martes, 30 de abril de 2013

El caso del dragón negro


El caso del dragón negro

Nueva York. 1965. Década de las ideologías. La muerte de J.F. Kennedy sumió a la nación de la más profunda crisis de identidad conocida hasta ahora. Desde la calle Holmes a la plaza de la Libertad los diez distritos neoyorquinos quedaron expuestos a una sombra que se proyectaba en forma de dragón. Las haciendas derruidas en un contexto de guerra fría, y los convulsos proyectos nacionalistas dibujaban un panorama que mucho dictaba de la búsqueda del sueño americano.
- Un día duro de trabajo señor Zweig. ¿Le apetece tomar algo?
- ¿Me está proponiendo una cita, Elisa? –Le clavó sus profundos ojos negros. Pese a contar tan solo con unos 35 años, tenía el rostro magullado y una profunda cicatriz que le surcaba la frente. Tiempo atrás, había servido como infiltrado en la escaramuza de Bahía Cochinos. Pese a ello era docto, se manejaba bien, y muy habido en psicoanálisis, lo cual le permitía bromear con soltura.
- Le propongo un caso. Quién sabe, quizás se enamore, y llegue a inspector. – Elisa era una mujer con mucho carácter, y un gran sentido de la ironía. Sus ojos claros, pelo rubio y figura estilizada hacían que fuera la más deseada de la comisaría. – Le espero esta noche en el hotel Mayson.
Las calles eran inmensos vertederos de ruedas. Apenas dabas dos pasos, y los coches monopolizaban tu mirada. Era la era de los automóviles. Después de cada jornada Henry llegaba a su apartamento, se deshacía del atuendo de policía, y se tomaba una cerveza mientras escuchaba la radio. La guerra del Vietnam y la necesidad de competir contra el comunismo eran el parte diario. También se estaba dando un pomposo impulso por la conquista del espacio, pero eso era algo que a Henry le sorprendía. ¿Cómo podrían conquistar el espacio, si ni siquiera sabían el método de finalizar una tensión bélica que era palpable? Su sueldo no le daba más que para tomar un bisté mal cocinado, y un poco de vino aguado, cosecha de Nevada del 61.
Después de la cena, se apresuró a ponerse el único traje que disponía. Era de su estancia en el ejército, y tenía las hombreras rotas, la corbata desgarrada y la camisa arrugada le daban un aspecto desaliñado. Tomó el paraguas y salió por la calle de los bulevares. No era el mejor barrio de Nueva York, siempre había trifulcas, prácticas ilegales, y se decía que aquella estaba regido por una espiral de corrupción conocida como el dragón negro. Nadie sabía quién movía los hilos en aquel barrio, sólo que la justicia lo había abandonado a su suerte. Se podría decir que Estados Unidos ignoraba su existencia, o si se percataba de ella, simplemente no le interesaba entrometerse. Los gritos se volvían alaridos, gemidos que desgarraban, y una incesante carestía de humanidad. Como de costumbre, escondía en su bolsillo la placa de policía, y avanzaba omitiendo cuanto veía. Al fondo de aquel barrio, se acercaba ‘Delly rost” el lugar del juego. Al fondo del viejo teatro Lincoln se encontraba el hotel Mayson. Tan magnánimo como impresionante. Toda la gente se reunía en él, pues las figuras más celebres de la ciudad posaban en tertulia para el afortunado que pudiera compartir estancia con ellos.
- Señor Zweig. Me alegro de verle.
- ¿Qué tiene para mi esta vez?
- Vayamos a un lugar menos concurrido. Camine directo hacia el jardín, no salude y siéntase en el banco. Allí estará mi informador, con un sobre para usted.
[…]
- ¿Es usted el señor Zweig? – Preguntó un hombre de unos cincuenta años, aspecto juvenil aunque canoso. Lucía un digno traje de color ocre, y un perfume de canela.
- Henry Zweig.
- ¿Su padre era suizo?
- ¿Y eso que le importa?
- Absolutamente nada. Pero sabe, tengo un trabajo para usted. Mi nombre es Louis Anthony, inspector jefe de la comisaría del distrito norte. Si hace cuanto le pido, podré promocionarle como inspector, ¿no quisiera ser un paladín de la justicia?
- ¿Por qué yo, inspector Anthony?
- Mostró mucha potencialidad en las fuerzas armadas, pero quiso ser policía, policía raso. Muchacho, aún eres joven, y puedes demostrar mi talento. Toma el sobre, y demuéstrame que he tomado la elección acertada. No lo habrá aquí, en la puerta le espera mi chófer, le llevara hasta su hogar.
[…]
Al llegar a su apartamento se tiró en redondo a la cama. Estaba cansado, pero la curiosidad le superaba. Al abrir el sobre sacó una nota y un carné. En el carné se le otorgaba un rango de inspector ocasional. En la nota una dirección. No tenía la cabeza para pensar. Apagó la radio y se desplomó.
- Henry Zweig, ¿me equivoco?
- ¿Quién eres?
- Peter Mayer. Soy tu superior en este caso. – Le estrecho la mano con una amplia sonrisa. Era un hombre vestido de negro, con una conservación envidiable para su mediana edad, y unos ojos tan claros
- ¿Cuál es mi trabajo?
- Investigar al ‘dragón negro’.
- Pensé que eso era una fantasía.
- Es hora de que la justicia prevalezca. En primer lugar, investigaremos la muerte de la señora Margaret Tyson. Quizás encontremos algún indicio del paradero de nuestro opresor.
- ¿Qué puedes contarme sobre su muerte?
- Dos casquetes de bala de calibre 37 impactaron en su frente. Muerte limpia.
- ¿Se sabe algo del arma del homicida?
- Una winston Smith del 37. Su código seria era S71983. La compró según nos informó el de la armería un tal Tristán Gastón. Nuestra misión es interrogarlo, ¿podrás hacerlo?
- Sacaré una confesión de ello.
- No me cabe duda de que lo hará. Ahora entre y muéstreme tu potencial.

