viernes, 2 de noviembre de 2012

El mundo oculto


Mis pensamientos se vuelven una maraña de ideas que pululan de forma caótica. Mientras escojo el tintero con el que poder, paleográficamente, darles forma, pienso, pienso sobre la estructuras de los acontecimientos cotidianos. Todos nuestros actos persiguen un fin. Luego deben ser deducidos. Aparece un nuevo término, deducción. ¿Qué es la deducción? ¿Cómo se convierte en una constante en nuestras vidas?

Obviando tecnicismos y congruencias elitistas viene a mi cabeza el término lógica. La naturaleza se vuelve un ámbito ordenado, y por tanto predecible, a partir de ideas derivadas de la observación. Esta premisa sitúa a la deducción como la elaboración de un argumento que puede ser revalidado, y que requiere de una serie de supuestos adquiridos de forma empírica por nuestra percepción. Toda esta comuna de ideas nos lleva ante un reflejo de una realidad que podemos transmitir en múltiples planos, quizá relacionados con el mito de la caverna transmitido por Platón.

No soy un filosofo, ni un lingüista, pero si estoy interesado en la metodología con la que el detective, el investigador logra deducir aquellos supuestos que evidencia una realidad que sin el análisis resultaría oculta.


Desde la literatura Sir Arthur Conan Doyle nos presenta el personaje de Sherlock Holmes como una figura de destacada inteligencia y percepción fenoménica, que mediante un razonamiento deductivo y conciso logra resolver difíciles planteamientos, sentando las bases de lo que es considerado el 'Canon Holmesiano'. 

La formulación deductiva aunque de fácil asimilación, resulta difícil en el terreno de la praxis. Debemos situarnos ante los ojos de un observador que válida sus prácticas mediante un método científico de observación de la realidad, optando siempre por un punto de vista objetivo.

Este método de análisis ha sido empleado en diversos campos de investigación, destacando la metodología seguida por personajes icónicos de grandes franquicias de videojuegos o del anime.

El primer anime que paso a reseñar "Detective Conan" bebe gratamente del Canon Holmensiano. Manga producido por Gosho Aoyama y trasladado al anime por Yimiuri TV, que ha gozado de una excelente localización y difusión en nuestro país, España. 



Su argumento queda centrado en torno a las hazañas de un detective juvenil que goza de una gran capacidad de análisis de su entorno más cercano. Shinichi Kudo observa un intercambio poco asiduo entre una extraña organización, por lo que es detenido y se le administra una especie de droga con el fin de eliminar testigos. Paradojicamente esta droga en lugar de causarle la muerte, lo convierte en en un chico de 7 años de edad. Es en este momento cuando comienzan sus peripecias dentro del mundo de la investigación, exaltando la figura de Kogoro Mouri como un detective de relevante fama nacional.

Sus premisas de investigación se centran en una serie de pasos previos:

- Planteamiento del asesinato.
- Presentación psicológica de los personajes.
- Deducción de detalles que inducen al personaje el conocimiento sobre como pudo ser la muerte.
- Conocimiento del autor del homicidio.
- Conclusión lógica ante los presentes.

Es un anime que emplea demasiado la reiteración de la ocultación de hechos o detalles, causando gran asombro al espectador mediante una formulación que a simple vista nos resulta evidente, lo que causa cierta confusión.

En otros animes como Death Note o Mirai Nikki hallamos una figura que se basa en los supuestos deductivos desde una posibilidad más racional y común. Destacamos entre ellos a Lawliet y Akise.



Ambos personajes, concebidos con una identidad semejante, se encargan de despedazar la realidad de la que son participes para lograr analizar aquellos detalles que el observador común deja escapar por obvios o comunes. Desde una perspectiva fría, evitan que dicho razonamiento se desvanezca por un sentimiento; siendo su sumisión al sentimiento humano la causa de la perdida de percepción, y de su fracaso (en el caso de Lawliet).

Como elemento novedoso L vincula el método deductivo con la justicia, estableciendo un consecuente fin, la vida. La vida es concebida como algo sagrado e inherente al espíritu humano. 

En el mundo de los videojuegos son destacados los iconos que ejercen la deducción como resolución a los distintos puzzles y enigmas que se le plantean, ya sea resolviendo el misterio que encumbre una carismática villa o resolviendo desde el estrado un crimen que implica sucesos emocionales e incluso sobrepasan la frontera de lo vivo abriéndonos a una dimensión sobrenatural.














De estas sagas de videojuegos realizaré una reseña en futuras publicaciones, por lo que solo destacaré su carismático tapiz de deducción envuelto en un misterio que se hace patente y constante, dando a resoluciones un tanto fantásticas y emblemáticas.

Me gustaría dar un orden a todas estas ideas, pensamientos... que han ido surgiendo en el transcurso de la publicación. En mi caso, creo en la existencia de un mundo oculto. Nuestra percepción de la realidad es parcial y se es percibida mediante unas lentes compuestas por varias capas correspondientes a nuestros prejuicios en materia social, política o religiosa, la visión con que los medios nos transmiten los sucesos cotidianos, y la enseñanza que como cimiento de nuestro pensar ha constituido nuestra interpretación del mundo. 

Bajo este tapiz difuso y parcelado coexiste un mundo oculto, más cercano, más real que se perfila como utópico, pero no es sin más que la expresión de nuestra voluntad, de nuestros sentidos. Un mundo en el que la corrupción moral deja paso a la sinceridad, la naturalidad... un mundo más justo que poder legar a las futuras generaciones, cuyo único fin sea la transmisión de un afán por la cultura y el conocimiento. 


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