viernes, 14 de diciembre de 2012

El príncipe de la noche


El príncipe de la noche

Postrado frente al pedestal que glorificaba a su difunto padre, veía como los cimientos  de toda una vida habían de dar paso a una cadena de turbulentos acontecimientos. Las lágrimas le brotaban sobre unos grandes y oscuros ojos, henchidos de ira, mientras se disponía a perjurar sobre los dioses arcanos de la casa Pully que algún día lograría recuperar el prestigio del que fue desposeído.

Sus elegantes ropajes realizados con la mejor seda de la región norteña de Rawston se veían desgarrados, y magullados, su rostro en otro tiempo fino y delicado torno a la aspereza, y sus cabellos oscuros como el azabache se volvieron rudos y rebeldes. En ese instante su vida daría un vuelco… No se sabe cuál sería su nombre, pero comenzaría a ser conocido por los lugareños como el príncipe de la noche.


-     
  Señor, es la hora del té. Su madre le espera complacida en el salón.- dijo el mayordomo
 menor de la casa Pully.

-       Lo sé, lo sé… hoy cumplo la mayoría de edad. Me dará una reprimenda sobre como encauzar nuestra casa, y celebraremos un baile entre las principales familias nobles de Nueva Platina. Dime, Albert, ¿te gustaría vivir una aventura? – respondió en tono sarcástico.

-       Señor…

-       Vamos, si tienes mi edad. Sabes, suena tan estúpido cuando me llamas señor – mientras esgrimía de una sonrisa de mejilla a mejilla.-, porque no nos tomamos un tiempo, y vamos a rendir cortesía con las jóvenes damas.

-       Señor, vos nunca cambiaréis, pero antes… Id a hablar con vuestra madre.

-       Voy, voy… no seas pesado, Albert.

Nueva Platina era una ciudad de grandes y esbeltos edificios en mitad de la gran llanura de Ospentia, compuesta por hasta 184 casas nobiliarias, de las cuáles la de los Tully era una de las casas soberanas. Esta ciudad palatina, en antaño, en el confín de los tiempos fue constituida por cuatro grandes casas exiliadas del continente de Esfera. El emplazamiento había sido decidido de acuerdo a los patrones de prosperidad de aquellas regiones, y prácticamente era una ciudad que se gesticulaba por su economía suntuosa y comercio, de ahí que numerosos ciudadanos hubieran constituido casas nobiliarias menores.

-       Madre, ¿requiere mi presencia?

-       Orfelia, por favor, déjenos a solas.

-       ¿Qué desea? – preguntó algo sorprendido.

-       Esta noche celebraremos un baile para celebrar tu compromiso con la princesa Rosalía de la casa Sturgan.
-       Madre no deseo casarme…

-       No me interrumpas, padre vendrá esta noche. También te haces mayor de edad, y debemos conservar nuestros fondos. Es una familia de elevados recursos que requieren de nuestro pedigrí. Celebraremos tu ceremonia de iniciación a caballero, y concederás tu mano a la princesa de la casa Sturgan.

-       Madre…

-       Puedes retirarte.

La Casa Sturgan era una dinastía nobiliaria de segunda generación, de procedencia foránea, muchos insinúan que llegaron de las islas sureñas del mar vacío. Sus principales ingresos residían principalmente de fondos comerciales, y se lograba cuchichear entre la corte que disponía de relaciones clientelares fraudulentas.

-       Conceder mi mano en matrimonio. Vaya tontería, ¿verdad Albert?

-       Señor…

-       ¡Qué no me llames señor! Al menos sin estar bajo la presencia de mi madre.

-       La casa Sturgan es muy rica.

-       Y muy siniestra.

-       Dicen que la joven Rosalía es hermosa.

-       Ei, ei, parad el carro vuestra merced, por muy hermosa que sea no deja de ser la hija de un tirano. ¿Por qué no salimos a dar una vuelta? – Sacó el reloj de bolsillo que le había regalado su padre antes de partir a Valiria.- Son las 17:00 horas, aún tenemos tiempo de salir un rato.

Las calles de Nueva Platina eran bulliciosas, y disponían de casi cualquier cosa que se pudiera imaginar. En ellas la vida era rápida, ociosa y estancada. La gente consumía más y más, muchos incluso haciendo uso de sus propias fortunas. Esto hacia que muchos nobles quedaran arruinados y en manos de comerciantes cuya única ética era la ganancia. La disposición de estas calles era planificada en sentido de plano ortogonal. Rodeada de vegetación, se lograba respirar el aire más puro de los nueve reinos.

-       Albert, corre, mira esto. Mira esto.

-       ¿Qué es señor?