lunes, 29 de abril de 2013

Reflexiones para 7 meses


Reflexiones para 7 meses

Hace tiempo que dejé de exponer mi pensamiento, que dejé volar mi sentido. Lo cierto es, que la mejor creación no es la que uno improvisa. El mundo es muy complejo, y nos vemos limitados a observar. Quizás sea el único modo de lograr la ansiada inmortalidad, plasmar en palabras una obra eterna. La vida fluye, pero nosotros no. Tenemos la cabezonería de acabar las cosas, de crear un final digno.

La vida no entiende de límites, pero siento la necesidad de crearlos. Siento la necesidad de expresar aquello que no es real, puesto que es algo más sincero que la realidad. Mentir es humano, lo hacemos continuadamente y vivimos de ello, pero en un folio en blanco no hay mentira, ni verdad, solo la realidad que tú quieras crear.

Un simple desliz en el compás de las normas y los prejuicios de la madre tiempo, un libro inacabado, pero con un final que está por llegar. El final es tergiverso, lo cual resta complicidad.

Recientemente leí la historia del Ángel rojo, un anarquista que salvó la vida de muchos fascistas porque valoraba más al ser humano, que a sus ideas. Ese hombre es un héroe, el héroe que merece ser inmortalizado. El principio no empieza dónde imponemos nuestros dogmas, el principio somos nosotros.



En respuesta a un tiempo lejano, pero no olvidado.
La razón y génesis de ‘chronicles of a reader’.


¡Gracias a todos los lectores!

domingo, 28 de abril de 2013

Retomando historias pasadas: 'Shinigami del azar.'


