viernes, 14 de diciembre de 2012

Avance: El ascenso de Dacicus


Avance: El Ascenso de Dacicus

Raúl López Ortega es un compañero e historiador, cuyos conocimientos en materia del devenir histórico acaban de trascender al ámbito de la literatura, en este caso la novela histórica. En su proyecto, bautizado recientemente como “El ascenso de Dacicus”, realiza un exhaustivo análisis sobre el contexto histórico del Alto Imperio, siendo más concretos, en la dinastía Flavia.




Su novela relata la historia de Druso un joven liberto cuya vida no ha sido del todo favorable, experimentando en sus carnes los tópicos de la tragedia romana. Dentro del paraje clasista de Roma nos adentramos ante una sociedad movida por las redes politeístas y esclavistas, con personajes carismáticos. Si bien, el protagonista adquiere un trasfondo relevante, con el transcurso del tiempo se verá envuelto en múltiples aventuras y variopintos lugares descritos en profusión para deleite del lector.

Les dejo con lo que sería el prefacio de su obra:

“Esta historia narra cómo en un mundo destrozado por la guerra y la intolerancia, se alzó una voz llena de fuerza, de inspiración, esa voz que un momento dado a todos nos alimenta de fuerza para superar lo imposible…

“-¡¡Dacicus, aprisa!! El domino Marcus te requiere”-, dijo apresurada una de las esclavas de Marcus. Dacicus se levantó del camastro con tanta rapidez que se tambaleaba al cruzar por el dintel de la puerta. Recorrió el resto de la esplendorosa domus de su amo hasta que llegó a la habitación del amo, nada más entrar sintió un escalofrío, era como si en aquella habitación no hubiera vida…

“-Amo, requiere de mi servicios-“, preguntó Dacicus con voz temblorosa viendo el aspecto en el que se encontraba su amo, ya que estaba tumbado en el cama, con la tez pálida, sin algún atisbo de ilusión o de esperanza; junto a él se encontraba su esposa Livia y su único hijo Octaviano, el cual ya había recibido días atrás la toga viril, un acto muy importante, porque para él significaba el paso a la vida adulta, pero aunque hacia poco de la ceremonia, parecía que el tiempo se había detenido cuando su padre enfermo de unas extrañas fiebres, que ningún médico podía encontrar remedio, ya que jamás se había producido dichos síntomas hasta ahora.

“-Si, Dacicus, requiero por última vez tus servicios. Mi hora se acerca, los dioses Manes y mis ancestros me llaman para que reúnan con ellos-“, la voz con que lo decía helaba la sangre, era como si fuera una voz de ultratumba. Dacicus se sentía impotente, no podía mirarlo a los ojos, sus ojos estaban anegados de lágrimas, y solo se escuchaba entre los sollozos de su familia, la lenta respiración de su señor.

De nuevo volvió a hablar a su sirviente;” - Has sido un leal siervo, no solo me has prestado un buen servicio sino también al resto de mi familia y …-“ , ya no pudo continuar hablando porque le dio un fuerte espasmo, que le hizo perder la conciencia momentáneamente; pero con todas sus fuerzas comenzó de nuevo a gesticular con los labios las palabras, al principio no se le entendía lo que decía, pero su esfuerzo para hablar hizo que se le entendiera lo que quería decirle a su esclavo;” -Se acerca la oscuridad sobre mí, como el manto de la noche que cubre al sol, pero esta vez jamás podré ver de nuevo un amanecer, porque el dios Plutón, se me acerca con su halo desde el inframundo para llevarme, por todo tus servicios prestados, te manumito como esclavo-“

Dacicus, con la mirada en el suelo, sufriendo el calvario de ver como su amo, estaba en tal estado, ni siquiera entendió lo que dijo, porque estaba pensado en aquel día que perdió a la persona que más quería, su padre…. Cuando volvió de nuevo a la realidad, levantó la mirada hacia el lugar donde estaba su amo, y en ese fugaz momento, vió sin vida su propio reflejo en los ojos de su amo, aquel recuerdo quedaría para siempre grabado como fuego; Marcus, había exhalado por última vez, aquella persona que venció a sus enemigos o conspiradores de malas artes, no pudo vencer al enemigo más implacable: la muerte.

Druso despertó sobresaltado; lo último que recordaba era la imagen de esos ojos sin vida que lo miraban… Afuera, todo estaba en calma, solo roto por la brisa que anuncia el amanecer de un nuevo día. Junto a él estaba su esposa, cuya contorno destacaba entre las sábanas de lino y que dormía con un sueño ligero sin que nada le hiciera notar que su marido la estaba mirando como reconfortándose ante la experiencia que de vez en cuando volvía a recordar aunque el tiempo ni siquiera era capaz de borrar.

Druso, era su nuevo nombre como liberto; ya no recordaba cual fue el nombre que le fue asignado por sus progenitores, porque solo era un niño cuando sufrió el yugo de los legionarios, solo rememoraba entre susurros el nombre de Dacicus, el nombre que le pusieron al pertenecer a Dacia, una de las provincias orientales del Imperio Romano.

Los recuerdos sobre su infancia eran vagos, no recordaba apenas nada sobre como era su vida, solo recordaba el olor a carne quemada, el olor de la sangre, de la muerte…; los gritos de las mujeres y niñas que iba a ser violadas por las tropas, el sufrimiento de aquellas gentes que nada podían hacer ante la barbarie de las tropas romanas durante el mandato del emperador Trajano.

Algunos de los habitantes de la zona fueron hechos prisioneros para ser llevados a Roma y en el que algunos serían utilizados como mano de obra esclava y otras como disfrute de la plebe en los juegos que se celebraban en el anfiteatro Flavio, donde lucharían por buscar no solo el honor, sino la libertad ante las luchas feroces y sangrientas, donde solo se buscaba que el público disfrutase ante tales acciones cruentas.

Jamás olvidaría la muerte cruel de su padre al intentar proteger a su familia, ni a su madre, que moriría por la pena de ver como era vilipendiada  en las noches por los soldados y por el sufrimiento de ver como era asesinado primero su marido y luego su otro hijo; que en cierta mañana seria encontrada muerta, cuando en las pocas ocasiones en que podía verla, ya que no lo dejaban al muchacho de tan solo nueve años de edad de reunirse con ella, veía como era abandonada ante sus ojos sin que recibiera eterno descanso.

Tres semanas después de ver por ultima vez el cuerpo inerte de su madre mientras se iban alejando, llegaron por fin a la ciudad de Roma, tal era el esplendor y la magnificencia de los edificios, que no se podía abarcar ante una única mirada. No sabia que aciago futuro le repararía, pero pronto lo averiguaría cuando conociese al futuro amo que le trataría con benevolencia y con el cual obtendría al final de su vida su recompensa.”

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