jueves, 3 de enero de 2013

El espantapájaros


El espantapájaros 


Esta es la historia de un humano, que pretendía ser espantapájaros. Cada día, cuando las luces del Alba despertaban, corría por verdes praderas, notando la suave brisa que acariciaba su piel, era un momento especial para él, quizás inmortal. Solo quería que fuera eterno, para siempre. Como casi todos los días le daba por adentrarse en sinuosos caminos de piedra que no llevaban a ninguna parte. Era libre, desprendido de toda responsabilidad, eximido del mundanal ruido de la urbe. Todos sus placeres consistían en ver como las golondrinas migraban, las ganzúas emprendían vuelo, los cuervos graznaban, y los zorros tejían sus madrigueras a la espera de un invierno que estaría por llegar. En el suelo, los topos removían la tierra, y el equilibrio desaparecía, haciendo que los escurridizos conejos brincaran en alza, y sortearan las piedras. A los lejos, en las cumbres de los atisbos montañosos se podía vislumbran la confrontación de dos machos cabríos cuyo cortejo parecía rendir pleitesía a la propia madre naturaleza. El sonido del viendo al mecer las hojas, en ocasiones acompañados de aullidos lejanos hacia que todo aquello pareciera mágico e irreal.

Aquel joven, tenía un viejo sombrero de copa, raído por el viento. Su rostro era inexpresivo, como si se sintiera cautivado por la magia de aquel ambiente. Pálido, moreno, alto y con ojos oscuros, daba la sensación de pertenecer a aquel ecosistema. Portaba un viejo palo, a modo de bastón, y una mosca azulada muy característica. Su mirada se posaba hacía un horizonte infinito, resultaba muy curioso y ciertamente desconcertante.

Un cuadro de una primavera frugal de cuyo artista, seguro que recibiría los más altos honores tras su muerte. Era arte, y no ese arte abstracto que acostumbran a vendernos como sentimental, era arte auténtico. Cada vez que lo mirabas, podías sentir la viveza de sus formas, podías sentir como iba cobrando vida poco a poco, hasta convertirse en una constante, era real. Estaba creando vida. No sé, quizás fue la frustración o el delirio, pero sintió como los cimientos sobre los que había logrado cimentarse comenzaban a derrumbarse. Cogió acuarelas y acrílicos, y realizo mediante una mezcla de magenta, lila y marino un cielo tempestuoso, en el fondo una figura oscura.

El joven que quería ser espantapájaros se sentía atrapado. El cielo tornó a oscuridad, parecía como si fuese a ser tragado por una nueva dimensión. El viento levantó con fuerza, y lo que era antes el silbido de un ruiseñor, se transformó en fuertes rugidos. La naturaleza había roto su equilibrio. Intentaba sostenerse con todas sus fuerzas a la tierra, pero los animales habían desaparecido, y lo que antes eran verdes prados y repisas rocosas, ahora solo era una inmensidad oscura y grisácea. En su interior palpitó una fuerza interna. Un montón de tinta roja comenzaría a ebullir e impregnó todo el ambiente.

Debía de crear algo novedoso, no solo vivo, sino que transmitiera algo más, algo más de lo que la vida acostumbra a mostrar. Cogió el bote de acrílico, y con un rojo vivo, fuerte y cálido, impregnó todo el paisaje. Quedó una especie de ambiente entre mezclado. La viveza de la primera parte de su obra, se había convertido en algo abstracto, pero estaba dispuesto a darle forma.

Inmóvil, ahora se sentía más liviano. Tendido sobre una cruz de madera, con sus ropajes raídos y el sombrero de copa sobre su cabeza, esgrimió una amplia sonrisa de mejilla a mejilla. Tenía el bastón en su mano, pero ahora ya no se movía andando. Volaba. Daba un impulso tan fuerte sobre el palo de su eje, que debido a su peso tan liviano podía alcanzar las nubes. Era un espantapájaros, lo que siempre había soñado. Ahora todo volvía a ser verde y puro, la naturaleza había recuperado su estabilidad, y el podría vivir por siempre en ese ambiente tan mágico.

Su sonrisa sería contemplada por todo el mundo. Al fin había logrado el cuadro perfecto. Era un cuadro tan bello, como vivo, aunque lo principal es que transmitía felicidad. Todo el que posaba su mirada sobre él, podía contemplar el rostro sonriente del espantapájaros, ver como una sensación viva de alegría comenzaba a dominar su cuerpo. No se puede describir con palabras, tienes que mirarlo para vivirlo. 


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