Esta es una historia que rescataré del baúl de los recuerdos. La escribí hace 3 años. La dejé incompleta:

Shinigami  del Azar
Existe algo que nos domina, que se expande y guía nuestras vidas. Debemos entender que nuestro cuerpo, al que denominaremos kai, presenta una función paliativa a semejanza de una marioneta. Nos sentimos arrastrados por impulsos que nos mueven a realizar acciones que disponen de un fin. Ese fin no es más que un Destino prefijado por el Azar.
Kuroi es un joven que nada tiene de especial. De hecho tampoco es normal, su picara sonrisa y sus mejillas sonrosadas nos permiten captar una imagen pomposa y atrevida, aunque su personalidad extremadamente introvertida lo rodean de un halo de misterio. Es conocido como “el invisible”. No se sabe del porqué del apodo, pero desde pequeño tuvo que hacer lo posible por sobrevivir dentro de un mundo que no era el suyo.
Nuestro joven protagonista quiso cambiar su destino, pero jamás supo lo que el azar le depararía. Harto de las burlas de sus semejantes, y armado con un par de dados y una imaginación desbordante imaginó un mundo mucho más real de lo que él mismo jamás cabría a imaginar.

1.    ¿2+2 = 4?

-       Kuroi, Kuroi (…) Despierta calzonazos - ¿? (coro)
-       *Gruñido* - Kuroi
-       ¿Estás en clase, recuerdas? - ¿?
-       Lo-lo s-siento, Sr. Delamoir – bostezaba mientras entreabría los ojos. De repente lo que parecía una enorme vara se explayó frente a su mano.
-       Jovencito, recoja sus cosas. Nos veremos después de clase. – Sr. Delamoir
Kuroi sale sonrojado de clase, mientras escucha el abucheo de sus compañeros. Era la tercera vez que se dormía a mediados de la segunda quincena de Mayo. […]
-       Sr. Kuroi, ¿acaso no logra conciliar el sueño? Su rendimiento ha bajado a mínimos históricos. Me temo que como no mejore, me veré en la obligación de avisar a sus tutores legales. (…) Y bien, ahora dígame, ¿Qué le ocurre? – Sr. Delamoir
-       (…) (…) (…)
-       ¿Tiene usted oídos o estoy hablando con un señor topo?
-       Señor, l-lo siento. No volverá a ocurrir.
-       Eso espero - *Se despide con el entrecejo fruñido*
(…)
-       KUROI-KUROI-KURROIIIIIIIIIIIIIII….. - ¿?
Se gira lentamente, sobresaltado.
-       Hina, ¿También vienes a reírte de mí?
-       Pero mira que eres tontorrón. Ven, quiero compartir algo contigo.
Derepende Kuba y Meta se abalanzan sobre él, tirando todo los libros de por medio, y llamándolo calzonazos.
-       Hahaha. Tan inútil como de costumbre. ¿A qué huele Meta?
-       MM… ese hedor… parece….
-       Mierda, hahaha… Como tu taquilla, capullo.
Kuba y Meta se acercan, cogen a Kuroi y le dan una palmada en la espalda.
-       Más vale que los aceptes…
-       Eres… un… CALZONAZOS
-       Y ahora lávate un poco, campeón.
-       QUERÉIS DEJADLO EN PAZ… A esto paso en lugar de alumnos de secundaria parece que vais para burrólogos. - Hina
-       CALZONAZOS – gritan Kuba y Meta a coro mientras desaparece antes de que Hina decidiera practicar lucha libre con ellos.
-       ¿Estás bien?
-       (…)
-       Sabes, a veces me gustaría que fueras un poco más extrovertido. ¿Qué harías sin mí?
-       (…)
-       Déjalo. Mañana quiero verte en el parque de Gallostown, tengo algo que enseñarte. ¿Te parece bien que quedemos en el estanque de peces?
-       (…)
-       Allí nos veremos – se despide Hina.

