domingo, 14 de abril de 2013

Elemental, querida Elisabet


Elemental, querida Elisabet

Capítulo 1º. La desaparición de la profesora Carol

Ahora mismo nuestro mundo se encuentra enfrascado en una serie de mecanismos que soportan la movilidad de una lógica que resulta aplastante. Es cierto que la presencia de esmalte en la pizarra no determinaría nada al secuestro de la profesora de literatura. Bueno, nada no. Para Elisabet aquello implicaba un maravilloso universo de percepciones que le llevaban a pensar sobre un posible despido en una reunión celebrada en aquel claustro. ¿De verdad, había desaparecido? No lo creía así. No era la más guapa, ni la más popular, por no decir que el resto de la clase la consideraba un poco rara, y se apartaban de ella, excluyéndola de las actividades en común. Pero todo esto a ella le resultaba secundario, pues su mente estaba pensando y analizando continuamente los misterios elementales que esconde las cosas cotidianas y mecanicistas más sencillas.

- Elisabet, Elisabet… ¿¡ME ESCUCHAS ELISABET!?- gritó Paula entrecortada. Era una chica de sonrisa entreabierta, amplios ojos color miel y un pelo castaño y sedoso. Había sido designada delegada debido a que ninguna de la clase quería hacerse con el cargo.
- Buenas días, Paula. ¿Qué deseas? – respondió sin mediar mirada, lo que irritaba tremendamente a Paula, le gustaba jugar con ella. Era la única chica que se le acercaba a hablar, y por tanto le causaba curiosidad.
- Has llegado media hora tarde. Sabes que no puedo tolerar estas faltas, a la próxima deberé abrirte un expediente – Paula era muy metódica y estricta en este sentido. Su ideal a alcanzar en la vida era la perfección adecuada a las reglas del mundo.-
- Me entretuve – miró con desdén, mientras esgrimía una amplia sonrisa.-
- Elisabet, eso no es una escusa y lo sabes. Por favor, no me lo hagas más difícil – sus ojos se volcaron sobre sus pupilas, apunto de erupcionar. No soy tu madre, sabes. ¿Por qué no intentas ser más sociable? Me haces difícil ser tu amiga, lo siento. Pon de tu parte.
- […]
- Buenos días, alumnas – La señorita Carol elevó la voz por encima de sus posibilidades para callar los cuchicheos del aula.- Bien hoy veremos a Shakespeare, en concreto a su obra: Romeo y Julieta. Antes de nada, deberíamos entrar en contexto. El romanticismo fue un movimiento de evasión, los escritores pretendían reflejar en sus palabras la vuelta a un mundo fantástico primado por el amor y la atemporalidad. Pretendían crear una atmósfera del tú y del yo como centro del mundo. A ver, ¿alguien me puede decir lo que entiende por amor?
- El amor es cuando sientes la necesidad de posar tu corazón en la sinrazón del destino – respondió Lucía –Lucía era una chica muy enamoradiza de ojos caoba y un pelo revuelto y tan oscuro como el carbón. Era muy desinhibida y le gustaba en especial el personaje de Julieta.
- Excelente Lucía. Si entendemos que el corazón pueda negar la razón, encontraremos la ceguera del enamoramiento. Medio por el cual nos evadimos, y tal cual se representa en la obra de Shakespeare. Julieta rompió las reglas sobre la jerarquía impositiva de una coyuntura en la cual el corazón la llevaría a un desenlace poco grato que de otra forma hubiese sido posible evitar. Pero es esa locura que nos otorga la pasión la que nos brinda la libertad de evasión, y atemporalidad. La felicidad en el romanticismo se entendía de ese modo, y así era como la palabra lograba su triunfo, posponerse a una razón que no existía en un tiempo dónde el progreso era el paragón del futuro, y retornar a la idealización de un estado que está dentro de cada uno de nosotros. En ese sentido la obra de Shakespeare sólo nos enseña a fortalecer ese ideal.
- Señorita Carol, ¿por qué el romanticismo de Shakespeare fue tan trágico? ¿Quiso expresar algún significado? – Preguntó Elisabet, levantando ciertas voces discrepantes en el resto de la clase.
- Sólo el mar sabrá quién por descuido cedió a la locura del sentimiento…
- Carol, ¿puedes acercarte al claustro? – pronunció con una voz estruendosa el señor Philip. Era un viejo canoso y con un carácter agrio. Regía el instituto con mano firme, y todo el mundo le temía. Su voz ya imponía respecto desde tiempos remotos.
- Esto es todo por hoy chicas. Por favor, no se olviden de traerme una redacción sobre la figura de Shakespeare.

En ese momento yo no lo comprendí, pero sería el despido de nuestra profesora de literatura. ¿Algún día la volveremos a ver? Quién sabe, a partir de entonces comencé a ser muy cercana con Elisabet, pretendíamos resolver la inquietud de un misterio que desaparecía semana a semana. No era muy inteligente, aunque creía conocerlo todo, para mí era elemental. Esto es todo lo que puedo relatar hasta aquí. Paula.


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