domingo, 25 de noviembre de 2012

Son Sueños


Son sueños

Cuando lo absurdo se vuelve una constante, cuando lo irreverente es aquello que deseamos ver, es entonces cuando los sueños se cumplen.  En un mundo al revés, dónde las jirafas se sumergen en un mundo de libros y los rinocerontes pugnan por mostrar la mayor de las cortesías, existía un joven y peludo panda que tan solo quería ser un héroe.

En el país de la fantasía no existían animales, sino seres racionales con conductas muy civilizadas. Tal es así, que cuando el señor tortuga alza su mirada cada mañana solo puede contemplar el gozo que le supone ver la puesta de sol. Era un país regido por una teocracia de buitres que pugnaban por el más alto de los valores, la educación. No existía el pecado, no había cavidad para los malhechores… hasta el más desastroso de los gusanos era bienvenido, se le brindaba hospitalidad y una sonrisa cada mañana.


La discordia era alud del pasado, todos vivían respetándose unos a otros, como una gran comunidad cívica. El pasado para ellos era más que un tiempo empírico cargado de enseñanzas y valores. Según cuenta la leyenda, cuando la tiranía de las ratas dejó país Fantasía como la más caótica de las regiones del mundo por conocer, unos jinetes, unos héroes aparecieron entre la espesura… ¿sus armas? La música, el sonar de cánticos envolvían sus corazones y apresaban a las belicosas ratas. En ese momento se le concedió al presidente borrego la soberanía de aquel país, y a las ratas más nunca se las volvieron a ver.

Pero estos son solo leyendas del pasado. En la actualidad la ciencia había imbuido todas aquellas fábulas, no había lugar para la magia… la ciencia monopolizaba todo aquello que el señor sapo ostentaba. En ese mundo vivía Pher, un pequeño panda que soñaba con aventuras, quería partir hacia lo inalcanzable, evadir una realidad tan perfecta como irreal, ¿dónde quedaban las aventuras? Ciertamente era un iluso, un torpe y un negado, lo que le causaba las mofas de todas aquellas criaturas que habitaban su monotonía. Pero, como todos sabemos, solo aquellos que son ilusos de corazón logran convertir su vida en una pasión tan desmedida que pudiera parecer una locura, y al mismo tiempo un sueño.

Un día cuando la noche parecía despertar las lindes de lo que parecían vestigios de aquella magia, un sabio cornudo llegó a lomos de un unicornio encandilando a los lugareños con cánticos y promesas, sueños y esperanzas, virtudes… pero tras su agradable rostro se encontraba una vieja y testaruda serpiente que traía consigo planes tiránicos. Todo el pueblo bajo la supervisión de los sabios buitres les brindó la bienvenida, y les invitó al más suculento de los manjares. Esa noche todo era jolgorio y baile… las musas bailaban al son de las mariposas, nada de lo que iba a pasar se dejaría entrever… aquella noche sería el fin, a menos, a menos que un héroe torpe y peludo decidiera dar la cara.

Pher estaba escribiendo bajo su alcoba relatos de una nube que lloraba de alegría, poemas de bellas mariposas que blanden sus alas hacia el atardecer… le encantaba escribir, era su único modo de vivir aventuras, su único modo de sentirse cómodo y conforme con aquella realidad. Pero aquella noche nada era normal, las antorchas difuminaban la oscuridad, las ventanas se cerraban… ¿era el indicio de algo mágico y fabuloso que estaría por suceder? No tengo idea de qué pudo impulsarle a salir aquella noche… quizás las ansias de conocer, conocer la realidad de cuanto escribía, el delirio que tan solo un iluso puede tener. Las calles estaban silenciosas, los tejados empezaban a derrumbarse, en la lejanía legiones de ratas aminoraban por recuperar aquella gloria pasada que les fue arrebatada. Con miedo, y una pizca de estupidez se escondió en un barril. La atmósfera tornó a lluviosa, y observó como los sabios buitres estaban siendo ejecutados, los pequeños cabritos huían despavoridos, y hasta el viejo tortuga lamentaba aquella situación. En el fondo la sombra de una serpiente se alzaba alta y vivaz, como una figura caudillezca que ensombrecía hasta las almas más dóciles.

El tiempo de héroes había finalizado, Pher se sentía preso del pánico, preso de la ira… estaba viendo desaparecer cuanto amaba, cuanto quería… el destino dibujó en su semblante la actitud de un cobarde. Se consideró así mismo como un imbécil… desde su despedida del país Fantasía se lo repetía cada noche. Bosques, senderos, aldeas… cualquier sitio donde buscaba cobijo se le fue negado, se convirtió en un solitario, alguien sin estima, sin sentimientos, sin sentir… ¿por qué habría de acabar todo así? ¿Por qué el destino era tan cruel?