En el camino de regreso a casa, Kuroi observaba las estrellas. Era extraño, su mente vacía de pensamiento parecía sumergirse en un universo de incógnitas cada vez que observaba los astros. Para cualquiera, aquello podría parecer insulso, pero Kuroi se dio cuenta del resplandor que Marte ofrecía aquella noche. Pero, ¿era realmente un resplandor?

Nada era seguro, la noche avanzaba, y las piernas le pesaban. Últimamente se sentía muy pesado. Era como sí su cuerpo estuviera delatando que ya no quisiera sumergirse en este mundo. Ya en la puerta de su casa observó como un perro de mirada hosca lo esperaba. Era como sí le señalará la entrada a un maravilloso mundo.

No se sabe lo que pasó. Kuroi cerró los ojos y apareció en un mundo extraño. Amplios surcos plateados recorrían un sendero cuyo hedor no era mejor que su apariencia. Caminando hacía la luz dorada se encontró con el perro. Pero esta vez lucía de forma diferente, su postura bípeda y sus relucientes colmillos no tenían nada que envidiar a los de un licántropo.

El ladrón de sombras I


El ladrón de sombras I

Londres. 14:48. Comisaría del distrito sur, Sutton.
- ¿Tiene los informes?
- Estamos ya viejos para esto. – Soltó una ristra de carpetas sobre la mesa.-
- Debemos hacerlo –en ese momento encendió un habano.- Confío en tu buen hacer, Paul.
- ¿Cree que servirá de mucho entrevistarle, inspector?
- Creo que no debemos dar nada por sentado. Podemos reconstruir los hechos, pero necesitamos sus declaraciones.

16:30. Sala de interrogatorios.
- Buenas tardes, Alison. ¿Cómo te encuentras?
- Tengo sed.
- ¿Puedes recordar lo que sucedió a noche? – pregunta mientras le acerca un poco de zumo.-
- Me duele la cabeza. Parece que me va a estallar. En ella hay ruidos, y espejismos que no cesan.
- ¿Ruidos? ¿Qué escuchas, Alison?
- Un teléfono. No cesa. Intento apagarlo, y permanece igual. Rompo el móvil, y es entonces cuando sale él. Él me muestra espejismos.
- ¿Quién es ‘él’?
- No lo sé. Me duele la cabeza. ¿Puedo irme?
- Es importante que colabore, Alison. Mañana continuaremos.

19:00. Despacho del Inspector.
- Tenemos un nuevo caso de asesinato. Los testigos sólo dicen haber visto sombras.
- ¿A qué nos enfrentamos, inspector?
- A algún perturbado, no le quepa duda. Pero está empezando a manipular el espíritu de nuestro barrio. La gente tiene miedo, y sus espectáculos son bizarros.
- ¿Tenemos algún indicio, inspector?
- La pequeña Alison está conectada de alguna manera. Tiene visiones perturbadas que parecen cazar esas sombras. Algo malo me temo, pero quizás sirvan como instrumento para dar con el asesino.
- ¿Qué hubo en el escenario del último crimen?
- Un cuerpo. Tendido. No sangraba. No había rastro de haber sido amordazado, envenenado o asfixiado.
- ¿Algo destacable? ¿Alguna señal que pueda identificar ese homicidio con los anteriores?
- Sus ojos eran completamente blancos, y su mirada parecía querer aferrarse a la vida. Un último suspiro antes de marchar.
- ¿Qué paso con los anteriores homicidios?
- Por cada nuevo homicidio hay un espectáculo. Un hombre enmascarado aparece haciendo gala de su pedantería, y ante los viandantes un conjunto de sombras envuelven el ambiente. También nos hemos dado cuenta que todas las víctimas tienen relación con las casas nobiliarias que rigen nuestra ciudad. Todas ellas poseen la misma expresión, y miradas vacías.
- Vamos a solicitar a Scotland Yard ayuda más eficiente. No puedo consentir que en mi ciudad estos crímenes se sigan tolerando. Espero que colabore con ellos, inspector.
- Gracias por su tiempo, alcalde. Así será.

