lunes, 5 de noviembre de 2012

Acto II. Lazos


Soledad, triste soledad,
Imperio de consciencia, alud del pasado.
Tengo miedo de perder tu sublimidad,
de que mi sentido quede violado.

La brigada de investigación no logró acoger más información de la detallada sobre la calle Holmes. Todo este asunto me estaba perturbando. No solo era el homicida en sí, estaba redescubriendo mi pasado. ¿Cómo yo? ¿Cómo alguien como yo ha acabado de esta forma? Estaba claro que mis respuestas no iban a encontrarse en el fondo de una botella de ron. Estaba claro que era un imbécil, actuaba como un completo imbécil.

-       Inspector, lamento el fracaso de la operación.

-       No lo lamente Scott, está claro que esto me pasa por dejar el trabajo a los incompetentes números uno de Lincoln. Tranquilo, no abriré ningún expediente. Dígame, ¿el inspector Gilmore ha visitado las oficinas?



-       Sí, señor. Debo reseñar que insistió en ver sus investigaciones. Parecía raro, tenía el rostro magullado y un lustre aterrador.

-       (--- propio de él---) ¿Dejó algo para mí?

-       Sí, señor. Una nota.

-       ¿A qué espera?

-       Mmm… ¿es usted imbécil?

-       ¿Qué ha pasado, señor?

-       Ese no era Gilmore, imbécil. Lee lo que pone.

-       Pagarás por lo que me hiciste. Tengo a tu familia. Fdo.: Dios”.

-       ¿Cree que puede ser una broma?

-       Creo que es algo personal. Debo retirarme por hoy, suple mi puesto y continúa con la investigación. 

     Confío en usted, necio… perdón, Scott.

-       Gracias señor.

Me quedé pensativo. Hasta ahora aquella mujer, Britany, y el pequeño Brian solo habían sido un peldaño en mi vida. Pero empezaba a recordar. Momentos felices inundaban mi cabeza, sin saber cómo… tire el habano y me dirigí en su búsqueda. ¿Actuaba por inercia? Nunca lo sabría.

Un virtuosismo iluminado guiaba mi sendero. Mis pasos centelleantes entre la multitud deambulaban sin rumbo fijo. El bullicio de la calle me ponía nervioso. La construcción de grandes centros que en un futuro albergarían maquinaria ofrecía la imagen de una metrópoli emergente.
-       Buenas tardes, inspector Peterson.

-       Llámeme inspector Dylan, si no es molestia. ¿Quién es?

-       En otros tiempos fui inspector de Massachusetts, allá en las indias. Ahora me han trasladado a Londres. El inspector Gilmore me mandó un recado para usted. Justamente iba para su oficina, ha sido una grata sorpresa encontrarme con usted.

-       ¿De qué se trata? Vaya directo al grano.

-       Hace tres años, el psicópata que causó la matanza de la 5ª brigada de policía fue detenido. El mismo se entregó. Acaba de escapar, y suplantar su identidad.

-       ¿Cómo ha escapado?

-       Se desconoce su identidad, pero se ha comprobado que tiene experiencia con ciertos fármacos. A usted lo drogó para que sufriera de amnesia, se deduce que pudiera ser una especie de chaman. Nada bueno deducimos, quizás relacionado con las prácticas realizadas por los indígenas en las Américas.

-       Puede ofrecerme más información. Reitero, ¿cómo escapó?

-       (…) asesinó a los alguaciles. Liberó al resto de presos y se autoproclamó Dios.

-       ¿Qué se sabe sobre su modo de actuación?

-       Amordaza a sus víctimas, y las degolla.

-       Debo irme, gracias por la información.

-       Tenga cuidado.

-       No se preocupe, la tendré.

Toda esa información me resultó muy útil, había ideado un plan que pensaba que era fabuloso. ¿Cuál era el problema? No tenía plan. En un acto impulsivo decidí tomar cartas en el asunto, ir a la calle Holmes y averiguar todo el misterio que encerraba. Empezaba a recordar, recuerdos que ablandaban mi corazón a cada paso, a cada instante… ¿Me estaba transformando en otra persona? ¡Qué diantres! Era yo.

Absorto en mis pensamientos logré vislumbrar un viejo edificio ricamente ornamentado en yeso que daba inicio a la calle Holmes. La imaginaba como producto de la locura, pero mi percepción me insinuó que era una rica calle de tintes bohemios y elitistas.

-       Perdone caballero, ¿podría indicarme cuál es el edificio dónde se acometieron los homicidios?
-       ¿Qué busca en ese lugar? Aléjese.

-       Inspector Dylan Peterson a su servicio.

-       Lo siento inspector pensé que era un curioso que buscaba noticias sensacionalista. Últimamente muchos curiosos del mundo del periodismo merodean en busca de morbo, nuevas víctimas que poder sacar a la luz.

-       ¿Qué piensa de todo esto?

-       Puede tratarse de un psicópata, un lunático… sea lo que sea, espero que lo solucione.

-       ¿Me puede indicar dónde se encuentra?

-       Tercera avenida, nº 44. Se trata de un palacio perteneciente a un antiguo lord que cayó en la ruina, y fue abandonado.

-       Gracias por su colaboración.

-       A usted inspector.

A pocos pasos vislumbre aquella siniestra morada. Grandes columnas neoclásicas revestidas, quebradas y hechas estragos por la madre naturaleza se encontraba revestida de gruesas capas de telarañas y maleza que daban la bienvenida. La cancela oxidada y sin blandir me daba paso a un largo recorrido acompañado de altos y pelados almendros que daban sombran a una atmósfera que tornaba por momentos a siniestra. En la zona más oscura se encontraba la mansión impoluta pese a su abandono, pero con ciertas marcas rojas que intuitivamente reduje que era sangre. En ese preciso momento una sensación escalofriante recorría mi cuerpo, en cierto modo sentí miedo. Corazón en puño, guardé un viejo revolver en el costado y otro en las botas y me dispuse a entrar. A afrontar mi miedo, a poner punto y final a esta Odisea.


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