Los años pasaron y el jolgorio y la educación de antaños tiempos habían desaparecido. Los lugareños subsistían sin más remedio que el trabajo sol a sol y el cobro de unos impuestos que habían sido incrementados. Las ratas suprimían todo cuánto consideraban cultural, terminaron con la alegría y cualquier gozo… se dice que lo último que se pierde es la esperanza, esa esencia que les animaba a seguir viviendo, a no olvidar sus viejas costumbres y querer alcanzar cuánto se les había sido negado. La realidad era una pesadilla sí, pero un héroe había crecido y estaba dispuesto a redimirse, a salvarlos a todos, a cumplir todo lo que en otro tiempo fueron los sueños de un iluso plasmados sobre tinta.

Pher se estaba había alcanzado la madurez, era joven y ducto en el manejo de su ingenio. Sus zarpas le brindaban la mejor, la perfecta pluma estilográfica, pujante y perfecta para escribir su nuevo destino. Algo mágico estaba por suceder, nuevamente motas de polvo se elevaban a modo de animas doradas que lo envolvían, ante él una visión, la visión de la devastación, los crímenes atroces medidos por la ambición desmedida de una serpiente con colmillos cargados de veneno.  Mucha gente sueña y considera que son solo fantasías irreales, pero los ilusos como Pher sabía que todos aquellos sueños se movían por un conducto bilineal el de los sentidos, podía sentir la agonía, la impotencia… podía sentir cuánto deseaban los ciudadanos de País Fantasía. Alzó sus ojos cargados de pureza hacia un cielo que se hacía infinito y contemplo como cuánto escribía se hacía realidad. Era algo maravilloso, una fuerza especial movida por la esperanza, por sus sueños.

Son sueños aquello que nos hace volar a tierras infectas y hermosas, aquello que nos permite alcanzar cuanto la realidad nos niega. Pero nada de esto se dejaba entrever en el País de la Fantasía. Las serpientes vociferaban sacrificios, mientras las ratas exprimían hasta el último gramo de sudor… El pueblo estaba indefenso pero con esperanza, mientras el sabio cornudo presentía un cruel desatino, intuía el fin de su tiranía, el momento en el que el pueblo se alzaría y aquella casta de detestables serían desterrados al peor de los males, serían enviados a un mundo gobernado por extraños seres bípedos cuyo aspecto afable escondía la más cruel de las acciones por cuantos seres consideraban inferiores.

Pher armado de gallardía, vistió una larga capa y ocultando su rostro con una máscara entro en los límites del país. Allí cobras se abalanzaron preguntando su identidad, y este mintiendo sobre su procedencia concertó una reunión con el sabio cornudo. Mientras caminaba, se presentó como el panda gris ante los lugareños mientras les sonreía. Al llegar a la sede central el sabio serpiente aglutinó a todos los lugareños, mientras el sabio cornudo le hablaba con falsa demagogia y modestia, en un intento de sumirlo a sus pretensiones, llegaron dónde el tumulto clamaba.

Tantos tintes despóticos resultaban incluso sobrecargados, parecía una broma mal contada, como sí el joven ruiseñor hubiera decidido tocar el vals de la triste decadencia. En medio del silencio, Pher tiró su capa, se deshizo de la máscara, todos lo reconocieron. Con valentía y elocuencia habló, por cada una de sus palabras un lugareño se alzaba, por cada frase que pronunciaba los más jóvenes vitoreaban alegres canciones que caldearían hasta el corazón tan oscuro. Al final todos recordaron quienes eran, sus costumbres… habían vivido como animales demasiado tiempo… ellos no eran así.

Una sintonía sonaba en lo más profundo de todos ellos, una alegría que debía de ser expresada, un ánimo que les otorgaba la plasmación de un sueño, la elocuencia de una realidad. Parecía que nada hubiera ocurrido. Todo el país se puso a cantar con júbilo la misma canción, una y otra vez, no se cansaban al fin habían entendido como compaginar la gratas costumbres de la ciencia, con la elocuencia desmedida de las letras.

Todos juntos vamos a cantar la canción del ¿qué será?, todos juntos vamos a entonar nunca más, nunca más, nunca más podréis doblegarnos. Con el corazón alegre y la voluntad en alto, señores truhanes, váyanse, váyanse  […].

De este modo al señor cornudo, y al señor serpiente no les quedó más remedio que partir al exilio. A partir de ese momento el joven e iluso panda se convirtió en el héroe de aquel fantástico país, el protector de los lugareños. Ahora las jóvenes conejitas se fascinaban por las letras, mientras el viejo señor tortuga lloraba, esta vez del gozo de contemplar como la alegría había llegado a aquel lugar.

Los sueños son estúpidos, irreales… eso es lo que dicen nuestros mayores. Seres imbuidos por los señores grises que intentan absorber vuestro tiempo… pero no hagáis mucho caso, a los escépticos, solo con Fe, solo con creer en ellos puede llegar el día en que se hagan realidad, o si no que se lo pregunten al joven panda Pher.


No hay comentarios:

Publicar un comentario