08:30. Plaza de la torre.
- Hace un buen día, ¿no crees?
- Hoy parece que la neblina se ha desvanecido.
- ¿Qué deberíamos hacer? Se está volviendo todo muy problemático.
- Mirar, observar, y volar.
- Todo esto es una gran patraña. Algún día abrirán los ojos.
- Por ahora dejaremos que vivan en una ilusión.
- Volvamos a las sombras.
- ¿Escuchas esta gran melodía?
- El sonido de las máquinas al pasar, el cuchicheo de la gente al caminar, el graznido de los cuervos al volar.
- Caminemos pues, por el escenario.

10:30. Comisaría del distrito sur, Sutton.
- Buenos días, Inspector.
- Buenos días.
- Soy el detective de la fiscalía de Hounslow. A partir de ahora trabajaremos juntos.
- Bienvenido. Dejémonos de presentación. A continuación le expongo el caso.
- ¿Dispone de algún tipo de reporte fotográfico?
- Aquí tiene. Fue el último homicidio.
- ¿Dónde tienen el cuerpo?
- En el depósito trece.
- Esta imagen me muestra algo significativo, ¿podría echarle un vistazo?
- Cualquier indicio de deducción es significativo.

12:15. Depósito trece.
- Tal y como imaginaba. El cadáver se encuentra ileso. La causa de la muerte, a juzgar por su expresión será un infarto, algo que creo que el análisis del forense verificará.
- El análisis forense determinó que el oxígeno dejó de circular, y el corazón bombeó rápidamente, hasta dejar de convulsionarse. No se han encontrado restos de asfixia.
- La clave está en su expresión. Terrorífica, o al menos eso es lo que deja intuir. Algo muy extravagante tuvo que ocurrirle. Es como… Si le hubiesen absorbido el alma.
- Sin embargo, no debemos dejarnos guiar por explicaciones fantasiosas.
- Era una mera suposición. Mi conclusión es que las victimas deben ser selectivas, y sometidas a un ejercicio de presión continuado. Eso lograría un desequilibrio en el sistema neuronal y una desestructuración de sus emociones.
- Entiendo lo que intenta decirme. El cuerpo humano dispone de límites.
- Elemental. Estas personas se verían obligadas a acudir a una cita bajo consecuentes amenazas de algo preciado para ellos. Al perderlo en un espectáculo bizarro, se verían obligadas a forzar su impotencia, lo cual haría que su corazón no respondiera de la forma adecuada. Causa sinecuanime de la muerte.
- ¿Qué deberíamos hacer?
- Investigar el entorno, inspector.

Continuará… 

miércoles, 24 de abril de 2013

Athos: los payasos del pasado


Athos: los payasos del pasado

Las grandes historias siempre requieren de un gran personaje. El pasado es un despropósito, pues a veces incluso los héroes hacen sacrificios demasiado grandes para continuar. Lo cierto es que resultó una tragedia. Mercy y Peter se habían hallado muertos en la calle rúe. Ciudad Calamidad ya estaba dando lo mejor de sí, y solo acababan de llegar. Sus cuerpos tendidos sobre un círculo de sangre, mutilados pero limpios, y con la cuenca de los ojos vacías hacían recordar a Athos su pasado. Cierto es que su carácter era su modo de sobreponerse a traumas pasados. Aquel suceso disponía de muchas similitudes con la muerte de su madre. Aquella mañana tiempo atrás Athos y el pequeño François – François era su hermano menor, quién siempre se levantaba con la moral de Athos, y actuaba a modo de consejero. En la actualidad, era un maestro assassin como Athos, y su discípulo Frute, aunque algo patoso, le logró excelentes resultados- vieron colgada de un techo a su madre, su cuerpo clavado a una estaca, las cuencas de sus ojos vacías… No podían ni siquiera expresar lo que sentían con lágrimas. Ahora Athos debía de enfrentarse a los fantasmas de su pasado.

