lunes, 5 de noviembre de 2012

Acto I. Presente


Tiempo y espacio me brindan un presente,
Cógelo que no resbale, que no quede en sueños,
Creciendo mis expectativas van en una fuente,
Más creo que de ella nunca seremos dueños.

No era la más sabia, ni la más astuta. Su firme recuerdo me perturba. No podía recordar las razones de aquél desprecio, no me sentía cómodo en su presencia. Vivir con ella resultaba una pesadilla de la cual no podía escapar.

- Buenos días. ¿Por qué no tomas un café cariño? Mira, lo acabo de preparar expresamente para ti. – Me repetía una y otra vez, cada mañana, cada incesante y monótona mañana.-

-No gracias, llegaré tarde.

-Hoy no trabajas.

-Tengo un caso que atender. – Cogí el abrigo de terciopelo y me dispuse a salir de aquél andrajoso vestigio industrial.-

-Ya no me quieres.

-Exacto, no te quiero. No te conozco, ¿Qué haces en mi vida?

-Soy tu mujer desgraciado (…) Desde aquel caso, te has olvidado de todo. Por favor, no vuelvas a casa. Yo sola puedo hacerme cargo de Brian.

¿Por qué compartía piso con una extraña? ¿Dónde estaba?... eran interrogantes que escapaban a mi percepción. No me sentía cómodo conmigo mismo, mi vida había dejado de importunarme, tan solo era producto de una mente proveniente de un ente malévolo que abusaba de mi como un pelele cuyo destino sería el más dramático. No lo soportaba. No pertenecía a ese mundo. Miles de personas surcan las calles rápido, despacio, con ilusiones. Yo no era como ellos, no me sentía así.
-       Buenos días, señor Dylan. Acaba de ocurrir un desastre.

-       ¿Qué le ocurre Scott? Relájese.

-       Un nuevo homicidio en la calle Holmes. Al parecer la victima presenta profusas marcas en el costado.



-       Enséñeme los dibujos tomados a mano sobre las pruebas del crimen. Existen victimas.

-       Sí, la señora Tiziana contempló aquel espanto.

-       Por favor, pásela a mi despacho. Déjenos a solas.

Un nuevo asesinato, estaba claro que mi vida no iba a mejorar. Desenvolví un habano y me dispuse a ojear los expedientes. Un total de 35 asesinatos en la calle Holmes y no se tiene el culpable.

-       Buenos días, inspector.

-       Señor Dylan, por favor siéntese, señorita. Es usted algo joven, ¿qué edad tiene?

-       25 años.

-       Dispone usted de una coartada fiable. Lamento decir que es usted sospechosa.

-       No… yo… inspector, era mi novio.

-       Ajá, ¿su novio no pudo ser víctima de un ataque de celos? ¿Qué pasó? ¿Se olvidó de su aniversario?

-       N… No hable más… Tengo aquí un total de 35 dibujos realizados a mano sobre las pruebas. Homicidios de la calle Holmes. ¿Reconoce a sus novios? Tiene cara de viciosa.

-       No estoy dispuesta a considerar esto, y aparte esos dichosos habanos de mi vista. Es usted un irresponsable.

-       No está dispuesta a declararse culpable, querrá decir. Por favor, siéntese. Cuénteme lo ocurrido, de lo que relate dependerá que pase la noche en su hogar, o en el calabozo. Si fuera a predecir el futuro, diría que la veo en el calabozo, mis chicos se sienten solos, necesitan compañía.

-       Roland es mi novio. Pertenecía al equipo de fútbol de Wiltshire, anoche ganó su primera copa. Fuimos a celebrarlo. Bebió de más, se pasó conmigo, me enojé…

-       Y lo mataste. ¿Ves esta pluma? Acabo de copiar las pruebas del delito.

-       No, no lo maté.

-       Su cuello no dice lo contrario, ¿se ha cambiado de ropa?

-       Sí.

-       ¿Y no tuvo tiempo de ducharse? Me puede explicar, ¿qué es esa marca roja que tiene alrededor de su cuello? Dudo que sea pintalabios, la presión indica que fue amordazada… es la misma marca que presenta el rostro de su marido.

-       Es lo que intento explicarle, yo no lo maté.

-       Beba agua, y aclárese. Si no es de su agrado, siempre puedo traer agua del retrete.

-       No sea obsceno. Cuando volví con Roland lo encontré peleando contra una sombra enmascarada.

-       ¿Una sombra? Lincolnshire está lo suficientemente iluminado como para distinguir el zumbido de una mariposa a altas horas de la madrugada.

