sábado, 15 de diciembre de 2012

El rinoceronte feliz


El rinoceronte feliz

En medio de la estepa los pasos se hacían lentos y tediosos… Sus verdes parajes cubiertos de nieve, daban inicio al fin de la guerra. Los vestigios de las trincheras recordaban aquellas viejas situaciones de camaradería. El camino hacia Alemania se hacía tedioso en aquella noche del 10 de Noviembre de 1918. La soledad le invadía a cada paso que daba. Caminaba con una pierna mutilada y sustituida por la estocada de un viejo fusil a modo de remiendo.

Miles de kilómetros lo separaban de cuanto era su mundo, se había embarcado en una guerra guiado por la euforia de las masas que recordaban con tesón el pasado imperio que una vez ejerció occidente. En esa ocasión la situación era diferente, eran las nacionalidades las que habían pugnando por lograr el dominio de un hemisferio que tan solo necesitaba una burda escusa para desatar el peor de los caos. La Gran Guerra la llamaban debido a sus magnitudes intercontinentales, pero para él era la gran calamidad, millones de muertes firmadas en actas de pluma y papel dejan paso a la desolación, el solo quería volver con lo que fue una vez su hogar.

La realidad era que los especialistas no le daban más de un par de días de vida. A pesar de la amputación, una herida realizada con una bala de calibre 46 había logrado perforarlo el costado, y al no haber podido ser tratada a tiempo, las inclemencias meteorológicas hicieron que tuviera el tejido membranal próximo a la estructura ósea se infectará, era cuestión de días que la corrupción se expandiera por todo el cuerpo, hasta llegar a las cavidades venosas, dónde la oxigenación de la sangre haría el resto del cometido.

Su entereza era tal, que logró llegar a la oficina de administración alemana. Su misión de espionaje en Rusia había resultado todo un éxito, debido a la información que había logrado reportar sobre la revolución vivida en Rusia ante su retirada prematura de la guerra. Pero las especificidades del escenario bélico hicieron que se viera en campaña contra las tropas estadounidenses que habían llegado como medio de alianza entre los países que defendían su constitución mediante la potestad ejercida por el pueblo que emanaba de las elucubraciones de teóricos como Locke o Rousseau tiempo atrás.

Al llegar a su casa, acompañado de las pertinentes autoridades sanitarias, besó el rostro de su esposa. En ese momento cayó desplomado al suelo con una sonrisa satisfactoria en su semblante. Del bolsillo de su camisa, una especie de esfera de oro rodó y llegó a los pies de uno de sus hijos, en su reverso había un rinoceronte feliz.

Para un Gremlim de la comarca de Aston

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