Volviendo a la realidad, el cuerpo de Mercy y Peter Robertson, hermanos y detectives privados de la propia Scotland Yard, asustó al personal. Gilbert se encontraba anonadado, patidifuso. Tras su fracaso en la estación de trenes, se encontraba haciendo gala de una actitud depresiva, y decía sentirse imbuido por la decadencia. Por el contrario todo esto era un reto para Athos, una forma de resolver su pasado. Detenidamente volvió a observar los cuerpos, y percibió un extraño hedor, no era horrendo, era familiar. Con agilidad logró desenvolverse entre los lugareños, y llegar hasta una especie de Carpa. Era muy extraña. Dentro de ella parecía no avanzar el tiempo, las personas entraban y se quedaban absortas, como si de una especie de secta devora almas se tratase. Cosa que no era muy distinta de la realidad. Dos arlequines con una “J” estampada en el pecho, uno grande, y otro pequeño se les acercaron. Ambos escondían una perfilada sonrisa, y con gestos y ademanes les invitaban a pasar. Gilbert, más incauto y demorado pasó. Athos les sostuvo la mirada, cuando estos la apartaron. Pudo ver la realidad. No eran espectadores lo que allí había, sino ánimas malditas que reían, comían, hablaban… Mientras sus cuerpos marchitos cedían, y eran consumidos por el tiempo. Mientras tanto, los arlequines devoraban su esencia, hasta que muchos de ellos simplemente desaparecían. Entonces, volvió a mirarlos, ya no eran arlequines, sino dos sombras, una alta y otra baja, cuyas garras se hundían en su rostro, haciéndole recordar la muerte de su madre. Sin duda, eran los payasos de su pasado.

Llegaba el momento de la acción. Athos destacaba por su rapidez, sin duda. Pero su venganza clamada esa noche a machetazos que se desvanecían le hacía dilucidar lo irreal. ¿Sería aquello tan solo una ilusión? Maldita sea- clamaba al viento. Gilbert, despierta de tu letargo. Aquellas palabras de apoyo sincero le hicieron volver a su virtud, y una luz cegadora disipó la oscuridad. El reloj espada había aparecido, en las manos de Gilbert. Athos por el contrario absorbió aquella oscuridad hasta materializarla en una daga, pequeña sí, pero muy certera. Su daño no alcanzaba al cuerpo, sino al alma. Un lastimero toque, y aquellas sombras perecerían. Athos logró un raudo golpe desde abajo, enviando a las tinieblas a esos arlequines. En ese momento la carpa desapareció. Ciertamente, no era la solución del misterio de Ciudad Calamidad, pero al menos los payasos de su pasado habían desaparecido, y habían logrado despertar en ellos un poder interno que les facilitaría la clave del misterio. La próxima parada era el reloj de Hellemburg. 


Dedicada a mi buen amigo Juanjo. Quién la hizo posible.

martes, 23 de abril de 2013

La era de los piratas


La era de los piratas

Esta es la semana del shonnen. En mis ratos libres he estado rememorando los mejores momentos de cada uno de los grandes. Ver la batalla de Naruto y Nagato en Shippuden me motivó para escribir una entrada, pero ahora le tocó el turno a One Piece con un manga realizado por Eiichirō Oda que es toda una delicia. Como anteriormente no ofreceré una reseña, sino un juicio de valor.