-       El homicida llevaba una larga capa, y una máscara propia de carnaval. Ambos se encontraban enzarzados… todo empezó de la siguiente forma…

[…]

-       ¿Qué te pasa? – Roland

-       Tú eres la personificación del mal. Mira, ¿no es Tiziana? Confiésale tu infidelidad.

-       ¿De qué conoces a mi novia, maldito? – Roland

-       Conozco todo lo que pasa en esta ciudad. En cierto modo soy un justiciero.

En ese momento lloré por su vida… De aquella sombra salió una larga cadena, lo ató a la farola y se abalanzó sobre mí.

-       Tiziana, ¿verdad?

-       Sí, ¿de qué me conoce?

-       ACASO NO ME ESCUCHAN. YO SOY LA JUSTICIA. Cuéntale, cuéntale zorrita a Roland a cuantos les has sableado la billetera. Eres falsa y prejuiciosa. Eres la verdugo de cualquier joven apuesto ¿veredicto? Mereces la muerte.

-       Por favor Roland no lo escuches, jamás te haría algo así. Te amo.

-       Yo también mi vida.

En ese momento se liberó de las cadenas en un acto sobre humano para salvarme la vida. Entregó su vida a cambio de la mía.

[…]

-       ¿No irá usted a ponerse sentimental?

-       Joder, he ido a dar con el puto inspector loco de Lincolnshire. ¿No tiene sentimientos?

-       Estoy analizando, no comprendo a que se refiere su enigmática sombra con… con la justicia.
-       Parece un demente, quizás fuera usted inspector.

-       ¿Está insinuando amonestar a la autoridad?

-       Más bien insinúo que usted ejerce abuso de autoridad ¿Puedo irme? Me da miedo tratar con un sucio borracho como usted. Su aliento canta.

-       Puede largarse, gracias por su declaración.

-       SCOTT, preséntese ahora mismo en mi despacho.

-       Todo bien inspector Dylan.

-       No. Todo mal. Como siempre su presencia me afea la mañana. ¿Tiene usted apartamento?
-       Sí.

-       ¿Vive solo?

-       Sí.

-       Perfecto, hoy me mudo. Los extraños con los que vivía ya no requieren de mi presencia.
-       Pe-pero inspector, es su mujer.

-       YO NO TENGO MUJER, NI FAMILIA.

-       Entiendo.

-       Será temporal no se preocupe. Ahora lo importante, prepare a cuatro de mis mejores brigadas, partimos hacia la calle Holmes.

-       Ahora voy, señor.

-       RÁPIDO. No me hagas perder el tiempo.

Eran las 12 horas, me disponía a tomar un café en el antro de Telma cuando contemplé con estupor las noticias de un andrajoso periódico. En una de ellas contemplé mi rostro con el siguiente titular “Dylan, el asombro inspector de policía de Londres se traslada a Lincoln” ¿Yo en un periódico? ¿Y qué más? Me paré a leer detenidamente la noticia… parecía escrita con júbilo, pero dudaba de la veracidad de lo escrito. No conocía vida más allá de la investigación, dado mi carácter tan poco lograba tener tanta sociabilidad. Sin embargo aquellas palabras irradiaban amor, era como sí en una realidad paralela fuese un reconocido personaje de culto. Extraño, así me sentía.

-       Inspector, ¿lo pillo en un momento de bajón?

-       Para nada, una copa de su mejor brandy. Tome la propina.

-       ¡Qué generoso está hoy! ¿a qué se debe?

-       Un mal día, supongo.

-       Debería dejar los malos hábitos.

-       Soy un sinvergüenza, sin mis hábitos perdería el respeto entre los míos.

-       Un delincuente es lo que es. Se pasa media vida apresándolos, y pasa por alto que es uno de ellos.
-       Puede ser.

-       ¿Qué pone en esa vieja gaceta?

-       Nada importante, ¿quién la trajo?

-       Era un señor algo extraño, dejó un mensaje para usted.

-       Gracias.

“Estimado inspector Dylan Peterson,

¿Cuánto tiempo ha de pasar sin que reciba noticias suyas en mi oficina de Londres? Acababa de llegar a Lincoln por una visita rutinaria cuando encontré a su mujer e hijo coger un tren hacia la capital. No sé que habrá pasado, espero que se haya curado de su amnesia. Dejé en este hostal una gaceta para recordarle quién era, y quién es. La justicia sigue llamando a su puerta.

Muy suyo,

Gilmore, inspector jefe de la brigada real de policía”

Ese viejo Gilmore, siempre tan audaz, ¿Qué vendrá a hacer por mis oficinas?... 


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