bajo prisión 15 años, por qué, por el mero placer de quitaros vuestra agonía. Vosotros, infames, gozáis de caprichos terrenales sin tener consideración por el prójimo, y yo… y yo haré de Grinstown un mundo mejor.” Acto seguido asestó un tiro a 3 rehenes escogidos al azar. “Vosotros decidís, uniros a mi causa o morir”.
¿Cómo aquél perturbado había logrado escapar de prisión? Kuroi lo observó detenidamente y contempló con pavor como Hina había sido cogida como rehén. El criminal se disponía a darle el golpe final cuando algo despertó por completo en Kuroi. Los dados salieron disparados de su bolsillo. Todo volvió a tornarse de un trasluz rojizo, y las caras volvieron a perpetuar el resultado. 4. En esos instantes la irá se apoderó de Kuroi, y se transformó en shinigami.
El tiempo parecía pararse, la gente actuaba a cámara lenta. Se acercó al criminal y lo miró a los ojos. Vio sus pecados, su pasado… Entonces su alma comenzó a salir brutalmente de su cuerpo y transformarse en una horrenda criatura. ¿Era eso un morador? No había tiempo de pensar. Se abalanzó sobre su corazón y lo arrancó con sus propias manos. Era extraño, acababa de experimentar una sensación ardiente y placentera.
De repente el tiempo volvió a la normalidad, al igual que el estado de Kuroi. Antes de caer exhausto observó como al criminal le daba un ataque al corazón y yacía muerto en el suelo, mientras los coches patrulla acordonaban el parque.
Al cerrar los ojos volvió a ver al perro bípedo. Este ser le explicó los poderes de un shinigami. Gracias a los dados podía parar el tiempo o ver el futuro. Como Shinigami podía ver el alma humana y decidir según sus pecados sí arrebatar o no el alma. Parecía todo muy complicado, pero tan solo era el comienzo.

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