Monkey D. Luffy no es lo que cabría esperarse un pirata al uso, tampoco encontraremos en este universo la piratería como una reseña histórica. No nos encontramos ante corsarios ingleses atracando navíos españoles por las regiones caribeñas de Jamaica o Cuba tal y como se van a reflejar en el futuro Assassin Creed Black Flag. Es un universo mítico en cierta parte dónde la imaginación tira de leyendas de todas las partes del mundo, desde nórdicas con los gigantes vikingos, hasta paradojas de Dioses en un hipotético cielo en la saga Skypiea. Es un cosmos de bastas magnitudes dónde todo lo absurdo se vuelve real, dónde la imaginación juega un papel esencial, y no existe la palabra imposible. En este sentido Luffy emprenderá un viaje para hacerse con el ‘One Piece’, un tesoro de tales magnitudes que podría cambiar el equilibrio del mundo.

Centrándonos en sus dinámicas sociales, nos encontramos ante un mundo regido por una minoritaria casta de arrogantes nobles que se creen poseedores de todo el mundo conocido, de acuerdo a un pasado común que ha sido extirpado de las gentes, empleando por tanto a una especie de gobierno mundial dirigido por marines para tales propósitos. En medio de esta coyuntura, la violencia no cesa entre la opulencia de la piratería, las rivalidades entre estos, y la aparición de unas frutas conocidas como ‘frutas del diablo’ que conceden poderes especiales a quienes la toman.

Luffy como es común en el mundo del shonnen y sus protagonistas, es un personaje cómico, glotón, idiota, terco y en ocasiones masoca, pero sabe ganarse la simpatía del público pues es divertido, tiene coraje anteponiendo su propia vida a la de sus nakamas, y un sueño que cumplir que es inmenso, pues no solo pretende lograr el One Piece, sino hacer que sus nakamas cumplan sus respectivos sueños.

La calidad del dibujo es excelente, con rasgos acentuados en personajes como Usoop dónde el autor quiso resaltar su procedencia africana, y en general un estilo desenfadado que se vuelve serio en algunas batallas contra los enemigos más fieros. En este aspecto destacar que los flashback son una constante en su desarrollo argumental lo cual nos ofrece un conocimiento de la historia más completo, pero quizás ralentice la acción.

En cuanto a la banda sonora, nos encontramos con la participación de Koji Kondo, que nos ha ofrecido una excelente participación en videojuegos como The legend of Zelda: Ocarine of Time.

Algunos de los momentos más memorables:


En síntesis, si buscas aventuras y aprender ciertos valores este es tu shonnen. Si buscas emoción e intriga este es tu manga. Si buscas un doblaje divertido este es tu anime. Lo que está claro es que no te vas a aburrir. 9/ 10. 


Espejismos


Espejismos

Pasos en la oscuridad,
Y un río de tinta roja.
¡Oh, impetuosa lluvia!
¡Oh, cansado caminante!
Asfalto esquilmado y pantanoso,
Humedad que cala en el alma.
Pasos envolventes y pesados,
Tintados en la oscuridad.
Ojos que oyen,
Oídos que ven,
Y un tacto que se vuelve hierático.
Completamente perdido,
Amparado en un desconocido delirio.
Enmascarados que no cesan,
Inquietantes, observantes.
Se hizo el silencio,
La mudez desolaba el ruido.
Espejismo perecido,
En hebras de reflectantes espejos,
Imagen discernida.
Ojos cerrados,
Materialización de cuervos,
Espectros de mi visión.
Un yo desfigurado,
Abstraído de la realidad,
Inmerso en un imaginario desconocido.
Al abrir los ojos,
Se perciben graznidos.
Sonidos intangibles,
Perdidos en un traspié.
Espejismo de la realidad,
Visiones que cegáis.


lunes, 22 de abril de 2013

En el baúl de los grandes, Enrique Urquijo


En el baúl de los grandes, Enrique Urquijo

Enrique Urquijo Prieto (1960- 1999) fue un compositor, cantante, bajista y guitarrista español que formó parte de uno de los grupos de pop-rock madrileños más enigmáticos de los años 8o y 9o. Siendo un representante del movimiento juvenil surgido después de la transición, y por así decirlo un emblema de la época dorada del pop rock español. El tiempo dónde la música española nada tenía que envidiar a la yankee, y no era tan estrictamente comercial como los hits del momento.