-       No me llames señor – le replicó con cara de pocos amigos.-

-       Es una especie de diario. ¿Lo abro?

-       ¿De dónde lo has sacado?

-       No lo sé. Pero, ei, mira lo que pone:

Escribe en este diario la inmortalidad de otro mundo. Todo tornara a distópico y real. Serás inmortal.

-       Parece un libro de artes arcanas, recomiendo que lo deje dónde lo encontró.

-       Gracias, Albert, creo que me lo llevaré.

Esa noche, impresionantes dorados, virtuosos morados recorrían cada palma del salón principal de la mansión Pully. Los decorados festivos de tonos carnavalescos recorrían cada una de las estancias, y los sirvientes esgrimían el mayor talante y disposición entre unos invitados exigentes, que devoraban como fieras hambrientas y reían como sí el fin del mundo estuviera próximo. Bellas doncellas con vestidos oscuros con lindos remates en espirales blanquecinas cuchicheaban, entre ellas, una joven de mirada aviesa, frívola, silenciosa… aguardaba. Escondía cierto halo de misterio, el virtuosismo de una noche que no había hecho nada más que empezar. El blasón que portaba indicaba que era Rosalía de la casa Sturgan.

En mitad del jolgorio, Jullian, el tío de nuestro protagonista se encontraba erguido y situado sobre un inmenso escenario, dando comienzo a lo que sería el ritual nobiliario para armar caballeros. Era un ritual por el cual cualquier hijo de noble de las casas superiores que alcanzara los 20 años tendría que prestar juramento ante sus vasallos. Dado el tiempo que había transcurrido de la fundación de Nueva Platina, el ritual ya era un acto meramente simbólico, revestido de una lingüística rocambolesca y una escenografía elaborada.

-       Me encuentro ante vos, vuestras mercedes, aquí, en el palacio de Pully para dar comienzo a una nueva generación de caballeros. Como bien saben vuestras mercedes somos una ciudad libre que subsiste mediante la protección de nuestros vasallos frente a las injerencias externas. Desde el comienzo de los tiempos, desde que Kornt y Lupen se asentaron, juremos lealtad a nuestros principios. Hemos crecido, y es hora de dar rienda a nuestro legado, para que adquieran el compromiso que en su día brindemos. Por ello, venid, joven príncipe Pully, hoy, para que ante toda la comuna de nobles declarareis ser el uno de los príncipes protectores de Nueva Platina.- En ese momento Jullian dejó de hablar y se desplomó en el suelo sobre el delicado tapiz importado de las tierras orientales.

El silencio se hizo en toda la sala. Asombrados vieron como Jullian, se levantó, cogió un puñal y le asestó un golpe mortal al patriarca de la casa Pully, el padre del príncipe Pully. Acto seguido, con un semblante perverso habló algo en un lengua ininteligible y se asestó un golpe mortal sobre la yugular.

El miedo se apoderó de la sala, no podían huir, ni tampoco quedarse. Un estruendo muy fuerte vino acompañado de la ruptura de las grandes y lujosas cristaleras, y una especie de criaturas inexpresivas, oscuras, y con el rostro vendado irrumpieron en la sala. Cogieron al resto de patriarcas nobiliarios y los ejecutaron, lo que incrementó el terror. Una figura encapuchada subió al escenario, y se quitó la máscara. Era Gilberto Sturgan, rico acaudalado, y jefe del submundo. Tenía a todos y cada uno de los plebeyos bebiendo de sus imperiosas garras…

-       Hoy, comenzará una nueva era. La tiranía a las que nos tenían sometidos las casas soberanas ha llegado a su fin. – En ese momento ordenó con un gesto que cada uno de sus hombres se colocara tras un noble.- Quién decida seguir mis dictados y comenzar la monarquía de Nueva Platina que de un paso al frente, quien no esté de acuerdo – Acabad con ellos.-  

Se escuchaba como rechinaban los filos, y el suelo de mármol tornaba a un color rojizo. Por lo general, la gran mayoría de nobles optó por aceptar a  Gilberto como nuevo líder. Entre la confusión la joven Rosalía tomó al príncipe de la mano, y huyó con ayuda de dos criados diestros en las artes de la espada.

Antes de partir, hacia el exilio, el joven príncipe decidió rendir homenaje al busto de su padre situado sobre un pedestal de mármol. Tiró el emblema de su casa, y partió hacia un destino incierto. Tyrian y Prest serían sus protectores a partir de este momento, adoptando un antifaz oscuro y actuando bajo las sombras entre los distintos reinos de las tierras libres. A partir de ahora se le pasaría a denominar, el príncipe de la noche, y su símbolo sería una rosa negra. 

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