lunes, 1 de abril de 2013

Misterios en Gotham


Misterios en Gotham

Mercedes es una chica normal y corriente, salvo por un pequeño detalle. Tiene la capacidad de ver fantasmas. No sería algo tortuoso si no fuese porque Gilbert se le aparece continuadamente buscando la nobleza de virtud de una fantasiosa dama de alta alcurnia. Sir Robert como es costumbre aprovecha el tirón para intentar recuperar su reloj espada, y tomarse la venganza con Athos. ¿Yo? Bueno, se puede decir que guio a este estrafalario grupo hacia la ciudad perdida de las manos de la justicia, Gotham.

Gotham es una ciudad sin ley, el Joker campa a sus anchas mientras Pingüino se disfraza de frac para entreverse con la multitud. Las calles despiden un hedor incesante, como si fuese una gigantesca obra de teatro cuya función es interminable. Todo ello resulta como un carrete sin fin, la proyección del papel de unos actores inhumanos, por decirlo de alguna forma, insaciables. Entre toda esta multitud está el reloj de Gilbert, única fuente y medio que tiene para volver a la vida, y restablecer la virtud perdida en Pandora durante la noche de los tiempos.

Caminando por las calles infectas, vimos un sombrero levitando. Palabras articuladas sin labios que las dirigieran. Hablaban un extraño idioma. No entendía lo que era el galimatazo, quizás solo fuera un galimatías de la propia fantasía del ambiente. Abiertos los ojos, vimos un edificio desplomarse sobre nuestras cabezas, cada piedra quedaba reducida a cenizas, cada instante parecía un suplicio que vencer. El estruendo de una bala dio comienzo a un tiroteo sobre el edificio más alto. Al llegar al lugar de lo acontecido, vimos con estupor como un fantasma poseía a Sir Robert, y este con acopio de virtud luchaba contra su huésped. Lucha en vano, pues de sus manos brotó un as de picas. La carta de un azar que dispondría el paradero del reloj. Una vez hubo recuperado la consciencia, pasemos la carta sobre una ranura que elevó una especie de futbolín. La cuestión era fácil, debía ganar si quería avanzar. Como decirlo, perdió, dos veces consecutivas ante un fantasma muy majo. En ese momento nos vimos rodeados de una sensación perturbadora, cientos, miles de manos arañaban la superficie de la tierra mientras él solo podía observar con indiferente estupor como uno a uno íbamos desapareciendo. Gilbert quedó esparcido y distorsionado en luz. Yo desaparecí, y jamás recordaré dónde estuve. Pero en el momento en que Mercedes fue a desaparecer Sir Robert comenzó a sentirse dominado por la ira, como tiempo atrás pasó con Athos. De sus ojos brotaba fuego, el incesante fuego de la ira. Revestido como un fantasma se armó de las artimañas propias de la ceniza y el caos para destruir las sombras, y librarnos de las tinieblas. En ese momento recuperé la consciencia, estaban todos estupefactos, en una habitación repleta de espejos. Mire fijamente cada uno de los espejos, realmente pensaba que solo servirían para marearme. No fue así. De mis bolsillos brotó el reloj espada, lo alcé al cielo y un enorme haz de luz se hizo sobre Gotham. Toda la corrupción estaba desapareciendo a espasmos. Gilbert hubo resucitado, y ahora debería rendirnos cuentas de lo que pasó en aquella estación, y del salto temporal con todo lujo de detalles. Ahora Mercedes quedaría libre de Gilbert.

1 comentario:

  1. Ramón, te vas a convertir en nuestro cronista ^^

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