Sus canciones marcaron momentos muy especiales de amor, desamor, e incluso bailes que parecen hacerse eternos al escucharlos. La pasión y dulzura en sus letras reflejaban la imagen de un Enrique Urquijo muy enamoradizo que dejaba su pasión envuelta en lágrimas y sonrisas a partes medidas. Sus canciones lograron situarse dentro de la historia de la buena música española.



Sonrisas permanentes


Sonrisas permanentes

Sobre el tocador del confesor.
Tus palabras vuelan sin autor.
Tu mirada se esparce a babor.
Tu sonrisa es manifiesto ardor.
No tientes mi hábito,
Mi perjuriosa alma de bardo.
Mi deseo fugado.
Mi corazón incautado.
No perturbes mi presencia.
El sombrero de mi celda,
Como chistera que no cesa.
Los sueños piden una tregua.
Que nuestras almas en juerga,
Hagan que la quietud del hado tuerza.
Seamos sonrisas permanentes.
Seamos el amor que nos venden.


domingo, 21 de abril de 2013

El juego del zorro


El juego del zorro

Naruto Uzumaki es un nombre que a pocos resultará indiferente, o al menos extraño. No es una reseña lo que vengo a realizar de este manganime tan trillado en Occidente, tan solo una valoración a juicio propio. La historia del joven portador del Kyubi Kurama o zorro demonio de nueve colas se dispone de dos arcos temporales que constituyen series independientes al uso.

En Naruto vemos la historia de un marginado, una persona marcada por la sociedad desde su nacimiento, que pretende iniciar el camino del ninja con el objetivo de crear lazos en la aldea que le permitan crecer como persona, y en el fondo lograr su aceptación. Todo esto entrecogido en un mundo de ninjas dividido en países feudales cuyas potencias militares se rigen por aldeas ninjas que estructuran el equilibrio del mundo, y un personaje cómico, patoso, algo terco e idiota, pero bastante decidido que logrará alcanzar lo que se proponga, incluso ser Hokage –algún día- .

En Naruto Shippuden nos encontramos a un personaje más maduro que poco a poco va a ser consciente de la fuerza que alberga para recuperar los lazos de un compañero que perdió por causa de la ceguera y la ira, e iniciará el camino para lograr reestructurar la paz a nivel mundial, ante asociaciones e individuos movidos por la venganza personal, que pretende convertir el mundo en un caos constante, una lucha por la supervivencia de las naciones, dónde las aldeas ninjas sólo sirvan de instrumento de devastación.
La banda sonora es épica a proporciones, y la calidad de dibujado presenta una palpable mejoría en la segunda serie, siendo la primera de esta principalmente relleno en lo referente al anime, no ocurre lo mismo con el manga, dónde el dibujo y la ambientación de Masashi Kishimoto es simplemente espectacular.

Algunos de los momentos más impactantes:



En síntesis, es un anime al que merece la pena darle una oportunidad. Pues cuenta –principalmente en Shippuden- con un arco emotivo muy bien logrado, y deseoso de alcanzar el trono espiritual de otros shonnen en Occidente, como pudiera ser Bola de Dragón, One Piece, Shaman King o Bleach.

8/10, te entretendrás con él, y su historia te absorberá. El relleno repetitivo en elaboración quizás reste intensidad, lo que le resta calidad.


viernes, 19 de abril de 2013

Obstinado ocaso


Obstinado ocaso

Pareados, y mareados,
Obstinados, y socavados,
Feligreses del ocaso,
Mirad con fracaso,
El corolario del atraso.
Hachas, y espadas,
Ensambladas, y picadas,
Luchan, y clavan,
Pican y embalan.
Puntas clavadas.
Peleles noveles,
Rieles de acordes,
Teleles que muelen,
Momentos que anhelen.
Obstinado ocaso,
Actuado payaso.